30 años de su estreno

¡A jugar! Auge y caída de 'El precio justo', la gallina de los huevos de oro de la televisión

El 29 de febrero de 1988, TVE estrenaba el exitoso concurso presentado por Joaquín Prat que llegó a congregar a 18 millones de espectadores frente al televisor en las noches de los lunes

Foto: Joaquín Prat, con las azafatas de 'El precio justo', entre las que se encuentra Beatriz Rico, a su izquierda.
Joaquín Prat, con las azafatas de 'El precio justo', entre las que se encuentra Beatriz Rico, a su izquierda.

Aplausos. Las cámaras enfocan a un público en el que destacan los flequillos ochenteros, estampados imposibles y jerséis de lana de colores vistosos. Una peseta saltarina aparece en pantalla y las cámaras siguen interesadas en los entusiastas concursantes, que continúan aplaudiendo. La voz de Fernando Acaso se cuela sobre la sintonía: “Señoras y señores, aquí están ya los 200 invitados que hoy participan en 'El precio justo”.

Los españoles que el 29 de febrero de 1988 sucumbieron a la escasa oferta televisiva de la época, encontraron en sus televisores el programa con el que TVE trataba de encontrar sustituto al inigualable ‘Un, dos, tres’. La misión era complicada, y ni siquiera tenían de su parte al consejo de administración del ente, pero los espectadores se fueron sumando, lunes tras lunes, a 'El precio justo'. El concurso en que lo mismo se premiaba con un apartamento en Benidorm que con una bata de raso, un fueraborda o un bonsái. Una propuesta centrada en el entretenimiento del espectador, que se mantuvo en antena cinco años y ante la que pronto sucumbieron 18 millones de espectadores.

“El éxito del programa”, explica Primitivo Rojas por teléfono, “residía en dos pilares fundamentales, era un programa donde no había que saber absolutamente nada y sus premios era sustanciosos. Si había que exponer un Ferrari y que se lo llevara un señor, pues que se lo llevara”. El conocido locutor y doblador sustituyó a Acaso tras el primer programa, porque a Pilar Miró, que por aquel entonces era directora de RTVE, “no le convenció, siendo una voz buena”, añade Rojas.

A sus 72 años Primitivo Rojas vive alejado de los micrófonos por culpa de un problema de visión, pero es "un hombre de hiperactividad” y reparte su tiempo entre sus nietos y la “tiendita” de su yerno, “me he convertido en vendedor de muebles”, confiesa riendo. La voz que todavía recuerdan millones de espectadores españoles conserva sus cinco años en 'El precio justo' en un lugar especial de su memoria. “Fue una época memorable, muy hermosa. He hecho muchas incursiones de voz en televisión, pero un trabajo de estas características, con esa dimensión… De ese momento de mi vida solo puedo decir cosas absolutamente buenas”.

Ramón Pradera, fallecido recientemente, era el director, realizador y guionista del concurso, y fue el responsable de la llegada de Primitivo. Tras ver el programa en las oficinas de TVE, “le expliqué que, desde mi punto de vista, eso no se hacía así y me preguntó que cómo se hacía y me tiraron un guion encima de la mesa. Y les dije: 'Creo que se hace así, aunque tú eres el realizador del espacio y tienes la última palabra'. Y me dijo que tenía razón. Fue una de las épocas en las que más he disfrutado de mi vida”. Sin embargo, el conocido doblador no las tenía todas consigo y no firmó con TVE hasta el día siguiente de la emisión de su estreno. “Para qué te voy a decir si voy a cobrar 10 pesetas o 22. Vamos a esperar”, confiesa que le contestó a Fernando Palacios hijo, productor del ente, cuando le preguntó por su contrato.

Joaquín Prat, con el primer ganador de un escaparate de 'El precio justo'.
Joaquín Prat, con el primer ganador de un escaparate de 'El precio justo'.

El pie en la puerta

El primer escaparate de premios que entregó 'El precio justo' se lo llevó José Miguel, un concursante que regresó a Vélez-Málaga con un coche nuevo, un viaje a Alemania y unas maletas de piel de avestruz bajo el brazo. Más de seis millones de pesetas en premios, a los que siguieron, como recuerda Rojas, “una señora de Zafra, con un escaparate por valor de 11 millones, y unas semanas después se dio otro por valor de 30 millones de pesetas”. El incremento del valor de los premios era paralelo a las audiencias del programa, pero al consejo de administración del ente le parecía que el concurso tenía “un tono de charla de feria”.

Por aquel entonces, una joven asturiana llamada Beatriz Rico llegó a Madrid desde su Asturias natal para ser actriz. Tras pasar un año estudiando arte dramático, la agencia a la que pertenecía la envío a “un 'casting' más en el que me dijeron que era para azafata de un concurso”, explica Rico por teléfono. Cuando se presentó allí, se encontró con un “llegas tarde” por respuesta, pero no se dio por vencida. “Puse el pie como en las películas, para que no cerrara la puerta, y le dije '¿Puedo ver a Joaquín?' con tanta seguridad que ella me miró dudando”.

Beatriz Rico, en su etapa de azafata de 'El precio justo'.
Beatriz Rico, en su etapa de azafata de 'El precio justo'.

“Por favor, no me eches, por favor, te pido que veas mis fotos. No me han llamado para los otros 'castings', he llegado tarde y no me quieren recibir”, reconoce que le dijo al presentador cuando apareció en la salita adonde la hicieron pasar. “Y creo que le hizo gracia porque sin ni siquiera mirarlas se rio y dijo que esperase". Prat regresó acompañado de Francesco Boserman, el relevo de Pradera en el programa, y la citaron "con bañador y sin maquillaje" (por aquello de los escaparates con yates) a las nueve de la mañana del día siguiente en Prado del Rey. “Si yo no hubiera puesto el pie ahí…”, repite la actriz.

Para Rico, que trabajó durante tres años como azafata del programa, su paso por 'El precio justo' fue fundamental en su carrera, porque “gracias a él" pudo entrar en Telecinco y luego convertirse "en actriz”. Pero también porque, como dice: “Pasé de depender de mis padres, que te paguen la casa y los estudios, a tener tu propio dinero, con el que te puedes comprar un piso con 19 años. Tela". "Por otro lado, para mí, la escuela que fue eso”, describe con pasión. Además, la dirección del programa se preocupó por que aquellas que se encargaban de los anunciantes recibiesen clases de dicción. “Fue Pilar Francés”, detalla Rico, “una mujer maravillosa que hacía magia con la voz. Nos daba clases para tener una buena dicción, que se nos entendiera bien, la sonoridad, todo”.

Tanto ella como sus compañeras fueron objeto de algunas críticas, que las tachaban de ser meras “mujeres objeto”. “No me considero mujer objeto”, aclara la actriz, “estábamos haciendo un trabajo y la verdad es que estábamos muy bien pagadas. Además, estábamos con un maestro como Joaquín Prat, con el que yo al menos aprendí latín. Y sobre todo que nos hicimos seis amigas cuya amistad dura hasta el día de hoy. Así que, para mí, bendito precio justo y bendito Joaquín Prat”.

Imagen del escaparate final de una de las 223 ediciones de 'El precio justo'.
Imagen del escaparate final de una de las 223 ediciones de 'El precio justo'.

"No se le arrugaba ni el pantalón"

La cantante de Rico & Roll solo tiene buenas palabras para el desaparecido presentador y locutor valenciano, y señala que “era un poco el padre de todas”. “Nos daba muy buenos consejos, tanto a nivel profesional como personal, pero yo siempre destaco de él”, añade, “que nunca le vi con mala cara. Eran horas y horas grabando y siempre hay alguien que se cansa, te da un grito… Joaquín nunca. Yo le pregunté una vez si no se enfadaba nunca y me contestó: 'Intento que no porque eso no sirve de nada”.

“Cuando arrancaba un programa a las tres de la tarde y terminábamos a veces a las ocho de la mañana, no se le arrugaba ni el pantalón”, apunta Primitivo Rojas. “Ya no hay referentes como él, Joaquín valía para un roto y para un descosido. Lo he visto terminar un programa con 40 de fiebre, otro después de un 'jamacuco'… Joaquín hizo unas cosas que yo no había visto en otros profesionales”, reflexiona el locutor antes de añadir: “Bueno, de ese estilo hay uno, que es Iker Jiménez. Otro tío de esa catadura profesional, cada uno en su estilo, pero cómo se pueden hacer las cosas tan bien hechas y ser tan serios”, sentencia.

Joaquín Prat había debutado 20 años antes en la pequeña pantalla con 'Un millón para el mejor', pero fue 'El precio justo' el concurso que le acercó a los espectadores. “Bastaba salir con mi padre a la calle para darte cuenta de la cantidad de hogares a los que llegaban ese programa y el equipo”, explica Joaquín Prat Jr al teléfono. El presentador, que actualmente trabaja en ‘El programa de Ana Rosa', reconoce que vivió aquella época “impresionado por la tremenda ola de cariño que despertó mi padre en la gente. Eso era maravilloso pero también era, en una época como es la adolescencia, tener que compartir a tu padre con gente que no conocías de nada y no poder pasear tranquilos por la calle”.

El presentador valenciano charlaba con su familia de los entresijos del concurso y acostumbraba a plantearse las elecciones de los ganadores. “Pero cómo esta gente”, relata Prat Jr que decía su padre, “elige el coche si va a tener que pagar un seguro elevadísimo para el que probablemente no tenga dinero y no se llevan el apartamento en la Costa del Sol, cuando lo único que haces es multiplicar el valor”. Pero por aquel entonces Prat Jr contaba con 13 años y reconoce que el bendito "¡A jugar!" le costó más de una pelea en el patio del colegio. Aunque le resultaban más duras las maratonianas jornadas de rodaje, de hasta 14 horas, que le impedían pasar más tiempo con su padre. “Cuando llegaba a casa sobre la una y media de la madrugada”, explica, “lo único que quería era tener un bocadillo de tortilla francesa y un yogur esperándole porque, claro, ya estábamos todos dormidos, incluso mi madre”.

La propia Marianne Sandberg añade otra curiosidad sobre la dieta televisiva del presentador, al que según recuerda con cariño, “en la calle, en los restaurantes, le saludaban con el '¡A jugar!”. “Antes de grabar lo único que comía era patatas hervidas machacadas con un poco de aceite y un poco de sal, y eso le sentaba el estómago y después de eso se iba”. “Bueno”, puntualiza, “por supuesto, tenía toda la ropa preparada por mí, él no tenía idea de lo que se iba a poner. Ni la combinación de traje, camisa y corbata, eso lo hacía todo yo”. Las corbatas y los pañuelos que utilizó el presentador los heredó Joaquín Jr, pero su madre no duda en compartir que aún conserva el cuaderno en el que anotó las combinaciones de vestuario que su esposo utilizó en cada uno de los 223 programas que se emitieron de 'El precio justo'.

Joaquín Prat, en una imagen del programa.
Joaquín Prat, en una imagen del programa.

"No es porque estés tú, pero..."

"Se trabajó bien, pero se trabajó mucho”, en palabras de Rojas, y todos ellos coinciden en señalar lo agotador de las extensas grabaciones. Dentro del concurso nació una pequeña familia. “Mi padre”, explica Joaquín Jr, “tenía auténtica devoción por Primitivo y adoraba a las niñas, como llamaba a las azafatas. Venían a casa, a comer paella o a la piscina, y disfrutaban de lo que era estar con mi padre. Era un tipo muy divertido, muy vividor y muy cachondo, al que le encantada estar rodeado de gente. Pero también era un tipo muy responsable con su trabajo, tremendamente profesional”.

Rico, arriba derecha, Rojas, en el centro, y Prat, abajo, en una imagen promocional del concurso.
Rico, arriba derecha, Rojas, en el centro, y Prat, abajo, en una imagen promocional del concurso.

Para Prat Jr, la “gran camaradería que existía entre todos los miembros del equipo” era consecuencia de la sensación “de que, efectivamente, estaban haciendo historia en la televisión”. Por su parte, Rojas apunta que 'El precio justo' fue “un trabajo hecho con muchísima seriedad por parte de todo el mundo, con muchísimo interés, con concordia… Sigo guardando un cariño especial a mucha gente que pasó por allí, como las azafatas, Beatriz Rico y muchos otras que trabajaron en el programa”. El locutor añade además, con cierta amargura, que a pesar de que los ingresos publicitarios del espacio fueron de “miles de millones”, su final llegó porque “alguien quiso exprimirlo de mala manera”.

Para aquellos que señalaron al programa como “una pasarela de marcas”, el locutor descarta que el concurso tuviese ese afán, aunque reconoce que “se posicionaron marcas que hoy se pasean ante los ojos de todos, desde la alimentación a la banca”. Pero insiste en señalar que 'El precio justo' “no hizo daño a nadie". "Mi madre, que en paz descanse, era una mujer de pueblo y recuerdo que decía, 'no es porque estés tú, pero qué divertido, qué entretenimiento, qué gracioso lo que se ha llevado una señora de Salamanca'. Y la gente de Puebla de Sancho Pérez, mi pueblo, me preguntaba si era verdad que se daban esos premios".

El 9 de agosto de 1993 “nos fuimos sin saber si volvíamos y luego ya no se volvió”, explica Primitivo Rojas antes de apuntar que desconoce si en la cancelación del exitoso programa tuvieron que ver los “intereses comerciales de la propia TVE o si hubo 'peros' del consejo de administración”. “Es una pena”, reconoce el locutor, “que la vida del programa, limpio, blanco, para todos los públicos, y además con unos premios suculentos que no se han vuelto a ver, se frustrara y fuesen cinco años mal contados”. Atrás quedaron miles de millones en ingresos publicitarios y en premios para los concursantes. Personas como Manuel Martínez, que en 1991 se llevó un escaparate por valor de 40 millones de pesetas, el más grande entregado hasta ese momento en televisión. O como los participantes llegados de las Canarias que vivieron un calvario para cobrar sus premios. O como aquel que, según relata Joaquín Prat Jr, recibió todos sus regalos menos el lote de Panrico, y llamaba frecuentemente al programa para recordárselo. Porque en el escaparate más visto de la televisión española no había recompensa pequeña.

Cultura

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
2 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios