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Juan Soto Ivars: "¿El Tour de la Manada? Fue un bulo. La verdad es más interesante"
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Juan Soto Ivars: "¿El Tour de la Manada? Fue un bulo. La verdad es más interesante"

El periodista publica 'Nadie se va a reír. La increíble historia de un juicio a la ironía' (Debate), en donde narra la peripecia de Anónimo García y de cómo fue condenado por una parodia del sensacionalismo

Foto: Juan Soto Ivars posa para El Confidencial. (J. L.)
Juan Soto Ivars posa para El Confidencial. (J. L.)

El 9 de abril de 1950 a las 11 de la mañana, cuatro jóvenes —uno vestía de monje dominico— irrumpieron en Notre-Dame de París en el momento en que 10.000 personas celebraban allí la misa de Pascua. El falso dominico Michael Mourre, de 22 años, aprovechó una pausa que siguió al credo y se coló en el altar donde leyó un sermón en el que acusaba a la Iglesia católica de "estafa" y concluía proclamando la muerte de Dios "para que el hombre pueda vivir por fin". Greil Marcus relata en Rastros de carmín lo que ocurrió después: "El cataclismo que siguió fue más allá de todo cuanto pudiesen haber esperado Mourre y sus seguidores. La guardia suiza de la catedral desenvainó sus sables, acometió contra los conspiradores e intentó matarlos. Los camaradas de Mourre subieron al altar para protegerle: a uno de ellos, Jean Rullier, de veinticinco años, le rajaron la cara de un sablazo. Los blasfemos escaparon —con el hábito veteado con la sangre de Rullier, Mourre alegremente bendijo a los fieles mientras se dirigía a la salida— y fueron capturados en el Sena, o mejor dicho, rescatados, por la policía, de la multitud que estuvo a punto de lincharlos".

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El 2 de diciembre de 2018, a las 12 del mediodía, una nueva web brotaba en la red. Con la apariencia de una agencia de viajes, publicitaba un recorrido turístico por las calles de Pamplona, en concreto, por los lugares donde el Prenda y su Manada acompañaron a la joven a la que luego acabarían violando en grupo en un portal mientras la capital navarra celebraba los Sanfermines. Se trata, por supuesto, de una acción artística perpetrada por los ultrarracionalistas de Homo Velamine comandados por el estrafalario Anónimo García con el fin de denunciar el circo mediático que, en torno a aquel infame suceso, anegaba los medios de comunicación aquellos días. Y, como a los bromistas de Notre-Dame, estos activistas de la chanza no imaginaban ni por asomo la que se les venía encima, una auténtica tormenta de mierda que arruinaría la vida de su cabecilla, despedido de su trabajo y juzgado y condenado por una parodia que nadie supo —o quiso— entender. Ahora el periodista de El Confidencial Juan Soto Ivars recuerda aquellos hechos en un libro tan divertido como triste, que se lee en estado de estupefacción creciente y que supone un condensado perfecto de todos los males que en Occidente laminan la siempre frágil libertad de expresión: Nadie se va a reír. La increíble historia de un juicio a la ironía (Debate, 2022). "¿El Tour de la Manada? Fue un bulo. La verdad es más interesante".

placeholder 'Nadie se va a reír'. (Debate)
'Nadie se va a reír'. (Debate)

PREGUNTA. El otro día coincidí con otros plumillas en una comida, surgió el tema de tu libro por venir y me sorprendió la reacción bastante generalizada que venía a decir algo así como: "¿A santo de qué merece este asunto un libro?". Los recelos tenían que ver con cuestiones como que lo protagonizaba un grupo minúsculo, que nadie los conoce, que, aunque no lo pretendieran, se metieron en algo muy sucio que acabó haciendo daño a la víctima y, en fin, que la libertad de expresión y "de ironía" seguramente podría enfocarse en mejores causas. Así que no me queda más remedio que trasladarte la pregunta, Juan: ¿por qué cojones has escrito este libro?

RESPUESTA. La pregunta que tendría que hacerse cada uno de esos plumillas es otra: "¿Por qué no he dicho yo una palabra sobre este asunto?". Pero, claro, responder a esa pregunta implica aceptar que uno defiende las causas cuando no le supone el menor riesgo reputacional. ¿Que está todo el mundo protestando por Pablo Hasél (rapero al que nadie conocía) y la libertad de expresión? Pues me apunto, esta historia sí, que no pasa nada. ¿Que ahora toca decir la verdad sobre una inmensa manipulación en torno a una parodia artística? "Pues ahora me quedo calladito, que ese caso es lo bastante complejo moralmente como para que me dejen de invitar a fiestas, y además pregunto para qué escribe ese tipo sobre un tema tan pequeño". Ah... no es pequeño. Ni de coña. Es una historia acojonante.

Y te lo demuestro con el tamaño del silencio de esos plumillas. Saben de qué caso estoy escribiendo, pero no han abierto la boca. ¡Yo diría que es un silencio muy grande para algo tan pequeño! Callaron cuando en 2019 el líder de grupo de artistas que usaban la ironía como expresión fue condenado por lo penal, en Madrid, después de crear una web que parodiaba el sensacionalismo mediático en torno al caso de la Manada. Nadie dijo: la prensa ha desinformado sobre esa web, sobre su contenido y sobre su intención, y la justicia ha condenado a ese tipo según la versión mediática. Nadie dijo: ¡qué escándalo! Así que, respondiendo a los plumillas, yo he tenido que escribir este libro porque ellos no se atreven.

"Yo he tenido que escribir este libro porque ellos no se atreven"

P. Alguien intenta denunciar el sensacionalismo mediático y acaba atrapado por su propia parodia. Es verdad que Anónimo García pagó un duro precio por toda esta historia del Tour de la Manada pero, ¿no corrobora su tesis precisamente lo que le ocurrió? ¿No implica su condena a fin de cuentas el éxito total de su experimento?

R. Esto es lo que ha terminado él creyendo. Anónimo considera que el tour es su mejor acción, pero lo ve así como consecuencia del juicio, de la mentira mediática, del silencio cultureta, de su despido de Greenpeace (donde se dedicaba a campañas por la libertad de expresión, jejejeje) y de la condena, tan increíble que pone los pelos de punta a los juristas. Ellos lanzan la web, la sustituyen por un desmentido que aclara su intención y explica su crítica en el mismo momento en que los medios la difunden sin contrastar nada, y luego, en sede judicial, ¡se lee la web como si el desmentido no existiera, según la versión que dio la prensa! Es todo de una ironía kafkiana, muy retorcida, que podría dar a entender que ha sido un éxito, pues pretendía poner frente al espejo nuestro absurdo, y lo consigue. Sin embargo, yo no estoy de acuerdo en que esto sea un éxito: me parece una tragedia, porque la última persona del planeta a la que Anónimo García quería hacer daño, la víctima, recibió la versión mediática de la web, lo denunció por algo que no él no había hecho, y ambos fueron arrastrados a una situación judicial en la que, si ella gana, es él quien sufre, y viceversa. Esta historia plantea un dilema moral impresionante, por eso se lo presento al lector con las herramientas de la novela, aunque no haya, por desgracia, un gramo de ficción.

placeholder Foto: J. L.
Foto: J. L.

P. ¿No te parece que uno de los problemas de Homo Velamine, que tal vez no midieron bien, fue actuar desde la ironía en una sociedad terriblemente Asperger, quizás la más incapacitada para la ironía de la historia? Otros grupos de vanguardia del siglo XX como los situacionistas o los surrealistas intervenían en sociedades con discursos públicos y políticos mucho más complejos, con una cultura de la conversación más profunda y sutil. Romper el tabú molestaba, claro, pero abría el debate. Hoy, por el contrario, el debate se vuelve a cerrar inmediatamente a cal y canto…

R. Hoy se cierra el debate porque la gente tiene miedo a ser señalada. La diferencia entre el siglo XX y éste es que ahora las palabras pesan más, porque todo queda escrito o grabado, y significan menos, porque la gente cree interpretar las intenciones secretas del otro y no se ciñe a lo que le han dicho. Pero los surrealistas o los situacionistas se enfrentaron a una sociedad tan cerril como esta: el humano es el mismo. Piensa que en tiempos de Breton mucha gente era analfabeta, y que en tiempos de los situacionistas tenías la segregación racial en EEUU, la guerra de Vietnam, la caza de brujas... Había entonces también juicios, amenazas y cancelaciones, los hubo en la historia de todos los grupos de vanguardia. Es la posteridad la que, luego, los trata mejor, porque la gente no se irrita por lo mismo con el paso de los años. Pero cuando Gala apareció disfrazada del hijo asesinado de Lindberg en una cena, te aseguro que la reacción no fue más risueña que la que despertaban los actos de Anónimo García.

"Hoy se cierra el debate porque la gente tiene miedo a ser señalada"

P. Ya en los compases finales del libro, te vuelves a ver con Anónimo García y le dices: “Si la misión de Homo Velamine fue luchar contra el dogma y la complacencia, no debiéramos ser dogmáticos ni autocomplacientes con el tour". Y él, con su vida machacada con el tour, se muestra sin embargo reacio a la autocrítica. ¿Qué crítica harías tú exactamente a su acción?

R. Mi crítica está en el libro, pero creo que no se entendería bien fuera de su contexto, aislada. Es evidente que hay cosas que no tienen en cuenta, pero el caso hay que mirarlo con la perspectiva de sus acciones anteriores, felices y divertidas, y de las consecuencias posteriores, terribles y burocráticas. Anónimo hizo la autocrítica antes, pero a medida que el proceso avanza, cuando ve que sus explicaciones no sirven de nada, y que todo el mundo lo deja solo, se cabrea. No se puede ser juez y parte. Pero es humano. Este libro cuenta la historia de un hombre muy feminista y muy de izquierdas, pero enemigo de los dogmas de su bando, que empieza a atacar esos dogmas y se ve engullido. A diferencia de los titiriteros, Hasél, Valtònyc y demás, esta vez toda la izquierda calla, porque, claro, ¡se ha atrevido a ironizar con el caso que la izquierda más está sacralizando! Lo que le pasa —éxito, fracaso, denuncia, condena, despido del curro, cancelación, soledad— termina atrincherándolo. Al final, la acción que le ha destrozado la vida es lo único que le queda. De todos modos, he querido evitar el juicio moral sobre Anónimo en el libro, porque eso implicaría no contar su historia, sino analizarla. Yo le digo al lector: aquí tenéis un tipo inteligente y contradictorio que ha sido despedazado ante vuestros ojos sin que nadie se dignara a mancharse la camisa para contar la verdad.

P. Juan, en tus libros y artículos has ejecutado una crítica feroz del moralismo, los tabús y la corrección política de la izquierda woke como enemigos de la sociedad abierta. Y, sin embargo, ¿no crees que hoy el discurso moralista más poderoso y cada vez más victorioso es el de la extrema derecha que poco a poco, a medida que la izquierda se hunde en el cada vez más profundo pozo de la derrota, va haciéndose con los gobiernos europeos y, lo que es más importante, con la mayoría del discurso público?

R. En mi libro anterior, La casa del ahorcado , hablaba de eso. Ahí hay crítica a izquierda y derecha, porque el problema para mí es el identitarismo. A un lado se presenta como derivas disparatadas woke, y al otro como nacionalismo populista. Lo explico ahí, en más de 400 páginas. Resumiendo, para mí el origen de toda esta deriva es la tribu. El tribalismo es lo que tienes cuando una sociedad vive de espaldas a su propia historia y la convierte en trinchera, y también de espaldas a su futuro, donde parece que para que a mí me vaya bien tiene que irte mal a ti. Es un problema civilizatorio que Popper (el auténtico, no el de Pictoline) advierte en La sociedad abierta y sus enemigos: no hay mayor enemigo del pensamiento crítico, la razón y la sociedad abierta que el tribalismo. Y hoy día, hay inclinación al tribalismo hasta en los que nos consideramos lobos solitarios...

"El tribalismo es lo que tienes cuando una sociedad vive de espaldas a su propia historia y la convierte en trinchera"

P. Pero ¿cómo es posible que las energías supuestamente liberadas con las nuevas tecnologías, las redes y todo ese marketing machacante que afirmaba que iba a unir el planeta en una sola tribu global haya generado todo una miríada de nuevas tribus incapaces de dialogar entre sí, que solo entienden la reafirmación identitaria y el exterminio de las tribus contrarias?

R. Pues porque los adelantos tecnológicos tienen sus propias ideas. Es lo que llamo el síndrome de Parque Jurásico. Creas dinosaurios para hacer un parque, porque consideras que se quedarán dentro de las vallas, pero no es así. Lo explica muy bien Postman en Tecnópolis . Te pongo un ejemplo. Tú dices: a ver, enviar correo es un coñazo. Escribes la carta, tienes que ir a comprar sobre y sello, echarla al buzón, esperar a que llegue... Luego la recibe el otro, la lee, y el mismo proceso para contestarte... ¿No sería bueno inventar un sistema inmediato de comunicación escrita? La humanidad se ahorraría un tiempo precioso desperdiciado con el correo para, yo qué sé, leer La divina comedia . Pues ahí va: el email. ¿Resultado? Que jamás en la historia ha dedicado el ser humano tanto tiempo a mirar el correo. Inventaron algo para que ahorráramos tiempo y jamás nos ha hecho perder tanto. ¿Sabes por qué pasa esto? Porque la tecnología es mucho menos compleja que el ser humano. Pasa lo mismo con las ideologías que pretenden salvar a la humanidad. ¡Un sistema comunista, qué bien pensado, se acabó la desigualdad, y por tanto la avaricia! Pues tome, un gulag, que todos estos humanos de mierda están fastidiando su propia salvación.

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Foto: J. L.

P. Ahora que ha vuelto la amenaza nuclear, que no deja de ser una entelequia, quizá lo que merezca la pena de verdad preguntarse es cómo echamos freno y marcha atrás a la dinámica de tribalización salvaje que mencionas, que sí es una amenaza cierta, muy peligrosa y en marcha. Porque es tentador pensar, echando la vista por ejemplo a los años treinta del XX, que algo así sólo puede acabar en un estallido global violento.

R. Pues mira: a mí lo de Rusia me ha pillado por sorpresa, como me pilló por sorpresa lo del covid, así que no te sé responder. Un día estaba borracho, riéndome de China, y al otro confinado en mi casa. Ahora, mientras nos debatimos entre la inflación, la polarización y la amenaza nuclear, lo mismo está a punto de llegar un canguro asesino y provoca el pánico en el Retiro. Este es un poco el mensaje ultrarracional, la ideología, entre la chufla y la seriedad, que se inventan los personajes de mi libro para sobrevivir al siglo XXI. Como explica uno de ellos, Rasomon, dado que la razón ha fracasado, lo único que nos queda es ese más allá: la razón irónica.

P. Y por último, ¿cómo le va a Ano ahora? ¿Y qué opina de volver al candelero con tu libro? Creo que está encantado...

R. Él está contento de que un loco haya querido contar su historia, me lo ha dicho desde el principio. Cree que decir la verdad es hacer justicia. Yo no lo tengo tan claro. No tengo demasiada confianza en que nadie recapacite. Pero sí creo que gente que tal vez leyó en el periódico que un hijo de perra había hecho una web turística morbosa para lucrarse con una horrible violación, ahora podrá saber que eso no es así, y conocerá todo lo que los medios no le contaron entonces. Entre otras cosas, porque más allá del final amargo, la historia de Anónimo y sus amigos, con todas esas acciones inverosímiles, me parece como para hacer una película.

El 9 de abril de 1950 a las 11 de la mañana, cuatro jóvenes —uno vestía de monje dominico— irrumpieron en Notre-Dame de París en el momento en que 10.000 personas celebraban allí la misa de Pascua. El falso dominico Michael Mourre, de 22 años, aprovechó una pausa que siguió al credo y se coló en el altar donde leyó un sermón en el que acusaba a la Iglesia católica de "estafa" y concluía proclamando la muerte de Dios "para que el hombre pueda vivir por fin". Greil Marcus relata en Rastros de carmín lo que ocurrió después: "El cataclismo que siguió fue más allá de todo cuanto pudiesen haber esperado Mourre y sus seguidores. La guardia suiza de la catedral desenvainó sus sables, acometió contra los conspiradores e intentó matarlos. Los camaradas de Mourre subieron al altar para protegerle: a uno de ellos, Jean Rullier, de veinticinco años, le rajaron la cara de un sablazo. Los blasfemos escaparon —con el hábito veteado con la sangre de Rullier, Mourre alegremente bendijo a los fieles mientras se dirigía a la salida— y fueron capturados en el Sena, o mejor dicho, rescatados, por la policía, de la multitud que estuvo a punto de lincharlos".

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