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El dopaje al IPC achata la curva de la inflación, ¿pero hasta cuándo?
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LA INFLACIÓN REMITE

El dopaje al IPC achata la curva de la inflación, ¿pero hasta cuándo?

El control de precios vía subvenciones explica, en parte, el achatamiento de la curva de la inflación. Los organismos internacionales están inquietos porque no se trasladen al consumidor los precios reales.

Foto: Un hombre echa gasolina a su vehículo en Valladolid. (EFE/Nacho Gallego)
Un hombre echa gasolina a su vehículo en Valladolid. (EFE/Nacho Gallego)
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Carlos Solchaga, el exministro de Economía, solía decir que una golondrina no hace primavera. Se refería a la tendencia a magnificar un buen dato económico por razones políticas sin entender el contexto. Y el IPC de septiembre, efectivamente, es un buen dato.

Lo es, sobre todo, porque la inflación subyacente, la que elimina los componentes más volátiles (alimentos no elaborados y energía) ha quebrado su tendencia al alza. Baja dos décimas, hasta el 6,2%, todavía una tasa extraordinaria si se compara con lo que ha sucedido en la economía española –y en el resto de nuestro entorno económico– en los últimos 35 años.

Foto: Un mercado de frutas, en Mahón (Baleares). (EFE/David Arquimbau)

Ahora bien, eso no significa necesariamente que estemos ante un proceso irreversible. Básicamente, por dos razones. La primera, porque el precio de la energía, que es un insumo fundamental en los costes de las empresas que luego trasladan a los consumidores, no depende del Gobierno, sino de lo que sucede en los mercados internacionales. Obviamente, porque España importa más del 70% de la energía que consume, lo que hace que no dependa del Ejecutivo de turno.

Es por eso, precisamente, por lo que lo único que pueden hacer los gobiernos, y esta es la segunda razón, es compensar esos incrementos de precios vía subvenciones de todo tipo, ya sea al gas, las gasolinas o bajando impuestos. Eso es lo que ha hecho el Gobierno, como el resto de ejecutivos europeos. Si no hubieran tomado esas medidas, de hecho, es probable que el IPC estaría todavía muy por encima del 10%.

Esto quiere decir, ni más ni menos, que el IPC está dopado, y la propia vicepresidenta económica, Nadia Calviño, lo reconoció cuando hace algunas semanas estimó que las políticas de achatamiento de los precios habían reducido en 3,5 puntos porcentuales la inflación. Es por eso por lo que hay que mirar los datos de IPC con prudencia. Precisamente, porque han interiorizado precios ficticios que tenderán a normalizarse cuando el gobierno revierta algunas medidas tomadas. Por ejemplo, la subvención de 20 céntimos al consumo de gasolina o los topes al precio del gas, que no pueden ser indefinidos en el tiempo. También la rebaja de impuestos a la electricidad y otros productos básicos, salvo que se asuma que nunca llegará el momento de volver a preocuparse por las cuentas públicas. No es casualidad que el recorte del IPC de septiembre haya coincidido con las subvenciones directas al uso del transporte público.

Foto: Billetes de euro, libra y dólar. (EFE/Daniel Irungu)

Esta política de ayudas indiscriminadas, sin atender el nivel de renta de sus perceptores, es la que preocupa cada vez más a los organismo internacionales, que en los últimos días han lanzado un mensaje claro: las ayudas hay que concederlas a quien realmente lo necesiten con mayores prestaciones sociales, no a todos por igual. Este aviso es importante porque en algún momento puede empezar a desmontarse el dopaje al IPC, lo que significa, lisa y llanamente, un aumento de los precios.

Esto es así porque una de las lecciones de los choques petrolíferos de los años 70 y 80 fue que tapando con la mano el sol sólo se conseguía vivir en una entelequia: el astro rey seguía calentando aunque se pretendiera lo contrario. O lo que es lo mismo, si no se trasladan los precios a los consumidores viviríamos dentro de una burbuja que tarde o temprano explotaría. Es por eso por lo que las ayudas tienen naturaleza temporal, y entonces se verá cuánto de realidad y de ficción tiene el IPC. Hoy, sin embargo, conviene disfrutar de la primavera.

Carlos Solchaga, el exministro de Economía, solía decir que una golondrina no hace primavera. Se refería a la tendencia a magnificar un buen dato económico por razones políticas sin entender el contexto. Y el IPC de septiembre, efectivamente, es un buen dato.

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