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'Don Pasquale': el Liceo despega con una fabulosa 'sitcom' de la ópera de Donizetti
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'Don Pasquale': el Liceo despega con una fabulosa 'sitcom' de la ópera de Donizetti

Se trata de una obra maestra que reúne toda la dignidad y toda la cualificación para abrir la temporada de un gran teatro como el de Barcelona

Foto: 'Don Pasquale', en el Liceo. (EFE/Quique García)
'Don Pasquale', en el Liceo. (EFE/Quique García)

El 'problema' de trasladar 'Don Pasquale' del año de su estreno (1843) a una 'sitcom' de nuestro tiempo consiste en que se relativiza la elocuencia del 'empoderamiento' femenino. El valor que le otorgamos hoy al feminismo difiere del mérito que tenía ejercerlo a mediados del siglo XIX, aunque es cierto, al mismo tiempo, que la extrapolación temporal y dramatúrgica concebida por Damiano Michieletto en la apertura del Liceu permite una identificación absoluta con la ópera de Donizetti y consigue que la música respire en el escenario como si hubiera encontrado su hábitat ideal.

Es el contexto de idoneidad donde tiene sentido enfatizar las responsabilidades del maestro Josep Pons en el foso, sobre todo porque consigue que la música fluya desde una naturalidad y una sensibilidad a la que da respuesta el minucioso trabajo de actores con que Michieletto perfila la psicología y la idiosincrasia de los personajes, entre la ingenuidad timorata de Ernesto y la picaresca envenenada de Norina y el doctor Malatesta.

Recuerdan estos últimos en un tono más amable a los protagonistas de 'Perversidad', fabulosa película de Fritz Lang cuya trama expone la extorsión de una pareja de amantes a un maduro y desorientado agente de seguros. Se enamora Edward G.Robinson (Christopher Cross) de Joan Bennet (Kitty), ignorando que esta última —una buscavidas— aprovecha el estado de ensimismamiento para saquearlo con la ayuda de su verdadera pareja.

placeholder 'Don Pasquale', en el Liceo. (EFE/Quique García)
'Don Pasquale', en el Liceo. (EFE/Quique García)

No alcanza extremos tan crueles la ópera de Donizetti ni la lectura de Michieletto, pero es cierto que el director de escena italiano se recrea en el 'bullying' al pobre Don Pasquale, un solterón de 70 años mitad Woody Allen mitad Saul Goodman al que atormenta el recuerdo de su madre y que espera al mismo tiempo redimirse con los amores de una mujer demasiado joven.

La comedia de enredo se resuelve con audacia escénica, elaborada frivolidad y enjundia artística. No solo por la afinidad de Carlos Chausson (Don Pasquale) con el repertorio belcantista y con todos sus registros tragicómicos, sino porque Michieletto se rinde al transformismo de la soprano tarraconense Sara Blanch (Norina). La idea de presentárnosla como una suerte de Cenicienta —modesta, sumisa— en el primer acto de la 'sitcom' permite destacar aún más su conversión en un epígono bienaventurado de Manon Lescaut: exuberante, altiva y provista de un gran carisma escénico.

La comedia de enredo se resuelve con audacia escénica, elaborada frivolidad y enjundia artística

Ha cantado Blanch en el Liceu el papel trapecista de la Reina de la Noche ('La flauta mágica'). Y ha vuelto a demostrar este miércoles su cualificación en la coloratura y en el registro agudo, pero la Norina que le ha creado Michieletto representa un salto cualitativo musical y escénico al que dieron respuesta los espectadores convocados en la apertura de la temporada. La sepultaron entre bravos y clamores, a semejanza de una especie protegida.

Y no puede decirse que fuera la del 21-S una velada de euforias ni triunfalismos, pero el 'remake' de 'Don Pasquale' puso en evidencia el asombro canoro de Xabier Anduaga y su identificación con el belcantismo. El fraseo y la dicción se antojan tan elocuentes como el buen gusto y la valentía en los agudos. Un tenor lírico de color atractivo y de volumen intermedio que se reivindica como el gran heredero al trono vacante del escalafón español.

Voces autóctonas

No es cuestión de ponerse chauvinistas ni patrioteros, pero los dos repartos que componen el 'Don Pasquale' barcelonés hasta el 9 de octubre se abastecen de la fertilidad de las voces 'autóctonas'. Tanto por la veteranía de Chausson como por el relevo generacional que jalonan Blanch y Anduaga. Les acompañó el eficiente barítono polaco Andrzej Filonczyk (Malatesta). Y todos ellos respondieron con disciplina al gesto sensible e Josep Pons.

Estaba en buenas manos la ópera de Donizetti. El compositor lombardo la compuso en 11 días. No por las emergencias contractuales ni por las prisas, sino por el sentido de la fluidez y la lucidez que caracterizó su talento. No es sencillo leer 'Don Pasquale'. Se puede incurrir en el amaneramiento o en la sobreactuación. Josep Pons eludió un peligro y el otro en beneficio de una versión delicada y sutilmente intensa, más o menos como si estuviera correspondiendo la dramaturgia conceptual y clarividente de Michieletto.

placeholder 'Don Pasquale', en el Liceo. (EFE/Quique García)
'Don Pasquale', en el Liceo. (EFE/Quique García)

El mérito del director de escena italiano consiste en eludir los gags y la sal gorda. Escucha la música, se nota. Y concibe una puesta en escena esquemática y minimalista que incorpora novedades narrativas gracias a la fórmula del teatro dentro del teatro. Por eso funcionan tan bien las marionetas con que se resume la trama. Y por la misma razón, el recurso de un croma le permite aislar el cuadro sublime del tercer acto: Anduaga y Blanch —o viceversa— se dejan mecer en la góndola que 'pilota' Pons y que lleva al extremo toda la belleza y sensibilidad de la ópera bufa.

Estaba en su plenitud Donizetti. Y estaba solo. Porque Rossini había decidido retirarse al silencio. Porque Bellini se acababa de morir. Y porque los tambores de Giuseppe Verdi todavía se escuchaban lejanos, expuesto, como estaba a los sinsabores y estajanovismo de los años de galeras.

Quiere decirse que 'Don Pasquale' es una obra maestra y que reúne toda la dignidad y toda la cualificación para abrir la temporada de un gran teatro, por mucho que Damiano Michieletto nos constriña a marcharnos a casa con una sensación inquietante. Acaso el solterón no merezca tanto escarmiento. Ni sea justo sentenciarlo a una residencia en silla de ruedas.

El 'problema' de trasladar 'Don Pasquale' del año de su estreno (1843) a una 'sitcom' de nuestro tiempo consiste en que se relativiza la elocuencia del 'empoderamiento' femenino. El valor que le otorgamos hoy al feminismo difiere del mérito que tenía ejercerlo a mediados del siglo XIX, aunque es cierto, al mismo tiempo, que la extrapolación temporal y dramatúrgica concebida por Damiano Michieletto en la apertura del Liceu permite una identificación absoluta con la ópera de Donizetti y consigue que la música respire en el escenario como si hubiera encontrado su hábitat ideal.

Ópera Gran Teatro del Liceu
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