'Principiantes': cuatro amigos, muchos gintónics y ni idea del amor
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'Principiantes': cuatro amigos, muchos gintónics y ni idea del amor

Se estrena en los Teatros del Canal de Madrid esta adaptación de los relatos de Raymond Carver a cargo de Andrés Lima y Juan Cavestany

Foto: Javier Gutiérrez, Vicky Luengo y Daniel Pérez Prada, en 'Principiantes'.
Javier Gutiérrez, Vicky Luengo y Daniel Pérez Prada, en 'Principiantes'.

En la década de los ochenta, el estadounidense Raymond Carver era el rey del panorama literario en su país y en buena parte de Europa. Con sus relatos sobre las relaciones humanas su atalaya intelectual era casi como la de Woody Allen con sus películas aunque con la mitad de humor y el doble de litros de alcohol. Detrás estaba la mano exagerada de su editor Gordon Lish —que sigue vivo—, de quien se dice que, en realidad, fue el gran hacedor de sus cuentos. Un gran ejemplo, el libro ‘De qué hablamos cuando hablamos de amor’, publicado en 1981 —en 1987 en Anagrama— y cuyos relatos fueron dejados en una mínima expresión con respecto al original de Carver. Desde luego, con lo publicado ni Juan Cavestany ni Andrés Lima podrían haber emprendido el proyecto ‘Principiantes’ que se acaba de estrenar en los Teatros del Canal de Madrid después de una gira por toda España.

Es una obra que diserta sobre el amor y que, sobre todo, no intenta ser simpática ni dulce ni amable sino todo lo contrario

Cavestany, en el texto, y Lima, en la dirección, han tirado del original carveriano —cuyo título también era ‘Principiantes’ y que se conoció en 2009— para ir al tuétano de lo que podría pretender el escritor y crear una obra que diserta sobre el amor y que, sobre todo, no intenta ser simpática ni dulce ni amable sino todo lo contrario. El texto literario tiene ya de por sí una puesta en escena muy teatral: son cuatro personajes (dos parejas) charlando en una larguísima sobremesa con unos cuantos gin tónics de por medio. A partir de ahí, la creación de Cavestany y Lima, que se conocen bastante bien, puesto que han trabajado juntos desde la época de la mítica compañía Animalario y en obras como 'Moby-Dick', 'Los MacBez', 'Capitalismo. Hazles reír', 'Penumbra' y 'Urtain'.

placeholder Andrés Lima, junto a los actores de la obra.
Andrés Lima, junto a los actores de la obra.

Dos relatos

El libro ‘ De qué hablamos cuando hablamos de amor’ son varios relatos en los que el escritor incidía en parejas que se despedazan, hijos que intentan hablar con sus padres y no pueden… Con muchos diálogos duros en los que prima el no entendimiento y la confusión y la extrañeza. Solo un ejemplo hipercarveriano: ¿adónde va el amor inmenso que has tenido hacia una persona cuando este desaparece? De todos los relatos, Lima y Cavestany han elegido dos: ‘Una cosa más’, que funciona a modo de prólogo y el que da nombre a todo el libro. Pero esto lo sabes si has leído el libro, si no, en el conjunto del montaje queda raro.

Una vez pasado este aspecto desordenado se entra de lleno en el relato principal. Y lo hace con uno de los recursos que mejor funcionan en toda la obra: la música (si bien es un efectismo poco fino) Lima y Cavestany han elegido varios temas que van guiando la gran conversación. Son canciones que consiguen atrapar una de las grandes características del estilo de Carver: el lirismo, la poesía, la belleza de las palabras. Son canciones, claro, que hablan de amor, de admiración, pero también de la punzada en el corazón con el desengaño y con la bofetada que te dan cuando no te corresponden. Ahí tienes que estar muy dormido en la butaca para no meterte en la obra.

Uno de los recursos que mejor funcionan es la música. Canciones que consiguen atrapar el estilo de Carver: la belleza de las palabras

Tras el efecto, el texto —el original, mucho más largo que el que fue publicado la primera vez— y los actores. Carver no era un autor cómodo. No es agradable. Pero Cavestany y Lima le han introducido una pequeña carguita más de violencia, de desasosiego. Un matiz que también se lo da Javier Gutierrez (Herb McGuinnis) —bien acostumbrado a este tipo de personajes de hombres soberbios e irascibles— y que, realmente, es quien tiene todo el peso de la obra y el que lleva el ritmo de sus compañeros Mónica Regueiro (su mujer Terry), Daniel Pérez Prada (Nick) y Vicky Luengo (Laura). Cuando Gutiérrez se expresa, se mueve en el escenario o se postra frente a otro personaje, reina el silencio. Y no solo porque así lo diga el texto.

placeholder Javier Gutiérrez y Mónica Regueiro.
Javier Gutiérrez y Mónica Regueiro.

Entre gintónic y gintónic —otro elemento que pretende/insiste/fuerza el ambiente un tanto caldeado de la conversación—, Herb/Gutiérrez reflexiona sobre el amor y el resto asiste un tanto impávido. El inicio nos coloca completamente en 1980. Los personajes se preguntan si pegar a alguien y después decirle que le quieres es amor (casi un “mi marido me pega lo normal” de manual). En 2022 la respuesta es obvia. Hace cuarenta años no estaba tan claro y daba pie a un debate. Es curioso eso y lo cierto es que queda un poco anacrónico. Pero el problema no es ese (que en todo caso sería de Carver y la época en que fue escrito). El asunto es que después, cuando Herb/Gutiérrez nos empieza a contar su relato sobre lo que cree él que es el amor —entre alguna lágrima y alguna mano medio alzada hacia su mujer—, se nos empieza a olvidar un poco de qué están hablando. Y los golpes en la mesa no son suficientemente provocadores.

Escenografía, espectacular

Lo que sí es deslumbrante es la escenografía (a cargo de Beatriz San Juan). Lima y Cavestany han metido a los cuatro personajes en un salón de una casita de Alburquerque con un gran ventanal —una pantalla— por el que entra la luz matizada en diferentes colores según va pasando la tarde y subiendo los grados del alcohol. El marco es precioso. La iluminación de Valentín Álvarez, perfecta. El diseño de videocreación, de Miquel Ángel Raió, maravilloso. El poderío de un gran teatro público (este de la Comunidad de Madrid) con todos los efectos especiales posibles (¡hay hasta nieve!).

Y volvemos a la música, que es la que le da brío al montaje. Es lo que queda cuando todos estos principiantes del amor se quedan a oscuras e irrumpen los aplausos.

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