entrevista

Andrés Lima: "Vox reivindica sin ninguna vergüenza a Franco"

Acaba de estrenar 'El chico de la última fila' en el María Guerrero de Madrid y tiene de gira 'Prostitución' y 'Shock. El condor y el puma'. Anima a ir al teatro, uno de los sitios más seguros y sanos

Foto: Andrés Lima
Andrés Lima

Tiene tres montajes en activo, 'El chico de la última fila', que se acaba de estrenar en el María Guerrero de Madrid, después de pasar por la sala Beckett de Barcelona; 'Prostitución' y 'Shock. El Cóndor y el puma', ambos de gira por toda España. El año pasado le dieron el Premio Nacional de Teatro. Nadie puede negar que el director Andrés Lima (Madrid, 1961) es hoy una de las figuras más relevantes de los escenarios. Incluso en estos tiempos tan difíciles por la pandemia, por las restricciones e incluso por la zozobra política. Lima, además, se ha vuelto a reunir con sus compañeros de Animalario, Alberto San Juan, Willy Toledo, Pilar Castro y Natalie Pinot para una obra que pese a haber sido escrita por Juan Mayorga en 2006 tiene ecos de actualidad, ya que nos habla del poder de la ficción y cómo se mezcla con la realidad a partir de la relación que se establece entre un alumno y un profesor. La verdad de las mentiras, que diría otro. 'El chico de la última fila' se podrá ver, si nada se tuerce, hasta el 8 de noviembre.

PREGUNTA: 'El chico de la última fila' es un texto de 2006, pero ha seguido representando desde entonces. ¿En qué radica su fuerza?

RESPUESTA: Lo que me cautiva son las posibilidades que tiene de montaje, de expresividad. Para mí el texto vive en la cabeza del espectador y tiene sentido ahí. Por eso la puesta en escena es tan volatil. Cuando se abre ese telón que ha creado Beatriz San Juan lo que se abre es la puerta de la imaginación. Me cautiva la ambigüedad. Hay dos cosas fundamentales, una es asistir al alumbramiento de un escritor y a la vez de una obra de arte, que es el relato de Claudio, y por otro lado, la mezcla entre la ficción y la realidad. Donde empieza y donde acaba y si realmente importa.

Escena de 'El chico de la última fila'
Escena de 'El chico de la última fila'

P: Precisamente en un momento en el que tantas ficciones, tantos relatos falsos inundan la realidad. Las fake news, algunos discursos que se pueden escuchar en el Congreso...

R: Sí, es muy bonito ver cómo el poder ha aprendido en muchas ocasiones del arte y sabe que el manejo de la realidad y la confusión de la ficción es una manera de influir en el ciudadano que a su vez es el espectador. La sociedad como espectáculo es algo que se lleva desarrollando desde el siglo XX hasta ahora con una fuerza tremenda. Y muchas veces, el hecho de ir reduciendo el discurso y tratarnos como a niños es algo… para que lo que se cuenta sea un cuento de malos y buenos. Esto se lleva practicando desde hace bastante tiempo. Y el propio arte ha contribuido a ello. Cuando yo tenía 18-20 años el estreno de una pelicula de Fellini o Pasolini era un acontecimiento, ahora lo es la última de 'Los increíbles' o 'Spider-Man 7', además que sabes cómo empieza cómo acaba y cómo va por el medio. Pero lo que importan son la cantidad de muñequitos de Spider-Man que se van a vender. La sociedad que vivimos está evitando que la ficción analice la realidad hasta el punto de fundirse con ella. Yo pienso que la ficción aporta más verdad que la propia realidad sobre las relaciones humanas, el amor, la muerte… el hecho de experimentarla como espectador o como lector puede hacerte entender mejor el mundo en el que vives.

La sociedad que vivimos está evitando que la ficción analice la realidad hasta el punto de fundirse con ella

P: ¡Por eso seguimos yendo al teatro y sigue existiendo, por suerte, la literatura!

R: Completamente de acuerdo. Lo que sí que es cierto es que el nacimiento del teatro, que es en Grecia, no tiene como primordial función pasar el rato. No era para evadirse. No, el teatro tiene la función de meterte más. Y de hecho, eso es lo inquietante de El chico, que te mete dentro de la vida que tiene alrededor hasta el punto de que a la gente la mete más dentro de ellos mismo que fuera. Es decir, no hace que se evadan sino todo lo contrario.

P: ¿De ahí ese montaje volatil que habéis planteado?

R: Es que esta obra surge después de 'Hamelin' y él [Juan Mayorga] utilizó mucho de los mimbres que había empezado a desarrollar en esta obra. 'Hamelin' era un escenario desnudo donde la imaginación del espectador lo hacía todo. Y había un narrador que iba describiendo los diferentes espacios y lugares. En este caso el narrador es el chico, uno de los personajes, y quería que el escenario tuviera lo mínimo, un telón que sirviera poéticamente para pasar de una escena a otra y poco más. Este escenario psicótico era una manera perfecta de expresar lo que sucede cuando empiezas a leer un libro.

El reparto de 'El chico de la última fila'
El reparto de 'El chico de la última fila'

P: En el reparto están Alberto San Juan, Willy Toledo, Pilar Castro y Natalie Pinot. Es decir, Animalario. ¿Cómo ha sido la vuelta después de años sin trabajar todos juntos?

R: Ha sido muy feliz. Esta obra está producida por la Sala Beckett en Barcelona. Y allí el reparto era diferente, estaban Sergi López, Ana Icobaceta, Miriam Iscla y David Pagés. Y luego Arnau Comas y Guillem Barbosa eran los jóvenes. En este caso menos los jóvenes, no podían estar y pensé que Alberto, Willy, Pilar y Natalie eran el reparto ideal. Primero porque representaban a los personajes perfectamebte y la complicidad que hay entre ellos y conmigo iba a dar lugar a darle más vida al montaje. Animalario es mi familia. De hecho, del encuentro con Beatriz San Juan ha nacido mi hija real. Y Animalario sigue muy vivo en todos nosotros. Lo demás o lo de menos es que exista una empresa que se llame Animalario. Es una actitud ante el teatro. Y en eso seguimos igual. El equipo artístico que hay detrás llevamos trabajando juntos también durante muchos años.

P: Han pasado ya unos cuantos años desde que montásteis Animalario, ¿Cómo se ve con distancia? Estoy pensando en montajes como 'Alejandro y Ana', 'Hamelín', 'Urtain'…

R: ¡Desde 1997! Pues a mí me gusta mucho recordarlas. 'Urtain' sigue estando el catálogo de TVE coo el último Estudio 1 que se hizo. He remontado 'Hamelin' en Ecuador el año pasado y pensé una nueva visión sobre el montaje… pero no cambié nada. Yo estoy muy orgulloso de las puestas en escena. No porque sean buenas o malas sino porque en Animalario se propuso entre todos y de una manera espontánea trabajar honestamente y con la verdad de lo que se nos proponía. Y había una libre elección de cada tema. No hicimos nada por encargo, solo una, 'Tito Andrónico', en Mérida. Y es un montaje al que le debo muchísimo y tiene unos hallazgos excepcionales además de unas muy buenas interpretraciones, pero si la volviera a hacer sí cambiaría cosas ahí. Lo demás nos nació de las ganas y de las venas y lo mantendría. No las veo como cosas que tenían su tiempo sino como obras que defiendo con la misma fuerza que antes.

P: Algunas como la de 'Alejandro y Ana', de 2003, en la que salía todo aquel PP de Aznar, algunos de los cuales han acabado en la cárcel, estaría bien verlas ahora.

R: Sí, mucha gente me ha comentado lo del paseíllo… pero bueno, eso no es culpa nuestra sino de la realidad, que se empeña en volver. Hace poco montamos una obra sobre la memoria histórica y las actitudes que se están viendo sobre todo de Vox y toda esa gente que vuelven a reivindicar sin ningún tipo de vergüenza a Franco… dices, por dios bendito, ¡si esto no lo escuchaba yo desde el 79! Pero no, están ahí.

Lo estamos viendo en todo el mundo, empezando por EEUU, pero siguiendo por nuestro país: la utilización política de esto es tremenda

P: En este sentido, otro de tus montajes que sigue activo es 'Shock. El cóndor y el puma' que abordaba la teoría del shock de Naomi Klein. Para shock el que tenemos ahora mismo con la pandemia, la bronca política… ¿Cómo observas la situación?

R: Es un tema muy serio. Una pandemia mundial no es ninguna broma. Veo que hay que tener confianza en nuestra fuerza como seres humanos para superar la enfermedad, pero también para hacer valer nuestros derechos. No es una guerra, es una enfermedad. No hay un enemigo al que abatir, hay una enfermedad que curar y es bien diferente. Lo digo porque al generar este lenguaje bélico se generan bandos. Y lo que habría que salvar, empezando por los más necesitados y siguiendo por los más pobres. Es una cuestión sanitaria. Pero lo que estamos viendo en todo el mundo, empezando por EEUU y la aberración de Trump, pero siguiendo por nuestro país, e incluso en nuestra Comunidad, es que la utilización política de esto es tremenda. En la Comunidad de Madrid todavía no se ha acometido la crisis sanitaria de una manera seria. Se nos dice que sí, pero ni hay más médicos ni rastreadores… El daño que se hizo en el pasado con la privatización de la sanidad pública lo estamos pagando ahora y no se está solucionando. Con lo cual, la lucha política tiñe la crisis sanitaria y social.

Por eso creo que tanto en el teatro como en los demás segmentos hay que tener audacia para seguir declamando nuestros derechos y jugando a favor de la sanación y la salud. Y por eso se ha insistido tanto y creo que inteligentemente en que el teatro es un sitio de reflexión, de encuentro y sano. Todavía se está gestionando la pandemia como la peste, es decir, poniéndonos un tachón en nuestra puerta y aislándonos. Y creo que tenemos más recursos e inteligencia ahora mismo para afrontarlo de otra manera.

Todavía se está gestionando la pandemia como la peste, es decir, poniéndonos un tachón en nuestra puerta y aislándonos. Y creo que tenemos más recursos

P: Desde luego, así lo dicen los espectadores que han vuelto al teatro bastante en masa: en el teatro se sienten seguros.

R: Es de los pocos sitios donde ahora mismo puedes encontrarte con gente, todo el mundo está sentado con cierta distancia de seguridad, con mascarilla, quieto y sin hablar. No puede ser más seguro. Ir en el metro sin embargo...

P: Y a pesar de eso, el mundo de la cultura, el espectáculo es uno de los sectores que más está sufriendo.

R: Es muy dramático. Ahora lo lleva peor la hostelería también… La pandemia es eso, cualquier cosa que remita al encuentro, a unos horarios nocturnos… donde vamos a sufrir más vamos a ser el mundo del espectáculo, la hostelería, el ocio... Pero tenemos que luchar por respetar nuestra cultura, que es la que nos va a hacer comprender cómo salir de la pandemia también.

P: ¿Y cómo crees que se está gestionando? Desde el principio hubo muchas críticas al Ministerio de Cultura por no defender los intereses del sector.

R: El MInisterio tuvo momentos de inacción tremendos hasta incluso hoy. Lo que pasa es que fueron críticas al ministro porque no era un portavoz de la preocupación de la cultura en el Congreso. Pero dentro del teatro público la labor que se esta haciendo es interesante. Se están preocupando mucho por que los aforos sean mayores, haya seguridad y mas permisividad para poder hacer teatro. Los programadores de muchos teatros públicos están haciendo un esfuerzo tremendo, a veces contrarios a sus propios jefes, sus alcaldes o presidentes de Comunidad. Pero son conscientes del valor de la cultura y están apostando mucho por ello. Hay que seguir apoyando esa labor de los teatros públicos y también de los privados.

Escena de 'El chico de la última fila'
Escena de 'El chico de la última fila'

P: En tu caso tienes tres montajes ahora activos, ya que también se puede ver 'Prostitución', el año pasado te dieron el Premio Nacional de Teatro... ¿Eres el hombre de moda del teatro?

R: Me siento muy afortunado, pero es un curro muy de equipo. Por eso estoy muy contento. Además creo que mucho en lo que contamos con las obras de teatro y a cuanta más gente lleguemos, pues mejor.

El Ministerio de Cultura tuvo momentos de inacción tremendos hasta incluso hoy. Pero la labor que se está haciendo desde los teatros públicos es muy interesante

P: Estáis llenando. De hecho, es curioso que los teatros estén llenos y haya muchas ganas de ir al teatro, pero no suceda lo mismo con el cine. Es verdad que están las plataformas, apenas hay estrenos potentes…, pero es llamativa la emoción que despierta ir hoy al teatro y no tanto el cine. No sé si es porque hay ganas de ir a ver espectáculos en vivo, ahora que tampoco hay conciertos.

R: Sí, si, afortunadamente la gente tiene muchas ganas de asistir al teatro. El teatro tiene una función social de toda la vida: cuando quedas para ir al teatro lo haces para verte con gente, para ir luego a cenar, tomar una cerveza… El cine para mi gusto también, pero ha tenido una función más privada. Y es evidente que las plataformas están acabando con el concepto de ir al cine y dentro de poco quedarán cada vez menos salas. El hecho de ver cine en una pantalla más o menos grande no cambia tanto, la comodidad de verlo en casa también es bonito... , pero la capacidad de producción y distribución va a pasar a manos cada vez de menos gente y eso sí es peligroso.

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