FESTIVAL DE SAN SEBASTIÁN

'Un efecto óptico': una pareja de Burgos se pierde por Nueva York

Juan Cavestany presenta en la sección Zabaltegi-Tabakalera una película humilde y mutante, una comedia de la extrañeza protagonizada por Carmen Machi y Pepón Nieto

Foto: Carmen Machi y Pepón Nieto se pierden por una ciudad que se supone que es Nueva York.
Carmen Machi y Pepón Nieto se pierden por una ciudad que se supone que es Nueva York.

Juan Cavestany (Madrid, 1967) se ha convertido en el maestro del humor extraño, un mago de la incomodidad, de la cotidianidad aberrada. Abanderado de un género que podríamos bautizar, por qué no, como costumbrismo alienígena. Como en el cine de Roy Andersson, sus gentes vagan a la deriva por sitios que parecen ocultar una revelación vital que no llega. Personajes que miran su entorno con sospecha, que tienen que tocar las paredes para cerciorarse de que no son un espejismo o que no están hechas de cartón piedra o corchopán. Que incluso tienen que palparse a sí mismos para asegurarse de que ellos mismos no son producto de una broma del 'Inocente, inocente'.

Después de 'Vergüenza' y 'Vota a Juan', las series con las que ha llevado el bochorno ajeno a los sofás españoles, Cavestany regresa al cine con 'Un efecto óptico', una película ambigua y mutante, un bucle espacio-temporal protagonizado por una pareja de Burgos que contrata un viaje a Nueva York. El film participa en la sección Zabaltegi-Tabakalera de la 68 edición del Festival de San Sebastián, un certamen al que vuelve después de 'Gente en sitios' (2013). Aquella gente podría ser familia cercana de su pareja burgalesa. Y esa familiaridad se comprende al conocer que el director escribió el guión justo después de terminar de rodar 'Gente en sitios'.

Sin embargo, el proyecto no salió adelante y quedó en un cajón durante más de un lustro, hasta que Cavestany decidió convertirlo en un corto. Pero fueron los protagonistas quienes insistieron para que 'Un efecto óptico' creciese hasta hacerse largo. Carmen Machi y Pepón Nieto son esos protagonistas, esa pareja que todos conocemos, que todo les parece ni bien ni mal, que no es para tanto, que en realidad da igual. Aquellos que hablan con frases hechas y lugares comunes. "En Estados Unidos todo el mundo habla español, ¿sabes?". Hacen la maleta, se embarcan en un avión, despegan y aterrizan ¿en Nueva York?

Podría ser Nueva York. O no. Porque el Nueva York que se encuentra la pareja se parece sospechosamente a Burgos. Con la guía de viaje en la mano, Machi y Nieto, Teresa y Alejandro, recorren el Nueva York para principantes. Y Cavestany vuelve su cámara a aquello que nadie ha rodado para mostrar la ciudad: una cornisa, una esquina, el reflejo de una ventana. Si el pilar fundamental del turismo es el itinerario monumental, el director plantea un viaje a los no-lugares. El foco en lo genérico. Porque Nueva York y Valladolid y Tardelcuende pueden ser parecidos, según el ojo que lo mire.

Otro momento de 'Un efecto óptico'
Otro momento de 'Un efecto óptico'

Una habitación de hotel que podría ser el interior de un adosado en Tres Cantos. Un restaurante de comida americana que podría ser el Johnny Rocket de Fuencarral. Y Teresa y Alfredo no parecen disfrutarlo ni mucho ni poco. Es más, Teresa preferiría estar en Burgos comiendo mortadela. Porque también hay apasionados por la mortadela, ¿por qué no? Además, no dejan de pensar qué estará haciendo su hija Isabel, interpretada por Lucía Juárez. Incluso se les aparece por la noche en sueños.

Cartel de 'Un efecto óptico'
Cartel de 'Un efecto óptico'

Y entonces es cuando 'Un efecto óptico' muta. "Hay que prestar atención a los detalles", advierte Isabel a sus padres y Cavestany al espectador. Porque son las pequeñas particularidades donde reside la esencia. La película pasa del drama al thriller y al terror. Incluso el ensayo fílmico. Un hombre negro que les persigue. Un lobo en Central Park. Una caperucita. José Mari, el carnicero, a quien da cuerpo Luis Bermejo. Que es también un hombre siniestro. El film entra en un bucle en el que la trama se mantiene, pero el sentido cambia con cada elemento alterado. La música se repite de forma obsesiva acompañando a los protagonistas en un viaje de placer, para desconectar, que se convierte en una pesadilla.

E igual que sus personajes exploran la ciudad, Cavestany ha explorado su propia película. Hay una guía, un mapa, pero también se ha dejado llevar, ha jugado. Por eso 'Un efecto óptico' es un film que se transforma, que divaga y que insiste. Un artefacto humilde para divertirse y divertir. Una película que es de todo, menos genérica.

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