Riane Eisler huyó del Holocausto para revolucionar la historia: "Cambiemos el relato masculino"
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Riane Eisler huyó del Holocausto para revolucionar la historia: "Cambiemos el relato masculino"

Cuando la antropóloga hoy octogenaria publicó por primera vez 'El cáliz y la espada' en 1987, provocó una conmoción en el mundo académico. Ahora se reedita en español

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La antropóloga y activista austríaca Riane Eisler. (Capitán Swing)

Cuando la socióloga Riane Eisler (Viena, 1937) publicó por primera vez 'El cáliz y la espada' en 1987, el mundo académico se revolucionó hasta el punto de considerar su ensayo como "el libro más importante desde 'El origen de las especies'". En él, esta escritora y activista nacida en Viena en 1937, refugiada en Cuba tras huir del Holocausto, desde donde dio el salto a Estados Unidos para licenciarse en la Universidad de California en Derecho y Sociología y posteriormente centrarse en estudios de Género. Frente a todas las teorías biologicistas sobre los roles sociales del hombre y la mujer, Eisler propone el relato cultural como determinante en la construcción social y analiza cómo la "mirada dominante" y eminente masculina de la historia ha ofrecido una visión distorsionada del pasado. ¿Por qué en la cronología se da mayor relevancia a los conflictos bélicos que a las alianzas y los tiempos de paz? ¿Por qué damos por hecho que las pinturas rupestres representan hombres cazando y no hombres recolectando plantas? ¿Por qué en los estudios sobre la Edad de Bronce se prioriza la idea del uso del metal para la fabricación de armas y se le resta importancia a su utilización anterior como material ornamental? ¿Por qué se da por hecho que la Venus de Wilendorf la esculpió un hombre como objeto de deseo?

A través de un análisis pormenorizado de descubrimientos arqueológicos desde el arte rupestre hasta las civilizaciones surgidas posteriormente en la Vieja Europa, Eisler libera de apriorismos el estudio de los diferentes modelos sociales y pone como ejemplo a la Creta minoica como construcción social basada en una configuración colaborativa, mucho más justa e igualitaria, frente al modelo tradicional edificado sobre los conceptos de conquista, dominación y destrucción. La socióloga propone una visión alternativa al relato cultural asumido como único y en el que "las referencias a un tiempo en el que las mujeres y los hombres vivían en colaboración se han considerado tradicionalmente como meras fantasías". Más de tres décadas después de su publicación, cuando las teorías feministas han salido de los márgenes y han conquistado un espacio en el debate público, cuando los movimientos como el MeToo o Black Lives Matter han señalado los desequilibrios sistémicos de nuestra sociedad, Capitán Swing reedita 'El cáliz y la espada' en español y su autora reflexiona sobre los cambios que se han producido en el mundo desde aquella primera edición en una entrevista con El Confidencial.

PREGUNTA. Cuando 'El cáliz y la espada' se publicó en 1987 en Muro de Berlín todavía no había caído. Tampoco la URSS. El principal temor de la población era un Apocalipsis nuclear que llevase a la extinción del ser humano. Más de treinta años después, cuando ya no existen aquellos miedos, cuando el feminismo ha entrado en el debate público, ¿en qué punto nos encontramos en la tensión dominación-colaboración de nuestro modelo cultural?

RESPUESTA. Como bien dices, hemos conseguido cosas desde, por poner mi contexto, los años 70 y hemos desafiado leyes que eran terriblemente discriminatorias. Escribí una carta a la Corte Suprema de los Estados Unidos sobre una idea que entonces era radical: que las mujeres debían ser consideradas como personas en la Cláusula de Igualdad de Protección (Equal Protection Clause) de la Decimocuarta Enmienda [que reza “ningún Estado de los Estados Unidos podrá negar a persona alguna dentro de su jurisdicción la protección igualitaria de derechos”]. No hay duda de que hemos hecho progresos, pero al mismo tiempo existe una resistencia al cambio. Escribí ‘The Equal Rights Handbook’ (podría traducirse como ‘Manual de la igualdad de derechos’), que todavía sigue siendo todavía y lamentablemente muy relevante porque esa enmienda fracasa en su cometido, y yo misma predije que si esa enmienda fracasaba experimentaríamos una regresión política.

Estamos ahora en un momento en el que nos movemos al mismo tiempo hacia la colaboración y, a la vez, una resistencia y una regresión que llevan a la dominación. Quiero decir, 70 millones de personas votaron a Donald Trump. Un hombre que, además de ser un perfil autoritario, violento y abusador, desprecia a las mujeres. Alguien que dice aquello de “agarrarlas por el coño”. ¡Y presumía de ello! Y 70 millones de personas lo apoyaron en las urnas. ¿Qué nos dice eso?

PREGUNTA. Si nos hemos educado en un discurso de confrontación, ¿cómo podemos desandar el camino cultural y reandarlo sin esas presunciones que impregnan cada análisis sobre nuestra sociedad? ¿Podemos salir de este punto de vista estando dentro de él?

RESPUESTA. Para Trump, por ejemplo, todo tiene que ver con la dominación. Para él sólo hay dos alternativas: o dominas o te dominan. Para él no hay una alternativa de “modelo de colaboración”, que no sólo es una forma de colaborar, sino que es una configuración. Porque también hay colaboración en los sistemas de dominación; piénsalo. Los terroristas colaboran, los cárteles colaboran, las mafias colaboran, los ejércitos invasores colaboran… Pero lo que distingue la configuración colaborativa es que no margina a la mayoría de la Humanidad, a las mujeres, niños y familias. Diría que el mayor obstáculo es que todavía muchos de nosotros, incluso los que nos consideramos progresistas, todavía formamos parte del antiguo paradigma. Y, como dijo Einstein, necesitamos nuevas formas de pensar, porque no podemos resolver los problemas con la misma forma de pensar que los creó. Así que el esquema social colaboración-dominación ofrece esta nueva manera de pensar que muestra el estatus de las mujeres y niños dentro de nuestra sociedad no es un asunto que incumba exclusivamente a las mujeres y los niños, sino que es una cuestión social y económica central.

PREGUNTA. Ahora mismo, dentro de la academia se apoya de forma bastante mayoritaria las tesis de Steven Pinker y de Susan Pinker en lo que podríamos llamar 'la doble hipótesis de los Pinker'. Por un lado, en 'The Better Angels of Our Nature', Steven Pinker defiende que la violencia es consustancial a la naturaleza tribal del ser humano. De hecho las sociedades antiguas habrían sido (comparativamente) más violentas que las modernas y en la actualidad, gracias a un proceso cultural, nuestras sociedades serían cada vez más pacíficas. Por otro lado, en 'The Sexual Paradox', Susan Pinker aboga por que lo que llamamos diferencias de género son más fundamentalmente biológicas que culturales, cinceladas por la evolución para responder a presiones distintas que configuraron cerebros también distintos. Y señala el hecho de que, por ejemplo, precisamente en las sociedades más "feministas" como las del norte de Europa, cuando las mujeres eligen en libertad prefieran las carreras"de letras" a "las de ciencias". ¿Cómo rebate tesis opuestas a las suyas propias?

RESPUESTA. Steven Pinker -los dos, pero, empecemos antes con él- se resiste a bajarse del caballo de la asunción de que siempre ha sido de la misma manera. Aquí estamos hablando de disonancia cognitiva, porque Pinker todavía afirma que todo es genético, y a la vez tiene la evidencia que nuestros genes no han cambiado -lo dice él mismo- en los últimos 300 ó 400 años, lo que demuestra que el cambio se ha producido a nivel social. Pero si te fijas en el sistema social de colaboración-dominación, lo que te encuentras es lo siguiente: en los últimos 300 ó 400 años, que es a los que trabaja Pinker, desde la Edad Media europea hemos cambiado muchísimo: la inquisición, las cruzadas, la caza de brujas… eso eran los Derechos Humanos entonces.

Los Pinker están tan equivocados; las pruebas son día tras día cada vez más claras. Hay tantas pruebas de que nuestra cultura está sustentada sobre lo que tú llamas mirada masculina y yo llamo el paradigma dominante, en la que se enfrenta a hombres y mujeres, y donde las mujeres, en este sistema dominante, llegan a señalar a los hombres sensibles y atentos como débiles o ‘marica’. En estos cuatro siglos hemos visto un movimiento social progresista que ha desafiado la tradición de la dominación en la que se idealizaban conceptos como la conquista y el dominio de unos sobre otros. Tenemos un sistema de valores separado por géneros que canaliza nuestra forma de pensar. Cualquier cosa que sugiera masculinidad, asociada históricamente a la dominación se percibe como más válida que cualquier cosa atribuida a la feminidad o la ternura de la mujer, al entorno de cuidados. Hasta que no cambiemos el relato masculino, hasta que no cambiemos el lenguaje, nuestra forma de pensar sobre lo que es posible y no es posible, va a favorecer movimientos regresivos.

Tenemos que cambiar las agendas y reconocer la importancia de los derechos de las mujeres y de los niños, de la mayoría. Estamos progresando, lentamente. Por ejemplo, ¿cuántos hombres de tu generación cambian los pañales a sus hijos? Lo que antes se consideraba una tarea femenina. Eso es muy importante y tenemos que prestar mucha más atención a estos aspectos.

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Otra imagen de Riane Eisler. (Capitán Swing)

PREGUNTAS. Según usted el neoliberalismo es un sistema económico basado en la dominación. La empresa grande se come a la pequeña. ¿Podemos conseguir un sistema social colaborativo cuando el principal modelo económico es así?

RESPUESTA. El neoliberalismo, si lo miras desde una perspectiva histórica, no está muy alejado de las perspectivas feudales. Los de abajo tienen que conformarse con las migajas que caen de la mesa de los opulentos. Es una economía de dominación, ya sea el capitalismo, el comunismo de la Unión Soviética, son formas de ejercicio del poder dominante. Pero no hay que obviar que hoy hay mucha gente desafiando el neoliberalismo, y eso es bueno.

PREGUNTA. Históricamente, hasta ahora, el modelo hombre-mujer no se había enfrentado como hasta ahora a la realidad de la transexualidad. ¿Dónde encaja la transexualidad en esta nueva configuración?

RESPUESTA. La cuestión de género se ha desarrollado tremendamente. Desafortunadamente, lo que está pasando, es una dinámica que mantiene funcionando el sistema de dominación. Algunos grupos transgénero se muestran hostiles frente al feminismo. Lo que no tiene sentido. El feminismo y el transgénero no son contradictorios: ambos tienen en común haber sufrido discriminación. Haber sufrido violencia. Señalarnos y acusarnos es tan contraproducente. Tenemos que pararlo, porque así es como se mantiene el sistema de dominación, haciendo que las personas se echen las culpas las unas a las otras.

Los países del norte de Europa tienen un sistema económico y de negocio muy sano basado en la inversión en ‘infraestructura humana’

PREGUNTA. Se ha repetido hasta la saciedad que los periodos de mayor desarrollo tecnológico han coincidido con los conflictos bélicos. ¿Por qué es más rentable la destrucción que la creación?

RESPUESTA. La gente tiende a argumentar que es durante las guerras cuando la humanidad experimenta el mayor desarrollo, pero es porque se invierte las mayores cantidades de dinero, porque se prioriza la inversión. Lo que debemos cuestionarnos es ese sistema de prioridades. Seríamos mucho más avanzados. Escribí un libro llamado ‘La verdadera riqueza de las naciones’ (2007), donde introduje nuevas ideas económicas: habla del mercado, habla de políticas, pero habla de que el principal objetivo de la economía es la protección de la gente y de los recursos naturales.

En los Estados Unidos se percibe a los países del norte de Europa como socialistas, pero no lo son, son un sistema económico y de negocio muy sano, precisamente porque está basado en la inversión en ‘infraestructura humana’. Si miras hacia esos países, te das cuenta de que su éxito se debe a que se están acercando a una configuración colaborativa. No completamente, pero han sido los primeros en dejar atrás la violencia no solo en materia de guerra, sino en el sentido de que, por ejemplo, han determinado que el uso de castigos físicos contra los niños es un acto ilegal. Es fundamental. Escribí también un libro sobre educación, donde dije que la única cosa que debemos enseñar a nuestros niños es que deben cuidar, deben cuidarse a sí mismo, deben cuidar a los demás y deben cuidar la naturaleza. Por eso necesitamos clases de paternidad, debemos cambiar la idea de que pegar un bofetón es normal. No es normal, salvo en los sistemas de dominación.

PREGUNTA. Pero el discurso que impera hoy no es precisamente el de cuidar del otro, sino que hay un mensaje cada vez más interiorizado en las sociedades occidentales que promueve el individualismo, ¿no?

RESPUESTA. Eso está ocurriendo hasta cierto punto. Lo que también está ocurriendo es que también han aparecido movimientos como el Black Lives Matter, como el MeToo. Tenemos que mirar a ambos lados. Es verdad que se ha producido una regresión en algunos aspectos, pero es más interesante enfocarse en cómo países como Finlandia, por cuarto año consecutivo, ha encabezado la lista de países más felices del mundo. ¿Por qué? Porque su sistema está más enfocado a los cuidados, porque no es un sistema social o económico perfecto, pero cuanto más nos acerquemos a ese modelo, más felices seremos. Y eso no sale en los medios de comunicación. Y no es porque sea una población pequeña y homogénea. Piensa en todas esas naciones pequeñas y homogéneas que no invierten en cuidados para su población. Tenemos que salirnos de esa visión de túnel. En ‘Nurturing Our Humanity’ enseño todos esos estudios neurocientíficos que demuestran que en la gran meta evolutiva se encuentra en los centros del placer del cerebro, que se estimulan más cuando compartimos y cuidamos que cuando ganamos y dominamos.

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