ADEMÁS, AHORRÓ UNOS 150 EUROS A LA SEMANA

Cómo adelgazar y cuidar el planeta al mismo tiempo con la dieta del apocalipsis

Un periodista pasa cuatro semanas alimentándose únicamente de lo que pudo cazar, pescar y plantar y ha conseguido adelgazar 10 kilos en un periodo tan corto de tiempo

Foto: Los insectos son una gran fuente de proteínas para el organismo (EFE/Justin Lane)
Los insectos son una gran fuente de proteínas para el organismo (EFE/Justin Lane)

Nick Kilvert es un periodista australiano que un día tuvo una idea: se olvidaría de los supermercados y tiendas de alimentación y, durante un mes, comería solo aquellos animales que consiguiera cazar o bien alimentos que él mismo pudiera recoger del campo. Lo llamó la dieta del apocalipsis zombie y, según su propia experiencia, ha servido para perder peso.

En esas cuatro semanas consiguió adelgazar 10 kilos, sus niveles de colesterol en la sangre se redujeron un 30 por ciento y el tamaño de su abdomen también disminuyó: su perímetro pasó de medir 99 a 91 centímetros. Pero no fueron las únicas ventajas: su índice de masa corporal volvió a niveles saludables y su hígado comenzó a funcionar mejor que nunca.

Pero, ¿en qué consistió esa dieta del apocalipsis zombie? Kilvert explica en ABC Australia que, durante cuatro semanas, actuó como si se hubiera producido un apocalipsis zombi en el mundo: "Imaginé que no había comida en las tiendas, nada en mi frigorífico ni en la despensa. Todo lo que comí lo tuve que cultivar o cazar". Y los resultados fueron espectaculares en todos los sentidos.

Qué comer en la dieta zombie

A lo largo de esas cuatro semanas, Nick Kilvert se alimentó, principalmente, de pescados y mariscos, insectos, aves, frutas y verduras. Pudo pescar algún salmonete, atrapar cangrejos y conseguir insectos, entre ellos saltamontes, termitas y hasta un escorpión; también logró hacerse con dos gallos y consiguió gallinas que le proveyeran de huevos; pero, a cambio, tuvo que renunciar al café, al alcohol, al azúcar o a la leche, entre otros sacrificios.

Pero los beneficios fueron mucho más importantes que esos sacrificios temporales. Kilvert explica que su salud ha mejorado mucho durante este tiempo: el perímetro de la cintura es un buen indicador de un posible riesgo cardiovascular, al igual que los niveles de colesterol. Al reducirse ambos indicadores, se puede extraer la conclusión de que su salud también ha mejorado.

Pero, además, Kilvert consiguió adelgazar diez kilos, algo que él achaca al déficit calórico que sufrió durante esas cuatro semanas: "Obtuve menos energía de la comida que la que gasté y mi cuerpo comenzó a convertir la grasa almacenada en energía. Además, con la falta de alimentos ricos en carbohidratos como patatas, legumbres o leche, mi cuerpo entró en un estado de cetosis en el que quema grasa para compensar la falta de carbohidratos".

Entre al déficit calórico y la cetosis de su cuerpo, Kilvert adelgazó 10 kilos en apenas cuatro semanas

El problema de estas dietas en las que se pierde peso rápidamente es el efecto rebote. Según la nutricionista Krystyna de Lange, incluso se puede llegar a ganar más peso del que se tenía originalmente si se retoman antiguos hábitos. Sin embargo, apunta a una buena noticia: "Ciertamente, si observamos sus parámetros físicos y bioquímicos, hemos visto algunos cambios positivos" en este periodo de tiempo.

Un cambio de vida

Además de adelgazar, Kilvert está orgulloso de haber hecho algo bueno por el planeta. Explica que, al eliminar toda la carne roja de su dieta, ha ayudado a rebajar las emisiones contaminantes a la atmósfera. Las mayores emisiones proceden de ganaderías con vacas y ovejas, pero también de la cría comercial de pollos: se necesitan piensos que hay que fabricar y que también generan una importante huella climática. Durante un mes, él lo evitó.

Nick Kilvert, junto a uno de los cangrejos que capturó durante su aventura (Foto: YouTube)
Nick Kilvert, junto a uno de los cangrejos que capturó durante su aventura (Foto: YouTube)

También prestó atención a su forma de pescar: los expertos señalan que se deben comer, principalmente, "especies que están en la parte inferior de la cadena alimentaria, tratando de evitar a los depredadores". Kilvert cumplió, ya que, a excepción de un atún, el resto de pescados y mariscos que comió durante este mes pertenecen a ese amplio espectro de la cadena alimentaria: salmonetes, caracoles, gambas, cangrejos, etc.

¿Y qué hay de los insectos? El aventurero fue muy cauteloso, ya que hay insectos que son venenosos y hay que identificarlos correctamente. Sin embargo, comer insectos "tiene un impacto extremadamente bajo en el medio ambiente: los saltamontes, las termitas, los escorpiones y los grillos se pueden atrapar y consumir", convirtiéndose, además, en una gran fuente de proteínas.

Por último, y no por ello menos importante, el protagonista de esta historia apunta al dinero que se ha ahorrado en estas semanas: "Durante cuatro semanas no pagué nada por la comida. En mi caso, calculo que ahorré, de media, unos 250 dólares australianos cada semana", unos 150 euros semanales al cambio. Lo hizo al dejar el alcohol en los bares, la comida para llevar en los restaurantes, el café en las tiendas y, por supuesto, la gasolina: solo se movió a pie durante esas cuatro semanas. ¿Seríamos capaces de hacer lo mismo?

Alma, Corazón, Vida

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