"nunca confíes en un británico"

El carácter inglés y la pérdida de Gibraltar

El irremediable y triste robo del territorio, relegado a mera colonia, será siempre una dolorosa herida en la historia del pueblo español

Foto: Foto: iStock.
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Dios padre, cónyuge de musgos y carcomas, óyeme / Dios padre, vaivén acompasado de apriscos y sanguinas, óyeme

Dios padre, inquilino feraz de la impostura, óyeme / Dios padre, cobertor de espeluznos, óyeme

Dios padre, nudo voraz, óyeme/ Dios padre, óyeme.

Jimena Cid Fernández

Hoy me he levantado con un 'pronto', que no resaca sabatina, y me he dado cuenta de que en realidad el Reino Unido era un lastre del copón para ese necesario proyecto de una Europa unida ante los enormes retos que plantea el porvenir a corto y medio plazo. ¿Cómo se puede ir hacia adelante con unos socios que en cuanto te despistas un pelín te ponen el freno de mano, te hacen una tortilla de chinchetas o te birlan la cartera sin estilo y, como quien no quiere la cosa, mientras miran para otro lado, se ponen a silbar una macarrónica melodía de esas tremebundas que te dejan los tímpanos de aquella manera?

Se inventaron el delicado concepto de 'gentleman' para disimular sus carencias de isleños asociales y de alcohólicos pendencieros con cara de pocos amigos; como si en España todos fuéramos toreros. Como imperio fueron un desastre (para sus colonizados, claro). Por doquiera pasaron, dejando detrás una horda de famélicos exprimidos hasta la pulpa (xomo el caso de la India). Cualquier conato de insurgencia o levantamiento contra su bien engrasada máquina de explotación era rápidamente cercenado con un baño de sangre. Véase el caso de Kenia (los ‘Mau Mau’), la actual Canadá (regalaron miles de mantas a los inocentes indios con el virus de la viruela), las brutales y silenciadas violaciones de las mujeres alemanas en 1945, y eso, por no mencionar el criminal bombardeo de Dresde (según Anthony Beevor, cifras arriba cifras abajo, en una semana 125.000 civiles y en un solo día 25.000 de ellos) cuando Alemania estaba ya postrada. Pero hay más.

El Reino Unido era un lastre para ese necesario proyecto de una Europa unida. ¿Cómo confiar en alguien que a la mínima echa el freno de mano?

La losa de silencio que han echado sobre la presunta integridad de uno de los mayores criminales de guerra de la historia, Winston Churchill (dejadez en el auxilio a Gordon en Jartum, cobardía ante los Boers, la carnicería de Galípoli, Dakar, Merks el Kebir, perdida de Europa del este al final de la guerra, etc). Si a eso le añades el genocidio deliberado ante la terrible hambruna irlandesa en 1845-1849, cuando sus graneros en el este de la isla estaban llenos, (y no digo más porque solo sé sumar con los dedos), y la depredación constante como filosofía y medio de supervivencia nacional además de que, con el paso del tiempo, la convertirían en doctrina militar (arriando la bandera de su majestad y poniendo en su lugar la de la calavera o viceversa cuando llegaban tiempos de “paz”, la falta de respeto a cualquier proyecto que implicara un compromiso de correspondencia y reciprocidad, las docenas de rupturas de acuerdos contra la palabra dada, etc).

Winston Churchill.
Winston Churchill.

Las zancadillas permanentes al proyecto de Europa, hasta que Sarkozy (sí, el de las alzas, y maridito de esa mujer de bandera llamada Carla Bruni) le dijo al estirado y atildado Camerón que ya estaba bien de tocar las partes pudendas del respetable. En definitiva, estaríamos hablando de un caso, por llamarlo benévolamente “peculiar”. ‘Sayonara’, especímenes.

No le des la mano a un inglés

Es de suponer que habrán evaluado lo que supone perder un mercado de 500.000.000 consumidores si consideramos la puesta en circulación de la ingente cantidad de dinero negro que tienen en sus paraísos fiscales para poder esquivar esta “hazaña” histórica (que en mi opinión los deja fuera de juego ante un futuro que requiere sumar y no restar). De todas formas, cualquier ciudadano no nativo de Gran Bretaña debe de valorar antes de darle la mano a un inglés de que corre el riesgo de tener que solicitar una prótesis, pues es bastante factible que te deje desnudo. Ya lo dijo Lord Palmerston el fallecido, mendaz y notorio clarividente ex primer ministro de esa isla que tiene rechazo por todo lo continental (salvo de todo aquello de lo que se puedan aprovechar, caso de nuestra sanidad universal), y que allá un día del siglo XIX, dijo con desdén que "Inglaterra no tenía amigos, solo intereses". Y se quedó tan ancho. Eso sí que es diplomacia con ricino y, lo demás, tonterías.

Al no tener Gibraltar aguas territoriales, las naves españolas no tienen que pedir permiso a autoridad alguna para navegar

¿Y a nosotros, los españoles, en que nos afecta todo esto? Pues bien, a los británicos les gusta hablar siempre del famoso Tratado de Utrecht, pero solo cuando les conviene, que es obviamente, casi siempre.

Según reza el tratado de Utrecht, Gibraltar no tiene aguas territoriales. Solo se le reconoce como cedidas a la Corona británica la ciudad y castillo de Gibraltar, junto con el puerto y sus correspondientes defensas y fortalezas, pero en ningún caso el istmo, y por ende su espacio aéreo, aunque el mismo no este contemplado en el tratado. ¿Y por qué digo esto? Porque al no tener Gibraltar aguas territoriales, las naves españolas no tienen límite ni motivos para pedir permiso a autoridad alguna para navegar en sus propias aguas. Eso, entre otras cosas…

En los años 1815 y 1845, España permitió por razones humanitarias que se hiciera un gran campamento sanitario donde atender adecuadamente a los afectados durante las dos epidemias de fiebre amarilla que afectaron a los gibraltareños, aislados del resto de la población de forma temporal. Los británicos, cuya bandera ondea sin rubor sobre la última colonia que existe en Europa, amigos habituales de lo ajeno, jamás devolvieron ese territorio a sus legítimos propietarios retratándose como lo que son, unos “chorizos doctorados”. El istmo que une al peñón con tierra firme fue una enseñanza más de ese peculiar estilo de afanar y hacerse los suecos como los milanos con su elástico cuello. No hay que olvidar que los vikingos, maestros en la profesión del levantamiento y levitación de la propiedad ajena, fueron los mentores del exclusivo genoma inglés.

Gibraltar, una colonia

Finalmente, el Reino Unido erigió, en aquel trozo de tierra cedido gentil e inocentemente por las autoridades españolas, el actual aeropuerto de Gibraltar durante el transcurso de la II Guerra Mundial. Lo que demuestra el valor de su palabra, ergo, si ves un inglés merodeando por tus propiedades, o sal corriendo antes de que deje en paños menores o llama a la Guardia Civil.

No hay que olvidar que los vikingos, maestros en la profesión del levantamiento de la propiedad ajena, fueron los mentores del exclusivo genoma inglés

Desde que en el año 1946 Gibraltar es sancionada como una colonia, esto es, un territorio no autónomo reconocido por mandato reiterado de la ONU, debería ser objeto de un proceso de descolonización por parte del Reino Unido con la consiguiente posterior devolución a España. Obviamente, el anacrónico veto de los vencedores de la II Guerra Mundial, el apoyo del “primo de Zumosol” (el de las Barras y Estrellas) a todas las trapacerías de sus compinches transatlánticos, la estratégica posición de "La Roca" y la suerte de tener a pocos kilómetros un lugar donde defraudar al fisco español con la más absoluta impunidad y a ‘portagayola’, hacen que los “Llanitos”, que no tienen espacio para sembrar una lechuga, tengan un nivel de vida obsceno y chulesco donde los haya.

Inglaterra fue un enemigo formidable, toda su existencia estuvo basada en alianzas in extremis con terceros para que su particular constructo de pueblo, de separata de la humanidad, de cultura aparte, nunca se confundiera con el resto de los mortales. Por eso son un pueblo superviviente, porque están dispuestos a vender su alma al diablo al precio que sea con tal de seguir vivos sin que ello vaya en detrimento de que probablemente sean uno de los pueblos más racistas que jamás hayan hollado la tierra.

La pérdida de Gibraltar siempre será dolorosa, un acento agudo en la guerra más larga de la historia entre dos pueblos y dos culturas

En cuanto a España, solo resta decir que el pasado no se supera o es muy difícil superarlo (sobre todo en un pueblo tan sanguíneo como lo es el nuestro), pues el propio pasado no pasa nunca ya que ni siquiera es el pasado, pues es solo una parte del presente custodiado por la memoria colectiva. Como decía William Faulkner: "El pasado es tan solo una dimensión del presente y la vida, un camino sin retorno". La pérdida de Gibraltar siempre será dolorosa, un acento agudo en la que posiblemente haya sido la guerra más larga de la historia entre dos pueblos y dos culturas.

¿Qué es la moral y el ‘Fair Play’ en definitiva? Pues algo que no está en el ADN inglés.

Alma, Corazón, Vida

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