"cristianizamos a toda pastilla"

Lo que pasó con los españoles en Guinea: otra visión de la Historia

Es el país con renta per cápita más rico de África y, sin embargo, sus ciudadanos son pobres. Esta es la historia de un país que, en una ocasión, fue colonia de España

Foto: Foto de archivo de una exposición en Barcelona sobre la relación entre la ciudad y la Guinea Española. (EFE)
Foto de archivo de una exposición en Barcelona sobre la relación entre la ciudad y la Guinea Española. (EFE)

La envidia es el homenaje que la mediocridad le rinde al talento.

–Jackson Browne

Lo de Guinea era de traca –llegamos un poco tarde para lo que se estilaba entonces– (lo de llegar con retraso es un signo de identidad muy nuestro) mientras África iba sucumbiendo al rodillo blanco. Llenamos la isla y la parte continental de trabajadores procedentes de Nigeria o Camerún, algunos libertos cubanos, hijos de hijos, de hijos de esclavos con los que llenamos la isla de Cuba tras no dejar títere con cabeza o lo que es lo mismo, los nativos originales o Tainos; cristianizamos a toda pastilla a aquellos aborígenes con taparrabos y les proporcionamos unas camisetas dignas para que parecieran más humanos. Deberíamos estar no, vivir en el Guinness, somos el acabose y éramos la hostia.

Por un extraño tratado allá por el siglo XVIII, de rebote aterrizamos en unos territorios paradisiacos, si no fuera porque había humanos. Nos pusimos en modo prusiano para activar el desmadre que suponía el desorden de las plantas de cacao, que crecían por donde les daba la gana. Hileras e hileras de ellas configuraban unas modélicas plantaciones en aquellos territorios del Señor que habida cuenta su habitual predisposición a sestear, permitía todo tipo de desmadres y desatinos a los pulcros invasores europeos. Por ejemplo, el amiguito belga Leopoldo II les dio el visado para la eternidad a más de diez millones de desgraciados por no producir como Dios manda. Un hacha el despótico y almidonado rey de los belgas.

Nosotros nos portamos mucho mejor

Había un sistema de estratificación parecido al de las castas indias indostánicas que le daba cierto sesgo de obra social 'comme il faut' a nuestras alegres andanzas por aquellas latitudes, cosa que nuestros vecinitos europeos no contemplaban ni por asomo. Éramos los más avanzados en el correcto tratamiento de los incivilizados morenitos, que una vez recibido un refinado tratamiento de reciclaje se convertían por arte de magia en devotos cristianos de toda la vida.

Aparte de los peninsulares que vivían asombrados en medio de tanto cocotero y playa paradisiaca en una especie de dolce far niente ralentizados por la omnipresente humedad ecuatorial y toda una plétora de pájaros que en una maravillosa sinfonía inundaban la procelosa foresta, estaban los emancipados que eran una población autóctona asimilada a los blancos con una educación cristiana de misa dominical y catecismo. Tenían espacio también los descendientes de los esclavos liberados enviados desde Cuba, muy apropiados para las condiciones de curro local por su sintonía idiomática con sus amos, que sabiamente les daban de comer y unos reales para que todo tuviera una apariencia más correcta.

Éramos los más avanzados en el tratamiento de los incivilizados morenitos, que se convertían por arte de magia en devotos cristianos

En este sarao, se incluían los mulatos reconocidos por ser hijos de padre blanco. Estos últimos eran una pequeña, pero importante minoría que podía comprar aceite de oliva y bebidas alcohólicas, y que además tenía derecho a consumir en público en las mismas tabernas que los blancos y para colmo de nuestro bien hacer (cosa que no permitían otros países colonialistas), podían tener propiedades.

Había una condición por la que para pertenecer a este grupo social se hacía indispensable tal que era la de ser monógamo, algo limitante, pues las chavalas de la isla de Bioko estaban tremebundas y el pecado estaba rondando por ahí, agazapado y travieso ya que para más inri, existía una tradición de poligamia muy arraigada –sobre todo entre los Fang–, con lo cual la cosa se hacía más digerible para aquellos proclives a los deslices. Por último, un certificado de educación formal (saber leer y escribir) y el visto bueno de la todopoderosa Iglesia, ayudaban al candidato a ser más decente para integrarse en el exquisito colectivo blanco. Allá no había Ku Klux Klan ni estirados ingleses que te pegaran cien latigazos por menos de “na”.

La colonización humana más temprana verificada como tal, de la isla de Bioko, se produjo alrededor de los siglos V-VI aproximadamente, a través de pequeñas incursiones desde diferentes puntos de la costa del Golfo tradicionalmente llamado de Guinea y configurando con el paso del tiempo un grupo socio-cultural diferenciado de sus orígenes bantúes, los llamados clanes Bubi, hoy mayoría frente a los Fang y los llamados “fernandinos”, probablemente los más antiguos habitantes de la isla.

Es muy probable que en el siglo V antes de nuestra era, el famoso almirante cartaginés Hannon se diera una vuelta por aquellos pagos, pero aunque se sabe que llegaron cartas náuticas muy fidedignas tras este periplo a Cartago, también se sabe que los romanos dieron buena cuenta de ellas cuando se llevaron por delante la antiquísima ciudad norteafricana.

Los holandeses montaron una factoría de la Compañía de las Indias, que consistía en "exportar" a los locales como eje de su perverso negocio

Hacia 1472, llegaría a la isla el navegante luso Fernão do Pó poniendo en lo más alto de la volcánica ínsula (Pico Basilé) la bandera de nuestros hermanos portugueses. Pero los aviesos holandeses, que eran unos sabuesos comerciales, en un despiste de los lusos, montaron en la zona oeste (lo que hoy es la actual Luba) una factoría de la llamada Compañía de las Indias, que no consistía en otra cosa que en llevarse unos cuantos miles de negritos locales para exportarlos como eje de su perverso negocio. Enterados nuestros vecinos de aquella salida de tiesto de los aviesos holandeses, los echaron de la isla en un abrir y cerrar de ojos, retornado la anormalidad a la normalidad, pues fueron los portugueses los que retomaron las riendas del mercadeo de esclavos. Total que la merienda de blancos volvió a sus cauces originales.

Nosotros y Guinea

¿Pero cuando aparecen los españoles en la historia de Guinea? La isla estuvo en manos de los portugueses hasta marzo de 1778, cuando tras el tratado de San Ildefonso (1777), se cede a España la isla de Bioko. Un 17 de abril de 1778 partieron desde Montevideo tres buques, la "Santa Catalina" la "Soledad" y el bergantín "Santiago" para hacerse cargo de Bioko (Fernando Poo). En la bahía de Boloko, desembarcaría el Conde de Argelejos tomando posesión del lugar en nombre de Carlos III, construyendo un pequeña y hermosa población –San Carlos–, actualmente llamada San Carlos de Luba. A partir de ese momento, la isla curiosamente pasa a formar parte del Virreinato de la Plata cuya administración central estaba a más de 5.000 millas de distancia.

El Conde de Argelejos, aquel que tomó posesión de la isla unos meses antes, moriría se cree, por una fiebre amarilla que lo dejó baldado en muy poco tiempo. Quedó al mando Fernando Primo de Rivera que tenía muy mala reputación por sus expeditivos métodos y trato a la tropa, hasta que un 31 de octubre de 1780 sus tropas lo hicieron prisionero, hartos de soportar a aquel uniformado sin principios.

Una intervención británica esperada desde siempre acabó materializándose en la isla entre los años 1827 y 1840, cuando aprovecharon para establecer diferentes puestos de aguada en su alegre transitar por sus rutas hacia el Indico. El cántabro Juan José Lerena, hacia marzo de 1843, con un par y sin más preámbulos izó el pabellón español en Santa Isabel (actual Malabo), conminando a los malvados ingleses a desalojar aquellos pagos sopena de aplicarles un severo correctivo sin consultar a la península, por lo que los ingleses viendo el talante del militar en cuestión decidieron levantar anclas y tomar las de Villadiego.

La isla tuvo muchos usos, entre ellos, la de penal para la díscola oposición peninsular –sobre todo liberales, constitucionalistas y reos de delitos graves–, albergando también una inmigración compuesta de varios centenares de exiliados políticos e intelectuales españoles cuyas vidas se habían convertido en insoportables durante la época del rey felón, el Borbón Fernando VII y la apasionada Isabel II.

Hubo un momento de gloria en el que en la fachada oeste del continente africano tenía un conglomerado de territorios bajo la bandera española que unidos, unos si y otros no, daban dividendos o problemas según se viera. El protectorado al norte del Maghreb, que solo nos dio dolores de cabeza sin cuento y sangre española inútilmente derramada; Ifni, que cayó por dejadez y una guerrilla instrumentalizada ad hoc por el "amigo" Hassan II, que menudo pelamen se gastaba; el Sahara Español, una pérdida de la que solo vimos la cresta del iceberg (la marcha verde) y no a quienes mecían la cuna desde el otro lado del Atlántico que aprovecharon un momento de extrema fragilidad de nuestro país para hacer de las suyas, y finalmente, el abandono en las postrimerías del franquismo de los riquísimos yacimientos de petróleo y en menor medida, de cacao, en Guinea ante el empuje de guerrillas y mercenarios salidos de no se sabe dónde pero que si es fácil suponer.

La isla tuvo muchos usos, entre ellos la de cárcel para los españoles díscolos, sobre todo liberales, constitucionalistas y reos de delitos graves

Lo que en su tiempo fue un canto del cisne, una colonia formada a partir de Río Muni, la isla de Fernando Poo, Elobey, Corisco, Annobon y otras islas adyacentes de menor entidad, devino en 1926 en la provincia de Guinea Española. Cuando el invento tocó a su fin, un tal Francisco Macías Nguema autodenominado como marxista – hitleriano, arrasó la isla y su contraparte continental dando pasaportes a diestro y sobre todo, a siniestro. Se calcula que tras la durísima represión ejercida por este genocida sin ambages, un 15% de la población pereció bajo torturas inenarrables y ejecuciones públicas ejemplificadoras como aviso a navegantes. En términos proporcionales el porcentaje de muertos en el país superó ampliamente al que los nazis y el periodo estalinista ejercieron en sus respectivas naciones. Decir que por ejemplo, este paranoico se cargaría enterito al primer gabinete democrático salvo a dos correcaminos que tuvieron la fortuna de darse a la fuga antes de caer en manos de este demoniaco personaje.

Tras cargarse el brillante sector maderero, se fue a por el minero, asesinando impunemente a los trabajadores en el propio tajo por no producir adecuadamente. No contento con ello, aplicó el mismo estímulo a la producción de cacao. Si no salían las cuentas, estabas “apañao”. En 1978 prohibió la pesca causando una devastación sin precedentes y rematando los escasos ingresos de subsistencia a los que había condenado a la población ajena a la etnia dominante, los Fang.

El porcentaje de muertos en el país superó ampliamente al que los nazis y el periodo estalinista ejercieron en sus respectivas naciones

Tras eliminar de forma brutal a la tercera parte de la población a manos de sus matarifes o en busca del exilio y para evitar la huida de la misma a través del mar hacia el continente, hundió centenares de embarcaciones pues el éxodo era imparable. El terror era de tal magnitud que la gente vivía hacinada en las iglesias en busca de protección en condiciones de insalubridad manifiesta. Innumerables organismos internacionales le advirtieron de que ese no era el camino, pero el mendaz elemento hacía oídos sordos. En la parte continental, se minaron los escasos caminos que conducían a las fronteras de Gabón y Camerún.

Este sujeto, admirador de Hitler y de Franco, era según informes post mortem de su médico español, y en su fase terminal, de un galeno cubano, un esquizofrénico con discursos incoherentes y un consumidor de cannabis pantagruélico. Por añadidura, le pegaba al Iboga, una planta alucinógena local que le transportaba en 'bussiness' a la velocidad de la luz además, para rematar tenía una sífilis del copón que le generaba unas migrañas del treinta y tres. En fin, un espécimen de esos que cuando le cae a un país, lo convierte en un infierno.

Al final, este demente caería en un golpe de estado implementado por su sobrinito –militar de oficio–, tras cargarse a la tercera parte de la población, descubrírsele una flota de coches alemanes clasificados por colores, y haber devastado la próspera economía que había heredado de los españoles. Juzgado con el código militar español, sería fusilado por el golpista sin más preámbulos.

Hoy en día

Siendo el país con renta per cápita nominal más rico de África, su economía es de pura subsistencia, los guineanos se comen los mocos como último recurso. La compañía española Repsol mantiene fuertes inversiones en la isla de Bioko. A pesar de que está entre los diez países más terroríficos del mundo –según Amnistía Internacional– solo recibe alguna colleja puntual desde la UE o los EEUU dos de los adalides de los derechos humanos.

En una caja de un banco suizo se encontrarían más de 3.500.000.000 de dólares “durmientes” que con cierta disposición podían haber sacado de la ruina al país que habitaba en 'El corazón de las tinieblas'. Actualmente, la compañía americana de petróleos, Mobil, aporta cerca del 30% del PIB guineano. Tener un amigo americano es muy importante.

Alma, Corazón, Vida

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