"Huele muy mal"

"Las duchas son un infierno": lo que pasa de verdad en las cárceles

El mundo carcelario sigue llamando mucho la atención y aunque hay que diferencias entre las prisiones de cada país, algunas historias son asombrosas

Foto: Foto: iStock.
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Todos hemos esuchado historias sobre la cárcel. Fugas, peleas, el economato, guardias corruptos... un sinfín de cosas que si no has estado dentro nunca sabrás si son verdad o pura ficción. La curiosidad por este lugar atrae a muchos que lo único que pueden hacer es conformarse con series como 'Vis a vis' , 'Prison Break' u 'Orange is the new black'.

Qué ocurre dentro de las instituciones penitenciarias es todo un enigma, ya que son probablemente los centros más inaccesibles (sin el permiso correspondiente) del mundo, incluso en los países desarrollados. Seguramente creas saber lo que ocurre en las ducha porque alguien te lo ha contado o tienes la imagen de alguna película, pero este relato contado en primera persona a 'The Marshall Project', un medio sin ánimo de lucro que cubre el sistema de justicia penal de los Estados Unidos, lo resume perfectamente.

Lo primero que debes saber es que las cárceles americanas no son iguales a las españolas, sobre todo en lo que se refiere a los baños. En nuestro país no hay duchas colectivas y, en los extraños casos en las que las instalaciones las mantienen así, prácticamente no se usan. Los presos suben a sus celdas para asearse y no hay pastillas de jabón, se utiliza gel.

15 años

"¡Hora de la ducha, amigos!", exclama gritando un guardia, mientras el preso se levanta de su litera de 66 centímetros hecha de acero macizo. "Odio esta cama. 'JW, ¿te vas a bañar?', pregunta una voz familiar. Mirando hacia arriba noto cómo mi compañero, un chico caucásico de pelo rubio y ojos verdes que siempre sonríe y lleva una biblia consigo, me empuja hacia el pasillo".

Si hay una pelea los guardias no hacen nada. Es muy triste todos miran hacia otro lado. Yo también soy un cobarde

Mientras caminan van bromeando, pero la tensión no desaparece en ningún momento. "Cuanto más rápido nos dirijamos a las duchas del infierno, antes volveremos". Según este preso "huele a mucho a cloaca, parecido a un granero y hace que su estómago tenga ganas de vomitar todo el tiempo. Recorren una galería de ladrillo rojo mientras siguen una línea amarilla. Hay 40 grados en la calle, pero dentro hace todavía más calor.

"Empiezo a sudar mucho y el ruido que sale de las celdas es ensordecedor: la gente grita y golpea cosas. Hay más de 150 líneas de puntos en el suelo que debemos seguir hasta llegar a los baños. Caminamos en calzoncillos y zapatos de ducha. Aquellos que tenemos familia fuera llevamos nuestro propio jabón, pero el resto tiene uno común. La sala huele como si un cadáver llevara descomponiéndose una semana, y eso por decirlo suavemente", asegura.

A diario

Este ritual lo hacen cada día y JW lleva en prisión 15 años. "Paso a paso me arrastro hacia adelante entre la masa de cuerpos para poder entrar. Esto es una locura, necesitamos duchas individuales en nuestros dormitorios, pero eso es mucho soñar. Además, los guardias del sexo opuesto pueden vernos mientras nos desvestimos, lavamos u orinamos. Hacen comentarios ofensivos y el abuso sexual por parte de cualquier funcionario se ignora. Es una realidad", acusa.

Es muy difícil averiguar hasta qué grado dichas agresiones se realizan con la conmiseración de los guardas de la cárcel y cuál ha sido su papel. Es muy poco probable que un preso que está siendo abusado delate a sus agresores si no las tiene todas consigo en que su situación va a mejorar. "Los sonidos de las duchas son abrumadores. 'Una toalla, un jabón, una toalla, un jabón', va repartiendo el encargado. Hay mucha humedad", explica el preso.

En nuestro país no hay duchas colectivas y, en los extraños casos en las que las instalaciones las mantienen así prácticamente no se usan

Hay más de 300 personas tratando de lavarse en un habitación en la que solo debería haber 100. La presión entre ellos es elevada. "Huele a sudor y mierda. Trato de llegar a las alcachofas sin molestar a nadie. Solo hay dos guardias que hablan en la puerta y nos ignoran. Allí me encuentro con un compañero con el que doy clases de cocina y empresariales mientras tropiezo, sin querer, con otros presos", continúa.

Algunas de las duchas están siendo utilizadas por tres o cuatro hombres a la vez. "Esto cada vez es peor, pero es porque los funcionarios quieren que se haga rápido. Nos embuten a todos para eso. Cuando me doy la vuelta veo que hay más gente hacinándose. Mientras me enjabono me doy cuenta que la tubería está obstruída por el jabón sobrante, algunos boxers y otro tipo de basuras que flotan".

Peleas

Hace mucho calor. De repente se escucha un golpe, una llamada de ayuda. Todos se quedan en silencio mientras hay una pelea entre "blancos y latinos". "Lo más gracioso es que todos están desnudos, pero lo que no hace gracia es que hay gente que está siendo pisoteada y nadie les ayuda. Ni los guardias, pasan. Todos miran a otro lado, yo también. Soy un cobarde. Volvemos a hacer fila para coger ropa limpia y me vuelvo a encontrar con mi colega que me aconseja 'mantener la cabeza fría y no meterme en los asuntos de nadie".

Secarse es inútil porque el sudor es inaguantable. Las prendas que nos dan o son muy pequeñas o muy grandes. Huele todo a basurero. Dejamos allí las toallas mientras el guarda nos hace salir y nos lleva a nuestras respectivas celdas. Vuelven los gritos, la multitud y ese pasillo de ladrillos rojos que nunca olvidaré", concluye.

Una experencia en España

El Confidencial se ha puesto en contacto con un exrecluso que cumplió condena en el Centro Penitenciario Madrid II Alcalá/Meco y nos ha explicado que las cosas son bastante diferentes. Cuando le contamos la experiencia de este americano no se lo puede creer. "Aquí las duchas son normales como las de un vestuario de cualquier polideportivo. No son abiertas y están juntas, tienen tabiques de separación, pero todo el mundo se ducha a la vez", nos explica.

En general, los guardias pueden vernos mientras nos desvestimos, lavamos u orinamos. Es denigrante

"Tiene su horario para poder utilizarlas. Una hora al día, por ejemplo de 19:00 a 20:00, y las toallas, si el preso tiene la suya, la utiliza, y si no la prisión te proporciona una (pero son malísimas, parecidas a una lija). En mi caso yo estaba en un módulo diferente, el del respeto, entonces no pasaba nada raro. Todo el mundo debía comportarse bien si no querían que les echaran y les llevaran a otro", continúa.

"Supongo que en los otros módulos la cosa sería más salvaje y podría pasar de todo, pero en el nuestro si simplemente pegabas una voz más alta que otra te cambiaban. Como el centro es viejo, los azulejos se caían y se veía todo muy desgastado. Lo peor era el agua, que no salía muy caliente, pero en general era como un albergue", concluye.

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