dispositivos espía

En la cárcel entra de todo: así se saltan las normas en prisión

En las prisiones se puede introducir cualquier cosa, por ejemplo un reloj espía como el que sirvió para grabar a Oriol Junqueras y a Joaquim Forn

Foto: Un guardia es visto tras los barrotes en la prisión estatal de San Quintín, California. (Reuters)
Un guardia es visto tras los barrotes en la prisión estatal de San Quintín, California. (Reuters)

“En la cárcel entra de todo, lo que está prohibido y lo que no”, sentencia un veterano funcionario de prisiones. Fundamentalmente, lo que entra son drogas y, en estos tiempos más recientes, teléfonos móviles. Las sustancias ilegales “son más fáciles de encontrar en la cárcel que fuera” y son parte esencial del ecosistema en prisión. Los sistemas para introducirlas no han variado en exceso en las últimas décadas: escondidas y envueltas en preservativos en las vaginas de las visitantes en los vis a vis o en otras partes del organismo de visitantes y reclusos que regresan de permiso. Para los teléfonos, sin embargo, es preferible contar con la complicidad de algún funcionario.

Seguramente, eso es lo que sucedió la semana pasada cuando dos dispositivos de grabación entraron en Estremera y captaron al exvicepresidente de la Generalitat Oriol Junqueras y al exconseller de Interior Joaquim Forn en algunos de sus quehaceres cotidianos entre rejas. Según Carlos Recio, director de la empresa teespiamos.com, las grabaciones se llevaron a cabo con un reloj y un bolígrafo, respectivamente. Y según los expertos consultados, lo más probable es que se colasen con la complicidad de quien debía haberlo evitado, es decir, de algún funcionario de prisiones, aunque en estos momentos ya está en marcha una investigación para aclarar lo sucedido. “En teoría el detector debería de haber saltado porque esos dispositivos llevan baterías y eso pita”, subrayan los especialistas. También se podría haber interceptado con un dispositivo detector de lentes, pero no es frecuente que estos estén incorporados en esos arcos, "aunque son muy útiles y sencillos".

Por la calidad de las grabaciones se ve que son dos dispositivos diferentes los que filmaron a uno y otro político

Recio ha analizado las imágenes, con bastante buena resolución, y ha llegado a la conclusión de que la que le hicieron a Junqueras dando una clase de filosofía se realizó con un reloj espía. Un producto que puede valer unos 300 euros en el mercado. Su deducción se debe a que el tiro de cámara indica que se ha hecho desde la altura de la cadera y de que algunos planos son tan próximos a su objetivo que si estuviera hecho con otro tipo de cámara, el interesado se hubiera percatado de la jugada. También a que alguna de las oscilaciones y movimientos de los planos son propias de ese dispositivo: “No se tomaron ni la molestia de cambiar la fecha ni la hora de estampación, por eso se ve que son dos dispositivos diferentes los que grabaron a uno y otro político; también en que la calidad de frames por segundo no es igual”.

Desde que en los años setenta y ochenta llovieran pelotas de tenis sobre el patio de la Modelo de Barcelona que salían vacías y entraban, al rebote, rellenas de drogas, las cosas no han cambiado tanto. Aunque ahora ya no queda ningún presidio en una zona urbana como Madrid o Barcelona, la capacidad (e imaginación) de los reclusos para recibir las cosas que están prohibidas dentro de la cárcel sigue siendo igual.

Un hombre que intentó meter en la prisión de El Dueso (Cantabria) una capsula con 64 papelinas de cocaína dentro del ano

En los últimos meses ha habido decenas de personas detenidas por intentar introducir drogas. Generalmente, a los que se sorprende, es por la acción de los perros, que son capaces de identificar las sustancias aunque estén escondidas dentro del cuerpo de quienes las pretenden introducir. Hace muchos años, en la prisión de Carabanchel un funcionario que sabía que una mujer metía grandes cantidades de hachís, hizo que sonase el detector de metales cada vez que pasaba para hacerla creer que la había sorprendido (obviamente, esos dispositivos no saltan con las drogas). La mujer cayó en la trampa y se sacó del sujetador dos pelotas de hachís.

Una de las cosas que sí ha variado en los últimos años, especialmente en el último lustro, son las penas a las que se enfrentan aquellos que lo intentan. Si hasta hace muy pocos años casi nunca se castigaba con prisión, ahora se pueden encontrar con peticiones de hasta cuatro años de cárcel, como ha sido el reciente caso de un hombre que intentó meter en la prisión de El Dueso (Cantabria) una capsula con 64 papelinas de cocaína dentro del ano.

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