Condones que no cortan el rollo

He de reconocer que siempre que he entrado en un Sex Shop he salido sorprendida. Extrañada, sí, porque llegaba con una idea predeterminada (compro esto y

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Condones que no cortan el rollo

He de reconocer que siempre que he entrado en un Sex Shop he salido sorprendida. Extrañada, sí, porque llegaba con una idea predeterminada (compro esto y punto) y siempre salía con otra 'cosa' que descubría en ese mismo instante y que me llamaba más la atención. ¿Será el misterio que envuelve a las tiendas eróticas? No lo sé. Pero me ha vuelto a pasar. La semana pasada pasé para preguntar al vendedor por los artículos más solicitados y por las consultas más frecuentes. Era lo que quería contaros a vosotros hoy. No me preguntéis cómo porque no lo sé, pero terminamos hablando de preservativos. De ese pequeño gran universo que se ha montado alrededor de los condones y que yo, según descubrí esa tarde, todavía desconocía.  

 

El dueño, al que llamaré Juan, empezó destripándome el dicho ése que dice que los preservativos cortan el rollo. “Eso es mentira, y hoy te lo voy a demostrar”, me aseguró. Sacó muestras de todos los tamaños, de todos los colores y modelos que jamás pensé que podrían existir. Dejando a un lado los clásicos de toda la vida, Juan extendió por el mostrador, poco a poco, todo el arsenal de condones que disponía. Empezó por los anatómicos, los adaptables y los extra grandes. “Estos, para estar más cómodos y que no les corte el rollo”. Me señalaba los extra grandes.

 

Para mi sorpresa, aquel despliegue del sector no había hecho más que empezar. Para los alérgicos al látex están los de poliuretano o resinas sintéticas; los más gruesos se solicitan para practicar sexo anal u otras prácticas sexuales de riesgo. Hay unos de lubricación extra para facilitar la penetración y con espermicida (nonoxinol 9) para la primera vez

 

Debió de ser por la cara de asombro que le puse, porque el vendedor se tomó aquel momento como suyo y, haciéndome un gesto como para que no me moviera, me invitó a que esperara, que lo mejor estaba por llegar. “¿Todavía hay más?”, le pregunté. Llegaba la hora de los sabores. Yo, que prometo que me quedé en los de fresa y plátano, descubrí ese día lo evolucionado que está el sector: para los paladares más sensibles ya han llegado los condones con sabor a melocotón, canela, chocolate, de menta y de fruta de la pasión. “¿Es verdad que el látex sabe tan mal?”, le pregunté. Entonces me mostró los nuevos lubricantes de sabores que pueden emplearse para potenciar el sabor que más nos agrada.

 

Juan me confesó que me contaba todo esto de los preservativos porque es el producto estrella de la tienda. El más vendido, el más solicitado, el más buscado. "Por eso tenemos tanto para elegir". Me contó que las mayores quejas que había oído –sobre todo de ellas- eran sobre lo aburrido que resultaba el color opaco del condón. "Llegaron los fabricantes más audaces y metieron un punto de color a la relación introduciendo al mercado preservativos fluorescentes, con estampados e, incluso, con fotografías", continuó.

 

Estéticas aparte, el condón más práctico que me ofreció fue el sensitivo (más fino). “Con éste nosotros sentimos mucho más”, añadió. Los impregnados con benzocaína los utilizan aquellos que quieren retardar la eyaculación para alargar la relación. El que más nos gusta a nosotras es el que posee pliegues, estrías y puntos en relieve

 

Llegó el momento de pensar cuál me llevaba si es que al final me decidía por uno. Hice un barrido visual del muestrario que me había ofrecido y lo único que conseguí fue liarme más. De izquierda a derecha, esto es lo que vi: “Los que dan sensación de calor, los especiales para gays, extrafuertes, colores, extraseguros, más gruesos que los habituales, más protección, los espermicidas, más efectivos…”. ¿Cuál me recomiendas?, le sugerí. “Espera... que te he reservado para el final el producto estrella”, me contestó. Abrió el cajón y me sacó un preservativo musical que cambia de melodía en función del tipo de movimiento. "Éste todavía está por perfeccionar", me dijo. Y lo guardó. Quedamos en que volvería cuando prepare la carta a los Reyes Magos, que ya están de camino. “Rebeca... Ya no tienes excusa para decirme que los preservativos son muy aburridos”. Me limité a contestarle con una sonrisa. Cuando puse un pie en la calle volví a pensar exactamente lo mismo que cuando entré: “Este mundo nunca dejará de sorprenderme”.

Alma, Corazón, Vida
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