UN MODELO DEL AÑO 3000 A.C.

Antes que los egipcios: la olvidada civilización de los Millares de Almería

En el sur de España, una pequeña colectividad socialmente bien armada en lo administrativo y con una arquitectura encomiable se anticipaba a otras mucho más célebres

Foto: Cabañas reconstruidas en la zona interpretativa de Los Millares. (CC/Eamand)
Cabañas reconstruidas en la zona interpretativa de Los Millares. (CC/Eamand)

“Siempre ha sido así y siempre será igual, que el tiempo y el mundo, el dinero y el poder, pertenecen a los mediocres y superficiales, y a los otros, a los verdaderos hombres, no les pertenece nada. Nada más que la muerte".

–Hermann Hesse

Cuando el mundo estaba comenzando a tener un rostro más humano (el despertar de las “civilizaciones”), y en Egipto todavía no habían aparecido las primeras dinastías Tinitas, también llamadas arcaicas, según el historiador Manetón, que sería el gran compilador de todas las dinastías faraónicas, en un remoto lugar del suroeste de la actual España una avanzada colectividad razonablemente jerarquizada, con un buen nivel en la administración pública, sin esclavitud verificable, amanecía para la historia. Estos hechos ocurrían en tiempos más o menos paralelos, aunque geográficamente distantes.

Años más tarde (algunos miles); un catedrático británico, Ian Shaw, publicaría lo que hasta hoy se ha considerado una lista cerrada, que a muchos arqueólogos asombra por la fluidez cambiante de los novedosos descubrimientos y el consiguiente desfase en su actualización; el famoso tratado 'Oxford History of Ancient Egypt'.

Antes de que existiera toda esta pléyade de civilizaciones, aquí, en el suroeste de España, ya se había ensayado un modelo de sociedad civilizada

Pero muchos pueblos en oriente, Mesoamérica y Sudamérica, y la propia península ibérica (Tartessos, Argar, Los Millares, etc.) estaban probablemente en un esplendor similar y no eran figurantes de relieve en la erudición del inglés, ni siquiera como modestos paralelismos referenciales, ¿era la suya una obra exclusiva y excluyente? ¿O es que la Teoría Antropocéntrica solo afecta a los distinguidos ingleses?

A 12.000 kilómetros de la planicie de Giza, emplazamiento de las tres clásicas pirámides de “siempre”, al oeste de El Cairo, hacia el 2.000 a.C, dos vastos imperios con pequeñas diferencias espaciotemporales tenían un lugar preeminente como civilizaciones consolidadas. Los mayas en el periodo preclásico -2.000 a.C- asomaban a la historia en una muy lejana latitud y en un tiempo del cual tenemos mucho vacío de conocimientos contrastados y muchas suposiciones sin resolver.

Casi en paralelo aunque más tardía, la teocrática cultura Chavín (preincaica), amparada en la colosal columna vertebral de los Andes; vivía en un gigantesco territorio con una pléyade de astrónomos muy avanzados, una agricultura feraz y semiextensiva y canalizaciones de agua y rutas comerciales de más de 4.000 kilómetros de longitud en la suma de todas sus ramificaciones, que se dice pronto; eran sin duda menos tecnológicos que en el llamado occidente, pero con más fondo de observación empírica. Mientras tanto, los chinos -como es habitual-, llevaban miles de años ramoneando con sus cosas, apartados del foco de la evolución en lo que siempre hemos dado en llamar “oriente”.

Cuenco con motivos oculados en yacimiento Los Millares (Santa Fe de Mondujar, Almería, España). (CC/José Manuel Benito Álvarez)
Cuenco con motivos oculados en yacimiento Los Millares (Santa Fe de Mondujar, Almería, España). (CC/José Manuel Benito Álvarez)

Pero antes de que existiera toda esta pléyade de civilizaciones, aquí, en el suroeste de España, ya se había ensayado un modelo de sociedad civilizada -hasta donde tiene sentido esta palabra-, que a una escala menor, podíamos llamar decir cultura de los Millares, y que fue modélica en su momento.

Un colectivo con desarrollo social y fabril

Ocurría por aquel entonces, que en el sur de España, en Almería, una pequeña colectividad socialmente bien armada en lo administrativo y con una arquitectura simple, horizontal y encomiable por su ingenio y sencilla pero elegante estética -llamada Los Millares-, no alcanzaba en el núcleo más poblado de entre ellos; fortificado, con atisbo de alcantarillado, construcciones fabriles y telares; los dos mil sujetos como mucho en la “metrópoli”.

Se da la paradoja de que esta brillante civilización, o anteproyecto de ella, tenía todos los mimbres que alimentan la idea de un colectivo con evidentes muestras de desarrollo social y fabril, además de con una organización militar considerable. Esta pequeña y desapercibida civilización perdida en la noche de los tiempos tuvo su desarrollo en un lugar en el que hoy un silencio mágico, casi lunar, es la percepción más acusada; y que por añadidura, es literalmente un desierto en lo que podría ser la región más árida del continente europeo...

Los restos de un poblado sólidamente fortificado y una necrópolis megalítica con más de un centenar de sepulcros dejaron atónito al belga

A finales del siglo XIX, un belga de nombre Louis Siret, para más señas, ingeniero de minas y arqueólogo apasionado que venía persiguiendo el yacimiento con denuedo en base a informaciones de los lugareños y de una impresionante biblioteca arqueológica que albergaba en su mansión campestre, encontró emplazado en las cercanías de un espolón dominante sobre la confluencia de la rambla de Huéchar y el río Andarax una población de unas cuatro hectáreas con una organización sorprendente y de una estética impecable. Los restos de un poblado sólidamente fortificado y una necrópolis megalítica con más de un centenar de sepulcros, lo dejaron atónito por lo inesperado de los resultados que se suponía iba a encontrar, pues superaban las expectativas iniciales del científico.

Todas las atalayas o torres de vigilancia estaban en alturas que controlaban pasos estratégicos en un entorno de unos tres kilómetros de radio, guardando similitud entre ellas y su forma de construcción a la par que por los materiales usados.

La notable presencia y reflejo de poderío del asentamiento principal, su perímetro defensivo de tres líneas amuralladas, dan por momentos la sensación de vivir una experiencia de ciencia ficción salvaje y mística a la vez. ¿Quién pudo vivir en aquel tiempo bajo un océano estrellado y un silencio radical? Es probable que se evidenciara una visión cosmogónica panteísta por la espiritualidad que se respira en esa extraña latitud, algo que hoy día se echa de menos. Las clases, pero sin detectarse signos de esclavitud o subordinación impuesta más allá de la asunción de las competencias derivadas de las responsabilidades de un grupo bien organizado al menos, en base a las conclusiones de estudiosos de la arqueología y sus entreverados claroscuros, producto del tiempo transcurrido y del análisis de mentalidades muy distantes en la historia.

Los Millares. Plano de situación de las tumbas y el poblado (Almagro y Arribas, 1959). (CC/Eamand)
Los Millares. Plano de situación de las tumbas y el poblado (Almagro y Arribas, 1959). (CC/Eamand)

Para ver la trascendencia de esta cultura peninsular y ponerla en perspectiva; debemos de pensar que es contemporánea a la construcción de las pirámides de Keops y Kefren y al mismo tiempo, de la muy probable aparición y uso de la rueda en Mesopotamia en sus primeros balbuceos. No es un tema baladí. Los Millares son un enigma en medio de la nada de la época. Artesanos del bronce que extraían de unas minas cercanas, sólida organización, militarmente avanzados, uso fabril de las herramientas e ingenios de producción artesanal, no eran de origen mediterráneo y si locales, ¿de dónde salieron?

Dentro de esta perspectiva y desde un ángulo diferente, la importancia de este yacimiento en el contexto de la cultura neolítica y más en su momento álgido de la Edad del Bronce, es capital. Los sepulcros tipo Tholos, de características similares a los dólmenes pero con galerías circulares cerradas y techadas (y que vistos desde cierta altura parecen naves espaciales literalmente), están datados en el año 2430 a.C, esto es, mil años antes que los micénicos (Grecia), cuya datación se sitúa en torno 1450 a.C. Se puede decir que Los Millares son oro arqueológico y además aquí, en el sur de España.

Un pilar fundamental de proto España

Es de esperar que los espectaculares ingresos que nos trae el turismo tradicional, en el futuro se vean incrementados también por el interés cultural, pero que además de a la paella, a la sangría y al salmorejo, se orienten a las piedras que hablan; porque de esas, en este país, tenemos toneladas y algunas, muy maltratadas.

Este poblado poco conocido fuera del gremio de los historiadores es uno de los pilares fundamentales de la proto España. Su impresionante fortaleza de cuatro metros de altura y anillos concéntricos tiene más de más de cuatro metros de altura y pasillo de dos metros de ancho en algunos tramos, incluso troneras que se cree se usaron para arrojar flechas desde el protegido interior. La estructura del asentamiento denotaba a las claras una forma de vida sedentaria, talleres fabriles probablemente de rueca cónica y telar vertical, y una economía doméstica sólidamente asentada, con un funcionamiento arraigado de costumbre.

Esta cultura acabaría languideciendo y siendo asimilada por otra mayor, la de El Argar

Los sepulcros eran de carácter colectivo y sus correlaciones consanguíneas parecen formar parte de un ritual en el que el clan propio estaba separado de otros linajes como ocurre en la singularidad de los panteones de los cementerios actuales. Probablemente existiera la idea diferenciadora de clases pero no da la impresion de que fuera algo bloqueante en las relaciones sociales intramuros.

La posición desde un punto de vista militar, es casi hermética y el conjunto era vigilado con torres independientes fuertemente pertrechadas y de una altura inusual para lo que aparentaba ser un territorio pacífico en aquel entonces. ¿Qué es lo que ocurría? ¿Existía una amenaza invisible? Nunca lo sabremos porque el tiempo es un bálsamo amnésico.

¿Tenían adversarios poderosos? ¿De quién se defendían? Más de una docena de atalayas han sido localizadas y su relación con la posición fortificada nuclear o matriz con su epicentro en la población principal, es indiscutible, ya sea por el modelo y similitud o los elementos comunes de construcción.

La fortaleza y su perímetro defensivo eran literalmente inasequibles e impermeables a un asalto. Todas las vías de acceso estaban rigurosamente controladas. Se sabe que los bastiones defensivos servían a la vez como almacenes de excedentes alimenticios tales como legumbres, cebada, trigo, sal y pequeñas representaciones de especias locales, etc.

Los ajuares hallados en las tumbas de la necrópolis apuntan hacia la existencia de una sociedad muy organizada en el conjunto de sus costumbres, y avanzada en lo relativo a creencias y ritos funerarios. Cuando el viento de la historia empezó a barrer la memoria de esta antigua cultura “almeriense”, la cultura de Los Millares, solo sobreviviría de aquella lenta agonía el punto central de la población, y no así sus tributarios periféricos del valle. Esta cultura misteriosa acabaría languideciendo y siendo asimilada por otra de mayor envergadura, la de El Argar.

Pero esa es ya otra historia

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