¿sientes que deberías hacer más ejercicio?

Buenas noticias para los vagos: el truco de Stanford para vivir más

Un nuevo estudio psicológico alerta sobre la relación entre nuestra salud y la percepción que tenemos acerca de nuestra actividad física y de la gente que nos rodea

Foto: Ejercicio o no ejercicio, esa es la cuestión. (iStock)
Ejercicio o no ejercicio, esa es la cuestión. (iStock)

En cuanto Octavia Zahrt se mudó a Stanford comenzó a sentirse fuera de lugar. La Bahía de San Francisco, mucho más que cualquier otro lugar de EEUU, es un paraíso para el deporte, el fitness y el culto al cuerpo. De repente se vio en un mundo frenético, obsesionado con la apariencia física, y cayó en la cuenta de lo duro que es sentir que no estás haciendo lo suficiente, que todos a tu alrededor van más al gimnasio y están más buenos, sanos y esculpidos que tú. No es que fuese menos activa que antes, sino que, en comparación, salía perdiendo, y aquello empezó a estresarla.

“Sentía que había hecho algo mal todos estos años”, sostiene en 'Quartz'. “Me encontraba mal, poco saludable y estresada por incorporar más y más ejercicio en mi apretada agenda”. Esta molesta sensación llevó a Zahrt, doctoranda en Psicología en la Universidad de Stanford, a estudiar junto con Alia Crum, profesora asistente de la misma institución, la relación entre nuestra salud y la percepción sobre el ejercicio que hacemos.

¿Dirías que eres físicamente más activo, menos o igual que otras personas de tu edad?

“Los hallazgos están en línea con una tendencia en la investigación que afirma que nuestra mentalidad -en este caso, las creencias sobre cuánto ejercicio hacemos en relación con los demás- puede jugar un papel crucial en nuestra salud”, señala Crum. De los resultados, en efecto, se deduce que las personas que piensan que son menos activas que otras en un grupo de edad similar mueren más jóvenes que aquellas que creen que hacen más ejercicio, incluso si sus niveles de actividad son similares.

Por qué la percepción importa

Los autores de la investigación, publicada en la revista 'Health Psychology', analizaron los datos de tres estudios anteriores en los que 61.141 adultos estadounidenses habían respondido entre los años 1990 y 2006 a distintas encuestas sobre el ejercicio físico que realizaban y su estado de salud. A su vez, en uno de los tres estudios los participantes portaron un acelerómetro para medir su actividad física, por lo que pudo cuantificarse con base en datos objetivos y no solo a partir de percepciones.

Nos podemos sentir abrumados en una sociedad que valora tanto llevar nuestro cuerpo al límite. (iStock)
Nos podemos sentir abrumados en una sociedad que valora tanto llevar nuestro cuerpo al límite. (iStock)

De entre toda esa abundancia de datos estadísticos, a Zahrt y Crum lo que más les interesaba eran las respuestas a una pregunta en particular: ¿dirías que eres físicamente más activo, menos o igual que otras personas de tu edad? El siguiente paso fue acudir a los registros de muertes a partir de 2011, exactamente 21 años después de que la primera encuesta se llevase a cabo. Y, tras compararlos con las percepciones y datos reales sobre su actividad física, llegaron a la conclusión de que las personas que creían que eran menos activas que las de su alrededor tenían hasta un 71% más de probabilidad de muerte prematura que los demás.

La campañas de salud pública dejan de lado una variable clave: la importancia de la percepción de las personas

Zahrt y Crum explican cómo esta sensación puede tener un efecto tan determinante en nuestra esperanza de vida. La primera es que las percepciones pueden afectar a la motivación, tanto de forma positiva como negativa. Aquellos, por ejemplo, que se ven poco saludables son más propensos a permanecer inactivos, alimentados por el miedo, el estrés o la depresión. Asimismo, los autores citan la influencia del efecto placebo, por el que los pacientes que creen que están recibiendo un tratamiento experimentan cambios fisiológicos sin recibir ninguna medicación real. En este sentido, las personas que creen que están ejercitándose lo suficiente pueden experimentar esos mismos beneficios psicológicos. “El efecto placebo está a la orden del día en medicina y es lógico pensar que desempeña también un papel importante en este tipo de comportamientos”, asegura Crum.

Los pensamientos pueden moldear la fisiología

“Las campañas de salud pública pretenden motivar a la gente a cambiar su comportamiento: a comer más sano, hacer más ejercicio y a estresarse menos”, explica la profesora. “Pero se olvidan de una variable importante en la ecuación: la mentalidad de las personas sobre estos comportamientos saludables”. El hecho de que nuestras percepciones tengan efectos tan potentes puede resultar provocativo, pero Crum sostiene que es algo muy común, “teniendo en cuenta la cantidad de experiencias cotidianas en las que nuestras creencias tienen efectos psicológicos muy palpables”.

La actividad física es fundamental, pero también lo es el descanso. (iStock)
La actividad física es fundamental, pero también lo es el descanso. (iStock)

Se refiere, por ejemplo, al estrés, pues un simple pensamiento negativo puede hacernos sudar, aumentar nuestra frecuencia cardíaca o causar temblores. Lo mismo con la excitación sexual. “Por la razón que sea, tendemos a ignorar que nuestros pensamientos, percepciones y expectativas moldean nuestra fisiología día a día”. Es por ello que las autoras aseguran que sentirse bien cuando realizamos cualquier actividad física, desde subir las escaleras hasta hacer pesas, es el primer paso para que cualquiera pueda mejorar su salud. “Es el momento para tomarse el papel de las percepciones más en serio”.

Alma, Corazón, Vida

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