lograría doblar a Alemania y Francia

¿Y si España crece al 3%?

Economía estima que el crecimiento podría alcanzar el 3% este año, poniendo a España muy por encima de los mayores socios europeos

Foto: (Imagen: Enrique Villarino)
(Imagen: Enrique Villarino)

España prefiere pecar de prudencia, antes que de soberbia. Y por eso, pese a que el Ministerio de Economía cree que el crecimiento este año podría llegar al 3%, no va a lanzar las campanas al vuelo. Las previsiones que ahora maneja el Gobierno sitúan la expansión del PIB en un 2,5% al cierre de 2017, pero el Banco de España ha sido el primero en avisar de que esta cifra se queda corta, al elevarla en tres décimas, hasta el 2,8%. El ministerio cree que aún podría ser mejor: en torno al 3%, ya sea un 2,9 o un 3,1%.

Pese a esta buena corazonada, el Gobierno optará por ser conservador sobre el papel, una vez actualice sus previsiones oficiales para enviarlas, como muy tarde, el 30 de abril a Bruselas. Para esa fecha, se espera que el Fondo Monetario Internacional se haya pronunciado ya sobre cómo ve la marcha de la economía española. Y más tarde, la Comisión Europea presentará sus previsiones de primavera, en las que invariablemente son menos optimistas que La Moncloa en términos del crecimiento (que no sobre el déficit). El pasado 13 de febrero, Bruselas cifró en el 2,3% la expansión en 2017.

Rajoy, Merkel, Hollande y Gentiloni durante una reunión antes de la Cumbre de Versalles. (Reuters)
Rajoy, Merkel, Hollande y Gentiloni durante una reunión antes de la Cumbre de Versalles. (Reuters)

Si España alcanzara la tasa del 3%, lograría doblar a Alemania y Francia —en torno al 1,5 y 1,4%, respectivamente, según Bruselas— y triplicar a Italia (0,9%). Un tanto para un país que hace cinco años tuvo que recurrir a un rescate de sus socios de la eurozona, cuyos ministros de Economía y Finanzas se reúnen este viernes en La Valeta.

Cuatro o cinco décimas adicionales

¿Cómo es posible llegar al 3%? Gracias a cuatro o cinco décimas adicionales que se suman al 2,5% inicialmente barajado por el Gobierno. Unas décimas extra que corresponden a un “crecimiento embalsado”, que no se llegó a producir el año pasado debido a que se frenaron las inversiones por la incertidumbre política, según fuentes del ministerio. Si bien la recuperación moderada del barril de Brent, ya en un rango de 50 a 55 dólares por unidad, pone punto final al impulso que suponían los bajos precios del petróleo, el crecimiento se verá impulsado por otros factores, internos y externos.

Dentro de la propia evolución de la economía española, destacan “la fuerza de la exportación” y la revitalización del sector inmobiliario, un punto que “va a sorprender” en positivo, según las fuentes, que no ven motivos de alerta de recalentamiento del sector. Desde fuera llegarán los vientos de cola que seguirán soplando desde Fráncfort, gracias a la política expansionista del BCE, pero también un fortalecimiento de la economía europea, que va camino de registrar su mejor año desde el inicio de la crisis. Como referencia, la Comisión Europea revisó ligeramente al lanza en sus últimas previsiones, las de invierno, el crecimiento de la eurozona, hasta el 1,6%, y el de la UE, hasta el 1,8%.

Una posición cómoda en Europa

Tras los difíciles años del rescate, España se encuentra ahora en una posición cómoda respecto a sus socios europeos. La marcha de Reino Unido de la Unión Europea hace prever un nuevo reequilibrio de poderes, en el que el país cobrará una mayor importancia. Este punto ya ha sido reconocido por sus socios de mayor tamaño —Alemania, Francia e Italia— con la invitación a Mariano Rajoy a encuentros como la Cumbre de Versalles. Pero el Gobierno espera también recuperar el terreno perdido en Bruselas y las instituciones europeas con algo tan tangible como nuevos puestos de responsabilidad.

 El ministro de Economía, Luis de Guindos. (EFE)
El ministro de Economía, Luis de Guindos. (EFE)

El ministro Luis de Guindos insiste una y otra vez en que no le interesa volver a postularse a presidir el Eurogrupo, pese a que su actual presidente, Jeroen Dijsselbloem, se encuentra en su mayor momento de debilidad. Pero incide con el mismo entusiasmo en que la vicepresidencia del BCE que liberará el portugués Vitor Constancio el próximo año será ocupada por un español.

Queda por ver si España logrará ahora marcar también la agenda en cuestiones que le interesan, como que Bruselas preste más atención a los desequilibrios macroeconómicos que presentan los países y menos a la deriva del déficit, sobre todo cuando un país está logrando crecer —uno de los principales argumentos de España para eludir la multa el pasado verano tras incumplir sus compromisos de disciplina fiscal—. Para el ministerio encabezado por De Guindos, uno de los problemas fundamentales es la pérdida de competitividad, algo que “hay que corregir”, según las citadas fuentes. Y apunta en ese sentido a un país que preocupa, y no solo en el terreno político: Francia.

En cualquier caso, la opción federalista que España defiende para el futuro de la Unión —con medidas como finalizar la Unión Bancaria con un sistema de garantía de depósitos que los alemanes no quieren ver ni en pintura, emisiones conjuntas, una política fiscal coordinada, entre muchas otras cuestiones— es muy difícil de impulsar en un año en el que toda Europa espera con temor las elecciones galas y con expectativas las alemanas. La incertidumbre política ha provocado un parón reformista a nivel europeo, que desde el ministerio esperan que se reactive a finales de año o comienzos del próximo. Pero, en qué dirección prosigue la marcha de la eurozona, está aún por ver.

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