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Recorre España de puente a puente: estos son los siete más bonitos

A lo largo y ancho de nuestro país podemos encontrar decenas de construcciones que salvan ríos de una belleza e historia sin igual

Foto: Puente de Ronda (Fuente: iStock)
Puente de Ronda (Fuente: iStock)

La RAE define ‘puente’ como una “construcción de piedra, ladrillo, madera, hierro, hormigón, etc., que se construye y forma sobre los ríos, fosos y otros sitios, para poder pasarlos”. Aunque el concepto sea bastante sencillo, lo cierto es que en España podemos encontrar decenas de puentes increíbles, que merece la pena que veas aunque sea una vez en la vida.

La gran historia que acumula la Península Ibérica, unido a las construcciones más modernas, nos permite disfrutar hoy en día puentes más que impresionantes.

Puente Romano de Alcántara (Cáceres)

Foto: iStock
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Sobre el río Tajo se erige esta gran obra arquitectónica, construida por Cayo Julio Lácer, en el siglo II d.C. y en ella se reflejan las tres cualidades que se pedían en toda edificación de tal calibre: firmeza, hermosura y utilidad. Su autor dejó en él escrito: Pontem perpetui masvrvm in secula mundi (el puente que permanecerá en pie por los siglos del mundo).

La villa de Alcántara nació una vez el puente ya existía, pues en sus inicios era una vía de comunicación entre pueblos del imperio. Alcántara significa “el puente” en árabe.

Más adelante, este puente será clave para la orden militar de Alcántara, pues era el único acceso a la localidad desde Portugal, convirtiendo así la villa en una fortaleza inexpugnable.

Hoy en día el viajero se podrá dejar embelesar por la grandiosidad y belleza de la construcción. Con 180 metros de largo y casi 9 de ancho, sobre pilares que conforman seis arcos perfectos, se levanta el puente romano de Alcántara, construido con piedra berroqueña.

Justo en la mitad se alza el arco del triunfo. en el que se pueden leer nombres de los pueblos que contribuyeron en su construcción, parte de los cuales se han borrado con el paso del tiempo.

Puente Viejo de Besalú (Girona)

Foto: iStock
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El puente medieval de Besalú es uno de los monumentos más icónicos de la Garrotxa. Está documentado desde el siglo XI, aunque algunos historiadores creen que en ese momento no tenía la forma actual.

Se cree que durante una riada del 1315 quedó destruido y se pudo reconstruir gracias al impuesto que estableció Jaume II.

Este puente mide 105 metros de largo y 30 metros de alto, con una torre incluida. Está formado por siete arcadas que tienen forma angular debido al asentamiento de los pilares sobre las piedras del río. En 1385 se instaló un peaje en la torre central.

En 1881 ya no estaba la torre ni la puerta de entrada, y durante la Guerra Civil española fue dinamitado. Fue entre los años 50-60 del siglo XX cuando fue reconstruido por la Dirección General de Arquitectura.

Puente de Cangas de Onís (Asturias)

Foto: iStock
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El Puentón o Puente Romano es el monumento más representativo por antonomasia de Cangas de Onís. Su fábrica actual data de la Baja Edad Media, pero puede hablarse de orígenes romanos, tal como indican los gruesos contrafuertes y los agudos tajamares, según Turismo de Asturias.

El pretil, con camino empedrado, es el mirador sobre el Sella y arriesgado trampolín, junto a los contrafuertes, de bañistas veraniegos, ya que el puente salva una poza aprovechada por los cangueses para darse chapuzones. Del arco central pende una réplica en madera de la Cruz de la Victoria, flanqueado por cuatro arcos a su derecha y uno a su izquierda.

El Puente Viejo o Puente Romano es un airoso puente alomado de gran arco central, ojivado, de amplia luz, que salva casi él solo el cauce del río. Tiene grandes contrafuertes apoyados en afloramientos rocosos, que le dan estabilidad, y agudos tajamares. También apuntados son los arcos laterales, dos a cada lado, y cuenta igualmente con otros pequeños arcos de alivio sobre los contrafuertes y tajamares. El puente dispone de un pretil pétreo y su piso está empedrado con cantos.

Por su tipología es obra del siglo XIV o XV, pero posiblemente sustituya a otro anterior de factura romana.

El puente ha tenido gran valor estratégico y comercial para la ciudad de Cangas, ya que hasta el siglo XIX era el único de piedra que salvaba el caudaloso Sella, lo que convertía este pasaje en fundamental para la comunicación entre Asturias y Cantabria y para el tráfico de mercancías.

Puente renacentista de Segovia (Madrid)

Foto: iStock
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Declarado Bien de Interés Cultural en 1996, se trata del puente más antiguo de Madrid, que daba paso sobre el Manzanares al camino de Segovia, uno de los principales accesos a la capital. Su construcción se inicia en 1574, según Provisión de Felipe II, y está a cargo del Maestro Mayor de Obras de S. M., Gaspar de Vega, que realiza las trazas y establece las condiciones de ejecución.

A la muerte del arquitecto en 1577, con el puente en los cimientos, Juan de Herrera se hace cargo de las obras realizando nuevos diseños. Cambia las trazas medievales y proyecta el primer puente moderno: la rasante se hace horizontal. El puente está formado por nueve ojos en arco de medio punto y construido con sillares almohadillados de granito.

El puente ha sufrido diversas reparaciones a lo largo de su historia con intervención de notables arquitectos al servicio de la Villa. Entre 1935 y 1943 fueron ordenadas por el Gabinete de Accesos y Extrarradio, y tras la Guerra Civil por la Jefatura de Obras Públicas. En nombre de ésta, el ingeniero Vicente Olmos amplía la anchura del tablero de 8,65 hasta 31 metros, dividiendo el puente en dos y abriéndolo.

Para la canalización del Manzanares, el mismo ingeniero restituye los alzados originales entre 1955 y 1960 desenterrando pilares y añadiendo nuevas embocaduras laterales con sus dársenas. Afectado por el trazado de la M-30 en 1985, los arquitectos Pérez-Aciego y Quesada realizaron obras de remodelación de accesos y laterales.

Con la creación de Madrid Río se ha actuado en todo el entorno del puente dotándolo de acompañamiento de fuentes, estanques y paseos acordes con la estética y nuevo diseño de la zona.

Puente Nuevo Ronda (Málaga)

Foto: iStock
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Es el símbolo de Ronda y la imagen más conocida de la ciudad. El Puente Nuevo constituye, junto con la Plaza de Toros de la Real Maestranza de Caballería de Ronda, el símbolo y el alma de la ciudad.

Esta obra maestra de 98 metros de altura, construida en sillares de piedra extraídos del fondo de la garganta del Tajo, permitió la conexión del barrio moderno o del Mercadillo con el barrio antiguo de la ciudad y posibilitó la expansión urbanística de la ciudad. Desde sus balcones, las vistas de las casas colgando sobre el mismo borde del precipicio, son espectaculares.

Este majestuoso monumento alberga en su interior un moderno concepto de Centro de Interpretación, sobre esta magna obra de ingeniería dieciochesca y sobre los diferentes aspectos de su entorno: fauna, vegetación, geológicos, urbanísticos, históricos, etc.

Puente de Triana (Sevilla)

Foto: iStock
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El Puente de Isabel II, también conocido como Puente de Triana, es el puente más emblemático de la ciudad, une el famoso barrio de Triana con Sevilla, construido en 1852.

Fue proyectado por los ingenieros Steinacher y Bennetot, según el modelo Carrousel.

El puente se compone de tres arcos de 43.464 metros de luz cada uno. Siendo declarado monumento histórico nacional en 1976.

El Puente de Vizcaya (País Vasco)

Foto: iStock
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El Puente Vizcaya fue el primer puente transbordador construido en el mundo de estructura metálica. Está situado en la boca del río Ibaizabal, en el punto en el que el estuario navegable de Bilbao se abría al mar hasta el siglo XIX. Fue inaugurado el 28 de julio de 1893 y su diseño fue obra de Alberto Palacio y Elissague.

En 2006 fue declarado por la UNESCO como Patrimonio Mundial por ser una de las construcciones más sobresalientes de la Revolución Industrial europea y de la arquitectura del hierro.

Situado en el tramo final de la Ría de Bilbao, a pocos metros de su desembocadura en el Cantábrico, el Puente une Portugalete y Getxo y es por lo tanto un motivo perfecto para visitar estos dos encantadores pueblos, las callejas medievales del primero, los fastuosos palacetes del segundo.

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