vacaciones por la españa desconfinada

Descubre los secretos de la isla de El Hierro: vacaciones con magia a distintos niveles

Es un lugar perfecto para conectar con la naturaleza y disfrutar de deportes de aventura como el buceo y el parapente

Foto: Vista del faro de Orchilla desde el camino hacia la Dehesa. (CM)
Vista del faro de Orchilla desde el camino hacia la Dehesa. (CM)

Aquí el confinamiento duró poco. La doble insularidad que dicen vivir en El Hierro, que pese a que les lastra en algunas situaciones dota a la isla de un carácter único, les sirvió para mucho durante la crisis del coronavirus. Junto a Formentera, La Gomera y La Graciosa, este territorio declarado Reserva de la Biosfera fue la avanzadilla de la desescalada después de haber registrado únicamente tres casos positivos de covid-19, todos ellos importados.

El Hierro, la isla más occidental de España y la más joven de las Islas Canarias es, por el número tan bajo de positivos que se han registrado en ella y por su valor natural, esta semana la elegida como destino de 'Vacaciones por la España desconfinada', una serie en la que, desde El Confidencial, os sugerimos periódicamente lugares que visitar este u otro verano sin tener que salir del país. Aquí, podrás encontrar encontrar un entorno natural singular, disfrutar de actividades de turismo activo y aventura y sobre todo, acariciar la paz que cada día se nos escapa a muchos de las manos en la ciudad.

Magia a distintos niveles

A excepción de la recién llegada a la oficialidad, La Graciosa, la isla de El Hierro es la más pequeña del archipiélago canario, un hecho que dota de singularidad a su escasa comunidad —oficialmente solo están empadronadas aquí 11.154 personas según los datos de 2019— y que hace que aquí la tradición esté presente a cada paso así como lo hace la conciencia sobre la necesidad de cuidar un entorno natural protegido y singular. Ellos lo tienen claro, a El Hierro hay que ir queriendo y a quererle.

En su aeropuerto nadie está de paso esperando para coger un avión hacia otra isla. Hay que venir a propósito y eso, aunque pueda repercutir negativamente en parte de su actividad económica, es algo que le otorga valor. La poca afluencia turística y el propósito de sus viajeros convierten a esta isla en pequeño tesoro natural reconocido por la Unesco. Aquí, el mundo se puede medir por niveles. Empecemos con el -1: La Reserva Marina de La Restinga, un paraíso bajo el mar que convierte a la isla en un santuario del submarinismo que ha conseguido que un municipio de 200 habitantes, el más al sur de Europa, cuente con 11 clubes distintos de buceo y una gran afluencia de aficionados al mismo.

Frente a la costa de La Restinga y gracias en parte a las erupciones volcánicas submarinas que, acompañadas de numerosos temblores de tierra, tuvieron a la isla en vilo en 2011, los amantes de la naturaleza submarina pueden realizar inmersiones en el Mar de las Calmas y nadar junto a tortugas, rayas, meros como Pancho, —un viejo conocido de los locales que se dejaba acariciar y a quienes tras su desaparición dedicaron una estatua en el paseo marítimo—, chuchos, delfines, barracudas e incluso, si hay suerte, ver algún tiburón ballena.

En el Mar de las Calmas se pueden ver meros, chuchos, delfines y hasta tiburones ballena

Un nivel por encima, en lo que sería la planta 0, El Hierro vuelve a mostrar su singularidad no ofreciendo apenas playas. Al contrario que islas como Fuerteventura o incluso Tenerife, la juventud de El Hierro hace que tras haber sufrido tres macrodesprendimientos a lo largo de su historia, sus costas estén formadas por abruptos acantilados que sin embargo, no privan a sus habitantes del baño, pues el litoral está repleto de charcos, piscinas naturales y pequeña zonas rocosas que permiten el fácil acceso al Atlántico como la que se encuentra frente al Roque de la Bonanza, uno de los emblemas de la isla situado a pocos metros de la costa.

Un punto de acceso al mar con merendero y barbacoa. (CM)
Un punto de acceso al mar con merendero y barbacoa. (CM)

Además, en varios puntos se han instalado plataformas y escaleras que facilitan el acceso al mar abierto así como merenderos acondicionados con barbacoa, zonas de sombra y baños que permiten disfrutar del lugar durante el día entero sin preocupaciones, pues aquí, al contrario que en muchas zonas costeras, no es fácil encontrar servicios de restauración en primera línea de playa. Es el precio a pagar por levantar la vista y solo ver acantilados hacia el mar o un macizo montañoso que se levanta sobre la costa o el valle de El Golfo, una depresión semicircular del terreno delimitada por fuertes escarpes en la que se encuentran los municipios con el clima más estable de la isla, Frontera y Sabinosa.

Acantilados junto al sendero de Arenas Blancas. (CM)
Acantilados junto al sendero de Arenas Blancas. (CM)

Un poco por encima, en lo que sería la planta 1 del viaje en ascensor por El Hierro, estaría el hotel Punta Grande, que durante muchos años ocupó el primer puesto en el Libro Guinnes de los Récords como el hotel más pequeño del mundo; los senderos junto al acantilado, como el de Arenas Blancas, que recorre los cuatro kilómetros que unen la playa de Arenas Blancas y el Verodal; y lugares tan emblemáticos como el Faro de Orchilla, un punto clave para la isla pero también para la historia mundial.

Este faro, situado en la punta que le da nombre, es el punto más occidental de la isla de El Hierro y por tanto de España, y además es el lugar en el que los franceses colocaron el Meridiano Cero en el año 1634, donde permaneció 200 años hasta que se trasladó la raya imaginaria hasta el Observatorio de Greenwich, en Inglaterra.

Además del propio faro y el monumento al meridiano, en las cercanías del edificio central llama la atención una cruz que se levanta en horizonte si uno dirige la vista hacia el mar. La isla, que como dicen sus habitantes, es capaz de atraparte si te atreves a vivir lejos de centros comerciales y restaurantes de grandes cadenas, conquistó de tal manera a su primer farero que este, quien según cuentan los habitantes de la isla no era natural de El Hierro —por sus apellidos los lugareños creen que era peninsular—, mandó a sus seres queridos que enterraran junto al faro sus cenizas pese a haber muerto fuera de la isla para así descansar en un punto clave para la navegación. Allí permanece hasta la fecha enterrado a los piez de la cruz.

Una sabina en El Hierro. (CM)
Una sabina en El Hierro. (CM)

Subiendo un poco en altura hasta llegar a un nivel superior y después de haber podido parar en varios miradores, en los 900 metros de altitud se encuentra el Parque Natural de la Dehesa y con él una parte de la isla deja atrás el rojo para teñirse de verde. La Dehesa es una zona natural de contrastes de propiedad comunal destinada al pasto de los animales y plagada de conos volcánicos desde la que arrancan varios senderos de distintos niveles y en la que se pueden ver desde las sabinas, el árbol más característico de la isla y que según explican, representa el carácter adaptativo y de lucha frente la adversidad de los herreños, hasta pastos verdes que recuerdan a algunas zonas del norte del país pasando por enclaves en los que la protagonistas es la tierra rojiza característica del volcán.

Además, este parque es un lugar clave en la idiosincrasia herreña, pues en ella se encuentra la Ermita de Nuestra Señora de los Reyes, lugar desde el que cada cuatro años da inicio la Bajada de la Virgen de los Reyes, la mayor festividad de la isla y el festejo que marca, según explican, la vida de todos sus habitantes. Los isleños aseguran que miden el tiempo por bajadas y que lo peor que les puede pasar un día como tal es no poder acudir a su cita con la Virgen. La fiesta, según explican, va más allá de la religión e incluso cuentan como anécdota que hace años un vecino de Valverde que tocaba el tambor durante la fiesta, cuando el ánimo decaía por la dureza del camino no dudaba en gritar: "¡Qué viva la Virgen, me cago en Dios".

La Bajada de la Virgen de los Reyes es en El Hierro todo un periplo por el monte en el que el primer sábado de julio, cada cuatro años, los herreños recorren junto a amigos y familiares 28,7 kilómetros de montaña para llevar la imagen de su patrona hasta la capital, Valverde. Prácticamente toda la isla acude a la cita. Las casas se llenan de visitantes y prácticamente es imposible conseguir alojamiento si no se reserva con mucha antelación.

Mirador de la Peña, obra de César Manrique. (CM)
Mirador de la Peña, obra de César Manrique. (CM)

Por último, en este recorrido ascendente de la isla, aunque no hay que dejar de visitar lugares como el Mirador de la Peña en Guarazoca, diseñado por el arquitecto canario César Marique y desde el que se puede ver una panorámica inigualable de El Golfo; Malpaso, el pico más alto de la isla con 1.501 metros de altitud al que los aborígenes de El Hierro, los Bimbaches, bautizaron como Tinganar; el árbol sagrado Garoé de San Andrés venerado también por los antiguos pobladores de esta tierra; ni el Camino de la Llanía, en el que se puede disfrutar de un bosque húmedo de laurisilva que contrasta con el paisaje del resto de la isla, si se visita El Hierro es prácticamente un obligación poner la vista en el cielo.

Aquí, el parapente compite con las estrellas, pues la isla, además de ofrecer un entorno distinguido para observar las estrellas en los días claros así como ofrecer atardeceres únicos desde la piscina natural de La Maceta o desde el propio Faro de Orchilla, es un punto de encuentro para parapentistas de todo el mundo, pues en el municipio de Frontera encuentran las condiciones óptimas para entrenar durante todo el año.

Parapente con despegue en Dos Hermanas. (CM)
Parapente con despegue en Dos Hermanas. (CM)

Pero este deporte no solo está reservado a profesionales. Los locales y visitantes también pueden disfrutar del chute de adrenalina y las vistas que ofrece una salida en parapente desde los 1.100 metros de altura de todo el Valle del Golfo, de la silueta de gran parte de la isla e incluso si el día lo permite, los más afortunados pueden experimentar la sensación que produce en el cuerpo atravesar el mar de nubes que separa la zona del despegue, en Dos Hermanas, de la costa de El Hierro.

Además, a El Hierro también se puede acudir a practicar deportes como la bicicleta, el 'trekkinn' o la natación, pues la isla acoge anualmente competiciones internacionales como la Maratón del Meridiano, con categorías de entre los 9 kilómetros y los 42, la Bimbache Trail, a la que se pueden inscribir también deportistas con distintos niveles, pues ofrece opciones para correr desde 5 kilómetros hasta los 26 y la Travesía del Mar de las Calmas, en la que los nadadores cubren la distancia que separa el Faro de Orchilla de La Restinga.

Alma, Corazón, Vida
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