La decisión más controvertida: ¿debería España comenzar a vacunar a los niños?
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Se abre el debate

La decisión más controvertida: ¿debería España comenzar a vacunar a los niños?

El límite para la administración de la vacuna está en 12 años a la espera de los ensayos clínicos con niños, pero los expertos ya discuten sobre la necesidad de administrarlas

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Foto: EFE.

La Agencia Europea de Medicamentos (EMA, por sus siglas en inglés) aprobó la vacuna de Pfizer-BioNTech para adolescentes de entre 12 y 15 años el pasado mes de mayo. Este viernes hacía lo mismo con el fármaco de Moderna, autorizado ya entre los 12 y los 17 años. De hecho, los adolescentes ya se están vacunando en España, porque todas las comunidades autónomas han pisado el acelerador desde que se ha disparado la incidencia acumulada entre los jóvenes. Un 6,4% de la población entre 12 y 19 años ha recibido ya una dosis y el 1,6% tiene la pauta completa.

El límite se queda de momento en los 12 años porque aún no hay vacunas para menores de esa edad. Sin embargo, Pfizer lleva muy adelantados los ensayos clínicos y se espera que estén disponibles antes de finales de año, así que la pregunta ya está sobre la mesa: ¿hay que vacunar a los niños pequeños? La ministra de Sanidad, Carolina Darias, aseguró este viernes que el debate sobre la vacuna pediátrica "va a ser importante" y que ya se está trabajando en esta cuestión con las sociedades pediátricas. "Tenemos que ver en qué términos se produce, sé que no va a estar exento de dificultad", reconoció. Según explicó, habrá controversia en torno a este tema porque "muchos dicen que los niños no son los transmisores", pero "siendo eso una certeza, también es verdad que si queremos tener una inmunidad completa, deberíamos ser capaces de poder hacerlo". En ese sentido, reclamó consensos desde la evidencia científica, que aún no existe.

Foto: Instalaciones de la farmacéutica catalana Reig Jofre, que envasa Janssen. (EFE)

Con estas palabras, Darias parece inclinarse a favor de vacunar a los niños justo cuando el Reino Unido va en dirección opuesta. Un informe elaborado por el Comité Conjunto de Vacunación e Inmunización (JCVI, en sus siglas en inglés) rechaza incluso vacunar a los adolescentes (de 12 a 17 años) porque estima que los beneficios no son muy superiores a los riesgos. Para muchos expertos, la decisión es sorprendente y arriesgada, porque este grupo de edad tiene una intensa interacción social y podría ser imprescindible para alcanzar la inmunidad de grupo. Muchas más dudas hay con los más pequeños.

¿Necesarios para la inmunidad de grupo?

La primera incógnita es si desde el punto de vista colectivo vacunar a los niños es importante para alcanzar la inmunidad de grupo. De hecho, si se alcanza la inmunidad de grupo sin ellos, la vacunación de este colectivo perdería gran parte de su sentido, porque ya estarían protegidos por el resto de la población. "Cuando hablábamos del 70% no era necesario, porque hacíamos el cálculo a partir de las variantes previas, menos infecciosas que la delta, y suponía la protección de los más jóvenes sin necesidad de vacunarlos", comenta en declaraciones a Teknautas el pediatra y epidemiólogo Quique Bassat, investigador del Instituto de Salud Global de Barcelona (ISGlobal). Sin embargo, teniendo en cuenta que el virus se transmite ahora con mayor facilidad, "probablemente, requiera alcanzar un 85%".

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Foto: EFE.

¿Hasta qué punto ese objetivo implica vacunar a la población pediátrica? Junto al grupo Clara Prats, experta en biología computacional de la Universidad Politécnica de Cataluña (UPC), Bassat ha realizado cálculos y la conclusión es que sería suficiente con administrar vacunas entre los 12 y los 17 años, el grupo de población que más está sufriendo la ola actual junto a los veinteañeros. Con una buena cobertura de los adultos y una cobertura "moderada" de los adolescentes debería ser suficiente, al menos, con el escenario actual. "Si aparece una variante aún más transmisible, ya sería otra historia", advierte.

"En un contexto de pandemia, cuanto más vacunes, mejor", señala Amós García Rojas, presidente de la Asociación Española de Vacunología (AEV). Sin embargo, considera que lo importante es actuar en las edades que más contribuyen a mantener la circulación del virus. Desde ese punto de vista, los adolescentes deben estar incluidos por su contribución a los datos de incidencia acumulada. En cambio, "el papel de los niños como transmisores no parece muy relevante".

Un factor importante es que los niños tienen una capacidad de transmisión menor, al menos esa es la idea que se ha ido consolidando durante la pandemia, reforzada por el éxito de haber mantenido abiertas las escuelas españolas sin que surgieran brotes importantes. Los cálculos del R0 (número reproductivo, que indica a cuántas personas contagia cada enfermo) del pediatra del ISGlobal para diferentes grupos en edad escolar indican claramente que "cuanto más pequeño es un niño, menos transmite; y cuanto más mayor, más se parece al adulto". No obstante, hay que tener en cuenta el contexto de las medidas de prevención, que habrán influido mucho en los datos: "Creo que, en efecto, los niños contagian peor que los adultos, pero en condiciones naturales no sé si se notaría mucho", reconoce.

"Los colegios son relativamente seguros, pero todo depende del nivel de transmisión comunitaria que haya en cada momento", apunta Ángel Hernández Merino, miembro del Comité Asesor de Vacunas de la Asociación Española de Pediatría (AEP). Por eso, la evolución de la pandemia puede ser decisiva para tomar la decisión de vacunar o no a la población infantil cuando llegue el momento. En todo caso, los beneficios de vacunar a los niños son "inciertos", de manera que cuando la vacuna esté disponible habría que valorar un conjunto de datos muy heterogéneo.

El balance entre riesgos y beneficios

En ese sentido, el eje del debate es el balance entre riesgos y beneficios para la propia población infantil, un asunto mucho más interesante para los padres, pero mucho más complejo de dilucidar para los expertos. "El covid grave en niños es rarísimo, no es imposible porque ha habido algunos ingresos, pero se sale totalmente de lo habitual", recuerda García Rojas. Por eso hay que preguntarse hasta qué punto compensa la vacunación.

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Foto: EFE

El último informe del Instituto de Salud Carlos III (con fecha de este miércoles, 21 de julio de 2021, recoge los datos por edad desde el 20 de junio de 2020) contabiliza 121.629 casos diagnosticados en menores de cinco años, de los que 1.532 fueron hospitalizados (1,3%). De ellos, solo llegaron a la UCI 55 y se produjeron cuatro fallecimientos. Entre los cinco y los nueve años hay 163.078 diagnósticos, con 592 hospitalizaciones (0,4%), 45 ingresos en UCI y 5 defunciones. De 10 a 19 años, son 520.431 casos, de los que llegaron al hospital 2.658 (0,5%) y 150 a la UCI, con 13 muertes. Probablemente, los porcentajes de ingresos sean aún inferiores, porque muchos de los contagios en estas edades ni siquiera provocan síntomas y no se detectan.

En niños, se ha descrito el síndrome inflamatorio multisistémico pediátrico como efecto del SARS-CoV-2, caracterizado por la inflamación, los dolores y la fiebre. "Son casos raros, pero existen y son potencialmente graves", apunta Hernández Merino. A esto hay que añadir el peligro del covid persistente, que "no sabemos muy bien ni qué es ni qué supone, aunque hay datos para sospechar que el impacto en la salud global de los niños pudiera ser importante y de largo alcance". Estas secuelas, que van incluyen la fatiga o la tos que se mantiene durante meses, también son mucho menos frecuentes entre los menores, pero evitarlas sería "otro de los beneficios de vacunar", señala Bassat.

Sin embargo, también hay que tener en cuenta los posibles efectos secundarios de las vacunas. En adolescentes, se han producido casos raros de miocarditis y pericarditis, especialmente en EEUU, que ya ha vacunado a muchos mayores de 12 años. Se trata de una inflamación del músculo cardiaco o del tejido que lo rodea (pericardio), pero "son casos leves que se recuperan de forma espontánea o con un tratamiento sintomático en pocos días", comenta el experto de la AEP. Además, "sabemos que la miocarditis y la pericarditis son problemas típicos de la infancia y la adolescencia ya antes de la pandemia y que la infección por coronavirus incrementó la frecuencia de complicaciones cardiacas en estos grupos de edad". Así que "las complicaciones cardiacas que provoca la infección por SARS-CoV-2 son mayores que las que hemos visto con la vacunación" en los adolescentes. ¿Será igual en los niños?

Ensayos clínicos

Pfizer ya está realizando ensayos clínicos entre los seis meses y los 11 años. En concreto, está previsto que participen 4.600 niños de Estados Unidos, Finlandia, Polonia y España, de los que 560 serían españoles, con la colaboración de varios hospitales a la hora de reclutar participantes. En los estudios se va avanzando progresivamente de mayor a menor edad. A diferencia de los adolescentes, a los que se está vacunando con la misma dosis que para los adultos, 30 microgramos del producto, a los niños se les administran cantidades más pequeñas: 10 microgramos para el tramo de edad de 5 a 11 años y 3 microgramos para los menores de 5, según ha indicado la farmacéutica. Los resultados podrían estar en septiembre, según los expertos, así que no tardaría en pedirse la autorización de la EMA.

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Foto: EFE.

Sin embargo, estos ensayos clínicos no van a ser una referencia decisiva para determinar si es necesario vacunar a los niños pequeños. "Nos van a dar datos de inmunogenicidad, de eficacia y de seguridad a muy corto plazo; mientras que tardaremos en conocer eventos de baja frecuencia o a largo plazo", señala Hernández Merino. Lo que sí habrá son datos indirectos, sobre todo de las vacunas administradas a los jóvenes de 12 a 17 años. "Ya habrá una experiencia acumulada y tendremos mejor dimensionada cuál es la importancia de los casos de miocarditis y pericarditis", opina.

Según Bassat, aunque ninguna vacuna es obligatoria para nadie en España, para el grupo de menores de 12 años, tendrá un carácter aún "más voluntario" en el sentido de que para los adolescentes sí será "altamente recomendada" porque el balance entre riesgo y beneficio, a pesar de las reticencias de los británicos, está mucho más claro. En cualquier caso, "mi sensación es que la vacuna infantil será bien tolerada y que mucha gente querrá que sus hijos estén protegidos", afirma.

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