El viaje inverso de la vacuna que le han puesto o por qué cuesta tanto fabricarlas en España
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60 DÍAS EN PRODUCIR CADA VIAL

El viaje inverso de la vacuna que le han puesto o por qué cuesta tanto fabricarlas en España

Nuestro país es líder en biotecnología, pero dependemos de empresas extranjeras para poder fabricar vacunas contra el covid-19. Así es el arduo proceso que siguieron Rovi o Reig Jofre

placeholder Foto: Instalaciones de la farmacéutica catalana Reig Jofre, que envasa Janssen. (EFE)
Instalaciones de la farmacéutica catalana Reig Jofre, que envasa Janssen. (EFE)

El vial de esa vacuna contra el covid-19 que le pusieron el otro día comenzó su historia hace unos 60 días. En mi caso, la inyección que me pusieron el 29 de junio empezó a gestarse a finales de abril y a miles de kilómetros de Madrid. Seguro que alguna vez ha visualizado las fábricas de vacunas como una cadena de producción por la que van pasando botecitos de cristal vacíos: basta con que un operario le dé al botón para que un motor haga 'brooommmm' y los engranajes comiencen a girar y los viales a salir llenos, rumbo a nuestros brazos.

Pero si hemos escrito este artículo, ya habrá descubierto que el proceso, en realidad, no es tan sencillo, y esta complejidad revela también el papel —fragmentado y tangencial, pese a ser uno de los países más potentes en biotecnología— que ha llegado a tener España en la fabricación de las mismas.

Sabemos qué llevan, pero ¿cómo se hacen?

Pese a las historias que circulan sobre microchips, elementos magnéticos y otras conspiraciones en el suero que nos inoculan, desde un punto de vista técnico, se ha escrito mucho sobre cómo se fabrican y qué contienen las vacunas contra el covid-19. Existen variaciones en función de si te han inyectado Pfizer, Moderna, AstraZeneca o Janssen, pero a modo de resumen: primero se sintetizan pequeños anillos de ADN llamados plásmidos que contienen un gen del coronavirus, este gen es el encargado de transmitir las instrucciones para construir una proteína —y solo una, la S, que es la que se adhiere a los receptores humanos— de las 29 que contiene el SARS-CoV-2 y que esta haga a nuestro cuerpo generar la respuesta inmune.

Estos plásmidos se mantienen congelados a -150ºC hasta que llega el momento de multiplicarlos, ¿cómo? Preparando una especie de sopa, basta un pequeño vial de plásmidos y unas bacterias —se usan porque su material genético es fácil de manipular para introducir la secuencia deseada— dispuestas a multiplicarse hasta el infinito, la temperatura adecuada y, tras unos cuatro días de fermentación, se obtiene material suficiente para varios millones de dosis de la vacuna. A continuación, se purifica ese caldo bacteriano para quedarse solo con los plásmidos y, más tarde, en un proceso llamado linealización, se aplican enzimas que se encargan de recortar esa cadena de ADN para separar el material genético del coronavirus.

placeholder Operadores de laboratorio manipulan el ADN para una vacuna del covid en Bélgica. (Reuters)
Operadores de laboratorio manipulan el ADN para una vacuna del covid en Bélgica. (Reuters)

Sea una vacuna de ARNm o de adenovirus, ambas buscan el objetivo de llegar a este ADN linealizado de coronavirus, que se almacena purificado en botellas congeladas. El penúltimo paso es introducir este material que contiene información genética del SARS-CoV-2 en el cuerpo humano. Para ello, las vacunas de adenovirus como AstraZeneca o Janssen emplean líneas celulares llamadas HEK293 y PER.C6 —ambas son versiones de laboratorio clonadas a partir de células de tejido humano (extraídas de dos únicos fetos, abortados en 1973 y 1985) sintetizadas en la universidad holandesa de Leiden, de ahí las reticencias entre el colectivo católico con este tipo de vacuna—, mientras que Pfizer o Moderna lo que hacen es emplear unos lípidos para recubrir el ARNm y ayudarle a introducirse en las células humanas.

"El proceso que se hace hoy en día para fabricar las vacunas ha ido variando con respecto al que se utilizó para aquellas que se usaron en los ensayos clínicos", explica a El Confidencial Eduardo Ródenas, vicepresidente y director científico de Azierta, consultora científica que ha trabajado con varias de las compañías españolas involucradas en el desarrollo de vacunas contra el covid-19. Hace años, Ródenas trabajaba en la farmacéutica Bristol-Myers Squibb, y tuvo que viajar alrededor del mundo en barcos que cargaban principios activos congelados para medicamentos o vacunas, haciendo escala en distintos caladeros de Europa o Asia en función de los aranceles que tuvieran en cada puerto. Conoce el proceso de primera mano, y por eso a finales del año pasado su teléfono comenzó a sonar.

La oportunidad de España

En noviembre, la Agencia Europea del Medicamento aún no había aprobado ninguna vacuna, pero Reino Unido y Estados Unidos estaban a pocas semanas de dar luz verde al compuesto de Pfizer. A mediados de mes, el entonces ministro Salvador Illa anunció que la Agencia Española del Medicamento había autorizado el primer ensayo clínico fase III de una vacuna contra el covid-19 en nuestro país. En total, nueve hospitales llevarían a cabo un doble-ciego con la Ad26.COV2.S, el nombre que por entonces tenía la candidata a vacuna de Janssen.

Pero, además de comprobar si la vacuna es eficaz y segura, las farmacéuticas tienen que trabajar paralelamente en el aspecto industrial: cómo fabricarla a gran escala. La filial belga de Johnson & Johnson lanzó lo que en el sector se conoce como un 'tender'. Es decir, un aviso a navegantes que puedan estar interesados en entrar en el desarrollo del producto.

placeholder El envasado de los viales es el último paso de un largo proceso que lleva hasta 60 días. (EPA)
El envasado de los viales es el último paso de un largo proceso que lleva hasta 60 días. (EPA)

Hasta llegar a su brazo, esa vacuna ha dado muchos tumbos por el mundo. Si por ejemplo es uno de los 1,5 millones que han recibido la monodosis de Janssen, debe saber que la materia prima de ese vial surgió hace más de ocho semanas en Leiden (Holanda) y fue enviada, por barco o avión, a las plantas que la empresa Catalent tiene en Bloomington, Indiana (Estados Unidos), o la ciudad italiana de Agnani, pero también trabajan con otra compañía, Emergent, que fabrica en Baltimore, Maryland. Aquí se encargan del proceso de escalado en la fabricación que describía antes: entra una botella de plásmidos y salen millones de dosis previas a su embotellamiento en viales.

Para los cinco millones de españoles que han recibido AstraZeneca, el proceso comienza evidentemente en Oxford y a partir de ahí comienza a girar por Europa, pudiendo incluso concluir en Guadalajara, donde la empresa Insud Pharma tiene una planta industrial que se encarga del llenado de los viales de la AZD1222. En este proceso, que suele suceder semanas más tarde del cocinado de la vacuna en otras partes del mundo por razones logísticas, es precisamente donde entra en juego España. Las farmacéuticas Reig Jofre y Rovi lograron firmar acuerdos con Janssen y Moderna para, respectivamente, la descongelación de esa materia prima, la elaboración de la formulación y el envasado de viales con la vacuna en sus fábricas de Barcelona y, en el caso de Rovi, la fabricación de ese principio activo capaz de generar millones de dosis a partir de un solo vial, en este caso desde Granada.

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Foto: EFE.

De las cuatro vacunas aprobadas, solo la de Pfizer no tiene actualmente participación industrial de empresas españolas: casi todo se procesa entre Estados Unidos, Bélgica y Alemania. Fuentes de la industria señalan a El Confidencial que actualmente se trabaja también en preparar el terreno para permitir el envasado en nuestro país de la vacuna rusa Sputnik V, si esta recibiera finalmente de la EMA la autorización condicional para su comercialización.

¿Por qué solo hacemos parte del proceso?

Hasta que llegó la pandemia, los únicos laboratorios en España que podían trabajar con virus humanos eran prácticamente los del CSIC (principalmente, el Centro Nacional de Biotecnología) y otros organismos como el Centro de Investigación en Sanidad Animal o el Laboratorio Central de Veterinaria de Algete. En todos los casos, el objetivo o alcance de estos laboratorios está en la investigación básica. Esto ha sucedido, en parte, porque las grandes farmacéuticas han desplazado sus centros de producción de vacunas a aquellos países que más las necesitan y utilizan actualmente. En otras palabras, a la India.

Antes de la pandemia, el Serum Institute indio al que AstraZeneca cedió su patente de la vacuna contra el covid-19 —esta versión 'low cost' se bautizó como Covishield para distinguirla de la AZD1222— era responsable de producir más de la mitad de las vacunas que los niños del mundo se ponen para protegerse de la difteria, el tétanos, la tos ferina, la hepatitis B, el sarampión, las paperas o la rubeola.

Foto: Una joven recibe la vacuna contra el coronavirus en San Sebastián. (EFE)

"España solía fabricar muchas en su momento, por ejemplo, Sanofi las producía aquí", recuerda Ródenas, "pero la coyuntura cambió e hizo que España se volcara sobre todo a la veterinaria", tanto en investigación como en producción. Cuando las grandes farmacéuticas preguntaron quién estaría dispuesto a involucrarse en la fabricación de vacunas contra el covid-19, nuestro país tenía ventajas logísticas como su ubicación a medio camino entre África, Asia y las Américas o la capacidad de puertos como el de Algeciras o Barcelona. Pero, 'a priori', no tenía ningún sitio donde comenzar a envasar viales de una vacuna humana.

En una decisión que hoy ha resultado sin duda acertada, Reig Jofre comenzó en 2018 a acometer la construcción de una planta de inyectables de última generación. Aunque nadie estaba pensando entonces en una pandemia, para cuando terminaron la planta en 2020 esta solo requería de unos cuantos ajustes para adaptarla a la producción de los viales de Janssen, y además a tiro de piedra del puerto de Barcelona o del Prat. El equipo de Ródenas en Azierta se encargó precisamente de auditar los protocolos, instalaciones y necesidades de la planta para poder trabajar con seguridad un material tan sensible, se realizó una inversión y, entre medias, toda aquella documentación se fue intercambiando entre la empresa española, la belga y las autoridades nacionales y europeas hasta lograr cuadrarlo todo.

placeholder Pedro Sánchez acudió a visitar las instalaciones de la farmacéutica Hipra. (EFE)
Pedro Sánchez acudió a visitar las instalaciones de la farmacéutica Hipra. (EFE)

Todo esto explica que, mientras durante meses se hablaba de los grupos de investigación liderados por Luis Enjuanes o Mariano Esteban, la primera vacuna española contra el covid-19 tiene todas las papeletas de ser producida por Hipra, una empresa gerundense centrada hasta ahora en vacunas para coronavirus en rumiantes y que ha sido capaz de ajustar los requisitos necesarios en su maquinaria, regulación y protocolos para comenzar a producir su propia vacuna. Esta semana, han comenzado a buscar voluntarios, de entre 18 y 39 años, para su fase clínica. ¿Por qué de esa edad? Porque, afortunadamente, ya es muy difícil encontrar voluntarios no vacunados de más de 40 años. En general, la población susceptible de hacer de voluntario para una vacuna contra el covid-19 es cada vez más reducida, dado que más de la mitad de los españoles o han pasado la enfermedad o han sido vacunados.

Lo cual nos lleva a concluir con una pregunta tan incómoda como ineludible. ¿En qué voluntarios se probarán las vacunas del CSIC una vez lleguen a la fase clínica para ver si funcionan?

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