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Soy un loco del bricolaje y esto es todo lo que he aprendido con una impresora 3D en casa
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Soy un loco del bricolaje y esto es todo lo que he aprendido con una impresora 3D en casa

¿Qué puedes esperar sobre las impresoras 3D? A continuación hacemos un repaso a todo lo que necesitas saber antes de empezar (o para que no lo hagas)

Foto: Carlos Zahumenszky
Carlos Zahumenszky
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Durante la pandemia hubo gente a la que le dio por hacer pan artesano en su casa. A mi me dio por la impresión 3D. Cuatro años después puedo decir aquello de que la impresión 3D cambió mi vida. No es una manera de hablar. La impresión 3D no es solo mi actual y omnipresente hobbie para consternación de mi pareja. Además me dedico a ella profesionalmente, De hecho, es la pieza que me faltó durante años en muchos proyectos y no sabía que necesitaba. Hoy la uso básicamente para todo: imprimir figuras de Warhammer 40000, piezas para la bicicleta, herramientas, organizadores, complementos para muebles de Ikea. Si se puede imaginar, se puede imprimir.

Mi amor por estas máquinas que fabrican objetos es ilimitado, pero este no es un artículo pensado para calentarte la cabeza y convencerte de que compres una impresora 3D, sino para repasar también las cruces y peros de esta tecnología, que no son pocos.

Antes de entrar en harina, una pregunta simple: ¿te gusta el bricolaje? Si la respuesta es no, una impresora 3D no será para ti mucho más atractiva o útil de lo que puede ser una sierra de calar o un soldador de estaño. Solo que encima la impresora es mucho más grande y más difícil de ocultar en un cajón cuando te averguences de haberla comprado y ya no quieras usarla más. Si no eres un fan de los trabajos manuales solo hay otro caso que amerite la compra de una impresora 3D, y es que la quieras para imprimir algo muy concreto relacionado con otros hobbies. Las figuritas que se usan en ciertos juegos de mesa son un buen ejemplo. Si llevas tiempo pensando en imprimir tus propios maceteros, diseñas trajes de cosplay en tus ratos libres, montas detallados dioramas de la Segunda Guerra Mundial, o te apasiona modificar muebles, la impresión 3D puede ser un complemento que lleve tu afición a nuevas cuotas.

Dónde conseguir archivos para imprimir

Las impresoras 3D se alimentan de archivos en un formato llamado estéreolitografía o STL. En Internet hay multitud de repositorios online para descargar estos arhivos. Algunos modelos son gratuitos. Otros, más complejos, son de pago. Te recomiendo darte un paseo por Thinginverse, MyMiniFactory o Cults3D para hacerte una idea. Hasta la NASA tiene archivos STL en su página web.

El problema, por supuesto, es que dependes de lo que haga la comunidad. Si descargas un archivo y quieres modificarlo de alguna manera más compleja que hacerlo más grande o más pequeño vas a tener que aprender algo de software de edición 3D. En Internet hay aplicaciones de diseño 3D gratuitas con las que pueden hacerse maravillas. Tinkercad, por ejemplo, es ideal para novatos y tiene decenas de tutoriales con los que iniciarse. Meshmixer, también de Autodesk, es muy útil para cortar y ensamblar modelos grandes. SketchUp, Alibre o FreeCad también son buenas opciones.

Si quieres entrar en serio en el diseño 3D, mis recomendaciones son Fusion360 o Blender. La primera es de pago, pero puedes abrir una cuenta educativa gratuita renovable anualmente. Blender es de código abierto y completamente gratuita. Otra opción muy buena para escultura digital que se pueden probar de manera gratuita es ZBrush.

Procesar los archivos

Las impresoras 3D no procesan directamente los archivos en formato STL. Antes hay que convertir el fichero a un formato que la impresora sea capaz de interpretar (y cada marca suele operar con formatos diferentes). Para esta tarea se usan unos programas llamados slicers. El nombre se lo deben a que literalmente rebanan los archivos 3D en capas muy finas para que la impresora vaya imprimiendo esas capas una sobre otra.

Los slicers son cruciales porque no solo nos permiten exportar el STL al formato adecuado seleccionando nuestra impresora de una lista. Además nos permiten procesar el archivo seleccionando la resolución de salida, el ángulo en el que la pieza va a reposar sobre la cama (la bandeja de la impresora), y el tipo de sistema de adherencia que queremos darle. Hay piezas con una amplia base que no necesitan nada para adherirse a la cama, pero otras más finas e irregulares precisan de plataformas que las ayuden a mantenerse en su sitio mientras se imprimen.

placeholder Un modelo 3D tal y como luce sin y con soportes en el slicer Cura.
Un modelo 3D tal y como luce sin y con soportes en el slicer Cura.

Los slicers también son el software que nos permite añadir soporte. Las impresoras 3D no pueden imprimir en el aire. Necesitan que exista una base sobre la que depositar el material. Imaginemos, por ejemplo, una estatuilla de Super Mario con el brazo apuntando al frente en actitud belicosa. Ese brazo necesita que haya columnas debajo sobre las que ir depositando las capas que lo forman. Los slicers generan esas columnas de manera automática y permiten editar los parámetros de esos soportes manualmente.

Existen slicers específicos para filamento y para resina. En filamento mis favoritos son Ultimaker Cura y PrusaSlicer, ambos gratuitos. Para procesar impresiones en resina los mejores en mi experiencia son Chitubox y Lychee Slicer. Ambos son de pago, pero tienen versiones gratuitas suficientes para la mayor parte de usuarios.

Filamento o resina

Llevamos un buen rato hablando de filamento y de resina y probablemente te estés preguntando las diferencias. A día de hoy hay dos grandes tecnologías de impresión 3D en lo que al mercado doméstico se refiere: filamento (llamado a veces FDM), y resina. La primera tienen un cabezal que calienta un hilo de plástico y lo va distribuyendo en capas superpuestas para formar una figura tridimensional. Imagina una manga pastelera haciendo dibujos con un finísimo hilo de chocolate fundido, y tendrás la analogía básica de cómo funcionan estas máquinas.

Las impresoras de resina utilizan un líquido denso que se endurece al entrar en contacto con la luz ultravioleta. Una bandeja metálica va moviéndose arriba y abajo y sumergiéndose en un tanque lleno de este fluido. En el fondo del tanque, una pantalla LED ultravioleta se ilumina con la forma de cada capa. En lugar de apilar las capas una sobre otra, como en las impresoras de filamento, en las impresoras de resina cada capa se pega a la inmediatamante superior. El modelo final va formándose boca abajo, colgado de la bandeja.

placeholder Aspecto de una pieza de resina recién impresa.
Aspecto de una pieza de resina recién impresa.

Sin entrar en detalles excesivamente técnicos, la principal diferencia entre ambas es de resolución. Las impresoras de resina tienen una resolución muy superior a las de filamento, lo que las hace ideales para imprimir objetos con muchos detalles que requieren altísima calidad, como en el caso de pequeñas esculturas o figuras. En el lado negativo, la resina es más cara que el filamento y es levemente tóxica e irritante. No es conveniente inhalar sus vapores cuando la máquina está en funcionamiento, ni permitir que la resina entre en contacto con la piel de manera prolongada.

Para rematar, la resina requiere de mucha más pre y postproducción. Al terminar una pieza hay que lavarla con agua o alcohol (dependiendo del tipo de resina que usemos), y dejarla curar del todo poniéndola al sol. Hay máquinas que se encargan de estas tareas, pero hay que comprarlas aparte. En general es un proceso mucho más engorroso que la impresión por filamento. La preparación de las piezas para su impresión en el slicer también es mucho más compleja en resina que en filamento.

Con esto no quiero ni mucho menos disuadir a nadie de comprar impresoras de resina. La calidad con la que imprimen estas máquinas es muy superior a las de filamento. De hecho son la única alternativa viable para muchos trabajos de impresión que requieren detalle. Sencillamente tienen sus inconvenientes y es bueno conocerlos para no acabar frustrado y con ganas de poner en Wallapop la impresora recién comprada porque no logramos sacar una sola pieza bien.

La pared de aprendizaje

El principal problema de la impresión 3D es la curva de aprendizaje, que en este caso más que una curva es una pared que viene hacie nosotros a gran velocidad. Algunos fabricantes venden la idea de que una impresora 3D es un dispositivo fácil de usar. Es una verdad muy parcial por no decir una mentira como un templo. Es cierto que las impresoras 3D en sí no tienen muchas funciones que aprender. El problema es la ingente cantidad de datos técnicos adicionales con los que hay que estar familiarizado, así como un amplísimo período de prueba-error que crece cuántas más impresoras tengamos.

Para empezar está la cuestión de los materiales. No todos los filamentos imprimen igual. El PLA trabaja a diferentes temperaturas que el ABS o el PTEG, y cada uno suele tener diferentes coeficientes de adherencia y reglas diferentes en lo que concierne a cosas como crear soportes para la pieza o definir la velocidad de impresión. Lo mismo ocurre con la resina, con el agravante de que cada marca de resina suele usar valores de impresión diferentes.

placeholder La Kobra Max de Anycubic es una de las impresoras más estables en gran formato.
La Kobra Max de Anycubic es una de las impresoras más estables en gran formato.

En mis cuatro años manejando una docena de impresoras diferentes he visto de todo. Desde piezas que fallaban porque había una corriente de aire cerca de la impresora, a rollos de filamento que se rompen porque hay demasiada humedad en el ambiente. He visto piezas de resina desprenderse de la base porque la exposición se quedaba corta un solo segundo en las capas iniciales o la resina que puse en la máquina estaba demasiado fría. He visto soportes que fallan porque hemos elegido el diámetro de pilar equivocado, y piezas que acaban llenas de líneas donde no debería haberlas porque se imprimieron en un ángulo que no era el idóneo. Hasta he visto piezas supuestamente rectas imprimirse curvadas debido a la resistencia que ejerce la resina líquida cuando la bandeja sube desde el tanque.

Nada de esto está escrito en ningún manual sencillamente porque no es aplicable de manera universal. Son problemas específicos que requieren de ajustes específicos. Cada trabajo de impresión es diferente, y el resultado final depende del modelo de impresora que estemos usando, del tipo de material, de la marca de filamento o resina, de como procesemos el archivo, y hasta de las condiciones ambientales de la habitación. Un usuario de Internet puede imprimir con éxito con unos determinados ajustes, y esa misma configuración puede fallarnos usando la misma impresora y el mismo tipo de material.

Al pasar un archivo por el software de slicer hay que tomar decisiones como la resolución a la que queremos imprimir. Cuánto más elevada, más tarda la pieza en completarse. Las piezas realmente grandes pueden tardar horas y hasta días. ¿Se puede ajustar la velocidad? Sí, pero hasta cierto punto si no queremos que haya errores de otra índole. Finalmente es bueno tener en cuenta que las impresoras 3D domésticas y asequibles no imprimen a todo color. Normalmente lo hacen en un solo tono, y hasta el coleccionista más acérrimo puede acabar cansándose de tener decenas de figuritas de plástico sin pintar.

placeholder Foto: Carlos Zahumenszky.
Foto: Carlos Zahumenszky.

¿Todavía estás ahí? Entonces realmente corre plástico y resina por tus venas y puedes llegar a disfrutar del extraño y fascinante mundo de la impresión 3D. A continuación te ofrecemos un puñado de modelos ideales para iniciarse en este absorbente hobbie. Por cierto, ¿te he hablado ya de los grabadores láser?

Creality Ender 3 V3 SE
Mi primera impresora fue una Ender 3 original. Desde entonces Creality ha afinado esta máquina mítica en sucesivas generaciones hasta el punto de que son difíciles de diferenciar. La última es la Ender 3 V3, pero mi recomendación es la Ender 3 V3 SE, que es el modelo de 2023. Su volumen de impresión es relativamente pequeño (220 x 220 x 250mm), pero es fácil de operar, de mantener y razonablemente rápida. Su precio es de 239 euros. Por un poco más (319 euros) está la Ender V3 KE, algo más rápida, con extrusión directa y pantalla táctil. Un par de buenas alternativas en otras marcas son la Anycubic Kobra 2 Pro (379 euros) o la Elegoo Neptune 4 Pro.

Anycubic Kobra Max
Si lo que quieres es imprimir piezas grandes, mi favorita es la Kobra Max de Anycubic. Existe una versión más reciente (la Kobra Max 2) con más velocidad de impresión, pero lo bueno de la Max original es que puedes encontrarla algo más barata (599 euros).

Elegoo Saturn 3
Probablemente la mejor impresora de resina en pequeño formato con el permiso de la Creality Halot Mage Pro (519 euros) y la Anycubic Photon Mono M5 S (449 euros). Su volumen de impresión es de 218,88 x 122,88 x 250mm, y cuesta 449 euros.

Anycubic Wash & Cure 3 Plus
Si optas por una impresora de resina terminarás necesitando una estación de lavado y curado de piezas. La mejor ahora mismo es la Wash & Cure 3 Plus de Anycubic, que cuenta con un volumen de 12 litros y dos capas de curado. Cuesta 189 euros.

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Durante la pandemia hubo gente a la que le dio por hacer pan artesano en su casa. A mi me dio por la impresión 3D. Cuatro años después puedo decir aquello de que la impresión 3D cambió mi vida. No es una manera de hablar. La impresión 3D no es solo mi actual y omnipresente hobbie para consternación de mi pareja. Además me dedico a ella profesionalmente, De hecho, es la pieza que me faltó durante años en muchos proyectos y no sabía que necesitaba. Hoy la uso básicamente para todo: imprimir figuras de Warhammer 40000, piezas para la bicicleta, herramientas, organizadores, complementos para muebles de Ikea. Si se puede imaginar, se puede imprimir.

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