Internet a pedales en 2021: condenados al ADSL por vivir en el casco histórico de la ciudad
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NO, NO ES LA ESPAÑA VACÍA

Internet a pedales en 2021: condenados al ADSL por vivir en el casco histórico de la ciudad

Las normas de patrimonio y la antigüedad de las viviendas dificultan y encarecen la llegada de la fibra óptica al corazón de muchas ciudades españolas como Burgos, San Sebastián, Granada...

placeholder Foto: Muchas ciudades españolas aún no tienen fibra en el centro de la ciudad. (EC)
Muchas ciudades españolas aún no tienen fibra en el centro de la ciudad. (EC)

El pasado mes de octubre, el diputado de Ciudadanos David Muñoz Zapata dio positivo por covid-19. Tuvo que aislarse en casa. Pero no fue la pandemia la que le impidió seguir con la actividad parlamentaria en las Cortes de Castilla-La Mancha. Cuando participaba de forma remota en una de las comisiones, su conexión fallaba una y otra vez. Para evitar los continuos cortes en su intervención propuso apagar la cámara, pero el reglamento obligaba a realizarlas tanto con el audio como con el vídeo activado. La sesión se tuvo que dar por finalizada abruptamente. "En el mejor momento, me llegaban 4 mbps a casa", recuerda. "Solo podía tener un dispositivo conectado para ocio o para trabajo. Si encendía el ordenador tenía que poner el móvil en modo avión".

Foto:  Montaje: EC.

Cualquiera puede pensar que Muñoz Zapata estaba sufriendo una sobrecarga puntual de la red o que vive en un pueblo perdido de la llamada 'España vacía'. Pero nada de eso. Reside en el casco antiguo de Toledo. Por eso mismo, por vivir en el cogollo central de la capital castellanomanchega, tenía que resignarse a vivir con ADSL. Nada de fibra óptica durante muchísimo tiempo. Todo porque las normas para proteger el patrimonio de esa zona imposibilitaban el despliegue de la fibra óptica o, en el mejor de los casos, multiplica el coste de hacerlo exponencialmente. Tras años de quejas y movilizaciones vecinales, el ayuntamiento logró un acuerdo en 2019 con Telefónica para acometer estas obras con una inversión. La propia alcaldesa, Milagros Tolón, habló entonces de un pacto que llegaba tras unas "negociaciones difíciles" con la mayor operadora patria por la particularidad y todos los pormenores que implicaba el proyecto, cofinanciado entre los diversos ente públicos y la teleco, que ha puesto un millón para llevar internet a 3.600 viviendas y casi 900 negocios en ese parte del municipio.

placeholder Vista de un router. (Foto: iStock)
Vista de un router. (Foto: iStock)

Muñoz Zapata, tras pasar toda una pandemia con un internet a pedales, pudo contratar banda ancha el pasado 11 de junio. "Han tardado 6 meses desde que empezaron. Pero todavía quedan muchísimas calles a mi alrededor que no tienen conexión", argumenta el diputado regional, quien cree que esta situación no ayuda a atraer al centro de la ciudad población joven, que necesita de "buenas conexiones". La situación, según su punto de vista, dificulta que estas zonas se revitalicen y sean algo más que meros "parques de atracciones para turistas".

Su caso no es ni mucho menos único. Ni en Toledo ni en el resto de España. A día de hoy este problema lo sufren miles de residentes en ciudades como Zamora, Burgos, Granada, Cuenca, Santiago de Compostela o Badalona, por citar algunas. Prácticamente lo sufren todas aquellas que tienen un reglamento para proteger diversas zonas por su valor arquitectónico, patrimonial o arqueológico.

En la Parte Vieja de San Sebastián se decidió hace 5 años jubilar el ADSL y no ha sido posible aún

El culebrón que se vive en San Sebastián es un buena forma de aproximarse y entender estos problemas. Hace cinco años, Telefónica decidió echar la persiana de la central de San Marcial en octubre de 2021. Ese es el punto del que parten los cables de cobre que dan soporte a más de 4.000 viviendas de la zona y a cientos de comercios y locales. Los planes pasaban por aprovechar ese tiempo para conseguir que todas esas calles tuvieran cobertura FTTH (acrónimo de 'fibra hasta la casa'). Pero la situación sigue exactamente igual. No se ha movido un centímetro.

"Todo este problema viene porque en 2019 toda la Parte Vieja de San Sebastián se declara conjunto monumental y Telefónica nos comunica el cierre definitivo", explica Txuri Aranburu, la técnico del consistorio vasco que está coordinando. Al recibir esta condición, la normativa obliga a minimizar hasta el extremo el uso de elementos "visualmente contaminantes" en los edificios de la zona.

placeholder Las normas de patrimonio prohíben este tipo de instalaciones en las fachadas. (Foto: ElOtroLado)
Las normas de patrimonio prohíben este tipo de instalaciones en las fachadas. (Foto: ElOtroLado)

Eso incluye cosas como toldos, cartelería o señalética. Pero también el tendido aéreo o el cableado al que muchas veces se recurre para llevar esta tecnología a diferentes edificios y barrios cuando no existe otra alternativa. "Si hubiésemos podido utilizar la fachada no habría ningún problema y estaría todo listo". Aramburu explica que ahora mismo el debate se centra en decidir si se opta por una obra civil que permita llevar fibra a todos los portales desde la zanja ya existente para el ADSL o utilizan una solución para tirar un único cable por el exterior de las viviendas.

Reconoce que en un primer momento, en 2019, empezaron a mover con relativa calma el proyecto, ya que no esperaban encontrar estas dificultades. "Ahora somos mucho más conscientes de lo necesario que es tener una buena conexión en casa. La gente que ha tenido que estudiar o teletrabajar durante el confinamiento lo ha hecho en unas condiciones realmente complicadas".

La total ausencia de avances ha hecho que Telefónica, incluso, haya tenido que pedir a la CNMC que congele el cierre de San Marcial para evitar dejar sin conexión al barrio. Dicho organismo ha accedido por motivos obvios, dando un balón de oxígeno ya que la instalación se podrá mantener activa hasta que se haya encontrado "una solución". Desde la compañía explican que están trabajando en el proyecto, reanudado a petición del ayuntamiento tras un parón. Insisten en que entienden que hay que obrar con especial sensibilidad dadas las características de los edificios de la zona, pero que la imposibilidad de utilizar "postes o tendidos aéreos" es algo que demora estos procedimientos.

Hasta ocho veces más caro

La cuestión de fondo es la misma en una ciudad como San Sebastián que en un pueblo del Pirineo oscense: ¿quién paga la cuenta? Las compañías de telecomunicaciones, empresas privadas que no dejan de hacer negocio con un derecho como el acceso a internet, no quieren sufragar muchas veces estas instalaciones porque simplemente no les salen las cuentas. Algo que acaba derivando en muchos casos en un tira y afloja entre administraciones locales y operadoras.

Uno de estos pulsos es el que ha retrasado, por ejemplo, la llegada de la fibra óptica al centro de Burgos. La corporación municipal exigió a Telefónica que las canalizaciones fueran subterráneas para dar su bendición. Una vez la empresa aceptó, se les pidió también que en esas zanjas hubiese espacio para otro tipo de cableados, algo que hubiese disparado la inversión. Finalmente han recibido luz verde sin hacer esta modificación, tras años de quejas vecinales. Ahora deben solicitar los permisos calle a calle y esperan terminar las obras a finales de año.

En ciudad o pueblo el debate es el mismo: ¿quién paga la fibra si no sale rentable?

"En estas zonas históricas cada casa es diferente. La gran mayoría, al ser antiguas, no tienen ni cuarto de comunicaciones", explica Claudia Fuentes Rueda, gerente y propietaria de TM Digital, un pequeño operador que actúa en Granada y alrededores. Allí en zonas del centro y del Albaicín llevan demandando esta conectividad años sin que se les haya dado una solución. "Es la pescadilla que se muerde la cola. Son edificios considerados bien de interés cultural, entonces hay que olvidarse de tirar cable por fuera. El problema es que hacerlo por arquetas puede ser muy costoso", añade.

Fuentes Rueda calcula que acometer este tipo de obras tan específicas puede elevar el presupuesto fácilmente hasta ocho veces. "Si es en cuesta más", remata. Una cifra así escapa de las posibilidades de una empresa familiar como la suya y, a su modo de ver, disuade "a los grandes" porque "son casas pequeñas, con poca densidad de vecinos". "Además en una ciudad como Granada, depende de la calle que levantes te puedes encontrar rápidamente con restos históricos, algo que te obliga a paralizar la obra. Eso hace que se avance de forma lentísima", remata.

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Foto: Reuters.

Santiago de Compostela es otra de las ciudades que está consiguiendo, tras muchos años, llevar este tipo de conexión a su zona histórica. No hay que olvidar que la capital gallega ostenta la condición de Patrimonio de la Humanidad, lo que supone poner el listón de protección todavía más alto. "Aquí está protegido hasta el suelo", comenta Óscar Aragón, responsable institucional de la zona norte de Orange, la operadora que fue seleccionada por el patronato de la ciudad para acometer el proyecto. Actualmente ya han conseguido dar servicio a 2000 viviendas (aproximadamente el 60%) y pretenden llegar a las 1500 restantes dentro de poco.

Diferentes soluciones

"Había que hacer un plan específico casi manzana a manzana. Aquí te encuentras una casa del siglo XX que igual no tiene un nivel de protección tan alto pero al lado una del siglo XIX y una calle más arriba un edificio del siglo XVII. Hemos tenido que ir a cada comunidad, una por una, acompañados de los arquitectos municipales por la singularidad de cada caso", explica. Asegura que hay que ir con "un cuidado extremo" para que el impacto sea mínimo. "Hay que pensar que lo que en otro lugar haríamos igual en un mes o mes y medio aquí se va a medio año fácilmente. Eso, junto a las soluciones específicas que se utilizan, obviamente dispara el precio de la instalación".

placeholder Vista del casco histórico de Santiago. (Foto: Wikimedia)
Vista del casco histórico de Santiago. (Foto: Wikimedia)

En la capital gallega se han utilizado un abanico de soluciones variado y combinado para poder tirar el cable por toda su zona histórica. Se ha reutilizado la canalización por la que discurría el cable de cobre y los servicios municipales se han encargado de gestionar las instalaciones soterradas para evitar los cruces aéreos. "Hemos intentado mimetizar la infraestructura al máximo con el entorno. Hemos utilizado cables del mismo color que la piedra, los hemos escondido debajo de los tejados o hemos instalado canaletas que no desentonen. En lo que se refiere a las cajas de conexiones, hemos utilizado unas especialmente pequeñas que nunca se habían instalado en España", cuenta el directivo sobre unos movimientos que han supuesto una inversión de 2,4 millones de euros.

"Aquí, si pagabas con tarjeta, los dueños de las tiendas se tenían que salir a la calle porque en el interior no le funcionaba la cobertura", relata Aragón. Muchos bares en esa zona, incluso, tuvieron que recurrir a conexiones por satélite para poder poner el fútbol, un poderoso argumento para atraer a los parroquianos. "Es necesario para dinamizar estas zonas, que no se gentrifiquen y que queden como un sitio de turistas".

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