Rafael Nájera: "El epidemiólogo no puede estar tras la pantalla de un ordenador"
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EL COVID-19 ES SU TERCERA PANDEMIA

Rafael Nájera: "El epidemiólogo no puede estar tras la pantalla de un ordenador"

El virólogo es un testigo de excepción: fue rastreador durante la epidemia de polio, conoció el VIH siendo director del Centro Nacional de Microbiología y ahora se ha enfrentado al covid-19

Foto: El virólogo Rafael Nájera, en su jardín. (Á. G.)
El virólogo Rafael Nájera, en su jardín. (Á. G.)

En marzo de 2020, el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 salió de su confinamiento oriental para extenderse primero por Europa e inmediatamente después dar el salto al continente americano y al resto de regiones del mundo. Desde entonces, llevamos la palabra covid-19 pegada en la frente. Todo lo que nos rodea está condicionado por el maldito acrónimo de ‘coronavirus disease’ y parece que nunca ha sucedido nada igual.

Pero no hace tanto tiempo, otro virus campaba a sus anchas infectando a millones de personas y dejando un rastro mortal imborrable. Era el virus de la inmunodefeciencia humana (VIH), causante de la pandemia del sida, que comenzó oficialmente en junio de 1981. Hasta ahora, el SARS-CoV-2 ha infectado a cerca de 43 millones de personas en todo el mundo, de los que más de un millón han fallecido. Todo un récord para un patógeno de cuya existencia no hace ni un año que se supo. El VIH, en 39 años, ha contagiado a unos 77 millones de individuos (que pueden llegar a 100 millones, apuntan las estimaciones) y más de 32 millones han muerto por enfermedades relacionadas con el sida.

Nájera, durante la entrevista con El Confidencial. (Fran Sánchez Becerril)
Nájera, durante la entrevista con El Confidencial. (Fran Sánchez Becerril)

Es inevitable establecer conexiones entre los dos virus, y quien mejor puede hacerlo es alguien que ha vivido en primera línea el nacimiento y la progresión de las dos pandemias más recientes que han cambidado el mundo. El virólogo Rafael Nájera Morrondo es un testigo de excepción: conoció el VIH siendo director del Centro Nacional de Microbiología, y en 1987 la OMS le nombró coordinador de un grupo de trabajo internacional para estudiar los virus relacionados con el sida. En 2020, con 82 años, contrajo covid-19; sufrió un “gran cansancio” durante unos días y superó la enfermedad, la misma que le dejó viudo de Margarita Vázquez de Parga.

PREGUNTA. Fue testigo de la irrupción del VIH y de la desaparición de la polio en España. Cuando se conoció la existencia del SARS-CoV-2, ¿pensó que iba a tener la magnitud que ha alcanzado?

RESPUESTA. Al principio no. Por supuesto. Entre lo desconocido, no se puede especular con cierto criterio, pero a medida que se fue complicando el conocimiento, que no se llegaban a entender bien la enfermedad, ni los síntomas ni la patogenia, sí que hubo un momento de incomprensión y por tanto de alarma. Ante lo desconocido, el hombre siempre ha respondido con ideas esotéricas que no han conducido más que a complicar las cosas.

P. ¿Sucedió lo mismo cuando apareció el VIH?

R. Aquello fue distinto, fue terrible, porque las personas afectadas morían de una forma horrorosa, la variedad de síntomas era tremenda y con una discriminación social intolerable. Aquello ha contribuido a la revolución social del movimiento gay, de reconocimiento de la sexualidad distinta, pero con unos problemas sociales brutales que no se han dado en esta pandemia.

Foto: Fernando Simón. (EFE)

P. Pero ha provocado una crisis económica que también revolucionará la sociedad…

R. Por supuesto, es otro tipo de afectación. El impacto económico de este caso es tremendo y ya se ha dicho que traerá el mayor aumento de la deuda en la historia de España. Este factor tendrá implicaciones en la salud, porque va a condicionar que los servicios sanitarios se vean afectados por las dificultades presupuestarias.

P. En los años más duros de la pandemia de VIH, siempre se esperaba la ansiada vacuna, que nunca ha llegado. ¿Esto también puede pasar con el SARS-CoV-2?

R. Yo creo que la esperanza ha sido un poco exagerada y prematura. Realmente, la política ha mostrado que la solución rápida era la vacuna, pero esto es cuestionable.

Tenemos el caso del sida, para el que casi 40 años después no hay vacuna, a pesar de que se han hecho numerosos ensayos clínicos llegando incluso a las fases finales de eficacia, y todos demostraron que no servían para nada. Pero no hay que adelantar acontecimientos, porque los indicadores de la vacuna china y de la vacuna rusa, aún con sus dudas, parece que van mejorando. En cambio, sobre los tratamientos que se están administrando, y de los que no pensábamos que pudiera haber dudas, el reciente informe de la OMS apunta que los cuatro medicamentos que se han estado administrando a los enfermos son ineficaces.

Lo que quiero decir es que no hay que ser rotundos en las afirmaciones; tendremos vacunas, aunque habrá que ver si no tenemos problemas cuando se hagan los ensayos clínicos a gran escala y, después, la eficacia que tienen. Pensar que mañana vamos a tener la vacuna y se va a terminar el problema… hay que matizarlo.

Foto: Marc Lipsitch, catedrático de epidemiología en la Universidad de Harvard. (Harvard Crimson)

P. ¿Cree que este coronavirus no es tan ‘listo’ como para escapar de la ‘trampa’ de una vacuna, como sí hace el VIH?

R. No sabemos lo listo que pueda ser, pero hay una parte, la más general como virus respiratorio, en la que sí parece que una vacuna pueda ser eficaz, pero de una eficacia moderada, como la de la gripe. Sin embargo, debemos tener presente que la vacuna de la gripe no sirve para cortar la transmisión del virus, sino para proteger individualmente durante unos pocos meses a la persona vacunada. Ese aspecto sí se va a conseguir con el covid.

Hay otro aspecto más complejo y menos conocido de la patogenia, que son las complicaciones neurológicas, cardiacas, hemáticas... Un montón de cuestiones que no están presentes en otros virus respiratorios. Este tipo de complicaciones y de síntomas sigue siendo una incógnita importante y ya veremos si una potencial vacuna sirve para controlarlas.

P. En el covid, ¿puede suceder como en el sida, que al final sea un cóctel de fármacos el que controle la enfermedad?

R. Está por ver. Lo que vaya a pasar no lo sabemos, porque tampoco hay una línea terapéutica que dé una esperanza cierta, y el fallo de los cuatro fármacos fundamentales lo confirma. Nos encontramos casi más desprotegidos que frente al sida, porque no tenemos unos medicamentos auténticamente eficaces ni tampoco tenemos una vacuna. Estamos avanzando tanto en el conocimiento de los tratamientos como de la vacunas, pero no tenemos aún una forma de dar solución al problema.

Cada enfermedad es peculiar, y en el caso del covid, no sabemos qué significan las complicaciones más raras ni la protección immunitaria después de pasar la enfermedad. Tampoco si el SARS puede persistir en algún órgano. Todo esto es el abecé para interpretar científicamente el mecanismo por el cual se produce la enfermedad y, por lo tanto, la forma de poder atacarla racionalmente.

Los zapatos, según Nájera, son el primer arma del epidemiólogo. (Á. G.)
Los zapatos, según Nájera, son el primer arma del epidemiólogo. (Á. G.)

Desde el trumpismo, que nos ha invadido por la hidroxicloroquina, luego con el remdesivir, todo esto es propaganda política, independientemente de que hubiera una cierta idea de que podían ser de utilidad, pero la amplificación ha sido propaganda política. No podemos mezclar peras con manzanas porque son distintas, la ciencia es la ciencia y avanza junto con la sanidad, y ese es el camino. Lo otro no hace más que obstaculizar, crear falsas esperanzas y crear frustración en la población. Al final, la realidad que tenemos, al igual que en el sida, es que lo auténticamente eficaz son las medidas preventivas. Ahí tenemos que insistir una y mil veces.

P. Hablando de medicina preventiva, usted hacía labores de rastreo cuando iba por las ciudades en las campañas de vacunación de la polio. ¿Comparte el clamor por la falta de rastreadores?

R. Está en prensa diariamente. Hay muchas autonomías donde faltan rastreadores, donde no se ha contratado, la Atención Primaria es un desastre, etc. Si nos ponemos a analizar las actuaciones, quedan en evidencia todos estos factores. Los rastreadores son la epidemiología de suela de zapato; el epidemiólogo no puede estar exclusivamente detrás de la pantalla de un ordenador, el epidemiólogo tiene que estar en la realidad y la realidad es la población, son los pacientes, es moverse allí donde se mueve la epidemia. Si fuimos capaces de eliminar la polio en España fue, en gran medida, con la ayuda de epidemiólogos y de otros sanitarios con los que diseñamos una forma de ir buscando cómo se iban desplazando las poblaciones y analizarlas adecuadamente. Rastrear es una pieza muy importante de salud pública.

Foto: El epidemiólogo Marcel Salathé, profesor en la Escuela Politécnica Federal de Lausana (EPFL). (Reuters)

P. Del pasado se aprende, y se sabe que ha funcionado, es una medida barata y eficaz, ¿por qué no se ha puesto en práctica?

R. Esto sí que es un problema tremendo y que habrá que solucionar. Lo que no se puede es tener 17 sistemas sanitarios, cada uno con unos técnicos con diferente formación. Habría que volver al esquema de la República, que se mantuvo en el franquismo, que era un cuerpo estatal de salud pública, con una formación adecuada y similar. Hay que llegar a un acuerdo, como tienen en Estados Unidos, que aparte de ser un país federal, sin embargo tiene un servicio de epidemiólogos con una formación similar y con capacidad de actuación en todo el país. Aquí, en consenso con las autonomías, habría que constituir un cuerpo de salud publica que contase con el respeto, la consideración y la capacidad de acción en todo el territorio español.

P. En la época del sida, había unas directrices únicas…

R. Totalmente, había unos criterios definidos, aceptados por todos, y con eso nos movíamos sin problemas. En una epidemia que está arrasando el mundo y el país, que haya esos bailes de cifras o que no se declaren los fines de semana parece de risa. Hay muchas cosas que hay que revisar y mejorar, pero, sobre todo, hay que homogeneizar de acuerdo con todos una serie de criterios, de personal... Y lo mismo que digo que habría que tener un cuerpo estatal de salud pública, habría que tener esa formación homogénea.

Nájera fue el Fernando Simón de los años ochenta y noventa en España. (Fran Sánchez Becerril)
Nájera fue el Fernando Simón de los años ochenta y noventa en España. (Fran Sánchez Becerril)

P. Como virólogo, ¿le parece apasionante este virus o hay otros que le gustan mas?

R. (Risas) A mí me gustan todos los virus, me he dedicado a ellos toda mi vida. Este virus parece complejo porque, aparte de su componente respiratorio, tiene otras componentes, y esto ¿qué supone desde el punto de vista básico?, ¿patogénico? Esto es intrigante y no sabemos hasta dónde pueden llegar sus trucos.

P. ¿Concede credibilidad a quienes sugieren que pueda ser un virus manipulado o que se ha escapado de un laboratorio? Una idea que, en cierta forma, comparte el profesor Luc Montagnier, descubridor del VIH.

R. Yo, en principio, lo excluyo de manera rotunda. He trabajado con Luc Montagnier y es un excelente científico, pero ultimamente está desligado de los avances científicos y sus criterios puede que no sean los más fundamentados.

P. Los científicos nos recuerdan que todavía quedan muchos virus amenazantes.

R. Hay miles, algunos patógenos y otros no, pero algo se ha impuesto en los últimos años el concepto de una salud: quiere decir que hay que vigilar la salud humana pero también la animal y la de los invertebrados. Es decir, la vigilancia epidemiológica fundamental, y por eso hay que tener un cuerpo de salud pública que asuma y potencie de forma homogénea todos los aspectos de la vigilancia epidemiológica, del animal domesticado y también de los animales salvajes, porque aquí es donde radica el origen de muchas enfermedades. Hace poco, se ha sabido que la rubeola procede de un animal salvaje. Si tenemos una vigilancia epidemiológica que lleve hasta el animal salvaje, tendremos muchas más oportunidades de prevenir algo que nos pueda coger como nos ha cogido este coronavirus.

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