"un médico gana 3.000€, yo no llego a 2.000"

¿Quién será el próximo Fernando Simón? "Los epidemiólogos somos el último mono"

Fernando Simón es un icono, pero los epidemiólogos españoles son escasos, cobran poco y no están bien reconocidos a nivel político, social ni laboral. Su futuro pinta extraño en una profesión poco 'sexy'

Foto: Fernando Simón. (EFE)
Fernando Simón. (EFE)

Fernando Simón se ha convertido prácticamente en una estrella del pop. Para bien o para mal, el médico odiado por la derecha e idolatrado por la izquierda está poniendo sobre la mesa durante esta crisis el papel de la epidemiología al intentar controlar una pandemia a nivel nacional e internacional. Y muchos de sus detractores se hacen una pregunta: si nos olvidamos del covid-19 actual y del ébola de 2014, ¿a qué se dedica Simón el resto del tiempo? ¿De verdad necesita un Gobierno estatal o regional a un epidemiólogo 'en plantilla'?

La sola existencia de estas preguntas evidencia parte del problema: los epidemiólogos, pese a su papel en esta crisis, son de los grandes olvidados de nuestro sistema de salud. De hecho, ¿cuántos Fernando Simón hay en España? ¿Quién será el próximo? ¿Es una especialidad bien valorada dentro de nuestro sistema sanitario? Hemos hablado con tres epidemiólogos españoles y la perspectiva no parece demasiado halagüeña: estos especialistas no suelen estar bien reconocidos ni entre los políticos, ni entre los gobiernos ni en la sociedad... Ni siquiera entre la mayoría de médicos. De hecho, sus condiciones económicas y laborales están muy lejos de ser idóneas. Y eso hace que la correcta gestión de la epidemia actual, y las que están por venir, sea aún más preocupante.

"Muchos ni saben pronunciar 'epidemiología"

Para Patricia Guillem Saiz, catedrática de Epidemiología, Salud Pública y Medicina Preventiva de la Universidad Europa de Valencia, la profesión es prácticamente una desconocida para todo el mundo: "Ahora es cuando nos estamos dando a conocer, pero mucha gente no tenía ni idea. La palabra les suena a chino". María Lahuerta, epidemióloga en enfermedades infecciosas de la Universidad de Columbia, en Nueva York, coincide con ella: "La mayoría de la gente ni sabe pronunciar 'epidemiología'. En Estados Unidos, es una profesión mucho más conocida. Por desgracia (todos habríamos preferido que no hubiese esta pandemia), la gente en España ya la va entendiendo más".

"Solo se nos conoce cuando hay problemas", afirma Pere Godoy, presidente de la Sociedad Española de Epidemiología (SEE). "Si no hay problemas de salud pública, pasamos bastante desapercibidos, pero hay que estar presentes. Hasta ahora, la profesión solo ha salido en momentos clave y ha estado poco valorada, pero está cambiando. Una de las pocas buenas noticias del coronavirus es que se ha puesto en valor este trabajo".

"Una de las pocas buenas noticias del coronavirus es que se ha puesto en valor este trabajo"

¿Y entre los políticos? ¿Están bien valorados los Fernando Simón de turno? "Uy, Fernando Simón, tengo mucha empatía por ese hombre, espero que lo valoren más, porque lo que aguanta...", reconoce Lahuerta. Godoy considera que "cuando los políticos contactan con la epidemiología, se sorprenden de su utilidad y de su impacto, ven los beneficios de su trabajo enseguida. La epidemiología es una ciencia muy consolidada desde buena parte del siglo pasado, con su propio método, y debe ser respetada".

En su opinión, de hecho, "los políticos deben aprender y entender que la epidemiología trabaja como una ciencia, pero a veces hay que tomar decisiones políticas y eso deben hacerlo ellos. Nosotros aportamos conocimiento e información que los políticos deben usar para tomar decisiones".

Patricia Guillem Saiz, catedrática de Epidemiología, Salud Pública y Medicina Preventiva de la Universidad Europa de Valencia.
Patricia Guillem Saiz, catedrática de Epidemiología, Salud Pública y Medicina Preventiva de la Universidad Europa de Valencia.

"El médico puede ganar 3.000€, yo ni 2.000"

La desigual percepción del valor de los epidemiólogos parece estar presente no solo entre políticos y ciudadanos, sino también entre sus propios colegas de profesión. Muchos médicos, según nuestros entrevistados, les miran por encima del hombro: "Para los médicos clínicos, la epidemiología es la 'maría' de la carrera", lamenta Lahuerta. En Estados Unidos es una figura más entendida, pero en España se ve como que quien hace epidemiología es porque no vale para la medicina clínica".

"El sueldo de un epidemiólogo está muy por debajo del de un médico de asistencia clínica, no tiene nada que ver. Hay compañeros míos que a nivel asistencial pueden ganar hasta 3.000 euros al mes; yo, que soy catedrática, no llego a los 2.000 euros. Hay mucha brecha salarial". Fuera de España, sin embargo, "las condiciones son buenísimas y te valoran mucho, es una de las razones por las que quise salir a otro país", añade Lahuerta. "Somos el último mono de la medicina". Y es que "los médicos en práctica clínica hacen guardias presenciales y así consiguen una remuneración extra, pero nosotros no", añade Godoy. "Los sueldos de los epidemiólogos pueden ser asimilables a los de otras profesiones en general, pero podrían mejorar respecto a las sanitarias".

"Para los médicos clínicos, la epidemiología es la 'maría'; en España se piensa que quien hace epidemiología es porque no vale para la clínica"

Los sueldos bajos no solo se dan al principio de la carrera profesional, sino también más tarde. Como asegura Guillem Saiz, "mucha gente estudia carreras sanitarias pensando en individual: si eres dentista no piensas en un ambulatorio, sino en tener tu propia clínica. Para hacer epidemiología, a nivel vocacional, debe motivarte mucho el servicio a la comunidad".

Y es que la epidemiología, a decir verdad, no parece tener la épica de otras profesiones del ámbito sanitario. "Nadie quiere tirarse 10 años de carrera para acabar analizando datos, o al menos así es como lo ven muchos estudiantes", considera Lahuerta. De hecho, ese es un problema que Patricia Guillem Saiz se ha encontrado en muchos de sus alumnos: "No la ven interesante porque piensan que es una ciencia que estudia enfermedades del pasado, que ya no existen: la peste, la tuberculosis, la sífilis… Ninguno ve la proximidad real al uso de esta ciencia. Yo en clase siempre insisto en que la epidemiología también puede explicar, por ejemplo, por qué aparecen enfermedades crónicas o por qué unas personas tienen más factores de riesgo que otras. Casi todo en medicina es epidemiología, cualquier enfermedad que cojas tiene base epidemiológica".

En España, hay mucha brecha salarial, pero fuera "las condiciones son buenísimas y te valoran, es una de las razones por las que quise irme"

Además, "mucha gente que acaba la carrera tiene más vocación asistencial que de investigación. Esto tiene mucho de ordenador, de teléfono… Es ver los toros desde la barrera, es un contacto diferente con los pacientes. Nos asocian más a ‘ratitas de laboratorio’, aunque yo hago mucho trabajo de campo, pero claro, a quienes nos dedicamos a la epidemiología no nos interesan tanto los casos aislados sino el colectivo. No es un área que 'a priori' resulte atractiva, los jóvenes buscan más acción, prefieren asistencia clínica".

Foto: EFE.
Foto: EFE.

Epidemiólogos en España: pocos y mayores

Si la epidemiología no parece demasiado 'sexy', ¿no estaremos perdiendo vocaciones? ¿Cuánta gente se dedica a esta práctica en nuestro país? La respuesta es una total y absoluta incógnita: España no tiene oficialmente contabilizados a sus profesionales de epidemiología. "En un indicador que sacó el CDC de Atlanta, se decía que España está por debajo de otros países, pero no tenemos cifras cerradas", afirma Godoy. Muy pocos países las tienen, de hecho.

¿Y eso por qué? Porque la epidemiología no es una profesión cerrada. La mayoría de la gente piensa que se trata exclusivamente de una especialidad de la carrera de Medicina, pero se puede llegar desde la psicología, desde la sociología, desde la estadística, desde otras profesiones del ámbito de la salud... De hecho, Guillem Saiz se formó como veterinaria y María Lahuerta como bioquímica, y en la SEE el 30% de los asociados son estadísticos, enfermeros de salud pública, sociólogos o farmacéuticos. La clave para llegar a esta profesión reside en cursar un máster de salud pública y epidemiología.

"Uno de los grandes problemas que ha habido en España han sido los datos, nunca han sido buenos"

Para Lahuerta, esta confluencia de caminos, que podría parecer una complicación, en realidad es una gran ventaja: "Uno de los grandes problemas que ha habido en España han sido los datos, nunca han sido buenos. Eso es lo que pasa cuando no tienes a estadísticos, sociólogos o informáticos que sepan tratar bases de datos e interpretarlas. Cuando tienes muchos perfiles y muy variados, pueden trabajar mucho mejor".

Más allá de su procedencia, el número de epidemiólogos sigue siendo una incógnita en muchos países, y los pocos que sí tienen datos no parecen traer buenas noticias: Rusia tiene actualmente menos del 50% de los epidemiólogos con los que contaba hace 30 años.

O sea, que no solo hay pocos epidemiólogos sino que además cada vez van a quedar menos. La propia Sociedad Española de Epidemiología tiene unos datos preocupantes: entre sus cerca de 1.500 asociados, la media de edad es de 47 años, con lo que el futuro no parece demasiado garantizado.

¿Hay luz al final del túnel? Quizás. Esto puede resultar frívolo, pero lo cierto es que la llegada del coronavirus está ayudando a poner de moda esta profesión: "Esta epidemia marca un antes y un después en la vida de todos y ahora se visualizan profesiones que estaban dejadas de lado. Esperemos que a partir de ahora haya más recursos y más vocaciones", asegura Guillem Saiz. Godoy es incluso más optimista: "Tenemos una brecha de edad peligrosa, pero se va a subsanar bastante debido al covid, va a haber una entrada de nuevos profesionales y nos va a rejuvenecer".

En cualquier caso, el futuro está por ver. El coronavirus ha hecho que la epidemiología sea mucho más conocida en todo el mundo, pero los epidemiólogos españoles son una especie en peligro: no son reconocidos, no están bien considerados, no están bien pagados y su profesión no despierta precisamente pasiones entre los jóvenes. O su situación mejora o estaremos condenados a vivir en un país donde los Fernando Simón estudian otra cosa o trabajan como epidemiólogos... fuera de España.

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