ya tienen casi 400 clientes

La señora de Madrid con 12 hijos que salió de la ruina vendiendo comida en WhatsApp

Además de su trabajo repartiendo comida, Raquel ha creado dos grupos de WhatsApp, 'Aquí hay trabajo', una especie de LinkedIn de barrio, y 'El baúl de Raquel', una red de trueque

Foto: Con 50 años, Raquel se vio en la ruina y con 12 bocas que alimentar. (Verónica García)
Con 50 años, Raquel se vio en la ruina y con 12 bocas que alimentar. (Verónica García)

Raquel tiene el móvil con la letra ampliada en la pantalla para poder leer de cerca. Nos enseña sus muchos grupos de WhatsApp con orgullo y cada poco le va entrando un mensaje. Cada grupo lo preside un 'emoji' inspirado en ella: pelo rojo fuego rizado y una sonrisa de oreja a oreja. "En el 'emoji' estoy estupenda, estoy muy delgada", dice riendo. La crianza de doce hijos no pasa en balde, pero tampoco ha conseguido quitarle la energía. Raquel Suárez montó con casi 50 años una empresa para vender comida a domicilio utilizando WhatsApp, después de que una estafa dejase a su marido arruinado y con doce bocas que alimentar.

Nos cuenta su historia insistiendo cada poco en que ella no es especial. "Yo no hago nada importante, no le salvo la vida a nadie". Ella y su marido, Jesús Bueno, son "de aquí de Madrid, de toda la vida", concretamente del barrio de Ventas. Se quedaron en la ruina en plena crisis después de que "una señora gallega" hiciese un pedido a la empresa de Jesús, que distribuía pescado, que nunca llegó a pagar. "Nos engañó y le dejó a deber un montón de pasta, a día de hoy todavía no sé cuánto, porque si lo sé a lo mejor me da un chungo", comenta. "Y nos dejó a cero, se nos juntó con la crisis, con doce hijos y que no había dinero. Nos ayudaron mis suegros, que se han estado preocupando siempre por nosotros. Estábamos desolados, no sabíamos qué hacer y mi marido estaba muy deprimido".

Raquel, en uno de los repartos. (V. G.)
Raquel, en uno de los repartos. (V. G.)

Hace ya siete años de eso. Jesús quería seguir vendiendo pescado, que era lo que sabía hacer, y juntos desarrollaron un concepto tan simple que abruma: sin medios ni dinero para alquilar un local venderían comida, directamente de Mercamadrid, a sus conocidos a través de WhatsApp. Poco a poco han ido depurando el sistema. Los martes elaboran una lista con productos frescos y de temporada que envían con una lista de difusión a todos sus clientes y estos responden con sus peticiones y el día de entrega. Ahora le hacen la compra a 400 personas en todo Madrid, tienen su empresa legalmente constituida y han tenido que contratar un gestor para organizar todos los pedidos que reciben. Desde su barrio ya reparten a zonas de chalés en el extrarradio como Aravaca o Pozuelo. "Empezamos solo con el pescado y, mientras, nos ayudó Cáritas, me tuve que mover con servicios sociales y asociaciones como El Pato Amarillo o Panes y Peces", cuenta Raquel, que pese a la energía que muestra ahora recuerda que hubo momentos en los que pensaba que toda esa idea era una locura.

Empezaron con una amiga suya que les compraba, luego la prima de esta que se lo contó a otros conocidos y así poco a poco fueron escalando e introduciendo nuevos servicios. Llamó a su empresa Doce Peces, por cada uno de sus hijos, que en ese momento vivían todos en casa. "Vivimos en la casa de mis suegros, que están enfrente, y ahora somos doce en cuatro habitaciones, pero en ese momento éramos catorce", cuenta riéndose.

Raquel Suárez y Jesús Bueno, fundadores de Doce Peces. (V. G.)
Raquel Suárez y Jesús Bueno, fundadores de Doce Peces. (V. G.)

Entra hasta la cocina

La clave del negocio no es solo que los productos lleguen frescos desde Mercamadrid y que no haya intermediarios ni costes añadidos, sino la cercanía de Raquel y Jesús. "Es que te lo llevo yo y te pregunto por tu madre, por tu abuela... Hay clientas que me invitan a café o algunas que me piden manzanas, y yo si veo que no salen buenas, no las compro", cuenta Raquel, que ha llegado a tener una relación específica con cada clienta.

La acompañamos a un reparto en Ventas y al llegar a la casa de Nereida, una de sus clientas, allí está ya su marido, al que la entrevista ha trastocado un poco el horario del día. Jesús y Raquel son el 'yin' y el 'yang'. Ella no para de hablar y él apenas se para cinco minutos para la foto y vuelve a subir a la furgoneta para seguir la ruta. Mientras, Raquel sube a casa de Nereida, que la recibe con su hijo recién salido del cole. Entre las dos y ya en la cocina, revisan el pedido.

Raquel, entregando un pedido a una de sus clientas en el barrio. (V. G.)
Raquel, entregando un pedido a una de sus clientas en el barrio. (V. G.)

12 hijos de los que ocuparse

Montar una empresa con éxito ya es un logro en circunstancias normales, pero con doce hijos de los que estar pendiente el reto es aún mayor. La mayor tiene ahora 28 años y la más pequeña solo 10. Raquel cuenta que sus hijos son su mayor labor. "Yo soy trabajadora social, no he ejercido, pero siempre he pensado que el mejor trabajo social que hago es el de estar con mis hijos". La mayor ya ha dejado el nido y es Hermana de la Caridad, aunque Raquel deja claro que su número de hijos no tiene que ver con sus creencias. Y es algo que le preguntan muy a menudo. "Yo siempre he sido creyente. Ahora creo que se ha despertado más el sentimiento de cercanía a Dios, pero antes con el jaleo que tenía en mi casa no podía pensar en nada más que en criar niños, pero bueno ahí estaba y así ha surgido", explica.

Otro de sus hijos, Juanito, acaba de cumplir 15 años y nació con un retraso psicomotor que hace que su edad de maduración ronde los seis años. "Juanito es el más alegre de la casa, le encanta la música", cuenta su madre, y sus hermanos se organizan a través de un calendario para ir a recogerle al colegio. "En este tipo de familias numerosas tiene que haber una organización, si no sería un caos", explica Raquel, que se sorprende de lo mucho que llama la atención su familia.

Los 12 hijos de Raquel y Juan. (Foto cedida)
Los 12 hijos de Raquel y Juan. (Foto cedida)

Grupos de trueque y para buscar trabajo

Además de su trabajo repartiendo comida y sus hijos, Raquel ha ampliado su vocación social a toda su red de contactos y ha creado dos grupos de WhatsApp: 'Aquí hay trabajo', una especie de LinkedIn de barrio, y 'El baúl de Raquel', una red de trueque. "Teniendo doce hijos tengo muchas cosas que pueden servirle a otra persona", explica. Por eso creó este grupo en el que todos los miembros comparten imágenes de artículos que ya no necesitan y que a otros les pueden venir muy bien.

El otro grupo es también colaborativo y en él hay parados, la mayoría mayores de 45 años, que comparten ofertas de trabajo de todo tipo. Raquel insiste en que está empezando, pero ya hay 167 participantes y se publican ofertas a diario. "Un día pensé: 'Bueno y todos estos trabajos que me llegan a mí, ¿por qué los voy a desperdiciar?'. Entonces creé el grupo".

"A veces me dicen: 'Pero bueno, Raquel, ¿cómo puedes estar a todo: a los hijos, los trabajos, los grupos...?'. Es algo que me gusta, no lo sé, soy así". Y cuando ella lo cuenta, parece incluso fácil.

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