NO SE MOLESTE, PRESIDENTE, NO VA A FUNCIONAR

Pedro Sánchez e Iván Redondo tienen un plan contra las 'fake news'... o puede que no

El Gobierno ha sido el último en subirse al barco y anunciar su intención de ir contra la diseminación de información falsa. No está claro que puedan lograrlo, pero tampoco que quieran hacerlo

Foto: Imagen: Learte.
Imagen: Learte.

Pedro Sánchez anunció durante su investidura que el Gobierno iba a impulsar un plan contra las 'fake news'. Muchas voces temen que detrás de esta estrategia se esconda en realidad un intento de degradar aquellos medios críticos con los socialistas. Es una mera especulación, pero es normal. La primera regla para luchar contra la desinformación es saber que, si no explicas algo bien, alguien lo hará por ti. Este medio se puso en contacto con la Secretaría de Estado de Comunicación solicitando más detalles del plan sin recibir respuesta, algo que tampoco ayuda.

En función de lo que se acabe ejecutando, el plan del Gobierno podría ser un brindis al sol o una carísima —pero igualmente ineficaz— maquinaria de censura.

Los únicos detalles sobre esta estrategia son los que Sánchez desgranó en el Parlamento: "Otro de los fenómenos más dañinos para la confianza en la que se asienta la convivencia civil es la proliferación de 'fake news'. La mentira, la calumnia, la falsedad no son fenómenos nuevos, pero la irrupción de la digitalización ha perfeccionado su producción y facilitado su expansión. Por eso, y dentro siempre del respeto escrupuloso a la libertad de expresión y de información, vamos a impulsar una estrategia nacional de lucha contra la desinformación".

Bien, tras escuchar al presidente en su contexto, veamos la magnitud del problema que enfrentamos. A primera vista, y pese a lo que se ha publicado, el peso de las páginas habitualmente sospechosas de diseminar información incendiaria no parece inquietar a los medios tradicionales, al menos en cuanto a tráfico.

Sin embargo, puede que el volumen no lo sea todo y estos medios, en realidad, se estén forrando a base de promover ideas extremistas en nichos concretos. De hecho, todo el auge de las 'fake news' en Estados Unidos comenzó con un tal Paul Horner revelando que ganaba 10.000 dólares al mes por inventarse bulos favorables a Donald Trump o esas granjas de contenidos en Macedonia donde los 'granjeros' se levantaban unos 5.000 dólares mensuales.

Pero todo esto ocurrió en 2016. Para cuando Sánchez ha anunciado este plan, las cosas han cambiado mucho en el mundo de las 'fake news'. Para empezar, quiénes son los responsables, cómo hacen dinero y por dónde se distribuye la desinformación.

'Fake news' sobre las 'fake news'

Tomemos por caso Mediterráneo Digital, una de las páginas habitualmente más demonizadas. Su fundador, Edgar Sánchez Agulló, contaba en una entrevista hace un año: "Rebasamos una media por encima de los dos millones y medio de lectores mensuales. Tenemos una oficina en el paseo de la Castellana de Madrid, y un equipo de profesionales repartidos por toda España, comprometidos y trabajando en el mismo proyecto". Concretamente, 37 personas.

La realidad que ofrece la documentación sobre la empresa es muy diferente. En primer lugar, esa oficina en la Castellana es solo un apartado de correos. Cualquiera puede domiciliar su negocio y disponer de oficina virtual en Torre Europa (paseo de la Castellana 95) pagando 60 euros mensuales a la empresa First Work Places. Es justo lo que ha hecho Mediterráneo Digital con su redacción.

El edificio Torre Europa, sede de la oficina virtual de Mediterráneo Digital. (Google Maps)
El edificio Torre Europa, sede de la oficina virtual de Mediterráneo Digital. (Google Maps)

La sociedad limitada unipersonal de Sánchez Agulló ingresa alrededor de 40.000 euros al año y, según los datos aportados al Registro Mercantil, tuvo pérdidas de 3.300 y ganancias por 9.600 euros en 2017 y 2018. Otras de estas páginas ni siquiera están listadas como pymes. Por ejemplo, la sede de Digital Sevilla comparte dirección con la casa de los padres del fundador, Elías Domínguez, en Castilleja de la Cuesta.

¿Es necesario un plan nacional para luchar contra estas microempresas de escasa rentabilidad y un alcance bastante limitado? Más cuando, habitualmente, solo son los usuarios más politizados los que acceden a sus contenidos. En el caso de Mediterráneo Digital, por ejemplo, la ruta suele ser la siguiente: alguien ve una de sus noticias en foros como burbuja.info o Menéame, pincha para leerla en el sitio y a continuación la comparte en Twitter.

La ruta habitual de Mediterráneo Digital. (Similar Web)
La ruta habitual de Mediterráneo Digital. (Similar Web)

Paradójicamente, lo menos 'fake' de Mediterráneo Digital son sus noticias, que no dejan de ser titulares hiperventilados con enfoque derechoso sobre asuntos de actualidad, por ejemplo: "¡Bomba! Podemos será ILEGALIZADO si se confirma que lo financió Venezuela".

¿Significa esto que las 'fake news' se han vuelto irrelevantes? No, solamente que quien pretende luchar contra ellas muy a menudo se confunde de enemigo. Y por tanto, de táctica.

Las 'fake news' en 2020

Desde que se popularizó el término hace cuatro años, las cosas han cambiado mucho. Distinguir entre medios 'fake' y legítimos no tiene mucho sentido, porque los que difundían rumores han aprendido a legitimarse y los medios 'serios' han tomado nota de las tácticas para aumentar su tráfico.

"Los titulares inflamatorios o misóginos se benefician de este sistema publicitario de la misma forma que lo hacen los sitios de noticias falsas, y claramente no habrían sobrevivido en una época en que la publicidad era más contextual y los anunciantes tenían más control sobre dónde aparecían sus anuncios", explica a El Confidencial Joshua Braun, investigador en la Universidad de Massachussets y autor de un reciente 'paper' sobre ese triángulo amoroso entre desinformación, anunciantes y medios digitales titulado 'Fake News, Real Money'.

Para abordar el fenómeno en 2020, tampoco sirve centrarse exclusivamente en las redes sociales como ocurría en 2016. Entre los medios más leídos de España está ahora mismo 'Diario Gol', autor del célebremente infausto titular "Acaba de morir. María Teresa Campos y España de luto" que insinuaba el fallecimiento de la presentadora y acabó provocando que Toñi Moreno rompiera a llorar en directo. 'Diario Gol', propiedad del medio Economía Digital, facturó más de un millón de euros el año pasado y marca la tendencia de lo que un medio que viva del 'fake' debe ser actualmente. Google supone más del 80% de las visitas de 'Diario Gol', mientras que las redes apenas suponen un 0,84% de los clics.

Tras sucesivos escándalos, Facebook ha estrechado el cerco sobre todo lo que huela a falso. Por ejemplo, el reciente vídeo manipulado de los diputados del PSOE aplaudiendo a la diputada de Bildu fue detectado esa misma mañana y señalado como falso. Lo mismo pasó en Estados Unidos con el vídeo donde alguien había ralentizado una aparición de Nancy Pelosi de manera que pareciera estar borracha.

Claramente, el dinero ya no está tanto en difundir mentiras por Facebook como por Google. Esto no estaba aún lo bastante claro cuando el empresario Rogelio Rengel Ros adquirió la cabecera de Don Balón en 2015. La histórica revista de fútbol había anunciado en 2011 su desaparición, tanto de los quioscos como de internet, pero hoy en día está teniendo más éxito comercial que nunca. ¿Cómo? Convertida en un zombi digital que sigue paso a paso los preceptos de Diario Gol: rumores sobre fichajes de fútbol y prensa rosa con un toque picantón.

En su portada el titular, la foto y la noticia casi nunca coinciden pero así, de un plumazo, han logrado sumar millones de visitas mensuales. Esta es a día de hoy la fórmula mágica de las 'fake news' en España. El discurso del odio, el racismo o la misoginia siguen ahí, pero no dan dinero como antes. Ahora la principal plataforma de contenidos de dudosa veracidad es Google, y más particularmente su 'widget' Discover.

Algunos de los titulares de Discover. (Montaje: EC)
Algunos de los titulares de Discover. (Montaje: EC)

Desde la empresa de Mountain View justificaban recientemente a El Confidencial que "Discover está diseñado para ofrecer al usuario una amplia gama de perspectivas sobre temas que están ocurriendo y sobre aquellos que son de su interés. El usuario puede decidir, en cualquier momento, sobre qué tipo de contenido quiere tener más o menos información".

El problema es que, por defecto, lo que Discover ofrece es aquello con más posibilidades de ser pinchado por los usuarios. De esta forma, Google sigue haciendo dinero con AdSense mientras desplaza la responsabilidad última a quienes pinchan en esos apetitosos y coloridos titulares.

¿Contra qué luchamos realmente?

Mientras las instituciones se empeñan en abordar este problema con frases grandilocuentes y vacuas como "debemos rediseñar nuestro ecosistema informativo" o "la desinformación socava nuestra confianza en las instituciones", los expertos hablan de la desinformación como el subproducto de un sistema perverso y roto pero que, en realidad, funciona para casi todo el mundo.

Al principio, dado que el objetivo era difundir información falsa que la gente pudiera tomar por auténtica, los profesionales de las 'fake news' se esforzaron en inventarse periódicos como el 'Denver Guardian', que tres días antes de las elecciones generales de EEUU publicó que Hillary Clinton estaba siendo investigada por el FBI por un caso de asesinato. O el 'Baltimore Gazette', un periódico cerrado en 1875 que, como Don Balón, fue resucitado más de un siglo después para emitir desinformación y que resultara creíble.

El 'Denver Guardian' lo petó por Facebook antes de las elecciones de 2016.
El 'Denver Guardian' lo petó por Facebook antes de las elecciones de 2016.

Debido a la tóxica polarización que nos afecta, el límite entre verdadero y falso está cada vez menos claro.

"La intoxicación mediática y política es un derivado de la vigilancia", explica a este periódico Marta Peirano, autora del reciente ensayo 'El enemigo conoce el sistema' . "La industria de los datos permite un uso más granulado y dirigido de esa desinformación cuando el propósito es la propaganda. Que no siempre es el caso, aunque lo parezca. La experiencia de Veles, Macedonia o la del vídeo de Nancy Pelosi demuestran que muchas de las páginas que consideramos de propaganda política son en realidad negocios estrictamente económicos que han encontrado que la propaganda de ultraderecha es más productiva económicamente que otros contenidos", explica la periodista. "Naturalmente, no es incompatible. Hay neonazis haciendo desinformación y ganando dinero con ella. El ecosistema mediático que tenemos ahora lo permite y lo fomenta".

Hace cuatro años el referente era Breitbart News, cuyo director ejecutivo era Steve Bannon, ideólogo de la 'alt-right', de Trump o de Vox. Hoy, la página que amenazaba con superar en tráfico al 'Washington Post' o el 'New York Times' no pasa por su mejor momento después de que muchas marcas rechazaran publicitarse y que miles de lectores huyeran a otras páginas o blogs surgidas al calor de Breitbart, pero aún más brutas y "sin complejos" que esta.

Sin embargo, su ejemplo ha calado internacionalmente y hoy Francia tiene el 'Boulevard Voltaire', Suecia tiene 'Samhällsnytt' o 'Nyheter Idag', los Países Bajos tienen 'GeenStijl', etcétera. Independientemente de sus éxitos editoriales, estas páginas sí que han logrado una cosa: que distinguir la verdad en internet sea cada vez más complicado. En palabras del propio Bannon, la estrategia original de Breitbart News era "inundarlo todo con mierda".

Los medios de comunicación tradicionales han salido a competir en esas redes sociales con sus propias 'fake news'

"La gente ya no distingue entre una noticia real y una falsa", apunta Peirano. "Primero, porque llegan todas juntas en forma de titulares, y no a través de las portadas de los periódicos sino a través del móvil", un entorno donde la importancia o verosimilitud de los artículos es evaluado en función de una cuantificación falsa: el número de retuits, me gustas, compartidos, etc. "El segundo, para mí más importante, es que los medios de comunicación tradicionales han salido a competir en esas redes sociales con sus propias 'fake news'. Las grandes cabeceras están llenas de no-noticias. No solo las de 'OKdiario'. Creo que la prensa tradicional es tan responsable del auge de la desinformación como Hillary Clinton de haber perdido las elecciones, aunque las páginas de noticias falsas existan y los hackers rusos también".

¿Confianza en los medios locales? ¡Falsead!

Este año volverá a haber elecciones presidenciales en Estados Unidos, un buen momento para comprobar las tendencias en cuanto a 'fake news'. Contrariamente a lo que mucha gente cree, el investigador de la Universidad de Massachussets no cree que la clave esté en los 'deepfakes' o vídeos falseados. Facebook está haciendo un trabajo importante para distinguir el grano de la paja, tanto con algoritmos que detectan picos de tráfico como con revisores humanos, y hoy hay formas mucho más efectivas.

Al final, el éxito de un bulo depende de traicionar la confianza del lector. En general la profesión periodística está muy desprestigiada, pero los periódicos locales son todavía de los que más confianza generan entre el público. Por eso se han vuelto un objetivo ideal como cebo para las 'fake news'.

Los periódicos locales son todavía de los que más confianza generan entre el público. Por eso se han vuelto un objetivo para las 'fake news'

"En Canadá tienen un problema recurrente con sitios de noticias falsas que reimprimen noticias locales reales, traducidas del francés al inglés", explica Braun. "Dado que al menos algunas de las noticias en estos sitios son reales, ciertamente definirlo como engaño puede ser hilar muy fino, pero en líneas generales son falsas: las personas que dirigen los sitios no son locales y las publicaciones no son lo que representan". En Estados Unidos está pasando lo mismo, y por una buena razón.

"Están allí para minar dinero publicitario, y en algunos casos están a cargo de las mismas personas que han sido atrapadas en estafas anteriores", explica el investigador.

El fraude de los anuncios 'online'

En internet, elevar las cifras de visitantes para captar más dinero en 'banners' está a la orden del día. Hay formas lícitas de hacerlo... y hay formas rápidas de hacerlo. El estudio de Braun, publicado en 'Digital Journalism', habla incluso de páginas que emplean los titulares sensacionalistas como mera cortina de humo. En realidad, casi todo su tráfico procede de 'bots' y de granjas de clics en India o China, pero recurren al 'clickbait' para justificar esos millones de visitas.

Si realizaran análisis reposados sobre ajedrez, no colaría.

Este fraude es, en realidad, la gasolina de las 'fake news', ya que ni siquiera quienes tienen una motivación política le hacen ascos a un poco más de dinero. Este informe de AppNexus tilda, de hecho, al contenido viral como "la primera señal de alarma de fraude" publicitario. Este fraude es, de hecho, toda una industria 'online' que le roba a las marcas entre 8.200 y 16.500 millones de dólares al año, y las 'fake news' son solo una molesta consecuencia de ello.

"También sucede que los esfuerzos para crear tráfico falso de forma convincente se han vuelto altamente sofisticados", señala Braun. "Por ejemplo, un esquema involucraba a una compañía que compraba un montón de aplicaciones populares de Android que tenían amplias bases de instalación, modificándolas para que rastrearan el comportamiento 'online' de los usuarios y usando los datos recopilados para crear un historial convincente de navegación para 'bots' que luego se usaron en otro fraude".

Incluso Facebook ha virado recientemente en su enfoque sobre el problema: ya no se centran tanto en analizar el contenido, en si algo es 'verdad' o 'mentira', sino en lo que han bautizado como el Comportamiento Inauténtico Coordinado (CIB). En resumen, analizar patrones seguidos por los orquestadores de campañas de desinformación.

Sirva todo esto para explicar que el juego al que pretenden sumarse Pedro Sánchez e Iván Redondo va mucho más allá de darle una lección a un puñado de fans de Vox compartiendo en Facebook vídeos manipulados del PSOE aplaudiendo a Bildu.

Sabemos el problema, pero ¿y la solución?

Los medios de comunicación 'serios' —disculpen la arrogancia— nos quejamos a menudo del daño que las noticias falsas generan a la credibilidad de la industria, pero en realidad, como productores de noticias en internet, ambos estamos unidos por un hilo muy fino. Por ello, toda estrategia que pretendiera desmembrar de forma efectiva el negocio de la desinformación, es decir, atacando a su financiación, podría tener consecuencias imprevisibles pero ciertamente funestas para el resto de editores.

Cuando uno visita la web de un periódico suele encontrarse con uno de esos anuncios personalizados. "¡Vaya, buscaba tiendas de campaña en Google y ahora me aparece esto!" El caso es que ese anuncio ha aparecido ahí tras una subasta en la que su perfil parecía curiosamente idóneo para observar ese anuncio. A partir de aquí, seguirá viendo tiendas de campaña en otras páginas donde al ganador de la subasta publicitaria le saldrá mucho más barato enseñárselo.

Google prohibió recientemente los anuncios políticos en Singapur. (Reuters)
Google prohibió recientemente los anuncios políticos en Singapur. (Reuters)

He aquí la lógica económica de las webs 'fake' para los anunciantes y el perverso engranaje que los medios serios forman con ellas. El Global Disinformation Index es una organización centrada en quebrar ese modelo de negocio que hay tras la desinformación, o dicho de otra manera, en estudiar cómo suprimir ese incentivo financiero que anima a tanta gente a difundir mentiras en internet.

Para Danny Rogers, CTO y co-fundador de esta organización, su labor implica en primer lugar definir qué es desinformación y por qué la tradicional distinción verdad-mentira no sirve para combatirla: "Pensamos en la desinformación más como en un marco de conflicto narrativo contradictorio", explica a El Confidencial. "En este marco, los elementos verdaderos son escogidos, exagerados o mezclados con falsedades para hacer girar una narrativa que crea o aviva el conflicto entre dos o más partes".

Un ejemplo actual, el tuitero Alonso de Mendoza, candidato de Vox por Madrid, haciendo pasar una performance celebrada en un museo brasileño por un curso extraescolar. Esta y otras manipulaciones que están "inundando de mierda" el debate sobre el pin parental han sido desmanteladas por Maldita.

Rogers no es, por cierto, un gran fan de las plataformas de 'fact-checking' como antídoto contra la desinformación. En el fondo, salir a contrastar 'fake news' no deja de ser como salir con un barreño en las manos un día de lluvia. Puedes capturar un poco de agua y decir si está limpia o no, pero por muchos barreños que llenes no va a afectar a que deje de llover.

"Si bien es algo útil para la comunidad periodística y una parte importante del ecosistema, los verificadores de hechos generalmente se ven obligados a reaccionar en lugar de ser proactivos al contrarrestar estas narrativas adversarias en la web", explica. "Además, la mayoría de las narrativas adversarias se hacen girar en torno a cierta pizca de verdad, aunque esté retorcida o exagerada, lo que puede limitar la efectividad de la verificación de cara a trabajar para contrarrestarlas".

Además, al verificar ciertos hechos, los 'fact-checkers' pueden acabar amplificando inadvertidamente lo que pretendían neutralizar, "haciendo que la verificación de hechos sea contraproducente cuando no se hace con cuidado", señala este experto. "Vimos esto con un video reciente de una campaña presidencial en los Estados Unidos: muchos medios de comunicación principales, al informar cómo el video fue tomado fuera de contexto, ayudaron inadvertidamente a amplificar el contenido y pueden haber empeorado las cosas contra quienes se dirigía la narración".

Lo que funcionaría no depende de Sánchez

En resumen, el mercado publicitario mundial depende de estas páginas 'fake', el fraude 'online' es rampante y Google no está por la labor de atajar los incentivos económicos para producir artículos incendiarios. Para Peirano, "la desinformación reina en un ecosistema mediático cuyo objetivo no es la información, sino la extracción de datos y la venta de productos". Y en este entorno, las 'fake news' son más productivas que ningún otro contenido, "porque son más baratas de producir y generan la clase de respuesta emocional y no racional que facilita la venta de cosas y la extracción de datos".

El partido parece haberse puesto bastante cuesta arriba para la información seria: cara de producir, lenta de digerir y poco espectacular.

¿Tienen alguna oportunidad Pedro Sánchez e Iván Redondo de hacer algo al respecto con su estrategia? Francamente, no demasiadas...

¿Tienen alguna oportunidad Pedro Sánchez e Iván Redondo de hacer algo al respecto con su estrategia?

Francamente... no demasiadas, aunque sí que disponen de una pequeña rendija. Quizá la única. Esa minúscula posibilidad que podría ayudar a desarbolar este macroimperio de la falsedad son las leyes de protección de datos: en Europa la GDPR y en España la LOPD.

"Creo que la aplicación de GDPR tiene el potencial de tener un impacto sustancial en este espacio", dice Braun desde Massachussets. El año pasado, la Oficina del Comisionado de Información del Reino Unido publicó un informe que declaraba más o menos que todo el ecosistema publicitario de licitación en tiempo real violaba la GDPR. Está aún por ver que las empresas 'ad-tech' (las tecnológicas que gobiernan este tipo de subastas programáticas) cumplan la ley a rajatabla, pero sí que se espera "una reducción del ecosistema programático que, con suerte, reducirá la opacidad", prosigue.

Como resultado, el 'target advertising' (anuncios dirigidos a usuarios que, tras un rastreo de sus cookies, han revelado estar buscando un producto concreto) se volvería mucho más complicado. "Los editores legítimos podrían beneficiarse ya que eso podría impulsar la publicidad contextual tradicional".

Rogers concuerda en que la privacidad de los datos forma el núcleo de la estructura de incentivos que da lugar a la explosión de desinformación que estamos viendo actualmente. "Los modelos comerciales dominantes de Internet están basados ​​en anuncios, lo que significa que el propósito del contenido es atraer y rastrear a los usuarios de la web para mantener su atención y mostrarles más anuncios", explica. "Con ese incentivo, naturalmente, el contenido que mantiene la atención del usuario durante más tiempo o con mayor frecuencia, generalmente el contenido que más divide o que confirma sus prejuicios, dominará su propio entorno de información personalizada, y cuando no se preserva la privacidad, los que hacen el seguimiento ganan sobre aquellos que crean el contenido".

El contenido que mantiene la atención del usuario durante más tiempo es generalmente el que más divide o que confirma prejuicios

Es lo pernicioso de este modelo de negocio: que todos estamos viendo una versión personal de la realidad más deformada por nuestras idiosincrasias individuales. Todo esto ha contribuido a levantar a políticos y partidos, que hasta entonces eran residuales pero se beneficiaron de un sistema que privilegiaba declaraciones cafres frente a titulares analíticos y aburridos. Ha contribuido a levantar una ultraderecha a la que Sánchez pronto puso el cartel de némesis, utilizándola para aglutinar el voto y alzarse como presidente del Gobierno de España.

No está claro que Sánchez esté en una posición como para tirar del enchufe de la desinformación, pero tampoco que realmente quiera hacerlo.

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