Tommy Palm se lanza a emprender de nuevo

El 'gurú' del Candy Crush se pasa a la realidad virtual de bolsillo

Tommy Palm, responsable del éxito de Candy Crush, ha abandonado la empresa que le dio fama para crear Resolution Games, la 'startup' que quiere acercar los juegos en realidad virtual a todo el mundo

Foto: El 'gurú' del Candy Crush se pasa a la realidad virtual de bolsillo

En su perfil de Twitter se describe como un diseñador de juegos "galardonado" y un emprendedor en serie. Preguntado por Teknautas, Tommy Palm prefiere hablar de sí mismo como una de las personas clave tras el éxito de Candy Crush, el juego más popular de King. En 2012, cuando la desarrolladora compró su startup (Foundation Games), se convirtió en uno de los responsables de llevar el superventas de los caramelos a dispositivos móviles.

Sin embargo, el pasado enero decidió abandonar la firma que le dio la fama. Aunque "fue fantástico y divertido formar parte de la aventura", y Palm reconoce que ni en sus "sueños más locos" hubiera pensado que un juego pudiera llegar tan alto, a día de hoy dice no sentirse "100% cómodo" cuando habla de su antiguo proyecto.

El autodenominado gurú de los juegos para móviles acaba de abrir una nueva etapa como fundador y CEO de Resolution Games, un pequeño estudio con sede en Estocolmo (Suecia) que pretende acercar la realidad virtual al público masivo. "Candy Crush me demostró que los juegos pueden ser para todos", afirma, y ahora quiere aplicar esa enseñanza a experiencias inmersivas, sin olvidar que deben ser gratuitas y fáciles de comprender. 

Para ello, Resolution Games ha logrado reunir unos seis millones de dólares (alrededor de cinco millones de euros) en una ronda de financiación liderada por Google Ventures.

El sueño de trabajar con realidad virtual

Se trata de un paso más en su larga trayectoria, con más de treinta títulos entre los que se encuentran Bubble Witch Saga, Sprinckle, World in War o Championship Manager Online. Con ellos ha ganado premios y un merecido hueco en el sector, aunque no ha sido un camino de rosas. En un determinado momento, tras pasar unos seis meses sin ingresos, tuvo que decidir si seguía apostando por su pasión o buscaba un puesto en alguna cadena de comida rápida. Se arriesgó y acabó firmando un contrato con Nokia.

Años y éxitos después, vuelve a arriesgarse. Como jugador habitual y "desarrollador apasionado", Palm asegura que introducirse en un mundo virtual "siempre ha sido un sueño". Su nueva empresa se organiza en dos pequeños equipos, uno centrado en realidad virtual y otro en realidad aumentada, que trabajan de forma paralela para transitar diversos caminos en busca del ingrediente que les haga triunfar en este campo. Al fin y al cabo, "nadie sabe realmente qué es lo que va a funcionar mejor", admite el sueco. 

Sus dos primeros trabajos son sorprendentemente normales: un solitario y un juego de pesca cuyo nombre aún se desconoce

Sus dos primeros trabajos son sorprendentemente normales: un solitario y un juego de pesca cuyo nombre aún se desconoce. Para apelar a un público masivo, intentan dejar a un lado la violencia que caracteriza a muchos competidores. Solitaire Jester, el primer juego de la compañía que se puede disfrutar con las Gear VR, las Oculus Rift de Samsung, solo tardó un mes en alcanzar las 4.000 descargas.

En comparación con Candy Crush u otros superventas para móviles, podría parecer difícil que se popularice un juego de este tipo, que requiere aparatosas gafas de realidad virtual y no se puede disfrutar en cualquier parte, en cualquier momento y durante cualquier periodo de tiempo.

Palm admite que su línea de trabajo no sustituirá al smartphone, pero está convencido de que las tecnologías de realidad virtual serán más cómodas con el paso del tiempo y llegarán a dispositivos incluso más pequeños que un teléfono móvil. Por eso, y porque piensa que en tres o cinco años se convertirá en "una gran área de negocio", apuesta por ella, de la misma forma que apostó por los juegos móviles cuando aún faltaba una década para que despuntasen. 

Pasión por el arte y los videojuegos

El éxito de Candy Crush lo llevará a la espalda (para bien o para mal) durante el resto de su carrera, pero su camino en el mundo de los juegos se inició mucho antes, hace casi treinta años. Fue en 1986, cuando apenas era un niño y decidió aprender a programar para Commodore 64 a modo de entretenimiento con sus amigos.

Tras debatirse entre los mundos del arte y los videojuegos, se decantó por este último, aunque ahora también dedica ratos libres a impartir conferencias y dar clase en el Real Instituto de Tecnología de Estocolmo. Empezó "haciendo pequeños cambios" a juegos que le gustaban, con la intención de crear otros propios y siempre moviéndose "lentamente" hacia el ámbito de los negocios, lo que le llevó a fundar Jadestone, su primera empresa de videojuegos, en 1999. 

El desarrollador sueco quiere seguir acumulando éxitos. No deja claro si cree que la realidad virtual le reportará tantos beneficios como Candy Crush, pero defiende que no es una moda pasajera. "Es el siguiente paso lógico para los videojuegos", y asegura que jamás lo había visto tan claro con ninguna otra tecnología. 

Aunque reconoce que estas innovaciones pueden crear falsas expectativas, está convencido de que la realidad virtual ha llegado para quedarse. La considera una "apuesta a largo plazo", tanto para él como para los inversores, así como una etapa más en su carrera de "aprendizaje permanente". 

Al fin y al cabo, Palm admite que le gusta trabajar en nuevos conceptos durante periodos limitados de tiempo, como ha hecho con la aceleradora Stugan que fundó en 2014. Este verano invitaron a veinte desarrolladores indie para que vivieran y trabajaran en una cabaña durante ocho semanas, ayudándose los unos a los otros. "Pasé allí tanto como pude y aprendí más que en mucho tiempo". 

En esta nueva experiencia y en las que estén por venir, este empresario de los videojuegos tiene muy claro lo que le gustaría repetitir y lo que no: le gusta desenvolverse en grupos pequeños para hablar directamente con sus compañeros y su experiencia en grandes empresas le hace pensar que esa forma de trabajo no está pensada para él.

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