entrevista a la psicóloga Deirdre Barrett

“No ha habido nada como el coronavirus en la historia de los sueños”

Deirdre Barrett, profesora de Psicología en Harvard, lleva medio año analizando cómo la amenaza del covid-19 ha cambiado la manera en que soñamos

Foto: Deirdre Barrett. (Russ Schleipman / Wikipedia)
Deirdre Barrett. (Russ Schleipman / Wikipedia)

“Estoy en casa [durante el confinamiento] dándole clases a mi hijo de 10 años. Y la escuela me contacta para decirme que ha decidido enviarme a casa a todos los compañeros de mi hijo para que sea yo quien les dé clase a todos mientras la escuela permanezca cerrada”. Este es uno de los casi 10.000 sueños recopilados durante la pandemia que ha reunido Deirdre Barrett, profesora de Psicología en Harvard, que lleva medio año analizando cómo la amenaza del covid-19 ha cambiado la manera en que soñamos.

Barrett empezó a recopilar sueños pandémicos en marzo, cuando empezó el confinamiento, a través de una encuesta 'online'. Detectó que mucha gente estaba soñando más intensamente y con sueños más extraños y que el fenómeno, igual que el coronavirus, se volvía global. Y no solo se repetía el contenido del sueño, sino la intensidad con que se recuerda: “Durante la pandemia, nuestros sueños se han vuelto más vívidos, más épicos y más extraños de lo habitual en todo el mundo”, explica esta experta en el estudio de los sueños, que también ha analizado los sueños de prisioneros de la II Guerra Mundial, de los neoyorquinos tras el 11-S y los kuwaitíes después de la ocupación iraquí en la primera Guerra del Golfo.

En la pandemia, se han vuelto recurrentes los sueños en los que aparecen monstruos gigantes, acantilados y suelos movedizos que no dejan escapar. Otra mujer le contó que en su sueño el único lugar a salvo del virus era el Polo Norte y acababa disparando a un oso polar para protegerse en una especie de escenario posapocalíptico a lo 'Mad Max' polar. Al salir del confinamiento, hubo quien al despertar recordaba ballenas voladoras por toda la ciudad. ¿Significa algo todo esto?

“Gran cantidad de los sueños de la encuesta son literales, de gente que teme contraer el virus; otros son más metafóricos, en los que al protagonista le persiguen enjambres de insectos o al salir de casa se da cuenta de que se ha olvidado la máscara y no puede respirar”, recuerda Barrett. A otros les darán más sudores fríos soñando con la vuelta al cole, como hace otro de los participantes en el estudio: “Cuando la pandemia termina, la ciudad decide cerrar las escuelas de forma permanente y nos dice a los padres que enseñemos a los niños hasta los 18 años”.

Barrett empezó a recopilar sueños pandémicos en marzo. Detectó que mucha gente estaba soñando más intensamente y con sueños más extraños

Desde el 23 de marzo, cuando inició el estudio, más de 4.000 personas de una treintena de países han compartido con Barrett miles de sueños que han tenido durante la pandemia. Muchos se repiten. Después de que 'The New York Times' publicara durante el confinamiento un artículo sobre su estudio titulado “¿Por qué tengo sueños extraños?”, “tanta gente se sintió identificada que obtuve 1.000 respuestas en 24 horas”, explica. “No ha habido nada como el coronavirus en la historia de los sueños, porque millones de personas están experimentando situaciones y angustias similares y han podido compartirlas en tiempo real”, afirma esta psicóloga de Harvard que enseña en Boston en la Escuela de Medicina, aunque desde el confinamiento no ha vuelto a dar clases presenciales y enseña desde casa. Entre sus propios sueños de la pandemia, recuerda vívidamente la vez que soñó que había algo tóxico en el aire y su gato “se escapaba y trataba de ponerle una especie de máscara antigás para que pudiera respirar, pero se resistía”. Lo narra en 'Pandemic Dreams', el libro en el que recopila y analiza todos estos sueños que le han hecho llegar.

Al principio del confinamiento, le llegaron muchos sueños que reflejaban la ansiedad de la incertidumbre y el miedo a lo desconocido: “Mucha gente que nunca recordaba sus sueños empezó a hacerlo y en los sueños de la pandemia se ve un eco de la sensación de aislamiento social y las medidas de distanciamiento físico”. Y añade: “Cualquier crisis importante y dramática tiende a provocar sueños intensos, pero los negativos aumentan aún más con la ansiedad. Lo sorprendente es que en todos los países y culturas parece que oníricamente los temas se repiten y se percibe la pandemia de forma muy similar”.

Islas desiertas, Oprah y un respirador

Muchos sueños durante el confinamiento, llegados desde distintos países, coinciden en retratar islas desiertas o fiestas que recurrentemente los protagonistas se pierden. Pero no todos los sueños de ‘Pandemic Dreams’ son negativos o reflejan la soledad y el aislamiento: “Algunos sueñan cosas positivas, como que encuentran la cura para el virus o que este desaparece y el planeta está menos contaminado y los ríos más limpios”.

Otros sueños recogidos en ‘Pandemic Dreams’ son más surrealistas:

“Soñé que Oprah intentaba matarnos a mí y a mi pandilla de amigos. Nos escapamos de sus secuaces, pero ella nos capturó y nos envió a un gimnasio gigante lleno de cientos de personas, todas esparcidas en colchones en el suelo. Luego, Oprah se acerca al micrófono y anuncia que algunos de sus afortunados invitados tendrán un increíble 'final feliz'. Luego procede a sacar una sierra circular de mano. Me despierto del terror”, narra uno de los participantes.

Los hay también más aventureros:

“Se suponía que mi nave espacial se dirigía de regreso a la Tierra, pero se desvió a Saturno y terminé viviendo allí solo”, afirma otro.

"En todos los países y culturas, parece que oníricamente los temas se repiten y se percibe la pandemia de forma muy similar"

En el libro, también son frecuentes los sueños en los que aparecen saltamontes gigantes, algunos con colmillos de vampiro, abejas, gusanos y, en general, insectos, muchos insectos. “Muchas criaturas diminutas que acumulativamente podrían hacernos daño seguramente sean una metáfora perfecta para el covid-19, un virus invisible que nos ha obligado a encerrarnos en casa”, añade Barrett, convencida de que “los sueños nos enseñan la respuesta de nuestro inconsciente a las calamidades de la pandemia. Nos conectan con emociones que no siempre sabemos verbalizar”.

En el libro de Barrett sobre los sueños pandémicos, igual que en la vida real, la peor parte se la han llevado los enfermos y los trabajadores de la salud. Las peores pesadillas que reúne su estudio son las que sufrían los médicos y enfermeros en primera línea: “Un tubo de respiración que se sale, un respirador que no funciona correctamente… O médicos que tratan desesperadamente de salvar a un paciente que se transforma de repente en un amigo o un familiar. Son temáticas recurrentes”, afirma. “Un anestesiólogo italiano me contó que soñaba con poner un tubo de respiración en un hombre moribundo por el covid-19 y luego se caía por una ventana del sexto piso del hospital, arrastrando a su paciente con él. Esos sueños de médicos angustiados empezaron a llegarme de Italia a mediados de marzo y unas semanas más tarde me los contaban desde Nueva York. Ahora llegan de Brasil”.

De la II Guerra Mundial al coronavirus

Barrett lleva más de 30 años estudiando los sueños, materia de la que enseña en Harvard. Ha estudiado pesadillas provocadas por crisis y catástrofes en otros momentos de la historia, como los sueños de 79 oficiales británicos que fueron prisioneros de guerra entre 1940 y 1942. Los sueños fueron registrados por Kenneth Hopkins, un estudiante de psicología británico que también fue capturado por los nazis y que se dedicó a recopilarlos durante el cautiverio pensando en su tesis doctoral. Aquel joven soldado tomaba notas diarias de los sueños de sus compañeros, y llegó a sumar cerca de 600, pero murió de un enfisema antes de ser liberado en 1942. Sus anotaciones se conservan en una biblioteca londinense y medio siglo más tarde, Barrett se dedicó a estudiarlos. Para ellos, el aislamiento era también un tema recurrente.

"En cierto modo, hemos soñado como en tiempos de guerra, pero el trauma, sobre todo, es comparable en el caso de trabajadores sanitarios"

“Durante la pandemia, en cierto modo, hemos soñado como en tiempos de guerra, pero el trauma, sobre todo, es comparable en el caso de los trabajadores sanitarios. Ellos sí que han tenido multitud de sueños traumáticos por el alto nivel de estrés y ansiedad”, explica. “Los que hemos estado en casa confinados no soñábamos como si estuviéramos en un país que ha sido invadido en una guerra, pero ese tipo de pesadillas más intensas sí las han tenido los que han enfermado por el virus o los que trabajan en el área sanitaria”.

Otra particularidad de la pandemia, que ha afectado al modo de soñar de manera diferente. “Esta ha sido la única en la que la orden general era irse a casa y mucha gente ha podido dormir más horas que de costumbre, porque toda su vida social y laboral se canceló”. Y explica: “Cuando las personas duermen más, hay una correlación más fuerte con el recuerdo de los sueños”.

Barrett reconoce con ironía que puede no parecer comparable la situación de la guerra con la de la clase media con las comodidades del siglo XXI “a la que se le ha pedido quedarse encerrada en casa viendo Netflix”. Pero en el mundo onírico, la angustia sí encuentra paralelismos.

"Recordar los sueños intensos y compartirlos en alto puede ayudarnos a gestionar una ansiedad para la que no siempre encontramos palabras"

¿Pero para qué sirve recopilar los sueños en una crisis? “Por ejemplo, ese sueño de la madre agobiada con el ‘homeschooling’, a la que le encargan que enseñe a toda la clase de su hijo en el salón de su casa, puede ayudar a entender la angustia de muchos padres y madres durante el confinamiento mejor que muchas explicaciones racionales”, explica Barrett.

Y concluye: “Los sueños nos conectan con lo que estamos sintiendo en situaciones en que no siempre entendemos bien lo que nos pasa, como lo vivido durante la pandemia. Y recordar los sueños intensos y compartirlos en alto puede ayudarnos a gestionar una ansiedad para la que no siempre encontramos palabras”. Entre sus consejos para quienes tengan sueños agobiantes: “Tratar de dormirse pensando en cosas positivas, lugares o personas con las que nos gustaría estar”. Según los experimentos que ha realizado con sus estudiantes, inducir una temática positiva del sueño “llega a funcionar en un 50% de las ocasiones”.

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