cuatro años después del famoso documental

¿Qué fue de la generación perdida?

Fueron el rostro de la 'generación perdida'. Uno gana hoy más de 3.000 euros, otro trabaja en el BBVA, dos opositan para funcionario y ninguno ha conseguido emprender con éxito en España

Foto: ¿Qué fue de la generación perdida?

Corría el mes de abril de 2011 y faltaban apenas un par de semanas para el 15-M. David Martín De los Santos, un joven director casi desconocido entonces, trataba de hacer entrar por el objetivo de la cámara la desazón de una generación entera. El resultado fue una cinta (Generación Perdida) que se acabó convirtiendo en un símbolo de los tiempos, en poco menos que un himno. Su estreno en televisión (Documentos TV, 9 de octubre) lo vieron casi un millón de personas. Después rebotó por las redes sociales y todavía hoy recibe miles de visitas en internet.

La película retrata a ocho jóvenes: a Miguel Ángel, Goyo, David, Jesús, Andrea, Esther, Carlos y Támara. “A mí se me ocurrió la idea cuando leí que Strauss-Kahn hablaba del riesgo de generar una generación perdida. Era un concepto fuerte y absurdo. Y me puse a filmar”, recuerda Martín De los Santos.

El trabajo recorre los desvelos de los protagonistas, elegidos con ambiciones panorámicas para que haya un poco de todo. Relata sus frustraciones personales, sus miedos y sus planes de futuro. Una 'foto fija' que empieza y acaba en 2011. Y que pide a gritos una segunda parte. Porque, ¿qué ha sido de estos jóvenes desde entonces? ¿Han encontrado un hueco en el mercado laboral?, ¿han dejado la crisis atrás?, ¿están viviendo en la calle? El Confidencial los ha localizado para hacerles la pregunta:

"¿Qué ha pasado con la generación perdida?".

David, del paro al contrato de 900 euros

El documental despidió a David con 28 años en su pueblo, en Asturias, donde llevaba dos años sin trabajar, viviendo gracias al salario de su novia y sintiéndose culpable por no haber seguido estudiando cuando pudo, por haberse entregado al “espejismo” de un sueldo decente como oficial de obra.

Hoy David tiene 32 años y responde al teléfono desde Oviedo, donde aún está celebrando que acaba de firmar un contrato indefinido en un centro de adultos con Síndrome de Down. “Es un trabajo precioso, con situaciones difíciles pero precioso”, dice. Gana cerca de 900 euros al mes, pero asegura que se siente satisfecho.

“Mi vida cambió radicalmente desde que participé en el documental. La verdad, fue un punto de inflexión porque me hizo pensar mucho y acelerar. Hice un módulo de atención socio-sanitaria. Uno gratuito, subvencionado, porque no me podía pagar un máster. Después estuve con un contrato temporal, luego otro año sin trabajar mientras estudiaba otra cosa y finalmente he conseguido este trabajo. Tuve mucha suerte y mucho apoyo, sobre todo de mi novia”, agradece.

La suya podría ser una de las caras de la "recuperación" pero David no siente que se esté recuperando nada alrededor de él. “A mi las cosas me van bien, sigo viviendo con mi novia y mi trabajo me encanta, pero en general creo que estamos peor que en 2010 porque han bajado los sueldos y las facturas son cada vez más altas. Hay empleo precario y mal pagado”.

Miguel Ángel, de casa de sus padres al BBVA

Miguel Ángel habló frente a la cámara a los 25 años, recién llegado a casa de sus padres después de terminar Económicas y adquirir experiencia e idiomas en el extranjero. Mostraba ambiciones de progreso, reflexionaba sobre sus expectativas con términos de jerga económica y soñaba con una carrera fulgurante en el mundo de la banca. Para colmar aspiraciones, había desembolsado 17.000 euros en un máster con el que aspirar a un trabajo “de renta alta”.

Cuatro años después se siente a medio camino. Gana 32.000 euros anuales trabajando en el BBVA pero le gustaría ascender más deprisa. “Sigo estudiando y preparándome porque nunca es suficiente, el mercado es muy competitivo ahora mismo. Hace 15 años bastaba con tener una carrera, hace 10 hacía falta tener también idiomas, hace cinco tener un máster. Ahora ni siquiera con eso es suficiente. Hay que seguir formándose”, dice.

“Estoy satisfecho”, continúa, “pero si la situación fuese mejor ascendería más rápido. Si no me han promocionado todavía es porque hay mucha presión por el tema de la crisis y porque el mercado laboral para los jóvenes no ha mejorado”.

¿Qué fue de la generación perdida?

Esther, de emprendedora rural a opositora

Esther estaba cerca de cumplir los 27 años cuando, acabada la carrera de Biología y tras cansarse del ritmo de trabajo en Madrid, decidió regresar al pueblo de su abuela, en Extremadura, para emprender un negocio, un olivar ecológico. El documental la retrató en ese instante, entre casas blancas de una sola planta y ancianas vestidas de negro, paseando por la sombra con un perro.

Después ocurrió que encontró trabajo allí mismo, ganando 14 pagas de 1200 euros, con un contrato indefinido y pudiendo dedicar tiempo a los olivos en sus ratos libres. Tras dos años y lo peor de la crisis de por medio, la empresa “reestructuró” su plantilla y ella se quedó en el paro.

"Me fui a trabajar a Mallorca, también en una bodega de vinos donde me pagaban algo muy parecido. Allí estaba bastante bien, pero no me hicieron indefinida y volví a irme al paro. Aproveché para hacer un curso de enología e intenté emprender de nuevo. Estuve cinco meses con un proyecto, una asesoría para bodegas pequeñas, pero se me acaba el paro y no me puedo permitir estar otra vez sin ingresos, así que ahora me estoy preparando unas oposiciones”, dice.

Se siente cansada de tanto cambio y de haber llegado a los 31 años sin un proyecto de futuro definido. "Las cosas no creo que estén mejor que hace cinco años. Tanto la movilidad como lo de emprender, las alternativas que se nos dan, son un poco tomaduras de pelo. Al final más que prosperar vamos sobreviviendo. Yo he vivido en Malta, Grecia, pero ahora me apetece estar en España”, asegura.

Andrea, de indignada a emprendedora alternativa

A Andrea la dejamos con 23 años acabando la carrera de Historia, muy implicada en causas sociales y como activista en la organización Juventud sin Futuro. "Acabé la carrera, hice un Máster de Formación del Profesorado y un experto en Desigualdad, Cooperación y Desarrollo" en Económicas. Estuve cerca de un año trabajando en un bar con jornadas laborales muy largas”. Por aquel entonces abandonó la casa de sus padres, aunque se quedó en Vallecas.

Los dos últimos años los pasó en una librería en Lavapiés, La Marabunta, una librería asociativa, un proyecto de economía alternativa. “Pero ya sabes cómo son estas cosas, salarios muy bajos y muchas horas de curro, para intentar que salga adelante. Finalmente cerramos en enero porque económicamente no tiraba. Desde entonces estoy cobrando el paro y me estoy preparando oposiciones de profesora de historia de secundaria”, explica.

Andrea dice que no ve más facilidades para encontrar trabajo ahora que hace cinco años, "aunque el Gobierno intenta esconder la situación bajo contratos precarios de una semana". "No ha habido condiciones laborales dignas desde hace muchísimo tiempo, no sólo afecta esto a mi generación. Hace 20 años también había un sector de jóvenes trabajadores en estas mismas situaciones de precariedad aunque esta situación que estamos viviendo ahora es más visible porque tenemos carreras y máster y parece que automáticamente teníamos que conseguir mejores trabajos", dice.

Goyo, de instatisfecho a valorado en Alemania

Cansado del mercado laboral español, Goyo se estaba marchando a Bélgica en busca de mejores oportunidades cuando apareció en “Generación Perdida”. Como ingeniero de Telecomunicaciones tenía las puertas abiertas. Cuatro años después resulta casi imposible hablar con él por teléfono. Anda de reunión en reunión, presentando y cerrando proyectos. "Después de marcharme da Bélgica a trabajar vi otro concepto de lo que entendemos como estabilidad laboral y vida fuera del trabajo, algo que en España era complicado debido a las exigencias laborales", recuerda a distancia.

"Bélgica no fue la mejor experiencia laboral de mi vida por otros motivos y decidí dar un salto hacia Alemania, desde entonces trabajo de autónomo y aquí veo lo que es cuidar a un empleado en todos los aspectos". Las cosas no le van nada mal. "Soy autónomo y cobro por días trabajados, el sueldo bruto al día es de 375 €. Pongamos que netos al menos se quedan entre 3.000 y 3.500 trabajando un mes entero, sin ningún día de vacaciones", confiesa.

Generación perdida, oportunidad perdida

Almudena Moreno, la socióloga de la Universidad de Valladolid que 'vistió' conceptualmente el documental de Martín De los Santos, mira para atrás y ve una oportunidad perdida. "Los números indican que la situación para la 'generación perdida' ha empeorado, aunque depende mucho de edad y situaciones personales. Hay dos grandes grupos. Por un lado los que tenían que incorporarse al mercado laboral cuando empezó la crisis. Son los que peor lo han tenido. Frente a estos, los que ya estaban trabajando lo han tenido algo mejor. Aunque muchos, aunque estén trabajando, lo hacen con peores salarios o con situaciones de precariedad que se extienden en el tiempo", dice.

Moreno se siente "una optimista que, en el caso del empleo juvenil, es pesimista". Asegura que la creación de empleo que registran las estadísticas es "confusa y no cuenta toda la realidad". "Se está creando empleo, es cierto, pero si desagregas los datos te das cuenta de que no está habiendo una mejoría en las condiciones de vida bajo estos nuevos contratos. Esta situación va a tener consecuencias a largo plazo, es una descapitalización personal, social y nacional y hemos desaprovechado la oportunidad de crear un mejor modelo productivo", dice.

Sociedad

El redactor recomienda

Escribe un comentario... Respondiendo al comentario #1
9 comentarios
Por FechaMejor Valorados
Mostrar más comentarios