el futuro laboral

La "revolución freelance": un tercio de los estadounidenses ya son autónomos

Se habla de la transformación productiva más importante desde la Revolución Industrial. Algunos tienen miedo, otros lo ven con entusiasmo

Foto: Una mujer rellena un formulario para solicitar un empleo en una feria laboral para veteranos de guerra y parados celebrada en Los Ángeles. (Reuters)
Una mujer rellena un formulario para solicitar un empleo en una feria laboral para veteranos de guerra y parados celebrada en Los Ángeles. (Reuters)

“Me quedé sin trabajo y, como no encontraba otro, tuve que inventármelo”. Erik Lance tenía 42 años cuando perdió su empleo de toda la vida como diseñador, en los momentos más duros de la “Gran Recesión”. Hoy, este padre de familia de Virginia se gana la vida tocando el bajo con su banda de rock, aceptando encargos como diseñador gráfico y como técnico de sonido. Y cuando todo lo demás flojea, cuando necesita unos ingresos extra o cuando tiene un rato libre después de dejar a sus hijos en la escuela, también recoge pasajeros en su coche a través de la aplicación Uber.

Muchos economistas están convencidos de que el perfil laboral de Erik no es un apaño temporal para salir del paso tras una atroz crisis económica, sino una parte importante de nuestro futuro. O de nuestro presente, porque un tercio de la población estadounidense ya está realizando algún tipo de trabajo freelance. Al menos, eso refleja un reciente estudio comisionado por la Freelancers Union (asociación independiente) y por Elance, la mayor plataforma para contratar autónomos online, con más de 3 millones de currículos.

Expertos en relaciones laborales vaticinan que más de la mitad de los estadounidenses se podrá encuadrar en alguna de las definiciones de 'freelancer' antes de 2020El citado informe identifica a 53 millones de personas y se esfuerza por otorgarles dimensión: hay ya más freelancers, dice, que votos recibieron Bill Clinton o Ronald Reagan para ganar la presidencia del país. Cierto es que quienes pagaron por analizar los datos están interesados en sumar y que la metodología presenta detalles discutibles. Por ejemplo, se divide a los encuestados en cinco categorías (ver gráfico), de las cuales alrededor de un 50% no tienen otra ocupación (son freelancers puros), mientras que el resto lo combinan con un trabajo convencional o mantienen una pequeña empresa como autónomos.

Sea como sea, pocos dudan ya de que el trabajo freelance se está extendiendo rápidamente en casi todo el mundo y que en Estados Unidos se empieza a consolidar como una alternativa real. Expertos en relaciones laborales como Jeff Wald, cofundador de WorkMarket, vaticinan que más de la mitad de los estadounidenses se podrá encuadrar ya en alguna de las definiciones de freelancer antes de 2020. Es decir, pasado mañana.

“Es algo que ya está aquí y tenemos que prepararnos. La explosión empezó hace dos décadas y se está desarrollado muy deprisa. Pero creo que la gran recesión terminó de tumbar la idea de que el trabajo tradicional era lo realmente seguro, a lo que había que aspirar, forzando a muchas personas a descubrir otras alternativas”, dice la directora ejecutiva de la Freelancers Union, Sara Horowitz.

Parados guardan cola para reunirse con potenciales empleadores en una feria en Nueva York (Reuters).
Parados guardan cola para reunirse con potenciales empleadores en una feria en Nueva York (Reuters).

El concepto freelance representa tanto un viaje al pasado de la informalidad como al futuro de la flexibilidad extrema. Resulta significativa su etimología, que no nos traslada a ninguna taquillera película de ciencia ficción, sino a una novela medieval de principios del siglo XIX. En 1819, el escocés Sir Walter Scott acuño la expresión free-lance (lanza libre) en las páginas de Ivanhoe. Se trataba de retratar a caballeros mercenarios de la Europa feudal que no tenían rey ni señor y que se vendían al mejor postor, condición que les otorgaba ciertas libertades y también alguna que otra preocupación. Fue rescatada de los libros un siglo y medio después, cuando escritores y creativos de los 70 se sintieron identificados y la popularizaron en las revistas del gremio.

Hoy la “economía freelance” no sólo crece al ritmo de las últimas décadas, sino que parece haber entrado en una nueva fase de expansión en Estados Unidos. Primero, porque se abre a nuevos sectores y formatos gracias a la sharing economy de ingenios como Uber o AirbnB. Segundo, porque las grandes empresas están movilizando a sus departamentos de recursos humanos en dicha dirección. “Las pequeñas y medianas empresas han liderado el boom de los freelancer hasta aquí, pero ahora las grandes empresas están entrando también y juegan un papel cada vez mayor”, asegura Wald.

'Las pequeñas y medianas empresas han liderado el 'boom' de los 'freelance', pero ahora las grandes compañías están entrando también y juegan un papel cada vez mayor', asegura WaldSegún otro informe de la Freelancers Union, más de un 60% de las grandes multinacionales del país tiene planes de aumentar sus encargos a trabajadores externos el año que viene. Muchos directivos se sienten especialmente animados tras la implementación del Obamacare, el nuevo formato de sanidad impulsado por la Administración Obama, que obliga a las empresas de más de 50 empleados a ofrecer un seguro sanitario. Al mismo tiempo, la regulación reduce los costes de los seguros individuales, por lo que funciona como un doble incentivo para la "economía freelance".

“¿Pluriempleo de supervivencia?”, pregunto a Erik Lance mientras corre el "taxímetro" de Uber. Él dice que no, que está contento y que no volvería atrás. “Los sueldos corporativos hoy son demasiado bajos y te esclavizan. Yo ahora organizo mi propio tiempo, puedo estar más con mis hijos, soy más libre. En el coche no estoy más de 4 horas al día nunca. Gano algo menos de dinero, pero también gasto menos y no tengo que comer fuera. Estoy contento así”, asegura.

Muy diferente en los matices es el caso de Elena Cros, una española casada con un estadounidense y afincada en Washington D.C. después de años de experiencia internacional. Hoy tiene tres ocupaciones: trabaja como investigadora en casos de libertad de expresión y género para organizaciones internacionales y como periodista. Además, redondea sus ingresos alquilando el sótano de su casa, reconvertido en un coqueto apartamento, a través de la web Airbnb.

“Estoy feliz así porque puedo compaginar todo lo que me gusta. Incluso lo de recibir turistas es una satisfacción, es como viajar a algún lugar del mundo por un rato”, dice. Ella tampoco aceptaría un trabajo convencional, al menos por ahora. “Soy mi propia jefa, organizo mi tiempo y tomo vacaciones cuando quiero. Eso no tiene precio, aunque echo de menos a veces el trabajo en equipo. No descarto aceptar un trabajo fijo en el futuro, pero ahora mismo no”, dice.

Técnicos aeronáuticos trabajan en helicópteros S-92a en Coatesville, Pensilvania (Reuters).
Técnicos aeronáuticos trabajan en helicópteros S-92a en Coatesville, Pensilvania (Reuters).

Más ingresos, más seguridad 

El informe de la Freelance Union reconoce que hay de todo, también mucha gente deseando volver a una dinámica de trabajo tradicional. Pero, en general, presenta un panorama optimista, en el que la mayoría de los freelance estadounidenses se sienten satisfechos y tienen buenas perspectivas para el futuro. El 43% cree que ganará más el año que viene que el actual y el 77% afirma estar ingresando ya tanto o más de lo que le pagarían hoy en día dentro de una empresa.

Además, muchos aseguran sentirse más realizados y relativamente más seguros, ya que tienen sus huevos repartidos en varias cestas. “Hay gente que perdió su trabajo de toda la vida y se dio cuenta de que no era tan buena inversión. Ahora tienen 50 clientes y no están tan expuestos a que uno de ellos quiebre. Muchos no volverían donde estaban antes”, dice Horowitz.

La presidenta del Freelance Union es una entusiasta del trabajo autónomo y se siente una pionera. No lo considera una simple transformación de la estructura productiva, sino un “fenómeno cultural y social tan importante como la Revolución Industrial”. “La verdad, mucha gente nos sentimos optimistas con esto, especialmente los más jóvenes, por ejemplo los millennials. Muchos lo viven como la nueva manera de hacer las cosas y están viendo que no necesitan gastar mucho si tienen flexibilidad para elegir cómo y dónde vivir, que no tienen que mantener una fidelidad a una empresa para siempre, y que son más felices así”, dice.

La “revolución freelance” lo transformará todo, insisten los visionarios: desde la manera de poblar el territorio y organizar los vecindarios hasta las formas de ocio. Se trata de un futuro donde el empleo pasará de flexible y móvil a directamente volátil, pudiendo trasladarse un encargo de California a Bombay en cuestión de segundos. Y donde se difuminará la barrera entre empleo y tiempo libre. Para adaptarse a ello, insisten, habrá que reformar cientos de cosas, empezando por la recaudación de impuestos, las instituciones, las asociaciones laborales... También abrirá nuevas oportunidades de negocio a quienes se especialicen en ofrecer servicios a los freelancers.

El padre de Diego Flores le ayuda para que juegue con una bandera en Illinois (Reuters).
El padre de Diego Flores le ayuda para que juegue con una bandera en Illinois (Reuters).

¿Empleo precario y competencia desleal?

Frente a los entusiastas, otros muchos prefieren subrayar los peligros que acechan. “Nos dejamos cegar por la excitación de las cosas nuevas, las nuevas formas de vida y las nuevas tecnologías, pero hay que tener los ojos bien abiertos porque en realidad lo que hay es una tendencia en la que los empleadores intentan descargar todas sus responsabilidades sobre los trabajadores, deshaciéndose de todo tipo de relación contractual, no viéndose obligados a pagar sueldos decentes, condiciones seguras, seguros sanitarios, vacaciones, etcétera”, asegura Thomas Palley, economista de renombre en círculos demócratas y consultor de AFL-CIO, la mayor federación sindical del país.

“La tecnología está obviamente acelerando y empeorando esta transformación a través de modelos como Uber o Airbnb, que genera nuevos mercados y tiene el potencial para debilitar la posición de los trabajadores y dejarlos a merced de empleos precarios y explotación laboral”, se queja.

Palley insiste en que no habla desde la “tecnofobia”, sino desde el sentido común. “Las nuevas tecnologías proporcionan muchas ventajas, pero tienen también potencial para destruir buenas relaciones de empleo y establecer malas prácticas laborales que después podrían tardar mucho en arreglarse”. Y denuncia el caso Uber. “En lugar de dar ventajas a los consumidores, puede acabar generando empleo precario y enriqueciendo mucho a una única empresa”, dice. 

'Parte de los problemas que afronta la economía estadounidense se derivan de ello, de que los trabajadores viven peor, se ven obligados a trabajar más y se sienten menos protegidos'Se queja también de la competencia desleal que supone la sharing economy frente a los negocios tradicionales. “No están compitiendo al mismo nivel. Por ejemplo, Amazon no paga impuestos sobre la venta, Airbnb no tienen que cumplir la reglamentación y las inspecciones, Uber no paga licencias...”, asegura.

Para Palley y muchos otros economistas keynesianos la flexibilidad laboral no es parte de la solución, sino una de las raíces del problema. “Parte de las dificultades que afronta la economía estadounidense se derivan de ello, de que los trabajadores viven peor, se ven obligados a trabajar más y se sienten menos protegidos. Todo ello genera una gran problema de demanda interna porque se consume menos y se multiplican las desigualdades, algo que no es sano para la economía”, dice. 

“El mercado laboral precario es muy salvaje para mucha gente. Es cierto que para algunos funciona muy bien, pero la dinámica acaba arrastrando a muchas personas a unas reglas del juego que les perjudican y no les gustan. Cuando desencadenamos una dinámica sin protecciones sociales, nos lanzamos a una realidad muy dura, muy de perro come perro”, dice. 

Los keynesianos discuten distintas fórmulas para introducir regulaciones al trabajo freelance y establecen ejemplos como el de la construcción, donde los sindicatos han conseguido mediar a pesar de la flexibilidad. “Hay que regular desde la política para asegurar que se cumple por ejemplo el salario mínimo, que se protege de empresas que no pagan lo que encarga, etcétera. Y en general, no creo que haya una solución mejor para estos problemas que los sindicatos. Han sido una solución histórica y creo que lo siguen siendo, que se necesitan sindicatos en nuevas áreas de la economía”, concluye Palley. Él, curiosamente, ofrece también sus servicios en la economía freelance.

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