Sin vacunas no hay bistrós: así ha funcionado el 'pasaporte obligatorio' en Francia
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'Liberté' y 'egalité', pero vacúnate

Sin vacunas no hay bistrós: así ha funcionado el 'pasaporte obligatorio' en Francia

Desde el 9 de agosto, los franceses necesitan el certificado sanitario para la mayoría de actividades sociales. La polémica medida aceleró la campaña de vacunación, pero sacó a miles de personas a la calle

placeholder Foto: Manifestación de formaciones de derecha contra el carné covid en París. (EFE)
Manifestación de formaciones de derecha contra el carné covid en París. (EFE)

El certificado covid se ha convertido en la principal herramienta multiusos con la que el Gobierno del presidente Emmanuel Macron espera salir de la pandemia. Desde el 9 de agosto, los franceses lo necesitan para ir a cualquier bar, restaurante, terraza, centro comercial y el resto de lugares de ocio, además de para viajar en avión, autobús o tren. Mientras que en España su obligatoriedad es todavía un tabú, Francia se ha convertido en el país europeo con un uso más extendido del documento. Dos realidades prácticamente opuestas en ambos lados de los Pirineos.

Casi un mes después de que el certificado sanitario se volviera omnipresente en el país vecino, ha llegado el momento de hacer un balance de esta medida. ¿Sirvió para acelerar la campaña de vacunación en un país con un potente movimiento antivacunas? ¿Cómo afectó a los sectores del ocio y la cultura? ¿Su uso está siendo respetado y vigilado por la policía? ¿Ha favorecido una sociedad de control permanente?

Foto: El presidente francés, Emmanuel Macron. (EFE)

“El objetivo que nos hemos dado es muy sencillo: la vacunación de todos los franceses que puedan vacunarse. Debemos lograr los 50 millones de vacunados a finales de agosto. Estamos en la buena dirección”, defendió Macron a mediados de agosto. Con las medidas anunciadas el 12 de julio, el mandatario pretendía acelerar el ritmo de inyecciones. Este se había ralentizado desde principios de ese mes en un país donde una importante parte de la población se mostraba reticente a vacunarse, a pesar de que la confianza en la sustancia inmunizante había crecido de manera significativa a lo largo de la primavera. ¿Cambió el pasaporte covid-19 esta tendencia?

Impacto inmediato

Tras el polémico discurso de Macron, las citas para vacunarse se dispararon en el país vecino. De esta manera, se pasó de unas 175.000 dosis inyectadas al día durante la segunda semana de julio a más de 370.000 el día 31 de ese mes. Este ritmo de crucero ha servido para que Francia sea uno de los grandes países europeos con un mayor porcentaje de población inmunizada.

placeholder Protesta contra la obligatoriedad del certificado covid en París. (EFE)
Protesta contra la obligatoriedad del certificado covid en París. (EFE)

Según datos del 3 de septiembre, en torno a 49 millones de personas han recibido al menos una inyección en el país vecino, lo que representa más del 72% de la población. Además, más del 65% ya dispone de las dos dosis. Esto sitúa a Francia con unos niveles de vacunación parecidos a los del Reino Unido y superiores a los de Alemania e Italia, donde la campaña de inmunización se encalló durante este verano. No obstante, sigue por detrás de países como Portugal (75%), Dinamarca (73%) o España (73%), una de las campeonas de la vacunación en el Viejo Continente, a pesar de haber desistido en el uso extendido del pasaporte de vacunación.

Resulta evidente que en Francia la omnipresencia del certificado sanitario aceleró el ritmo de inyecciones, pero no resolvió todas las aristas de la campaña de vacunación. Uno de los principales puntos flacos es el elevado porcentaje de gente mayor no vacunada, y para solucionarlo el pase covid no ha tenido ningún efecto. Alrededor del 15% de los franceses mayores de 80 años no recibió la vacuna, mientras que en España el 100% de esta franja está inmunizado. Según los expertos, esto no se debe al discurso antivacunas —muy poco presente entre la gente mayor—, sino a su dificultad de acceder a internet para pedir cita y desplazarse a los centros de vacunación.

Foto: Un joven muestra un certificado de vacunación. (EFE)

Además, el ritmo de inyecciones se ha desacelerado de manera significativa desde principios de agosto. El 3 de septiembre, solo se inyectaron unos 117.775 pinchazos, una cifra inferior a la del 12 de julio. Aunque el pasaporte covid sirvió para que se vacunaran numerosos jóvenes que dudaban o preferían esperar, parece que no convenció a los más reticentes. Otro efecto no deseado fue un aumento explosivo de los test —una prueba negativa de menos de 72 horas también permite disponer del certificado de manera temporal—. Hasta el punto de que la semana del 15 de agosto se realizaron 4,2 millones de test y los laboratorios, así como el sistema informático, estuvieron a punto de colapsar.

Clientela reducida

Disponer del pase covid, ya sea a través de la vacunación o de un test, se ha convertido en la obsesión de muchos franceses. Ya forma parte de la vida cotidiana. Macron reconoció el jueves que su uso podría extenderse más allá del plazo establecido del 15 de noviembre.

“Básicamente, me vacuné para poder ir a los bares y tengo muchos amigos que hicieron lo mismo”, reconocía a El Confidencial Redouane, de 34 años, un informático parisino que tomaba una cerveza junto a su pareja en un bar en el emblemático canal de Saint-Martin. “Al menos la ventaja ahora es que podemos ir a la Torre Eiffel sin hacer cola”, añadía Océane, 31 años, consultora, sentada en la terraza de Le Bistrot. Esta zona de ocio se encuentra especialmente tranquila a finales de un mes de agosto en que los turistas desertaron de París.

"Solo hemos tenido problemas con uno de cada 100 clientes, sobre todo al decirles que no podían entrar si no disponían del certificado"

"Al principio, temíamos que fuera mucho más difícil de controlarlo [el certificado] y que tuviéramos que contratar a alguien que se ocupara de ello", afirma Claudie, de 28 años, camarera en este establecimiento. “Pero solo hemos tenido problemas con uno de cada 100 clientes, sobre todo al decirles que no podían entrar, ya que no disponían del certificado”, añade. “Vigilamos que todo el mundo posea su pase sanitario por el miedo a que nos multe la policía. Pero si no fuera por esto, no lo controlaríamos”, sostiene Louis, responsable de Les Enfants Perdus, uno de los restaurantes de moda en el canal de Saint-Martin.

Foto: Emmanuel Macron, tras una reunión con el presidente de Argentina. (Reuters) Opinión

Los locales que no exijan el pase sanitario pueden recibir multas de hasta 45.000 euros. Pero hasta ahora los controles policiales destacaron por su ausencia. Su entrada en vigor vino acompañada de una ligera disminución de los clientes en bares y restaurantes, aunque el ocio no resultó el sector más perjudicado. La caída ha sido bastante más significativa en la cultura, sobre todo en los cines, donde se exige el certificado desde el 21 de julio. El séptimo arte suele apasionar a los franceses, pero en los últimos tres meses se vendieron 31 millones de entradas, 10 millones menos que en el mismo periodo antes de la pandemia. En gimnasios y parques de atracciones, los usuarios también se redujeron a la mitad.

Oleada de protestas

Mientras que el pase covid vació los cines, llenó las calles de manifestantes. Tras los anuncios de Macron, empezó una oleada de protestas contra la omnipresencia de este certificado. El Ejecutivo quedó sorprendido por su carácter multitudinario en pleno verano. Desde mediados de julio hasta entrado el mes de agosto, el número de manifestantes no dejó de crecer en las movilizaciones más importantes en Francia desde el inicio de la pandemia. Entre 415.000, según el colectivo militante Le Nombre Jaune, y 237.000 personas, según el Ministerio del Interior, se manifestaron el 7 de agosto, en la jornada más numerosa. La participación decayó en los últimos fines de semana de agosto, pero nuevas manifestaciones están previstas para septiembre.

“No estoy en contra de las vacunas, pero me preocupan todos los retrocesos en materia de libertades. No es la primera ley liberticida impulsada por Macron”, aseguraba Jérôme, un camarero de 32 años presente en una de las manifestaciones parisinas, quien ponía como ejemplo la ley sobre la “seguridad global” que restringió los vídeos de las acciones policiales.

Las manifestaciones anticertificado comparten similitudes evidentes con la revuelta de los chalecos amarillos en 2018

Estas manifestaciones anticertificado comparten similitudes evidentes con la revuelta de los chalecos amarillos en 2018. Por ejemplo, perfiles sociales transversales, la elevada presencia de personas poco acostumbradas a manifestarse y unas motivaciones diversas —y a menudo también confusas— por las que protestan. Los clásicos discursos antivacunas están presentes, pero también hay numerosos manifestantes opuestos a las restricciones de libertades o que utilizan el certificado sanitario como un pretexto para expresar su oposición a Macron.

El pasaporte sanitario ha permitido que la campaña de vacunación mantuviera un ritmo de crucero durante el verano en Francia. Un aspecto positivo, sin duda. Pero también ha dividido y fracturado la convulsa sociedad gala. Si las protestas se reactivan en septiembre, Macron puede enfrentarse a una 'rentrée' caliente, pocos meses antes de las presidenciales de la primavera de 2022.

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