"Los antivacunas que han terminado en hospitales son buenos embajadores"
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Entrevista a Sophie in 't Veld

"Los antivacunas que han terminado en hospitales son buenos embajadores"

Sophie in 't Veld es una de las principales voces del PE en defensa del Estado de derecho y la ampliación de poderes de las instituciones para atajar crisis como el cambio climático

Foto: La eurodiputada Sophie in 't Veld, en sesión parlamentaria. (Parlamento Europeo)
La eurodiputada Sophie in 't Veld, en sesión parlamentaria. (Parlamento Europeo)

Sophie in ’t Veld (Países Bajos, 1963) lleva años siendo una de las voces más firmes de la Eurocámara en la defensa del Estado de derecho. Del grupo liberal Renovar Europa, es una ferviente y habitual defensora de dotar el bloque comunitario con más poderes para abordar crisis actuales, pero especialmente futuras, como será la del cambio climático, como ha alertado el informe de los expertos del IPCC esta semana: la humanidad se enfrenta a un código rojo si no quiere que el planeta cambie para siempre.

Veld fue además una de las negociadoras del certificado europeo para viajar, del que asegura que los gobiernos nacionales lo han convertido en una cacofonía de medidas. Pese a un inicio titubeante, la campaña de vacunación europea ha sido un éxito, con las excepciones de algunos países del este como Bulgaria y Rumanía. El mayor desafío ahora es convencer a las personas reacias a vacunarse. Mientras nuestros vecinos Francia e Italia utilizan ampliamente el certificado covid para restringir el acceso a lugares públicos a las personas no vacunadas y así 'obligar' a que se inyecten las dosis, en España la Justicia ha invalidado el uso del certificado en cuatro comunidades autónomas y solo lo mantiene Baleares.

[Si quieres leer la serie de entrevistas a eurodiputados sobre los temas clave que enfrenta la UE, pincha aquí].

PREGUNTA. La mayoría de Estados miembros están utilizando el pase sanitario para un uso más allá de los viajes, como ir a cines, restaurantes o museos. ¿Cómo ve esta medida?

RESPUESTA. La legislación que adoptamos dice que si los países quieren usar el certificado covid europeo de esa forma, pueden hacerlo. Pero para ello necesitan una base legal adecuada. Cada país debe aprobar una legislación nacional, y tengo que decir que muchos de los que lo están utilizando para propósitos nacionales no lo han hecho. La Comisión Europea debe estar vigilante para ver si se está cumpliendo la ley. Pero mi mayor problema ni siquiera es esto. Es que básicamente están ignorando que existe una UE, un espacio Schengen, un mMercado interior… A pesar del certificado europeo, cada país está imponiendo sus propias normas, lo que deja a los ciudadanos en un ‘espagueti de normas’ y restricciones que genera mucha confusión. ¿Necesito estar vacunado cuando viajo de A a B o C? ¿Qué pasa cuando regrese a casa? ¿Necesitan mis hijos pasar un test? ¿A qué edad están exentos de cuarentenas? La gente está totalmente perdida. Incluso yo lo estoy. Los Estados miembros deberían tener una postura común, un mapa europeo y un protocolo conjunto sobre las restricciones en las zonas verdes, rojas o naranjas.

P. Con el certificado europeo, las diferencias son enormes. Pero lo son todavía más con este pase sanitario que imponen países como Italia o Francia, pero no España o Alemania. ¿Se está echando en falta una posición europea que lo homologue?

R. Cuando negociamos [el Parlamento Europeo] con el Consejo, queríamos tener más armonización y claridad para facilitar los viajes a los ciudadanos. La idea fundamental se sostenía sobre ello. Pero los Estados miembros no querían porque a los gobiernos nacionales les importan más sus competencias y sus poderes políticos. Lo están convirtiendo en una especie de lucha de poderes con Europa. En algunos casos, incluso con las autoridades locales y nacionales, como hemos visto en Suecia o Alemania, desatando una lucha estúpida en lugar de pensar que es lo mejor para que los ciudadanos viajen de forma segura y libre. En este aspecto, el Parlamento Europeo no consiguió lo que quería. Las capitales han acordado el mapa de colores europeos, pero no las medidas que lo acompañan. Es estúpido. ¿Cuál es la razón de estas diferencias? La ciencia no da lugar a las diferencias. El virus no es diferente.

En Estados Unidos tienen el virus, restricciones, confinamientos, una estrategia de vacunación, cuarentenas, test… Todas las medidas que también hemos tenido en Europa. Pero no tienen este sinsentido de que los estados tengan diferentes medidas que impidan pasar de unos a otros. Es ridículo. Y como ciudadanos europeos tenemos derecho a movernos libremente por la UE. No solo para el turismo, también para trabajar o reunificación nacional.

Foto: Juan Fernando López Aguilar (El Confidencial)

P. Parece que estos certificados sanitarios van a ser parte de nuestra nueva normalidad durante meses, si no años. ¿Cree que llegaremos a ver unificación europea sobre estas medidas que alterarán el día a día de los ciudadanos?

R. Por supuesto que necesitamos una postura europea. Necesitamos tener las mismas reglas. No hay ninguna razón para estas diferencias. Lo único que lo frena son los recelos de los países que rechazan elevarlo a nivel europeo aunque los ciudadanos así lo quieran. Los gobiernos han sido incapaces de ponerse de acuerdo en casi todo desde el inicio. Comenzaron cerrando fronteras, prohibiendo exportaciones de material médico. Algunos quisieron adelantarse en la compra de vacunas. Desde el inicio, se han comportado de forma bastante egoísta e irresponsable.

Vemos esta actitud en otras áreas políticas. Si pensamos en los mayores desafíos del futuro, como será el cambio climático, tienen la misma postura. El gran problema no es el virus. El cambio climático es una gran amenaza. Pero el mayor problema es esta actitud de los gobiernos diciendo que no necesitan a Europa porque no quieren ceder poderes ni competencias. La Comisión Europea lo está intentando, pero está bajo mucha influencia de esta Europa intergubernamental, que funcionó muy bien hace 50 años, pero que no sirve para los retos de hoy. Esta crisis del covid-19 es como el canario en la mina de carbón. Demuestra cuál es el problema fundamental.

P. El otro problema sigue siendo la gente que se niega a vacunarse. Estamos viendo importantes protestas en Francia o Italia de personas que sostienen que estos certificados vulneran sus derechos y libertades fundamentales. ¿Qué opina de ello?

R. Es complicado. Si te niegas a vacunarte, puedes propagar la enfermedad y contagiar a alguien. También estás afectando su derecho fundamental a la salud y a la vida. Creo que no deberíamos tener un debate legal sobre ello. No es un conflicto legal. Si retrocedemos un poco, no es la primera vez que intentamos matar un virus con vacunas. Con epidemias anteriores o campañas de vacunación hemos conseguido convencer a la gente para que lo haga de forma voluntaria. En mi país, por ejemplo, la vacunación es voluntaria y hemos conseguido una tasa del 95%.

Esa sería la mejor estrategia. Convencer a la gente, no forzarla u obligarla. Entiendo la lógica en sectores como residencias u hospitales. Hay muy buenas razones para obligar a este personal, pero incluso ahí debe ser la última opción. Hay que intentarlo, hablar con las personas. Estamos viendo que mucha de esta resistencia contra las vacunas no tiene que ver con la propia vacunación. Es algo también político, de la mano de extremistas o 'antiestablishment' de organizaciones de extrema derecha o izquierda.

Los antivacunas que han terminado en hospitales son buenos embajadores, porque han aprendido de su dureza. Ahora cuentan sus historias reconociendo que lo que habían hecho era estúpido. Rechacé la vacuna, terminé en el hospital y casi muero. No es una broma. El virus no es una broma. Usémoslos como embajadores.

Foto: Dolors Montserrat (Parlamento Europeo)

P. La UE está cerca de alcanzar la inmunidad de rebaño con ese 70% de población. La siguiente batalla será qué hacer con el porcentaje que continúa negándose a inyectarse la dosis contra el covid-19. Habla de convencerlos, pero ¿cómo hacerlo?

R. Hay que contar con una estrategia local. Cada país tiene sus propios métodos y tradiciones. Pero si veo cómo la resistencia va aumentando de mano de la presión, no estoy segura de que sea la medida adecuada. No hemos visto protestas masivas contra vacunas de la polio u otras. Son parte del día a día y nadie discute sobre ellas. Si hemos sido capaces de llegar a ese punto, deberíamos serlo también ahora. En el largo plazo, es mejor si convences a la gente con argumentos.

P. En la UE, sin embargo, hay enormes diferencias sobre las tasas de vacunación. En Bulgaria o Rumanía, ronda el 20%, y en otros como España supera el 60%. ¿Por qué está sucediendo esto?

R. He visto algunos estudios que evidencian una clara relación entre la confianza en el Gobierno y la voluntad de ponerse la vacuna. Cuando desconfías de tu Gobierno, no quieres vacunarte. Mira Rusia: la confianza en el Gobierno es muy baja y la resistencia contra las vacunas está en torno al 70% u 80%. El Estado de derecho o la lucha contra la corrupción pueden tener un impacto directo. Si confías en tus líderes, estarás más dispuesto a vacunarte. La lucha contra la corrupción se convierte en asunto de salud pública.

P. Cientos de miles de ciudadanos se han descargado ya el certificado europeo covid. ¿Es esta herramienta uno de los grandes éxitos de la UE en la gestión de esta pandemia?

R. Sí y no. Los pocos éxitos que hemos visto en la estrategia contra el coronavirus son esos en los que hemos conseguido tener una acción europea común, como la estrategia de compra de vacunas o este certificado. Cuando la Comisión Europea ha tomado los mandos, ha sido exitoso. Pero cuando lo dejamos en manos de los Estados, Europa es un lío.

Si miramos el certificado, la parte que es europea es un éxito. Funciona, la gente confía en él y hay reconocimiento mutuo. La parte que cuenta con lagunas es en la que los Estados miembros continúan imponiendo sus propias normas. El Parlamento Europeo quería evitar esto y evitar restricciones adicionales. El Consejo lo rechazó y ahora vemos el caos que hay. Es un éxito y un fracaso. Es fácil ver que donde hubo una acción europea funciona y en la parte de control de los Estados no. El certificado es el perfecto ejemplo de por qué necesitamos más Europa. Es cuestión de tiempo que controlemos el virus. Puede que haya otros, pero hemos aprendido muchas lecciones. Pero el cambio climático, la emergencia climática, es una crisis enorme. Si la vamos a afrontar con la misma actitud, entonces tendremos un gran problema. Necesitamos un debate urgente de cómo gobernamos Europa. Tal y como está ahora no podemos gestionar crisis de la magnitud del cambio climático. Necesitamos una Europa más fuerte.

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