¿Cómo vas a inmunizar a la población si casi la mitad de tu país es antivacuna?
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el drama de francia con la vacuna

¿Cómo vas a inmunizar a la población si casi la mitad de tu país es antivacuna?

Tras un inicio lento de la campaña de vacunación, el Gobierno francés intenta corregir los errores que frenaron la inmunización en uno de los países más reticentes a vacunarse

Foto: Un especialista retira un congelador con viales de la vacuna de Pfizer-BioNTech contra el coronavirus. (Reuters)
Un especialista retira un congelador con viales de la vacuna de Pfizer-BioNTech contra el coronavirus. (Reuters)

Francia es el mal alumno europeo de la vacuna contra el virus. Casi 20 días después del inicio de las campañas de vacunación contra el covid-19 en la Unión Europea, la nación gala es uno de los países en que un menor porcentaje de la población recibió el inmunizante. Un inicio muy lento en el suministro de las vacunas que desató una ola de críticas hacia el Gobierno francés. Hasta el punto que el ejecutivo centrista ha dado un giro copernicano en su estrategia. Y así acelerar las inyecciones en un lugar que acumula varias semanas de retraso respecto a Alemania, Italia o España.

“Seguimos un ritmo de paseo familiar. Esto no está a la altura del momento ni de los franceses”, reconoció a principios de enero el presidente francés, Emmanuel Macron, en declaraciones al 'Journal du Dimanche'. En su tradicional discurso de fin de año, ya había advertido ante cualquier “lentitud injustificada”. Era consciente del impacto catastrófico en la opinión pública de un tropiezo en la distribución del medicamento más útil para frenar la pandemia. Las críticas de la oposición se multiplicaron al comprobar que en Francia solo fueron vacunadas 516 personas en la primera semana, mientras que en los países de su entorno se contaban por decenas, centenares o miles.

Tras este polémico inicio, el ejecutivo francés agilizó su estrategia. Dejó de focalizarse solo en la gente mayor que vive en las residencias de ancianos. Ahora ha ampliado el abanico de personas que pueden vacunarse al personal médico de más de 50 años, así como los ancianos de más de 75 años que no viven en residencias a partir del 18 de enero. Después de que a mediados de la semana pasada solo se hubieran suministrado unas 7.000 dosis, esta cifra se sitúa actualmente en 422.127. Según el portal Our World in Data, el 0,6% de la población francesa ha sido vacunada por el 1,91% en Italia, el 1,64% en España y el 1,25% en Alemania (Coronavirus (COVID-19) Vaccinations - Statistics and Research - Our World in Data).

Foto: Clément Beaune. (Reuters)

“Siempre lo podemos hacer mejor, pero no podemos comparar al cabo de dos días lo que durará varios meses”, defendió el pasado martes Macron, a pesar de las numerosas críticas de su mismo entorno a la administración por la lentitud en el suministro. “Aquellos que me dicen ahora que no va lo suficientemente rápido son los mismos que decían en diciembre que iba demasiado deprisa”, añadió.

Un retraso en la vacunación que se debió tanto a problemas de logística como a la misma estrategia diseñada por las autoridades francesas y la prudencia con la que impulsaron una campaña en un país en que, según sondeos recientes, alrededor de un 60% de la población no quería vacunarse contra el covid-19. “Cuando la comparamos con otros países, la campaña de vacunación en Francia destaca por su prudencia, sobre todo por parte de las autoridades”, explica a El Confidencial el sociólogo Jocelyn Raude, profesor en la Escuela de estudios superiores de Salud Pública de Rennes y experto en las polémicas generadas por las vacunas. Consciente de la oposición de una parte significativa de la población a vacunarse y del riesgo de que esta campaña se convirtiera en un plebiscito sobre Macron, el Gobierno impulsó con sorprendente discreción el suministro de las primeras vacunas. Ningún ministro se desplazó el 27 de diciembre al Hospital René-Muret en Sevran, al nordeste de París, donde se efectuaron las primeras inyecciones.

Errores logísticos y de estrategia política

No obstante, la poca celeridad con la que se distribuye el millón de vacunas de Pfizer/BioNTech ha resultado un plato indigesto. Esta indignación se ha visto acentuada por la tercera ola de la pandemia que asecha Francia. De hecho, el primer ministro Jean Castex anunciará este jueves nuevas restricciones, que podrían comportar un endurecimiento del toque de queda a partir de las seis de la tarde en todo el país o incluso un tercer confinamiento. Los diputados de La República en Marcha (partido de Macron) fueron los primeros en poner el grito en el cielo contra el “sistema francés”. “Nuestro sistema tecnocrático, administrativo y burocrático se muestra una vez más incapaz. ¡Incapaz de vacunar!”, denunció la diputada macronista Jacqueline Maquet en un periódico local.

“Siempre resulta muy fácil echarle la culpa a la burocracia, pero se ha debido sobre todo a un problema de estrategia política y de anticipación de los problemas logísticos”, afirma a este diario Aurélien Rouquet, profesor de logística en la escuela de negocios francesa Neoma, que a principios de mes publicó una tribuna en 'Le Monde' en la que expresaba su indignación: “¡Centenares de miles de dosis duermen actualmente en congeladores!”. Este retraso se debió “a la decisión de empezar a vacunar primero únicamente en las residencias de ancianos, donde resulta más complicado suministrar vacunas de manera masiva tanto a nivel administrativo como logístico”, declara el doctor Frédéric Adnet, responsable de los servicios de urgencias en el departamento de la Seine-Saint-Denis.

Foto: Foto de archivo del presidente francés, Emmanuel Macron. (EFE)

En Francia, proporcionar las vacunas a las residencias de ancianos requiere una serie de trámites administrativos, como lograr el consentimiento de las familias en aquellos pacientes con facultades mentales degradadas. También han resultado un contratiempo las bajas temperaturas de conservación que exige el inmunizante de Pfizer, lo que dificulta transportarlo a residencias dispersas por todo el país. Ante estas dificultades, “la administración preveía que no podría vacunar de manera masiva hasta mediados de enero”, reconoce Rouquet. Pero estas previsiones quedaron en evidencia cuando los mandatarios de la UE, sobre todo por la presión de Alemania, decidieron adelantar la campaña al último fin de semana de diciembre.

“Los más reticentes a vacunarse”

“Ahora el objetivo es alcanzar unas 40.000 vacunas diarias”, reconoce Adnet, quien considera que las rectificaciones efectuadas por el Gobierno han corregido la lentitud inicial. Tras haberlo descartado en un principio, el ejecutivo también anunció la creación de grandes centros de vacunación, alrededor de 800, que deberían estar listos en las próximas semanas. Sin embargo, ahora el problema se encuentra en que “las salas de vacunación no están llenas. Hay muchas reticencias entre las enfermeras y auxiliares de salud a vacunarse”, lamenta Adnet, que trabaja en el Hospital Avicenne, al norte de París. “Si la gente ve que el personal médico no se quiere vacunar, esto da un mensaje muy negativo a la población”, añade.

A pesar de ser la patria de Louis Pasteur, uno de los precursores de la vacunación moderna, “los estudios internacionales muestran desde hace años que los franceses son los que más se oponen a vacunarse en el mundo”, explica Raude. Tras haber sido durante décadas una sociedad favorable a las vacunas, que erradicaron enfermedades como el sarampión o la polio, este apoyo cambió a partir de principios de los 2000. Un giro en la opinión pública que coincidió con una serie de campañas de vacunación fallidas contra la hepatitis B a mediados de los 90 y la gripe A en 2009-10.

“Entonces, los franceses vieron cómo las autoridades se gastaron centenares de millones de euros en una vacuna contra una gripe muy poco agresiva”, recuerda Raude, quien considera que a partir de ese momento el apoyo a las vacunas pasó del 90% al 60% de la población. Esta desconfianza hacia la industria farmacéutica y las autoridades sanitarias se vio acentuada por escándalos como el de Mediator, un medicamento contra la diabetes considerado responsable de miles de muertes. Y, ahora, esta atmosfera hostil amenaza con lastrar la decisiva campaña de vacunación contra el coronavirus.

placeholder Emmanuel Macron. (Reuters)
Emmanuel Macron. (Reuters)

“En mayo, hasta el 75% de los franceses decían que estaban dispuestos a vacunarse contra el covid-19. Pero este apoyo decayó rápidamente en los últimos meses hasta el 50%”, afirma Raude. Según el sociólogo, esta tendencia refleja la influencia de las agresivas campañas en redes de los colectivos antivacunas; por ejemplo, a través del documental complotista 'Hold-Up', visto por más de seis millones de personas. Estos discursos quedaron reforzados tras las críticas de algunos científicos franceses a la nueva tecnología del ARN mensajero. Unas dudas respecto a la vacuna expresadas incluso por doctores mediáticos y premiados internacionalmente como Didier Raoult, epicentro en la pasada primavera de una polémica sobre la hidroxicloroquina que volvió histérica a media Francia.

Pese a esta elevada desconfianza, las dificultades en el suministro han generado un mayor interés en vacunarse en aquellos franceses menos reticentes. Según un sondeo del instituto Elabe, publicado este miércoles, un 47% de los franceses son favorables a ello, mientras que un 40% se oponen (SONDAGE BFMTV - Covid-19: 47% des Français souhaitent désormais se faire vacciner). Lo que representa un aumento de nueve puntos a favor del inmunizante en una semana. Una mejora en la opinión pública que supone un premio de consolación tras un inicio tan errático.

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