El Kremlin todavía seduce, China no tanto: así juegan los afectos autoritarios en la Eurocámara
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Decodificando el Parlamento Europeo

El Kremlin todavía seduce, China no tanto: así juegan los afectos autoritarios en la Eurocámara

El Parlamento Europeo es la institución comunitaria más vocal con los abusos de DDHH. Sin embargo, su unidad se desquebraja a la hora de censurar a los Gobiernos en Moscú y Pekín

Foto: Sede del Parlamento Europeo en Bruselas (EFE)
Sede del Parlamento Europeo en Bruselas (EFE)

¿Cómo votan los eurodiputados a la hora de condenar a los regímenes autoritarios? Depende. De la familia política, de la nacionalidad y, especialmente, de quiénes son los líderes a censurar. Mientras el respaldo de la Eurocámara a China se limita a la Izquierda Unitaria, otros países como Rusia han conseguido recabar el apoyo de los dos extremos del arco parlamentario, a izquierda y derecha. Tanto los de Syriza como los de Le Pen ven al Kremlin como un contrapunto al modelo que difunde Estados Unidos. Es la conclusión de la investigación ‘El espectro de los regímenes autoritarios se extiende por Europa: los populistas buscan amigos para que la UE baje la guardia’ llevada a cabo por Political Capital Institute tras dos años de estudio sobre las resoluciones a escrutinio en los Plenos de Bruselas y Estrasburgo.

La Eurocámara es la institución que con más vehemencia ha condenado los abusos de derechos humanos en el globo. Recientemente ha pedido la extensión de sanciones a Bielorrusia, Siria o Venezuela. Resoluciones críticas contra las derivas autoritarias en Chad, Haití o Pakistán consagran el 90% de los apoyos entre los eurodiputados. Las condenas a países terceros alcanzan un alto grado de consenso, pero la excepción es lo que ocurre con respecto a Pekín y Moscú. También los vínculos ideológicos hacen su aparición de tanto en cuando, sobre todo en lo referido a situaciones en América Latina, donde los tumultos en Cuba, Bolivia Venezuela generan mucha división parlamentaria.

Foto: Sede del Parlamento Europeo en Bruselas. (EFE)

El margen de acción del Parlamento Europeo en el tablero de ajedrez internacional es muy limitado. Ya lo es el del Alto Representante, cuya voz queda diluida por la necesidad de consenso entre las 27 capitales. La política exterior pasa por los Estados miembros. Apenas por Bruselas. Y países como Rusia o China lo saben y ejercen su presión a este nivel persuadiendo a Gobiernos con intereses nacionales y con la doble intencionalidad de dividir a la UE. Buen ejemplo de ello es el Nord Stream II, pero también las vacunas. Cuando durante el primer trimestre del año el bloque comunitario atravesaba un tsunami de críticas por la escasez de dosis –en parte por los incumplimientos de compañías como AstraZeneca- Moscú intentó seducir a países como Hungría, Chequia, Austria o Alemania con su vacuna Sputnik V. Budapest sucumbió desmarcándose de la estrategia europea y mermando la estrategia común de compra conjunta.

Y es en este juego del palo y de la zanahoria, Moscú y Pekín emplean el palo con la Eurocámara. Hace unos meses, Rusia impuso una prohibición de entrada a su territorio a varios funcionarios europeos, entre los que se incluía David Sassoli, presidente de la Eurocámara. Fue la respuesta a las sanciones comunitarias por el arresto y detención del opositor Alexei Navalni. Poco antes, China había respondido a las sanciones europeas con medidas punitivas a cinco eurodiputados. A pesar de que la cámara no cuenta con voz ni voto a la hora de aprobar medidas restrictivas, su elevado tono y numerosas resoluciones condenando los abusos de derechos humanos en uno y otro país sí pueden ejercer presión sobre el Consejo de la UE. Poniendo en el punto de mira a la Eurocámara, Putin y Xi Jinping se aseguran de devolver el golpe a Europa de las sanciones de forma simbólica y sin irritar en exceso a los Gobiernos nacionales.

Moscú y Pekín: dos formas de entender la UE

Rusia ha comprendido mucho mejor que China las dinámicas de las instituciones europeas. A pesar de un fuerte lobby, en el Parlamento Europeo Pekín solo se ha garantizado el respaldo de Izquierda Unitaria, que alega que la UE debe evitar una política injerencista y seguidista de Estados Unidos. En entrevista con este periódico, el eurodiputado Manu Pineda, de Izquierda Unida, defendía una mayor cooperación con el gigante asiático y ponía en duda los abusos de derechos humanos por el régimen que lidera Xi Jinping. Con esta capacidad de influencia tan reducida, China se dirige directamente a las capitales europeas recordándoles su potencial comercial y económico y su importancia para luchar contra el cambio climático. Y es, precisamente, en las capitales donde ha encontrado a su gran valedor. La Hungría de Víktor Orbán vetó durante meses una resolución de condena a China por los abusos en Hong Kong. En la Eurocámara, el Fidesz se quedó prácticamente aislado a la hora de defender el Acuerdo de Inversiones, que se ha quedado congelado por las últimas tensiones y sanciones con Bruselas-Pekín.

Foto: Operarios trabajan en la construcción de la autopista de Bar-Boljare. (Reuters)

El Kremlin, por su parte, cuenta con un apoyo mucho mayor en la institución que lidera Sassoli. Ha sido capaz de seducir a formaciones tan antagónicas como Izquierda Unitaria e Identidad y Democracia. Mientras los primeros lo ven como una alternativa al modelo capitalista de Estados Unidos, los segundos lo ven como un espejo de soberanía militar y economía al que mirarse en sus políticas nacionalistas, conservadoras y de cerco a la sociedad civil. En los Estados miembros, las divisiones hacia Rusia son más patentes. Y es que hay muchos intereses en juego. Los países del Este, bajo amenaza directa de las ambiciones expansionistas de Putin, defienden una postura europea mucho más feroz. Pero otros como Alemania o Francia pisan el freno. A pesar de ello, las sanciones por la anexión ilegal de Crimea suman seis años de unanimidad. Pero los líderes europeos han sido incluso capaces de acordar un encuentro de alto nivel con Vladimir Putin para reconducir la turbulenta relación actual.

Halcones o palomas: así vota el Parlamento

Si fueses eurodiputado, ¿votarías como un halcón integracionista, un halcón crítico con el establishment, un soberanista de equilibrio, un pacifista hipócrita o un euroescéptico simpatizante de dictadores? El citado estudio identifica estas cinco categorías de votantes en el hemiciclo. Los halcones integracionistas suponen el 53% de los eurodiputados e incluyen a las principales familias políticas: Partido Popular Europeo, Socialdemócratas y Renovar Europea. Piden más cohesión europea en la arena internacional y abogan por posturas firmes con los regímenes autoritarios.

Los segundos también condenan con frecuencia los abusos de derechos humanos, pero están en contra de una mayor integración europea en política exterior. Este 26% lo conforman mayoritariamente las delegaciones del grupo de los Conservadores, incluido el PiS polaco. El otro 'enfant terrible' de la política europea, el Fidesz de Víktor Orbán, también es parte de estos halcones críticos con el establishment. Conocido por sus flirteos con y admiración por los regímenes autoritarios, en la Eurocámara hace su lavado de imagen oponiéndose a contadas resoluciones como la del Nord Stream II. Su salida del Partido Popular Europeo podría endurecer su postura pasando a las siguientes categorías.

Foto: Reinhard Bütikofer, en el Parlamento Europeo. (EP)

Vox forma parte de los soberanistas de equilibrio. Según a quién va destinada la resolución votan una cosa u otra. Son el 8% junto a los italianos Fratelli d’Italia y la Lega, que está viviendo una metamorfosis hacia una postura mucho más crítica con Rusia. Este grupo es muy crítico con China y cada vez más con Rusia, pero eluden condenar las campañas de desinformación e injerencias externas destinadas a debilitar a la UE.

Los pacifistas hipócritas son el armazón de Rusia en la cámara. Incluye desde el ala más izquierdista con Podemos o Syriza hasta la extrema derecha del FPÖ austriaco. Los últimos, los euroescépticos que apoyan a los dictadores, representan el 8% de la cámara y están integrados por la ultraderecha de Alternativa para Alemania o el grupo de Le Pen. Su apoyo a los regímenes autoritarios es garantizado y rechazan cualquier intento por condenar las prácticas abusivas fuera de las fronteras europeas.

Proyecto Parlamento Europeo
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