El oscuro asesor con la tarea más difícil de Alemania: hacer la derecha 'cool' otra vez
  1. Mundo
  2. Europa
"ADORA ESTAR EN SEGUNDA FILA"

El oscuro asesor con la tarea más difícil de Alemania: hacer la derecha 'cool' otra vez

Se da por descontado que si Laschet gana las elecciones de Alemania se llevará consigo a Berlín a su principal asesor: Nathanael Liminski, un hombre que está decidiendo el rumbo de la política germana

placeholder Foto: Armin Laschet, junto a Nathanael Liminski, su mano derecha. (EFE)
Armin Laschet, junto a Nathanael Liminski, su mano derecha. (EFE)

Le llaman "la sombra", "el muñidor", "el cerebro", "el centro de control". Su cargo resulta a primera vista discreto, jefe de gabinete de Renania del Norte-Westfalia, pero su influencia puede ser en breve mucho mayor. En Alemania y más allá. Porque su jefe en este 'Land' alemán es Armin Laschet, el presidente de la Unión Cristianodemócrata (CDU) y candidato conservador a las elecciones generales alemanas del próximo septiembre. Se da por descontado que si Laschet gana las elecciones, lo que es bastante probable, se llevará consigo a Berlín a su principal asesor, que se convertirá en piedra angular del próximo Gobierno. Este es Nathanael Liminski.

Tiene 36 años, una trayectoria meteórica y las cualidades clave para ser mano derecha de cualquier líder político. Le describen como tremendamente inteligente y trabajador, metódico, calculador, ordenado y detallista, fiable y eficiente, leal y buen estratega. En declaraciones al 'Tagesspiegel', la diputada regional conservadora Sylvia Pantel lo detalla como un trabajador "silencioso", "serio, ordenado y honesto" que "marca el rumbo y sabe mantener el orden" en su negociado. Además, le gusta mantenerse en un segundo plano y sabe guardar silencio. Pese a su posición, apenas concede entrevistas. Sus contactos con periodistas son frecuentes, pero todos confidenciales, según relatan de forma coincidente muchos profesionales. "Adora estar en la segunda fila", aseguraba a 'Der Spiegel' un colega suyo del Gobierno regional que prefiere no identificarse.

Foto: Armin Laschet y Annalena Baerbock, durante la Conferencia de Seguridad de Múnich, en febrero de 2020. (EFE)

Liminski evita los conflictos públicos y ha contribuido en los últimos años a resolver las diferencias que han ido surgiendo en la coalición de conservadores y liberales de su estado federado. Es admirado y temido a la vez. Un antiguo compañero de trabajo aseguró en declaraciones al diario 'Rheinische Post' que se le tiene "gran respecto, quizá demasiado". Pero enseguida añadió: "Sin embargo, nadie quiere tenerlo como enemigo". En este sentido, un consejero del Gobierno de Renania del Norte-Westfalia aseguró a 'Der Spiegel' que uno de sus "mayores errores fue subestimarle".

Una extraña pareja

En muchos sentidos, Laschet y Liminski forman una extraña pareja. Empezando por los 24 años que les separan. Pero es que tampoco coinciden en muchos aspectos, porque el presidente de la CDU es conocido por ser afable, espontáneo, hablador y algo caótico. También en lo ideológico difieren. Si Laschet se ha posicionado como un continuista merkeliano, amigo del "centro y la proporción", como a él mismo le gusta decir, Liminski es conocido por situarse lo más a la derecha posible dentro de su partido, con posiciones especialmente conservadoras en lo social.

En el pasado, se ha posicionado en contra del matrimonio homosexual, de la igualdad de la mujer y de la interrupción del embarazo, tanto en el plano teórico ("el aborto no es éticamente defendible", le dijo una ver en 'Der Spiegel') como en el práctico (colaboró con grupos provida y promotores de la iniciativa 'Marcha por la vida'). Durante un tiempo, hace ya años, cuando aún no estaba a la sombra de nadie y debía guardar silencio, participó en el blog 'Mundo libre', al frente del cual estaba Sven von Storch, el marido de la parlamentaria ultraderechista Beatrix von Storch y conocido ideólogo y estratega ultraderechista.

placeholder Laschet, nuevo líder de la CDU y candidato a las elecciones federales en septiembre. (Reuters)
Laschet, nuevo líder de la CDU y candidato a las elecciones federales en septiembre. (Reuters)

Dicen que es positivo que las personalidades en este tipo de tándem sean complementarias, aunque algunos apuntan que en este caso parece una diferencia excesiva. Y sin embargo el equipo parece funcionar como una máquina engrasada. Los periodistas que siguen su trayectoria ven la mano de Liminski en éxitos clave de Laschet en los últimos años, como su llegada al Ejecutivo regional de Renania del Norte-Westfalia y su conquista —en una disputada puja interna— de la presidencia de la CDU. También ven su impronta en las recientes negociaciones para el cierre de las cuencas mineras del país, donde ha logrado 40.000 millones en ayudas federales para su 'Land', y en el trabajo tras las bambalinas para desactivar el escándalo del asesor que era además lobista de un fabricante de vacunas. Aseguran que ya está moviendo hilos de cara a las elecciones generales de septiembre para catapultar a su jefe a la Cancillería y, posiblemente, establecerse él como jefe de gabinete, o su mano derecha, un cargo que le viene como anillo al dedo.

El cargo de ministro en Cancillería o Ministro de Asuntos Especiales no es menor. No tiene la pegada mediática de muchos otros en Berlín, pero tiene una tremenda importancia. Es fontanería política de altos vuelos. Helge Braun, el actual titular de este cargo, es el encargado de gestionar el día a día de la lucha contra la pandemia de coronavirus. Entre sus atribuciones, también está la coordinación de distintos servicios secretos. Más todas las tareas que discrecionalmente le pueda asignar Merkel. Además, el cargo es una lanzadera para puestos con más lustre. Los últimos ministros en Cancillería han sido después ministros de Economía o Exteriores, presidentes de la Deutsche Bahn o, incluso, presidentes de Alemania.

Redes y ambición

Aseguran también que Liminski tiene talento para tejer redes de contactos, tirando de su don de gentes y su sentido del humor. Sus relaciones en las nuevas generaciones de su partido son llamativas. Es amigo íntimo del secretario general de la CDU, Paul Ziemiak (35 años), padrino de una de las cuatro hijas de Liminski. Además, mantiene buenas relaciones con el presidente de las juventudes, Tilman Kuban (33 años), y es buen amigo del ministro de Sanidad, Jens Spahn (40 años). Y desde que Laschet es presidente de la CDU y aspira a la Cancillería, está extendiendo sus contactos por el Berlín político.

Muchos observadores le ven ambicioso y capaz, como el periodista Thomas Reisener, que comenzaba un perfil sobre la mano derecha de Laschet diciendo que el presidente de la CDU "tiene suerte de que Nathanael Liminski no tenga 10 años más". "Dentro de poco, el jefe de gabinete más joven de Alemania tendrá más voluntad propia y no se dejará mandar", advertía Reisener. Por ahora, parece seguir queriendo mantenerse a la sombra de Laschet. En una entrevista en el diario económico 'Handelsblatt', Liminski consideró que un buen líder es aquel que aúna "pasión y medida, apertura y discreción, exigencias y justicia". De forma significativa, al ser preguntado por el título del libro que le gustaría escribir, respondió: 'Decisiones en política: leyendas, rumores y la verdad'.

Aseguran que Liminski tiene talento para tejer redes de contactos, tirando de su don de gentes y su sentido del humor

Todo esto no significa que Laschet sea un títere o que se vaya a dejar fagocitar ideológicamente por su asesor más cercano. Moritz Küpper, coautor de una biografía de Laschet, destacó en declaraciones al diario 'Rhein-Neckar-Zeitung' que el líder conservador tiene "mucha experiencia política en distintos niveles" y ha demostrado en múltiples ocasiones que tiene su "propio ideario". Liminski lo dejó también claro en una entrevista en la radio pública nacional Deutschlandfunk: "Él es el jefe. Él decide". Su papel es otro.

Familia conservadora y alumno brillante

Liminski nació en 1985 en Sankt Agustin, una pequeña ciudad cerca de Bonn, en el seno de una familia católica y muy conservadora. Era el octavo de 10 hermanos. Su padre, periodista y miembro del Opus Dei, participó a menudo en iniciativas del tradicionalista Foro de los Católicos Alemanes y en ocasiones en actos del ultraderechista Alternativa para Alemania (AfD). Liminski fue un alumno excelente. En dos ocasiones, se le ofreció durante el colegio saltar curso, pero él lo rechazó. En el equivalente alemán a los exámenes de selectividad, obtuvo un 1,1, a una décima de la puntuación máxima.

A continuación, empezó a estudiar Historia en la Universidad de Bonn y cursó un semestre en París. Por aquel entonces, tras unas jornadas de las juventudes católicas, puso en marcha en 2005 la asociación Generación Benedicto, una red internacional de jóvenes católicos con el entonces Papa, de corte muy conservador, como referente. Al terminar sus estudios, consciente de que su vocación era la política, hizo una beca en el Parlamento Europeo y luego trabajó en el Departamento de Comunicación de Ronald Koch, jefe de Gobierno del 'Land' de Hesse. Pero pronto saltó a Berlín. En la capital, encontró su sitio primero en Prensa del Ministerio de Defensa y posteriormente en el de Interior.

Foto: Markus Gabriel. (Gerald von Foris)

En 2014, le llamó Laschet. Cuentan que tardó en convencerle. Que hicieron falta varias conversaciones para que Liminski decidiese abandonar Berlín y accediese a volver a Renania del Norte-Westfalia como mano derecha del líder conservador, entonces al frente de una sección regional dividida y en la oposición. En la CDU, aseguran que su contribución fue importante para darle la vuelta a la situación y que Laschet consiguiese ganar contra todo pronóstico las elecciones de 2017. Liminski se convirtió entonces en el jefe de gabinete regional más joven de la historia de Alemania. Tenía 32 años.

Liminski es ahora conocido por sus silencios. Pero no siempre fue así. Con poco más de 20 años, se prodigaba por los platós de televisión y participaba en debates. Daba juego en la pequeña pantalla: era joven, elocuente y terriblemente conservador. Así logró hacerse un hueco y ganar una dudosa fama de la que ahora huye. Así, en su intervención más recordada, aseguró que no pensaba tener relaciones hasta el matrimonio (aunque finalmente su primera hija nació antes de la boda). En otras ocasiones, se mostró homófobo, como cuando le dijo al semanario 'Der Spiegel' que "algunos" homosexuales le daban "pena" y que el Estado, "por mera preservación", debía promocionar exclusivamente "la forma natural de matrimonio y familia". Al diario 'Neue Zürcher Zeitung' le dijo que sería "difícil" enamorarse de una mujer musulmana "si también se tomaba en serio su religión".

Señor con maletín

Detrás de toda gran historia hay otra que merece ser contada

Conoce en profundidad las 20 exclusivas que han convertido a El Confidencial en el periódico más influyente.
Saber más
Der Spiegel Aborto Alternativa para Alemania Parlamento Europeo
El redactor recomienda