Bruselas endurece su lucha contra las injerencias extranjeras
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Atar corto a los gigantes tecnológicos

Bruselas endurece su lucha contra las injerencias extranjeras

La Comisión Europea ha presentado este jueves su Plan de Acción para la Democracia Europea con la que busca hacer más responsables a los gigantes digitales por la desinformación

Foto: La comisaria de Transparencia de la UE, Vera Jourova. (Reuters)
La comisaria de Transparencia de la UE, Vera Jourova. (Reuters)

Vera Jourová, ahora vicepresidenta de la Comisión Europea, pasó la anterior legislatura, entre 2014 y 2019, teniendo una relación estrecha pero complicada con las redes sociales. Ya entonces intentó convencer a los gigantes digitales de que tenían una responsabilidad que cumplir, tanto en los procesos democráticos como en la lucha contra el terrorismo. Una a una, logró que las grandes plataformas se fueran uniendo a un código de buenas prácticas.

Ahora Jourová ha dado el siguiente paso. La vicepresidenta ejecutiva ha presentado este miércoles el “Plan de Acción para la Democracia Europea”, que tiene como objetivo poner coto a la desinformación y la injerencia extranjera en los procesos electorales de la Unión Europea, aunque no habrá medidas concretas hasta mediados del próximo año. Bruselas propondrá así nuevas normas sobre publicidad política con la que tendrán que cumplir plataformas online y asesorías, con el objetivo último de evitar un nuevo “Cambridge Analytica”.

Foto: Brittany Kaiser, de CA, Aaron Banks y Gerry Gunster, contratado por la campaña Leave.EU, y Liz Bilney, de Eldon Insurance Services, en rueda de prensa, en noviembre de 2015. (Reuters)

El objetivo expresado este jueves por Jourová es convertir el Código de buenas prácticas que ya han tenido que firmar grandes empresas como Twitter, Facebook o Tiktok, en un “marco” regulatorio con “obligaciones y responsabilidad de las plataformas en línea” y que irá de la mano del Acta de Servicios Digitales que la Comisión Europea presentará en principio la próxima semana. “La Comisión emitirá una guía para mejorar el Código de Prácticas en la primavera de 2021 y establecerá un marco más sólido para monitorear su implementación”, ha señalado Bruselas en un comunicado.

Es la lenta transición de la “autorregulación” de los gigantes digitales, en un momento en el que el marco regulatorio no estaba preparado para estos retos, a la “corregulación”. Pero por el momento sin que Jourová haya puesto sobre la mesa propuestas específicas. Aunque sí con un mensaje claro: “La etapa de los ‘pactos entre caballeros’ ha terminado”, ha explicado la vicepresidenta.

La etapa de los ‘pactos entre caballeros’ ha terminado con los gigantes digitales

El texto señala que el objetivo es “prevenir la amplificación manipuladora de contenido dañino al aumentar la transparencia, frenar las técnicas de manipulación y reducir los incentivos económicos para difundir desinformación, así como introducir disuasión al imponer costos a los actores involucrados en operaciones de influencia e interferencia extranjera”. Aunque no especifica cómo se impondrán dichos “costos”, el texto propone utilizar las sanciones tradicionales de política exterior como forma de responder a esas interferencias.

Protección al periodismo

Además, después de los asesinatos de varios periodistas en la Unión Europea, con el caso especial de la maltesa Daphne Caruana Galizia, el Ejecutivo comunitario ha propuesto reforzar la protección de los profesionales de la información. Bruselas se compromete a proporcionar “una financiación sostenible para proyectos de asistencia jurídica y práctica a periodistas en la UE y en otros lugares”. Por último, la Comisión también propone establecer nuevas medidas para apoyar el pluralismo de los medios y fortalecer la transparencia de la propiedad de los medios y la publicidad estatal.

En Bruselas preocupa especialmente el caso de Hungría. El país ocupaba el puesto 23 en el Índice de Libertad de Prensa de Reporteros Sin Fronteras (RSF) cuando Viktor Orbán se convirtió en primer ministro de Hungría por segunda vez en 2010. Ahora, una década después, ocupa el puesto 89. El reciente escándalo sexual de un eurodiputado de la formación de Orbán no ha tenido prácticamente ninguna repercusión en un país en el que muchos de los grandes medios de comunicación están controlados por el Gobierno o por los aliados del círculo empresarial que rodea al primer ministro.

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