LA MAYORÍA DE BORIS JOHNSON, EN DUDA

Brexit, todo o nada: los británicos deciden el futuro de Reino Unido... y de la UE

Los partidos se han radicalizado como nunca antes. Y en los comicios de este jueves, se enfrentan el Gobierno más impopular de la historia y el líder peor valorado de todos los tiempos

Foto: El primer ministro británico, Boris Johnson. (Reuters)
El primer ministro británico, Boris Johnson. (Reuters)

Los británicos se enfrentan este jueves, contando el referéndum del Brexit, a su cuarta cita con las urnas en cinco años. Los últimos comicios adelantados fueron en 2017, pero parece que haya transcurrido una década. Entre otras cosas, porque ya no existe el centro político en Westminster. Los partidos mayoritarios se han radicalizado como nunca antes hacia los extremos. Y si a la derecha Boris Johnson está al frente del Gobierno más impopular de todos los tiempos, a la izquierda, Jeremy Corbyn representa el líder de la oposición peor valorado desde que empezaron los registros.

El primero, de 55 años, tiene una tormentosa relación con la verdad y un estilo caótico (la Wikipedia pone incluso entre signos de interrogación su número de hijos, debido a su ajetreada vida extramatrimonial). Pero el 'duro' castigo que recibió por romper las normas durante la campaña del histórico plebiscito de 2016 fue el de mudarse a Downing Street el pasado verano tras las primarias del partido conservador. El segundo, de 70 años, defiende pese a las críticas regímenes como el venezolano y no consigue desprenderse de las acusaciones de antisemitismo. Sin embargo, la gran división del Reino Unido a raíz de un divorcio que se antoja eterno le mantiene vivo.

Esta es la clave de todo en estos comicios: el Brexit. Aquellos que quieren salir del bloque el próximo 31 de enero, cuando termina la última prórroga concedida por Bruselas, votarán por los 'tories'. Por su parte, aquellos que ven aún esperanza en celebrar un nuevo referéndum votarán en contra de los conservadores. O dicho de otra manera, votarán por los laboristas. La oposición propone ahora solicitar una nueva prórroga para negociar un nuevo acuerdo de retirada en un plazo de tres meses y someterlo a consulta —con la opción de la permanencia— en un plazo de seis.

La gran pregunta: ¿logrará mayoría Boris?

En definitiva, en estas elecciones, la pregunta no es quién ganará, sino por cuántos escaños logrará hacerlo Johnson. Sin la ansiada mayoría absoluta, no podrá ejecutar el divorcio. Cierto es que el 'premier' ha liderado todas las encuestas a lo largo de la campaña, pero el margen con la oposición se ha ido reduciendo peligrosamente en la recta final.

Por lo tanto, debido al complejo y nada proporcional sistema electoral británico y al estratégico 'voto útil', nadie descarta a estas alturas que se pueda repetir un Parlamento fragmentado que, de nuevo, alargue 'sine die' la salida del Reino Unido de la UE.

Contra todo pronóstico, Corbyn ya consiguió la remontada en los comicios de 2017. Lo hizo con una campaña centrada en políticas domésticas en la que pasó de puntillas por el Brexit, cuestión sobre la que nunca se ha sentido cómodo hablando. Y ahora ha repetido estrategia con un gran aliado: el invierno y la crisis del Sistema Nacional de Salud Pública.

El conocido como NHS lleva ya tiempo enfermo. Los síntomas se agudizan seriamente en invierno. Para primavera, que es normalmente cuando los británicos celebran elecciones, los dolores mejoran y pasan a segundo plano.

El resto de caballos perdedores

Pero la clave es que las urnas se sacan ahora en pleno diciembre, circunstancias que no se daban desde 1923, y el paciente está grave, con los servicio de urgencias completamente colapsados. Los centros más saturados se encuentran además en el norte de Inglaterra, precisamente donde están los llamados 'distritos marginales', aquellos donde ni laboristas ni conservadores tienen el voto asegurado. En definitiva, aquellos donde Johnson se juega ahora la mayoría absoluta.

Por lo tanto, los analistas no se atreven a descartar que, sin hablar del Brexit, Corbyn pueda ser el triunfador de estos comicios. En definitiva, sin ser el partido más votado, los laboristas podrían convertirse en los vencedores en la mañana del viernes, cuando se sepan los resultados tras una larga noche de recuento electoral en los 650 distritos que están ahora en juego.

La carrera, al fin y al cabo, se decide solo entre dos caballos. Porque, debido al voto útil, el Partido del Brexit, del eurófobo Nigel Farage, ha sido devorado por los 'tories' de la misma manera que los laboristas han difuminado del mapa a los Liberal Demócratas de Jo Swinson, política que hace tan solo dos meses se presentaba como la gran heroína de la causa pro UE.

Por otro lado, están los nacionalistas escoceses del SNP de Nicola Sturgeon. El sistema electoral les beneficia. Los buenos resultados que pronostican los sondeos los utilizarán los escoceses como munición para presionar y pedir un nuevo plebiscito de independencia al que Corbyn no cierra completamente la puerta si consiguiera formar Gobierno.

También están los norirlandeses del DUP. ¿Alguien se acuerda de ellos? Sus 10 diputados fueron clave para sostener al Gobierno de Theresa May después de que esta perdiera la mayoría absoluta. Sin embargo, si los 'tories' necesitaran llamar ahora de nuevo a su puerta, el apoyo se antoja complicado porque se sienten traicionados por el nuevo acuerdo de retirada que Johnson ha cerrado con Bruselas.

Por qué el Brexit no se va a acabar

En efecto, tras una derogación ilegal de la actividad en Westminster y después de semanas prometiendo que estaba dispuesto a sacar al país de la UE sin pacto, cuando nadie lo esperaba, el 'premier' logró cerrar un nuevo convenio con Bruselas. El de su predecesora, Theresa May, fue rechazado hasta tres veces en la Cámara de los Comunes.

El nuevo pacto saca ahora todo el Reino Unido de la unión aduanera (gran demanda de los 'brexiters' para poder cerrar acuerdos comerciales con terceros), pero deja Irlanda del Norte alineada con la normativa comunitaria. Al menos, hasta que se negocie un nuevo acuerdo comercial con el bloque para evitar la temida frontera dura con la República de Irlanda y no poner en peligro la paz en el Ulster, la gran premisa durante las negociaciones.

Johnson sigue negando a día de hoy que el pacto vaya a suponer ahora controles en el mar de Irlanda, pese a que publicaciones de documentos confidenciales del Gobierno (e incluso audios suyos de entrevistas pasadas) señalen lo contrario.

El pasado mes de octubre, la Cámara de los Comunes dio luz verde a la tramitación del pacto. Por primera vez desde que comenzó el tortuoso proceso en 2016, los diputados lograron sacar adelante un plan relativo al divorcio. Sin embargo, sus señorías se negaron a realizar todo el proceso por la vía rápida. Por lo tanto, pese a su mítica frase de “antes muerto en una zanja” que pedir nueva extensión a los Veintisiete, Johnson se quedó sin Brexit para Halloween y tuvo que tragarse sus palabras.

En caso de que líder 'tory' logre ahora la mayoría absoluta, el Reino Unido saldrá del bloque el 31 de enero. Y psicológicamente ese es un gran paso para ambos lados del canal de la Mancha. Pero en absoluto se dará carpetazo al divorcio. Nada más lejos de la realidad. El país seguirá siendo en la práctica miembro de la UE (respetando entre otros la libertad de movimiento de personas) durante un periodo de transición que puede extenderse entre uno y dos años si se notifica antes de julio.

En cualquier caso, el manifiesto 'tory' promete no extenderlo más allá de diciembre de 2020. Y es entonces cuando, de nuevo, aparecerá el fantasma de la ruptura caótica. Se antoja materialmente imposible negociar en apenas 12 meses unas relaciones futuras entre el Reino Unido y la UE que, aparte del pacto comercial, deben tratar otras áreas, como seguridad o intercambio de estudiantes.

Por poner un ejemplo, convenios comerciales menos ambiciosos entre el bloque y países como Ucrania, Canadá, Corea del Norte, Japón o Singapur han llevado una media de entre cuatro y nueve años de negociación antes de ratificarse.

En este sentido, nadie descarta nuevas extensiones del periodo de transición, en que el Reino Unido no tendrá ya poder de decisión, pero sí deberá cumplir con la normativa comunitaria. Al fin y al cabo, no sería la primera vez que Johnson rompe una de sus promesas. En cualquier caso, antes debe conseguir este jueves la mayoría absoluta. Y los británicos llevan sorprendiendo en los últimos años cada vez que tienen una cita con las urnas. Habrá que esperar, por tanto, a ver qué futuro se depara al Reino Unido… y a la UE.

Como una buena saga, el suspense está asegurado hasta el final.

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