ALTO REPRESENTANTE

Borrell supera su audiencia sin problemas pese al ambiente tenso en Bruselas

Josep Borrell ha convencido a un Parlamento Europeo que no se ha mostrado especialmente crítico y allana su camino para ser el futuro alto representante

Foto: Josep Borrell. (Reuters)
Josep Borrell. (Reuters)

Josep Borrell (Puebla del Segur, Lleida, 1947) ha afrontado este lunes en Bruselas la última prueba que le separa de su último gran reto político: asumir, a partir del próximo 1 de noviembre, los mandos de la diplomacia europea. El catalán ha obtenido el visto bueno de la comisión de Exteriores y la de Desarrollo, superando el ambiente revanchista que se había generado durante los últimos días y que podía jugarle una mala pasada.

Borrell supera su audiencia sin problemas pese al ambiente tenso en Bruselas

Aunque la decisión todavía no está tomada, la reunión que decidirá si se da luz verde al ministro se celebrará este martes. Ha pasado lo que mejor le podía venir a Borrell: ha sido una audiencia aburrida, tranquila, sin sobresaltos, sin palabras más altas de lo normal. Ha comenzado con un discurso totalmente técnico durante los 15 minutos de apertura, señalando sus prioridades, a lo que debe aspirar la Unión Europea de forma pragmática, sin literatura y sin demasiada emoción.

No es una prueba sencilla. Son tres horas sentado delante de un buen número de eurodiputados, de los cuales no todos hacen preguntas fáciles o amables, bajo una enorme presión: los diputados son orgullosos, no permiten que nadie les aleccione ni les regañe. Y ese era uno de los principales retos del político catalán.

Durante las tres horas, ha demostrado sus conocimientos técnicos y concretos sobre materias muy específicas y, a la vez, ha sabido dibujar un cuadro general sobre cómo ve el rol de Europa en el mundo, qué aspectos deben cambiar y cuáles están mejor de lo que se suele decir y pensar. Tiene tablas, un currículo muy largo y habla el idioma de Bruselas. Y lo más importante de todo: sabe ganarse a su público porque fue presidente de la Eurocámara.

Al final de la sesión, ya más relajado y sabiendo que todo estaba encaminado, Borrell se ha soltado. Ha acabado mezclando el inglés, español y francés, a veces incluso en una misma frase, saltando de un idioma a otro. Y tras un trago de café, ha acabado su discurso en italiano.

Y de lenguas va la cosa. Borrell se ha ofrecido como el alto representante que enseñe a la Unión Europea a “utilizar el lenguaje del poder”. Utilizar todas las herramientas con las que la UE pueda contar para hacer frente a tres problemas que para Borrell están claros: de identidad, saber qué es Europa en el mundo; de posicionamiento, saber dónde quiere estar, y de método, para lo que será necesario desarrollar las herramientas que hagan de Europa un actor global.

Prioridades para Borrell

El futuro alto representante de la Unión Europea para Exteriores y Seguridad ha subrayado una serie de prioridades: el trabajo en los Balcanes, la protección de la integridad territorial de Ucrania, abordar los retos que generan los vecinos del sur, lograr una estrategia europea para África y una manera de relacionarse con una Asia cada vez más potente. Por último, el catalán también ha destacado la necesidad de aumentar la cooperación con los países latinoamericanos y volver a recuperar el estado de salud de las relaciones transatlánticas.

El actual ministro de Exteriores ha hecho hincapié en que quiere “resetear” las relaciones con Estados Unidos, como charló con el secretario de Estado americano, Mike Pompeo. Algo que sabe que no será sencillo.

Sobre las tensiones entre EEUU y China, Borrell ha apostado por una política de intermediación, por situarse entre los americanos y los chinos sin permitir que ambas partes acaben “estrujando” a la Unión Europea. Apuesta por mantenerse en el centro: dejar claro a Washington que es su aliado natural, pero rechazar su tendencia unilateral; dejar claro a Pekín que debe abrirse al mundo de veras, a la vez que se debe reconocer su aportación en la lucha contra el cambio climático y la defensa del acuerdo nuclear con Irán.

Varios eurodiputados populares, entre ellos el español Antonio López Istúriz, han presionado a Borrell para saber si estaría dispuesto a aplicar nuevas sanciones a Venezuela, pero el español ha rechazado medidas que puedan afectar a la economía general y a los venezolanos.

Sobre Cuba, Borrell, que ha defendido el trabajo de su antecesora en el cargo, la italiana Federica Mogherini, ha señalado que lo correcto es mantener una política de contactos con La Habana, rechazando el bloqueo a la isla: “Por Cuba ha pasado hasta el Papa”, ha respondido el futuro alto representante a una pregunta de un eurodiputado de Vox.

Reacción a las críticas

Aunque la audiencia ha sido bastante sencilla, durante las tres horas sí que ha habido un par de toques de atención a Borrell. El más importante para su cargo es el referido a Kosovo. La eurodiputada popular letona Sandra Kalniete ha preguntado al ministro si España cambiará su posición hacia dicho territorio, al que Madrid no reconoce por haber declarado su independencia unilateralmente.

Borrell ha defendido que como alto representante su papel será el de lograr que Serbia y Kosovo se sienten a una mesa de negociación y, como golpe de efecto y para despejar dudas, el español ha anunciado que su primer viaje como futuro jefe de la diplomacia europea será a Pristina, la capital de Kosovo.

También se le ha preguntado por el caso Abengoa, en el que el actual ministro en funciones ha rechazado que hiciera uso de información privilegiada: vendió solo el 7% de su cartera, unos 9.000 euros, y asegura que, de haber querido hacer uso de información privilegiada, no habría retenido el 93% de la cartera restante, que acabó perdiendo su valor.

Se le ha vuelto a preguntar también por sus acciones en Iberdrola. Borrell, como en su carta a la comisión de Asuntos Legales que aprobó que no había conflicto de intereses, se ha ofrecido a vender dichos títulos si la Eurocámara lo considera necesario.

Un ambiente difícil

No había duda de que Borrell obtendría la luz verde de la comisión parlamentaria. Sí que existen dudas fundadas sobre cómo desarrollará un rol que conlleva muchísimos viajes y una paciencia de acero cuando los años le empiezan a pesar. Contar hasta 100 no es una de las principales cualidades del actual ministro de Exteriores español.

Lo que es cierto es que el ambiente se había enrarecido en los últimos días en Bruselas. Las audiencias a los comisarios, unos exigentes exámenes de varias horas a que se somete a todos los candidatos para formar parte del Ejecutivo comunitario, se habían complicado durante la primera semana de octubre, cuando se celebraron la mayoría de estos encuentros.

Los candidatos húngaro y rumana ni siquiera llegaron a la audiencia, rechazados por la comisión de Asuntos Legales. Esto cabreó a las dos familias políticas tradicionales, los socialdemócratas y populares, que a la vez se irritaron con los liberales de Renew Europe, que fueron especialmente agresivos durante las primeras audiencias.

Eso provocó que ambas formaciones se ensañaran con la candidata francesa, Sylvie Goulard, que tendrá que afrontar una segunda audiencia después de un primer acto muy movido con los eurodiputados. El ambiente estaba muy enrarecido, y eso podía jugar en contra de Borrell: los liberales podrían a su vez intentar vengarse con Borrell por el roto hecho a Goulard.

Pero al final la paz se ha firmado, y, de hecho, los más duros contra el alto representante han sido los populares. Con los liberales y socialistas en un alto el fuego, la audiencia de Borrell ha sido bastante tranquila. Si el actual ministro obtiene la luz verde de las comisiones parlamentarias, el siguiente paso será ya la votación en el pleno del futuro colegio de comisarios, algo que ocurrirá el próximo 23 de octubre, unos días antes de que el nuevo Ejecutivo comunitario asuma el cargo el 1 de noviembre.

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