EL PRECIO DE TENER GOBIERNO EN FUNCIONES

¿Amenaza Italia con adelantar a España por la izquierda en la Unión Europea?

Muchos han esperado que España ocupara el espacio de liderazgo que la Italia de Salvini dejó en la UE. Ahora Roma ha vuelto y Madrid ha perdido el tiempo entre parálisis y gobierno en funciones

Foto: Giuseppe Conte y Pedro Sánchez. (Reuters)
Giuseppe Conte y Pedro Sánchez. (Reuters)

Pedro Sánchez ha dedicado todos sus esfuerzos esta semana a la gestión del desastre de unas nuevas elecciones. Mientras tanto, Giuseppe Conte, el primer ministro italiano que hasta hace unos meses era visto como un títere de Salvini, cenaba con Emmanuel Macron para decidir el futuro de la política migratoria europea. ¿Es este el precio que tiene que pagar España por tener su gobierno en funciones?

En 2018, cuando Italia caía en el ostracismo por su gobierno populista y euroescéptico, España se erigió como el posible líder del sur. Podría haber sido una nueva era. Pero en la UE es difícil marcar la diferencia. El ímpetu inicial suele durar poco tiempo hasta que el Gobierno de turno choca con la difícil realidad europea.

“El hecho de que el gobierno español haya estado en funciones en los últimos meses no ha afectado al liderazgo de España en Europa, ni a las instituciones europeas, por diversas razones. Las elecciones europeas del pasado mayo dejaron clara la apuesta de los españoles por una fuerte presencia socialista en las instituciones”, defiende Iratxe García, líder de los socialdemócratas europeos en la Eurocámara.

Sin embargo, García sí que admite que el bloqueo político lastra en el asunto migratorio: “En ese sentido sí ayuda tener un Gobierno fuerte y estable. Esperamos que España lo tenga pronto y pueda liderar en el Consejo esta reforma, de la mano de Italia”.

Por un lado, y pese a que el Gobierno español se encuentra en una situación particular, ya que tiene sus propios acuerdos con Marruecos, Madrid no ha liderado la llamada de atención al asunto migratorio. Sí lo ha hecho Italia, que lo ha centrado en lo importante: la reactivación de misiones de rescate europeas en el Mediterráneo central y la reforma del sistema común de asilo, cruciales tanto para salvar vidas en el mar como para repartir la presión migratoria.

Aunque los diplomáticos españoles han seguido presionando en Bruselas para solucionar el problema migratorio, España ha estado lejos de asumir un rol protagonista a nivel europeo. Sus hombres y mujeres pueden estar trabajando en la fontanería del Consejo, trazando acuerdos y vías para avanzar, pero falta una comunicación política de altura.

“El único asunto en el que España tiene un liderazgo importante que cumplir, y solo puede hacerlo desde el Consejo, es promover un cambio en la política de inmigración y de asilo”, reconoce García. Ahora, con Salvini lejos del Gobierno, Italia ha asumido ese rol después de cerrar durante meses los puertos de sus costas. Está dispuesto a cooperar, aunque quiere un mandar un aviso: el fenómeno Salvini volverá si no se lleva a cabo una reforma efectiva del sistema común de asilo.

Desde Italia insisten en la necesidad de alcanzar un acuerdo real: “Es necesaria una política migratoria común, aplicando la solidaridad prevista en los Tratados y ser de verdad un territorio comunitario y no 28 países que están juntos pero cada uno mira a sus propios intereses”, comenta Laura Ferrara, eurodiputada del Movimiento 5 Estrellas, a este diario.

Quizás por urgencia, por haber pasado por un año de Gobierno complicado y problemático para Bruselas, el Ejecutivo italiano quiere ahora cambiar absolutamente de equipo. Pero desde el M5S no quieren que se hable de etiquetas ni de si el nuevo Gobierno italiano va a ser el líder de la izquierda europea o no: “No tenemos ganas de ser más de izquierdas que España. Hay unos principios, unos valores que hay que proteger, sin ninguna duda, y estamos en comunión con España en ello”, asegura Ferrara.

España se queda atrás

Otro asunto crucial en el que España ha jugado un papel menor del esperado ha sido en materia económica. La ministra de Economía, Nadia Calviño, ha pasado gran parte de los últimos meses peleando con sus homólogos europeos sobre el futuro presupuesto para la Eurozona.

El Gobierno ha sacado cartas peligrosas, como cuando fuentes del ministerio dejaron entrever que España bloquearía la aprobación de este instrumento fiscal si no contaba con una función estabilizadora y contracíclica. En junio, cuando llegó el Eurogrupo decisivo, Calviño tuvo un papel importante, revisando la redacción del documento final, negociando cambios, pero sola, sin demasiados apoyos, tuvo que acabar cediendo en asuntos clave.

Mientras España jugaba su papel, aunque fuera modesto, el ministro italiano Giovanni Tria, charlaba con los comisarios Pierre Moscovici y Valdis Dombrovskis para convencerlos de que dieran un poco más de espacio a Italia para cumplir con las normas fiscales de la Unión Europea.

Es una demostración de que, durante los últimos meses, España sí que ha sido una de las pocas que ha defendido un instrumento que también interesaba a Italia. De hecho, la actitud de la Lega de Salvini, jugueteando con la posibilidad de crear una moneda paralela al euro y con la salida de la Eurozona, así como amenazando con incumplir las normas fiscales europeas, boicoteaba los esfuerzos españoles por avanzar en el presupuesto de la Eurozona, dando la razón a los países ortodoxos en desconfiar de los Estados miembros del sur.

Líder del socialismo en Europa

Sánchez era un líder con vistas a mantener un Gobierno de izquierdas medianamente estable durante los próximos cuatro años. En el resto de Europa, sin embargo, el panorama era desalentador para el socialismo. Mientras Portugal se acercaba a elecciones, la izquierda alemana languidece en la Gran Coalición y los socialistas italianos trataban de reunir los trozos que quedaban esparcidos del partido después de las elecciones de marzo de 2018.

Italia era el punto más delicado. Matteo Salvini, ministro del Interior y socio minoritario de la coalición, había tomado el control de prácticamente toda la agenda del Gobierno y había logrado que Italia cerrara los puertos a las ONG que rescataban inmigrantes, así como mantener un pulso continuo con Bruselas por sus presupuestos. Hoy Italia tiene un Gobierno progresista, conformado por los socialdemócratas del Partito Democrático y los anti 'establishment' del Movimento 5 Estrellas, que se autodefinen como “post-ideológicos” pero que no niegan que este Ejecutivo es de un signo absolutamente distinto al anterior.

España no salió mal parada en el reparto de puestos de la Unión Europea. obtuvo uno de los cargos más importantes, como es el de la jefatura de la diplomacia europea. Sin embargo, algunas voces se muestran escépticas con el verdadero poder de este trabajo. “Para el presidente Pedro Sánchez era muy importante situar a Borrell como Alto Representante. No sé qué tipo de estrategia propuso el presidente, pero es cierto que lo que quería lo ha obtenido”

Sin embargo, fueron los diplomáticos italianos quienes con más ímpetu movieron la candidatura de Josep Borrell a la jefatura de la diplomacia europea, un cargo hasta ahora desarrollado por la italiana Federica Mogherini, y cuya utilidad para Roma había sido limitada. Si España se esforzaba en que Borrell ocupara ese cargo, el camino quedaba más despejado para obtener una cartera económica. Un paso más en su jugada para colocar a David Sassoli en la presidencia del Parlamento Europeo y a Paolo Gentiloni a cargo del monitoreo de los presupuestos de los distintos Estados miembros. Una remontada épica en los últimos minutos.

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