Ursula von der Leyen

Von der Leyen, la aliada de Merkel con perfil bajo para liderar la Unión Europea

España deja tirados a los socialistas europeos a cambio de nombrar a Borrell jefe de la diplomacia europea, Alemania obtiene la Comisión y Francia, el Banco Central Europeo

Foto: Ursula von der Leyen. (EFE)
Ursula von der Leyen. (EFE)

Una cumbre llena de giros de guion, candidatos tapados y puñaladas ha convertido a Ursula von der Leyen, actual ministra de Defensa alemana, en candidata designada por el Consejo Europeo para ser la nueva presidenta de la Comisión, y será la primera mujer en encabezar la Unión Europea. La Eurocámara tendrá que dar luz verde en la segunda sesión de julio.

El resultado ha llegado después de tres días intensos de cumbre en la capital comunitaria, tiempo en el que ha habido lugar para que varias listas con favoritos y muchos candidatos hayan estado sobre la mesa para un gran abanico de puestos.

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Von der Leyen tiene un importante currículo a sus espaldas y conoce bien Bruselas: nació en Ixelles, un barrio de la capital comunitaria, cuando su padre era director general de la Comisión Europea. Comenzó su andadura en el Gobierno alemán como ministra de Asuntos Familiares en 2005, pasando a ser ministra de Trabajo en 2009 y ministra de Defensa en 2013, con buena fama entre diplomáticos y círculos de la OTAN.

El dato curioso es que Alemania ha tenido que abstenerse en la votación de Von der Leyen después de que los socios de gobierno de la canciller, los socialdemócratas (SPD), se hayan opuesto al paquete.

Iratxe García, presidenta de los socialdemócratas en la Eurocámara y mano derecha de Sánchez en Bruselas, ha asegurado que el acuerdo que el presidente del Gobierno ha calificado de “extraordinarioes “profundamente decepcionante”, anunciando lo que puede ser el inicio de un pulso entre el Parlamento Europeo y el Consejo Europeo. “Ante todo, hemos elegido a dos mujeres y dos hombres para los cuatro puestos clave. Un equilibrio de género perfecto. Estoy muy feliz por ello. Después de todo, Europa es una mujer”, ha asegurado en sala de prensa Donald Tusk, presidente del Consejo.

El presidente del Gobierno español también ha defendido el nombramiento de Von der Leyen, que pertenece al ala moderada de los democristianos alemanes: “El acuerdo es muy equilibrado. Por primera vez va a ser una mujer la que la presida. Una mujer de la principal fuerza política a nivel europeo, con la que nosotros hemos mantenido una coordinación muy positiva, que según viene en su currículo ha acreditado la defensa de la igualdad de género, que ha defendido el matrimonio entre personas del mismo género en Alemania”.

Si Sánchez esperaba que una nueva cooperación socio-liberal con París pudiera dar luz a un acuerdo que desbancara a los populares de la presidencia de la Comisión Europea, se equivocó de lleno. A la hora de la verdad, Emmanuel Macron, presidente francés, ha preferido la cooperación con Berlín, alzando automáticamente a Von der Leyen.

A cambio, Francia ha obtenido lo que el Elíseo ha buscado desde el principio del proceso, la presidencia del Banco Central Europeo (BCE). El que seguramente es el asiento más poderoso de la Unión Europea ha ido a parar a manos de París, que coronaría a la francesa Christine Lagarde, actual directora ejecutiva del Fondo Monetario Internacional (FMI).

Muchos apuntan con preocupación que Lagarde no es economista y mucho menos banquera, y que se tratará del segundo perfil político que desembarque en la cúpula del BCE después de que Luis de Guindos diera un inédito salto directo desde el Ministerio de Economía español a la vicepresidencia de la institución europea.

España, sin embargo, no ha tenido ningún problema con el paquete: obtendrá la jefatura de la diplomacia europea, seguramente el cargo con menos poder y más problemático de los que se repartían en esta cumbre, que irá a parar a las manos del actual ministro de Exteriores, Josep Borrell.

Los liberales han obtenido la presidencia del Consejo Europeo, que será para Charles Michel, actual primer ministro belga, que seguramente perderá su puesto durante las negociaciones para la formación de un nuevo Gobierno en el país. Será el segundo de Bélgica en la corta historia del cargo, después de Herman van Rompuy.

De la ambición a los mínimos

La cumbre, que comenzó el pasado domingo con un plan esbozado por Alemania, Países Bajos, Francia y España en la reunión del G-20 en Osaka (Japón), arrancaba con Frans Timmermans, candidato de los socialistas, como favorito para ser presidente de la Comisión Europea, mientras el candidato popular, el alemán Manfred Weber, se quedaría con la presidencia de la Eurocámara.

Pero el plan sufrió un doble rechazo. Por un lado, los países del este, muchos de ellos inmersos en un pulso con Timmermans por perseguir su desmantelamiento del Estado de derecho, que no querían ni oír hablar del holandés y que este martes por la mañana han celebrado que desapareciera su nombre de la mesa. Por otro lado, el de los países dominados por el Partido Popular Europeo (PPE), menos Alemania, que se oponían a ceder la presidencia a los socialistas.

La elección de Timmermans evitaba un choque institucional con el Parlamento, que desde 2014 defiende que no va a elegir a un presidente de la Comisión Europea que no haya participado en las elecciones europeas, un sistema llamado ‘spitzenkandidaten’.

Ahora, la Eurocámara tendrá que poner a prueba su compromiso con el mecanismo que ella misma creó. Los Verdes ya han anunciado que votarán en contra de Von der Leyen y algunas delegaciones rebeldes de socialdemócratas probablemente se unan al rechazo.

Aunque el segundo día de cumbre terminó con Timmermans todavía como favorito, las cosas giraron rápidamente durante la mañana del martes. Francia y Alemania hicieron lo que muchos esperaban que ocurriera: se repartieron el poder. Y los socialistas, cuyo negociador jefe era Sánchez, se hundieron en el barro: de la presidencia de la Comisión Europea a tener que conformarse con medio mandato del Parlamento Europeo y el alto representante. España, sabiendo que se trata de un acuerdo pésimo para los socialistas pero mirando por el interés de colocar a Borrell en un alto cargo, acabó cediendo.

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