MIEMBRO DE VOLT

El español que viene de la NASA a la política para lanzar el primer partido europeo

Bruno Sánchez-Andrade es astrofísico de carrera y un político comprometido. Es el candidato en España del primer partido fundado por europeos como reacción al Brexit

Foto: Bruno Sánchez-Andrade, candidato de VOLT. (Braulio G. J.)
Bruno Sánchez-Andrade, candidato de VOLT. (Braulio G. J.)

El 16 de junio de 2016, a una semana vista del referéndum que marcaría el camino de salida de Reino Unido de la Unión Europea, Bruno Sánchez-Andrade estaba en su oficina del Banco Mundial en Washington hablando por videoconferencia con expertos de varios países cuando, a primera hora de la mañana, irrumpió la muerte. Una compañera que no había podido unirse al inicio entró en la conversación preguntando muy nerviosa si Brendan Cox, británico del grupo de expertos en Objetivos de Desarrollo Sostenible, estaba conectado: su esposa, una diputada laborista, acababa de ser tiroteada con un rifle de caza y apuñalada por un ultranacionalista al grito de "Primero, Gran Bretaña". Jo Cox, de 41 años y madre de dos hijos, murió en la ambulancia.

A diferencia de lo que han hecho sus compatriotas durante las últimas décadas, es probable que los hijos de Cox, de 3 y 5 años, crezcan sin poder viajar, estudiar, trabajar, vivir y enamorarse libremente en veintisiete países europeos, además del suyo, algo que su madre defendió a toda costa contra el Brexit. El asturiano Sánchez-Andrade, 38 años, amigo del padre viudo de esos dos niños, se presenta a las elecciones europeas del próximo 26 de mayo para defender lo mismo por lo que luchó la diputada europeísta. "Casi todo el mundo sabe por qué y cómo Jo murió", recordaba en una soleada terraza de Madrid el pasado jueves 9 de mayo, el Día de Europa. "Pero casi nadie conoce por qué vivió", añadió.

Jo Cox, que poco antes de ser asesinada había firmado una emocionante defensa pública en favor de los refugiados sirios, "vivió por esta idea proeuropeísta de que tenemos más cosas en común de las que nos separan", dice Sánchez-Andrade, astrofísico de carrera, científico de vocación y político comprometido. "Y esa es una de las cosas en las que yo también creo", añade el candidato en España del primer partido a escala europea. VOLT, un partido fundado por europeos como reacción al Brexit, se presenta por primera vez en ocho países con un mismo programa y propone una Europa más unida políticamente y socialmente más progresista. Una federación de "estados inteligentes", contra el nacionalismo.

 Bruno Sánchez-Andrade. (B.G.J.)
Bruno Sánchez-Andrade. (B.G.J.)

A la entrevista llega como vive: vestido con vaqueros, camiseta y cazadora, y un maletín de tela del tamaño de un portátil. "Buenos días y feliz día de Europa", dice para saludar. Sobre el sitio, solo pide que esté al sol. Admite que le han obligado a "comprar mucha más ropa para la campaña", pero todavía lleva los vaqueros de su método anterior. "Estos son el tercer par que me compro igual", explica. Los usa hasta que un día pasa junto a la tienda que los vende, entra, se compra un par nuevo y deja los viejos en la tienda. Si lo cuenta es para aclarar ese "minimalismo" con el que trata de compensar el mucho gasto energético que produce su vida de "autónomo en Asturias", "con clientes por todo el mundo" y novia en Berlín. Una vida subida a un avión en un mundo sobre el que planea el cambio climático.

A la entrevista llega como vive: vestido con vaqueros, camiseta y cazadora, y un maletín de tela del tamaño de un portátil

Bruselas, tenemos un problema

Lejos de querer ser un político profesional, Bruno Sánchez-Andrade Nuño (Oviedo, 1981), llega a la política de la mano de la ciencia. De una ciencia muy personal, si se permite el oxímoron. Criado en una aldea bajo el cielo asturiano, de niño quería ser "estudiador de las estrellas" antes de aprender a leer. "Siempre quise ser astrofísico y el tema de mi tesis, de hecho, es el Sol", dice. Doctorado en una de las universidades más prestigiosas del mundo, el Instituto Max Planck de Alemania, y después de trabajar "haciendo cohetes" en la NASA, descubrió la "sensación alienante" de estar haciendo lo que siempre había querido hacer, ciencia, pero sin sentirse identificado. Y se reinventó.

A toro pasado une la línea de puntos y recuerda cómo modeló su propio oficio antes de cumplir los 30 años. "Científico de impacto", en eso se ha convertido, aunque ahora abre un paréntesis para afrontar el reto más complejo de su fulgurante vida: lanzar un partido paneuropeo, el mismo partido en todos los países, cuando el fantasma del nacionalismo amenaza con descorrer la Unión Europea. Lo asume con naturalidad: "Las habilidades científicas se pueden aplicar para la investigación o se pueden aplicar para la formulación de políticas".

Bruno Sánchez-Andrade, durante la entrevista
Bruno Sánchez-Andrade, durante la entrevista

Un científico de impacto es un político con conocimiento de causa y eso es lo que parece Sánchez-Andrade. Hijo de una administrativa y de un músico asturianos, cambió la "Academia" por el trabajo en varias ONG y startup y luego como asesor del presidente del Banco Mundial en proyectos de desarrollo. Desde su oficina en Washington y sus viajes por el mundo, su vida pasó a ser una conciliadora mezcla de ciencia y empatía. Junto a un equipo multidisciplinar diseñó, por ejemplo, el uso de drones para realizar un catastro en Kosovo y devolver la propiedad de la tierra a las viudas que la guerra había expulsado de su casa. Mientras tanto, fundó una asociación de científicos españoles en Estados Unidos que hoy cuenta con más de 1.000 miembros.

En Estados Unidos vivió los ocho años de Obama, "los años del 'hope', de la esperanza", los llama. Pero nada que Europa deba envidiar. "El sueño americano vende mucho. Pero yo creo que el sueño europeo también se puede comparar con el americano en el sentido de oportunidades, de llegar muy alto. Y en Europa tenemos mucha más igualdad de oportunidades, mucha más red social. Si tienes un problema médico, si eres parte de una minoría, si no tienes trabajo o si necesitas ayudas sociales, en Europa lo tienes mucho mejor". De Trump dice que el desafío consiste en entender, no por qué existen esas opciones, sino por qué la gente las vota. "Es una lectura que tenemos que hacer en Europa ahora que llegan los Salvini [Italia], los Orbán [Hungría], Vox en España".

"Es normal que sintamos un poco de miedo hacia el futuro", dice. "Y si viene alguien y te promete: 'no te preocupes, esos inmigrantes que están aquí, los vamos a echar fuera; no te preocupes, vas a poder hacer emisiones de carbono como quieras', y te prometen cosas del pasado que tú quieres, yo entiendo que te pueda gustar ese mensaje, pero es un mensaje falso". Falso y contraproducente a medio plazo. "Una vez que mercadeas con el miedo es muy difícil gobernar. ¿Cómo gobiernas una sociedad que está tan dividida?", añade.

Además del catastro de Kosovo, Sánchez Andrade ha trabajado en uno de los campos de refugiados más grandes del mundo, en Kenia, y en una empresa de avellanas en Bután, a donde llegó para poner en marcha un plan de logística. A todo le aplica el método científico: baja al terreno, observa, recoge datos, formula una posible solución y lo pone en marcha. "La aplicación del método científico, las hipótesis falsables, utilizar herramientas para dividir la complejidad en cosas que puedes estudiar más fácilmente, se puede pueden aplicar para la academia, o se puede aplicar a la erradicación de pobreza". El programa de VOLT, resumido en la llamada Declaración de Ámsterdam, propone de hecho una constante evaluación de las políticas públicas para mejorar su eficiencia. De ahí lo de "estado inteligente".

Ha trabajado en uno de los campos de refugiados más grandes del mundo, en Kenia, y en una empresa de avellanas en Bután

La semana pasada se cumplieron sesenta años de la conferencia de C.P. Snow, 'Las dos culturas y la revolución científica', en la que el científico americano lamentó la mutua incomprensión que separaba a la cultura clásica, a base fundamentalmente de lo que hoy llamaríamos Humanidades, y cultura científica. Sánchez-Andrade defiende un trasvase. "Creo que la sociedad no le pide al científico que esté más involucrado en los problemas y en las historias que tiene; y el científico no quiere estar involucrado. Más que una tercera vía, creo que lo que tiene que haber es un trasvase entre las habilidades del científico y la sociedad".

La vocación política, en su caso, es una forma de generalizar la empatía. "El patriotismo entendido como alguien que ha estudiado en el colegio público, en el instituto público y que luego ha llegado a hacer cosas en su vida, es a este sistema público, a ese ascensor social que yo he usado es al que quiero en cierta manera devolverle lo que me ha dado", explica. "En el Banco Mundial trabajaba para ayudar a otros países, y pensé, por qué no ayudar al mío, o a Europa". Y apareció VOLT, de voltio, "la idea es electrizar Europa", dice.

A Europa volvió, físicamente, después de nueve años. Aterrizó en Barcelona "el 1 de octubre del año fatídico", dice en referencia al medio referéndum celebrado en Cataluña en 2017, cuyos hechos se juzgan ahora en el Tribunal Supremo. "Estamos en contra de cualquier nacionalismo, el catalán o el español. Queremos unión: queremos ir a una Europa federalista, es lo contrario de lo que está pasando aquí. Y de este tema, aunque sé que funciona muy bien en los medios, creo que lo más sensato en estos casos es decir lo mínimo posible".

De momento, todos sus "canales siguen abiertos", dice, para quien quiera conocerlo mejor. "Mi Facebook, mi Twitter, yo no he limpiado nada, todo sigue ahí", añade, sabedor de que "en España hay casos que justo por eso se han terminado algunas carreras políticas". "Yo obviamente tengo fotos en las que estaré de fiesta, o alguna opinión que haya podido tener antes y ahora no tengo". "Pero es normal, la gente crece y las opiniones cambian. Si no cambias nunca de opinión, malo es".

Muchos de los mapas electorales publicados en los periódicos digitales después de las elecciones generales del 28-A son un producto de Mapbox, una empresa americana que Sánchez-Andrade contribuyó a catapultar. Llegó como jefe científico a un equipo de 10 personas que trabajaban en un garaje y cuando se fue la dejó con sede en San Francisco, dos rondas exitosas de inversión y casi 200 trabajadores. Ahora aspira a que VOLT aparezca en esos mapas después de las europeas del 26 de mayo.

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