ELECCIONES EUROPEAS

Pactar o no pactar con la ultraderecha, esa es la cuestión para los conservadores europeos

Una corriente de pensamiento dentro del Partido Popular Europeo (PPE) pide tender puentes con la extrema derecha. La otra mitad se planta

Foto: Angela Merkel, Sebastian Kurz y Viktor Orbán. (Reuters)
Angela Merkel, Sebastian Kurz y Viktor Orbán. (Reuters)

¿Pactar o no con la extrema derecha? Esa es la cuestión principal para multitud de formaciones de centro-derecha europeas durante estos últimos últimos años. Muchas han acabado cediendo, con resultados dispares. Otras se han decantado por mantener los cordones sanitarios. Y esa pregunta volverá a estar sobre la mesa tras las elecciones europeas que se celebran entre el 23 y el 26 de mayo: ¿debe el Partido Popular Europeo (PPE) mirar hacia su derecha?

La fórmula Berlusconi

La voz de Silvio Berlusconi, a sus 83 años, sigue siendo relativamente influyente en algunos círculos de la familia popular europea. Y el italiano tiene claro lo que debe hacer el PPE tras las elecciones europeas: tender puentes hacia los radicales y euroescépticos. Es lo que el histórico líder de Forza Italia hace en su país: una coalición electoral, normalmente calificada de “centro-derecha”, que aglutina a FI con los xenófobos de Lega y otros partidos radicales como Fratelli d’Italia.

La receta Berlusconi tiene, supuestamente, dos beneficios y un coste. Lo segundo consiste en que el precio político que se tiene que pagar (el hecho de pactar con formaciones xenófobas y radicales) es alto. Los dos beneficios consistirían en que se arrastra a estas formaciones hacia el centro del tablero político y, finalmente, sus votantes vuelven al redil del centroderecha.

Pero en la receta Berlusconi nada ha salido como tenía que suceder. El precio político para FI ha sido alto y no se ha logrado ninguno de los dos objetivos: ni Matteo Salvini, ahora viceprimer ministro italiano y líder de la Lega, ha rebajado su discurso xenófobo y antieuropeo, ni tampoco han vuelto los votantes al centroderecha, ya que la formación de Salvini ha pasado del 17% de los votos obtenidos hace un año en las generales a situarse, según las encuestas, en el 37%.

Hay una receta que sí parece haber funcionado: la austriaca. En Viena los democristianos tradicionales, liderados por el jovencísimo Sebastian Kurz, hicieron una campaña electoral basada en girar hacia la derecha para robar electorado al partido de extrema derecha FPÖ, con el que luego formó Gobierno sin que eso haya penalizado a la formación del actual canciller.

La receta Kurz

Sin embargo, mientras Berlusconi, al que la operación le ha salido mal, pide tender puentes hacia los radicales y euroesépticos, Kurz, al que la receta le ha funcionado, opina lo contrario: en Europa no se debe pactar con el bloque eurófobo.

Viktor Orbán, el ‘enfant terrible’ del PPE y el hombre más a la derecha dentro de la formación, pidió durante una entrevista que la familia europea “debe adoptar el modelo austriaco”, señalando que “están pasando cosas buenas en Austria”. El primer ministro húngaro también ha advertido que si los partidos de centroderecha siguen pactando con los socialistas pueden perder algunos de sus valores fundamentales: “Después de todo, los cristianodemócratas deben seguir siendo cristianos”.

Pero el rechazo a la propuesta de Orbán y de Berlusconi ha venido, precisamente, de otros partidos situados muy a la derecha dentro del PPE. Markus Söder, presidente de la región bávara y líder de la CSU, el partido hermano de la CDU de Ángela Merkel y uno de los más cercanos ideológicamente a Orbán, rechazó junto a Kurz en una rueda de prensa la propuesta del primer ministro húngaro: “No habrá cooperación en Europa con los populistas de extrema derecha, por supuesto. Nada bueno saldría de ello”.

Una UE "sin fantasías"

“No queremos entregar la UE a los extremos de la izquierda o de la derecha, en lugar de eso necesitamos una política fuerte en el centro”, ha asegurado Kurz en una reciente entrevista con 'Die Presse'. “Nuestro objetivo es hacer a la UE mejor, no destruirla o jugar con fantasías de salir de ella”, señaló el canciller austriaco.

El PP español, que se situaba dentro del tablero como una de las delegaciones que podía favorecer el tender puentes hacia los euroescépticos, tras la experiencia en las elecciones andaluzas y su pacto con Vox, parece dar ahora marcha atrás después del batacazo en las elecciones generales y la decisión del partido de volver a recuperar un discurso más centrista.

Los partidos más pequeños dentro del PPE y que se sitúan en países nórdicos suelen ser los más liberales dentro de la formación y son los mismos que iniciaron la campaña para tratar de expulsar a Orbán. Por lo tanto, hace prever que se mantendrán firmes en la postura de que no se puede pactar con la extrema derecha.

La posición de Söder o Kurz en contra de pactar con la extrema derecha, a pesar de que uno gobierna con ella en Austria y el otro forma parte de un partido con políticas identitarias situadas muy a la derecha, puede ser un movimiento más racional que pasional: el PPE es un partido muy diverso, y muchas pequeñas delegaciones se opondrían a un pacto con euroescépticos que, además, sería muy delicado. A nivel europeo defienden discursos muy distintos.

Vetos internos

Mientras tanto, los cordones sanitarios y lazos de intereses que se cruzan dentro del PPE han alcanzado tal nivel de enredo que la formación está empezando a quedar atrapada en su propia telaraña.

En ese sentido, los vetos han comenzado a ser internos. Manfred Weber, candidato del PPE a la presidencia de la Comisión Europea y que ganó el puesto al vencer al moderado y más liberal Alex Stubb, logró la victoria en parte gracias a los votos de la delegación húngara en el PPE. Sin embargo, hace poco anunció que no deseaba contar con ellos para lograr el cargo de presidente del Ejecutivo comunitario.

Para Weber la cuestión húngara se ha convertido en una carga: Viktor Orbán, primer ministro de Hungría y miembro del PPE, lleva una década minando el Estado de derecho en el país ante el silencio de su familia política. Solo recientemente y ante la presión interna de partidos miembros del PPE, la formación debatió sobre su posible expulsión. Weber acabó mediando para dejarlo en una suspensión temporal.

Pero a pesar de su apoyo en los pasillos y su intento para evitar la defenestración de Orbán, y por lo tanto perder sus escaños en el próximo Parlamento Europeo, Weber debe mostrarse duro públicamente contra las medidas del primer ministro húngaro.

Y este lunes el veto se cruzó, con Orbán anunciando que no apoyará a Weber para el cargo de la presidencia de la Comisión Europea. No era ninguna sorpresa, ya que el húngaro tampoco votó a favor de Jean-Claude Juncker en 2014 a pesar de que el luxemburgués era el candidato del PPE al cargo.

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