DEBATE PARA LA PRESIDENCIA DE LA COMISIÓN

Europa está viviendo algo parecido a unas elecciones presidenciales y no lo sabes

Los principales candidatos a las elecciones europeas han celebrado el primer gran debate de los comicios continentales como parte del camino para profundizar en la democracia europea

Foto: Jean-Claude Juncker, Manfred Weber y Guy Verhofstadt hace cinco años, antes de que el primero fuera elegido presidente de la Comisión Europea. (EFE)
Jean-Claude Juncker, Manfred Weber y Guy Verhofstadt hace cinco años, antes de que el primero fuera elegido presidente de la Comisión Europea. (EFE)

A veinte minutos de Florencia, en un palacete del siglo XIV situado en lo alto de una colina, un grupo de candidatos al puesto más importante de la Unión Europea se sitúan frente a sus atriles. La mayoría de los europeos que votarán dentro de unas semanas en los comicios al Parlamento Europeo no sabe quiénes son.

En muchos Estados miembros las elecciones europeas se convierten en una especie de barrizal en el que la oposición y el gobierno aprovechan para medir sus fuerzas. Este jueves, las cosas han sido distintas en Florencia. En el marco del “Estado de la Unión”, un seminario anual organizado por el Instituto Universitario Europeo, la UE vive sus elecciones en lo más parecido a una carrera presidencial nacional.

Participaban cuatro candidatos: Manfred Weber, candidato del Partido Popular Europeo (PPE), Frans Timmermans, de los socialdemócratas, Guy Verhofstadt de los liberales y Ska Keller de Los Verdes han sido los protagonistas en un debate repleto de retos para la UE.

Uno de los grandes objetivos de la Unión es crear una discusión europea. Se ha avanzado mucho en los últimos años, pero la discusión de este jueves iba un paso más allá: ¿serían capaces los candidatos de lograr que se pareciera mínimamente a un debate político?

Normalmente estos debates acaban convertidos en intercambios técnicos y aburridos. Sin embargo, ha conseguido tener ritmo, intercambio de golpes, propuestas, ideas concretas y se ha parecido bastante a lo que debe ser un debate, aunque con mucho más respeto y menos agresividad de lo que nos tienen acostumbrados en los estados miembros.

El próximo presidente de la Comisión

Los candidatos, salvo Verhofstadt, han decidido participar en el sistema del ‘spitzenkandidaten’ o cabeza de lista, algo que ya caracterizó las elecciones europeas de 2014 y que consiste en una idea sencilla pero complicada de ejecutar: los partidos políticos se comprometen a no votar a ningún presidente de la Comisión Europea que no participe en los comicios al Parlamento Europeo como cabeza de lista. Las cuatro personas que han participado este jueves en el debate son los principales candidatos de este sistema, aunque el liberal ha decidido presentar a siete candidatos en vez de a uno.

¿Qué significa eso? De forma efectiva, que cuando un votante español elige una papeleta del PP o del PSOE, está eligiendo que sus diputados voten para que Weber o Timmermans sean presidentes de la Comisión Europea. Cuando llegue el momento de la verdad las cosas serán más difíciles, porque muchos países se niegan a aceptar este sistema del 'spitzenkandidaten'. Quieren seguir teniendo el control sobre quién se sienta en la presidencia del Ejecutivo comunitario.

Ataques cruzados

Por primera vez en estas elecciones, los partidos están intentando dirigir mensajes y propuestas al votante medio, y no únicamente a la “burbuja europea”. La europeización del debate también consiste en hacer a las familias políticas europeas responsables de lo que algunos de sus miembros hacen. El resto de candidatos han afeado a Weber que Viktor Orbán, el autocrático líder de Hungría, esté atacando al Estado de derecho, mientras que el alemán ha golpeado al candidato socialista por las políticas antiinmigración del exprimer ministro de Eslovaquia.

Los candidatos también intentan llevar a Europa su campaña fuera de este debate. Weber, por ejemplo, presentó su programa en Atenas, mientras Timmermans hace gran parte de su campaña en España a pesar de ser holandés. Mientras, tanto los liberales acaban de participar en uno de sus eventos estrella en el que participó el cabeza de lista de Ciudadanos, Luis Garicano: marchar en Budapest contra el gobierno de Viktor Orbán. Los Verdes, por su parte, se centran en Alemania y el Benelux, donde tienen a su mayoría de votantes.

El debate

Los candidatos han discutido sobre asuntos tan dispares como inmigración, medio ambiente, la posibilidad de impuestos europeos o la creación de un ejército de la UE, uno de los puntos más calientes de la discusión, con Keller y Timmermans mostrándose en contra y Weber y Verhofstadt a favor. “Sueño con un ejército europeo”, ha asegurado Weber, algo a lo que ha contestado Keller: “Necesitas mejores sueños”.

Timmermans ha apostado por atacar los objetivos demasiado utópicos de Verhofstadt: “Deme una lista de los parlamento nacionales que estén de acuerdo en perder el control para mandar tropas al extranjero. Deme la lista: no hay ninguno”.

Gran parte de la discusión ha discurrido sobre cómo hacer reformas institucionales que hagan que la UE funcione de manera más efectiva, con procesos de decisión más rápidos y con nuevos instrumentos, como un presupuesto para la Eurozona o un Consejo en el que no haga falta unanimidad.

Estrategia "épica" para África

Respecto a la política exterior europea, África ha sido uno de los puntos clave. “Necesitamos una estrategia épica para África”, ha señalado Timmermans, mientras Keller ha pedido tener en cuenta la deuda “colonial” que Europa tiene con un continente que no es homogéneo y para el que no se puede pretender tener una política única.

Los discursos se centran mucho en la visión que cada familia política tiene del proyecto europeo. Por ejemplo Weber ha tratado de mostrar una UE que lidere en un rol exterior, a la vez que ha focalizado parte de su discurso en la seguridad. Timmermans, por su parte, ha atacado a los euroescépticos, personificándolo en Orbán y en el líder italiano Matteo Salvini.

Verhofstadt, cuyo votante es el más proeuropeo, ha lanzado el discurso más federal que caracteriza al líder liberal, y Keller ha insistido en la necesidad de luchar contra el medio ambiente, centrando su discurso en los más jóvenes y en una idea de Europa más ética, en contra del discurso anclado en la realpolitik de otros partidos progresistas.

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