LOS RIESGOS PARA SU FUTURO

La OTAN cumple 70 años en plena crisis de identidad y confianza

La Alianza sufre de varios males, con muchas manzanas podridas y una falta de confianza creciente que representa el mayor riesgo para el futuro de la OTAN

Foto: Lituania celebra 15 años de membresía de la OTAN. (EFE)
Lituania celebra 15 años de membresía de la OTAN. (EFE)

En julio de 2018 la OTAN se parecía poco a una alianza. Donald Trump entró (tarde) en la habitación en la que se estaba celebrando una de las sesiones de la cumbre de líderes. El presidente americano arremetió contra todos, especialmente contra Angela Merkel, canciller alemana.

Mientras Ucrania y Moldavia trataban, en una presentación, de explicar por qué querían unirse a la OTAN, el mandatario americano mostró un respeto nulo, cortando la sesión y convirtiendo la cumbre en una ratonera. ¿La razón? La mayoría de países no cumplen con el objetivo del 2% de gasto en defensa. Y aunque eso es así, para Trump es una cruzada personal, una forma de explicar a su votante que EEUU ha sido robado por sus aliados, que se han aprovechado de Washington, y ahora él está revirtiendo la situación.

Aquella cumbre sirvió para concienciar a muchos de la dimensión y la profundidad del problema que afectaba a la alianza atlántica. Este jueves la OTAN cumple 70 años, y lo hace en una crisis de identidad mucho más profunda que la que representa Donald Trump y su unilateralidad.

Reunión de Donald Trump con el secretario general de la OTAN. (EFE)
Reunión de Donald Trump con el secretario general de la OTAN. (EFE)

70 años que pesan demasiado

La OTAN no está pasando un simple bache, o una situación coyuntural, resultado de la aparición del actual inquilino de la Casa Blanca, sino que está sumida en una crisis de identidad más profunda. Cuando se creó en 1949, con la clara amenaza de la Unión Soviética cerca, los socios fundadores se mostraban “determinados a salvaguardar la libertad, el patrimonio común y la civilización de sus pueblos, fundados en los principios de la democracia, la libertad individual y el Estado de derecho”.

Hoy la OTAN tiene demasiadas manzanas podridas que parecen no cumplir con esos requisitos mínimos recogidos en su declaración de intenciones inicial. Turquía es uno de los ejemplos, con un Recep Tayyip Erdogan que, con puño de hierro, ha estado alejando al país de la democracia durante los últimos años, eliminando oposición, independencia judicial y mediática.

No es el único que se encuentra en esta deriva. En la misma Europa Hungría y Polonia son países que claramente han tomado la decisión de minar el Estado de derecho, y de hecho ambos países tienen activado el artículo 7 de los Tratados de la Unión Europea, ideado para intentar sancionar a aquellos países que violan los valores europeos más básicos.

Sin embargo la idea de salvaguardar la democracia no era en 1949, en tiempos de necesidad, una prioridad. Ahora, para muchos países que conforman la alianza y que ya no tienen un enemigo claro y definido como era la URSS, el asunto del respeto a la democracia y al Estado de derecho es fundamental.

Las numerosas manzanas podridas hacen que los vínculos comunes dentro de la alianza sean más bien débiles. Prácticamente de conveniencia: funciona la OTAN porque conviene, pero eso hace que su situación sea muy volátil, y nadie, ni siquiera su secretario general Jens Stoltenberg, es capaz de negar eso.

Pero además, la forma de entender la OTAN ha tenido que cambiar casi por obligación. “Si lo vemos como una entidad firme, fija, entonces sí, está en crisis. Pero si la vemos como una alianza flexible que se puede adaptar a los retos internos y externos y que trabaja con sus socios para encontrar soluciones, entonces ahí hay oportunidades”, asegura Corinna Horst, vicedirectora de la sede en Bruselas de el German Marshall Fund.

Entrenamientos de la OTAN. (Reuters)
Entrenamientos de la OTAN. (Reuters)

No solo han cambiado los socios, que ahora son muchos más, y que algunos de ellos se han alejado de los valores que en un principio podía encarnar la OTAN, sino que ha cambiado completamente su rol.

A diferencia de en sus orígenes, el enemigo de la alianza ya no es un Estado, un ejército convencional bajo las órdenes de un Gobierno extranjero. Los tipos de amenazas para la OTAN han cambiado con la caída de la Unión Soviética. “La naturaleza de los desafíos de seguridad ha cambiado a través de la aparición de actores no estatales y el aumento de amenazas no convencionales, como los ciberataques y la guerra híbrida”, añade Horst.

Los otros males

Además de la transformación que atraviesa la OTAN hay otro factor. A medida que los socios van cambiando y se van alejando de los compromisos inaugurales de la alianza, la confianza se va resquebrajando. Es también resultado directo de que los nuevos enemigos ya no son tan claros y que la narrativa es cada vez más compleja.

Esa falta de confianza entre socios clave se vio perfectamente cuando Turquía reveló la posición de tropas franceses que colaboraban en Siria con los kurdos del YPG/PKK, considerados por Ankara como grupo terrorista, pero que para la mayoría de fuerzas de la OTAN representan la única oposición real en Siria.

Macron charla con Erdogan durante una cumbre internacional. (Reuters)
Macron charla con Erdogan durante una cumbre internacional. (Reuters)

Ese es solo uno de los último rifirrafes que han protagonizado el líder turco y el presidente galo Emmanuel Macron, un ejemplo más de la falta de confianza existente entre socios de la misma alianza.

El problema de confianza es claro: si hay países con líderes cada vez más autoritarios, ¿cómo se justifica políticamente la defensa militar de ese Estado? ¿Sirve a los intereses de un líder que está minando la democracia? Además, cuanto más autoritarios son los gobiernos, más peligroso es tener una alianza que te compromete a actuar por él.

La falta de confianza en la administración americana también está generando una reacción en Europa. Merkel y Macron ya han advertido que la seguridad de la UE no puede depender de los Estados Unidos, y el proyecto europeo se encamina poco a poco a tener su propia defensa.

Hay países en el este de Europa, los más cercanos geográficamente a Rusia, que lo que no quieren bajo ningún concepto es que el proceso de creación de un ejército europeo en el largo plazo pueda dañar a la OTAN. Su supervivencia depende de que el resto de socios de la alianza reaccionen si sufren una agresión por parte de Moscú.

En Bruselas se defiende que la creación de un brazo militar europeo es perfectamente compatible con la OTAN. “Creo que es un error ver a la UE y la OTAN como opuestas entre sí. Al final del día, casi siempre son las mismas tropas las que se están desplegando. Independientemente de si hay misiones de la OTAN o de la UE, las tropas en el terreno están cooperando y reuniendo recursos”, señala Horst. “La comunidad política debe superar este enfoque binario y centrarse en lo que realmente importa: resolver los problemas de seguridad con los mejores medios y medios militares y diplomáticos”, sentencia la experta en seguridad.

Foto de familia de la última cumbre de la OTAN en Bruselas. (Reuters)
Foto de familia de la última cumbre de la OTAN en Bruselas. (Reuters)

No todo es crisis

Parece evidente que la OTAN pasa una crisis de identidad, pero hay otros elementos positivos en los últimos años. En la cumbre de Gales, en la que se acordó ir avanzando hacia un 2% del PIB en gasto militar, se pusieron las bases para lograr que la alianza haya mejorado mucho su capacidad de reaccionar ante crisis, cada vez más imprevisibles y que requieren una respuesta más rápida.

Por mucho que Donald Trump esté alejando a Estados Unidos de la Unión Europea y del continente en general, Washington va más allá del presidente: hoy EEUU cuenta con una mayor presencia en Europa del este. El programa impulsado por Barack Obama en 2014 para aumentar la presencia americana en el continente tras la anexión rusa de Crimea contó en 2018 con 4.600 millones de dólares, y lejos de reducirse en 2019 aumentará hasta los 6.500 millones de dólares.

Lo que está claro es que la OTAN no está siendo capaz de mandar el mensaje de unidad que es necesario, y eso se debe a la falta de confianza entre socios y a las derivas que están tomando algunos de los miembros. Las amenazas externas están claras para casi todos, y son fundamentalmente Rusia, el terrorismo y la ciberseguridad. Pero se hacen todavía más peligrosas si la alianza no es capaz de encontrar puntos de encuentro y la forma de sacar adelante una agenda común.

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