Es noticia
Menú
Xi reafirma su liderazgo con retórica continuista, Taiwán en la agenda y sin soluciones concretas para los retos de China
  1. Mundo
"No renunciaremos a usar la fuerza"

Xi reafirma su liderazgo con retórica continuista, Taiwán en la agenda y sin soluciones concretas para los retos de China

Estas son las claves del discurso del líder chino en el XX Congreso del Partido Comunista de China (PCCh), la reunión política más importante del gigante asiático

Foto: Xi Jinping, en la apertura del Congreso del PCCh. (EFE/Xinhua Yao Dawei)
Xi Jinping, en la apertura del Congreso del PCCh. (EFE/Xinhua Yao Dawei)

El secretario general y líder supremo de la formación que gobierna China desde 1949, Xi Jinping, ha centrado este domingo su discurso de apertura del XX Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) en una retórica ideológica opaca, enardecida con promesas de unificación con Taiwán, la continuación de su política de Cero Covid que está dañando a la segunda economía global, y con lagunas clave sobre los problemas más acuciantes del país.

En dos horas de discurso que ha sido elaborado de forma minuciosa durante el último año, y, siguiendo la tradición comunista, teatralizado por los aplausos y el pasar de páginas coordinados, cuasi robóticos, de los cerca de 2.300 delegados que asistían al Gran Salón del Pueblo de Pekín, Xi ha enumerado los logros del último quinquenio y establecido las directrices para el próximo, que analizamos a continuación.

Xi permanece en el poder

Se espera que al final de esta semana de reuniones a puerta cerrada, Xi mantenga su liderazgo como secretario general del PCCh, que según la constitución de la formación no tiene límite de tiempo, aunque por costumbre, las cuatro últimas generaciones de líderes abandonaron el cargo al cabo de una década (Deng Xiaoping, 1978-89; Jiang Zemin, 1989-2002; Hu Jintao, 2002-12).

El puesto de secretario general lleva implícito el de máximo líder militar, ya que a diferencia de los sistemas democráticos, en China no hay separación de poderes entre el partido y el ejército. El cargo también lleva implícito el de presidente, que es puramente ceremonial, y que en la Constitución china sí tenía un límite de dos legislaturas que Xi abolió en 2018, lo que fue una clara señal de sus intenciones autoritarias y personalistas, y un revés a la incipiente institucionalización del Partido.

Foto: Xi Jinping. (EFE)

De esta manera, Xi, de 69 años, espera igualarse al fundador de la República Popular, Mao Zedong, que permaneció en el poder por más de 40 años hasta su muerte. La inédita "reelección" de Xi como presidente tendrá lugar durante la próxima reunión del órgano legislativo, la Asamblea Nacional Popular, en 2023.

También, según una tradición no escrita, Xi debería de haber promovido a posibles jóvenes sucesores en el anterior congreso de 2017, de entre los 200 miembros del Comité Central, a alguno de los 25 cargos del Politburó, o directamente al Comité Permanente, que cuenta ahora con 7 miembros incluido Xi (han llegado a ser 9). Pero no sucedió. Lo que se interpreta como el deseo del mandatario de permanecer en el cargo de forma vitalicia.

Durante este congreso está por ver qué candidatos son promocionados. Hasta hoy, Xi Jinping ha roto tres reglas no escritas que hasta ahora habían garantizado una transición pacífica de poder desde 1978: retirarse a los 68 años, evitar purgar a sus enemigos políticos (de un total de 96 millones de afiliados, cuatro han sido investigados y 100.000 condenados) y designar a un sucesor.

Aclarado este primer punto, vayamos al contenido del discurso.

Relaciones internacionales, Taiwán y Occidente

El líder chino ha reiterado durante su discurso su promesa de una reunificación pacífica con la isla de Taiwán, una democracia autogobernada desde que en 1949 se refugiaran allí los miembros del Kuomintang que perdieron la guerra civil contra Mao. La reunificación se ha convertido en uno de los pilares nacionalistas de Xi. No obstante, también ha reiterado que no renunciará al uso de la fuerza si hubiera interferencias exteriores, sin mencionar a EEUU, que se ha comprometido a defender Taiwán si China llevara a cabo una anexión por la fuerza.

Foto: El presidente de Estados Unidos, Joe Biden. (EFE/Jim Lo Scalzo)

"Seguiremos luchando por una reunificación pacífica con nuestra mayor sinceridad y esfuerzo, pero no renunciaremos nunca a usar la fuerza" si se produjera "una interferencia de fuerzas del exterior". En agosto, y tras la visita de Nancy Pelosi, presidenta de la Cámara de Representantes de EEUU, China llevó a cabo unas masivas maniobras militares en torno a la isla de Taiwán en uno de los episodios de mayor tensión en la historia de ambos lados del estrecho de Taiwán.

En un críptico párrafo, Xi ha recalcado que "China se enfrenta a peligrosas tormentas" y la necesidad de "estar preparados para peligros en tiempos de paz", sin dar más detalles, pero presentándose como el líder que puede guiar al país por esas aguas turbulentas. Desde que Xi asumió el poder en 2012, Pekín ha duplicado su gasto militar. En marzo, el Gobierno chino anunció un presupuesto de defensa de 229.000 millones de dólares, con un incremento del 7,1% con respecto a 2021.

Esta misma semana, un documento de la Casa Blanca indicaba que aunque Rusia es un problema urgente, China es el "único competidor que intenta cambiar el orden internacional y el poder económico, diplomático, militar y tecnológico para avanzar en su objetivo".

La "amistad sin límites" que en febrero proclamó Xi junto con su homólogo ruso, Vladímir Putin, convertido en un paria tras su invasión de Ucrania, no ha hecho más que acelerar la bipolarización de la política internacional entre Pekín y Washington. China mantiene una actitud contemplativa mientras ve caer a su vecino y eterno "frenemy". Y toma nota, como ya hizo en la desintegración de la Unión Soviética en 1991, de sus errores. En la mente de Xi, la tóxica infiltración de valores occidentales y el aperturista Mijail Gorbachov fueron los culpables. Y los líderes chinos se aseguran de que no les sucederá lo mismo.

El multimillonario proyecto de inversiones Belt and Road Initiative, que involucra a 150 países para conectar rutas comerciales con China por Asia, África y Europa, es un ejemplo de cómo Pekín intenta expandir su influencia económica, y política, como contrapeso de Washington. Xi ha destacado hoy esa aspiración al señalar que China será "un país socialista grande y moderno" y una "nueva elección" para la humanidad, en línea con su propuesta del "sueño chino" y la "gran renovación china" como un proceso histórico irreversible.

La política de Cero Covid

Las draconianas medidas aplicadas para frenar la epidemia de covid-19, originada en Wuhan, seguirán implementándose. De hecho, en las últimas semanas la ciudad de Shanghái ha contratado a nuevos trabajadores especializados en contener la epidemia con contratos de dos años, por lo que se espera que las medidas que han paralizado a la segunda economía mundial se mantengan.

Foto: Trabajadores se someten en pruebas PCR en China. (EFE/EPA/Alex Plavevski)

La prolongación de estas medidas en el tiempo ha sorprendido a los analistas, justificadas por la obsesión de Xi con la "seguridad", palabra que ha mencionado más de 70 veces durante su discurso. Los expertos aseguran que, de no imponer confinamientos inflexibles, masivos tests, la paralización de los transportes y el cierre de ciudades y provincias enteras, las UCI de los hospitales chinos se verían desbordadas, ya que su ratio es de 4,5 por cada 100.000 habitantes, la mitad que en España. En este contexto, se habría generado una profunda crisis económica y social.

El crecimiento económico chino, que este año se desacelerará hasta un 2,8% desde el 5,5% que había previsto Pekín, no es la prioridad, ha dicho Xi. El mercado inmobiliario está hundido, la inflación alcanza el 36% en productos de máximo consumo como la carne de cerdo, y la demanda doméstica es famélica. Los datos podrían ser más desoladores, según un análisis de The Economist, que indica que Pekín podría haber falseado sus cifras de crecimiento de la última década al doble de las reales.

En este sentido, Xi ha subrayado que lo importante ahora es "la calidad del crecimiento" y no la velocidad.

Logros y proyectos

Xi Jinping inició su discurso enumerando éxitos como rescatar de la pobreza a 100 millones de chinos desde el inicio de su mandato en 2012 (el cómputo total en 40 años es de 800 millones, según el Banco Mundial, que participa en el programa). Sin complejos, y pasando por alto todos los conflictos y el rechazo internacional que han generado, ha aplaudido su política de Cero Covid y la asimilación de Hong Kong interviniendo en su sistema electoral en favor de Pekín y aplastando cualquier disidencia mediante la ley de seguridad. Xi ha dicho que estas medidas han “apaciguado” la ciudad. Esta congratulación esboza un escenario paralelo en Taiwán, de producirse su anexión o reunificación.

El mandatario ha destacado los avances chinos en la conquista del espacio, defensa, tecnología, y en sus supuestos esfuerzos diplomáticos. Y en el futuro una mayor inversión y autonomía en innovación, educación, ciencia y tecnología, que adquieren mayor protagonismo para el próximo lustro después de que EEUU cancelara su cooperación con China en estos sectores. Una gran inversión en infraestructuras, en las zonas rurales y en nuevas energías está incluida en el documento presentado hoy. Aunque Xi no ha dado más detalles, en las últimas semanas el Consejo de Estado ha anunciado la emisión de unos 70.000 millones de dólares en "Bonos para Propuestas Especiales", que estarían destinados a esas partidas.

Estas medidas estarían en línea con el mencionado "desarrollo de calidad", más centrado en la economía doméstica, en el desarrollo urbano y rural y en garantizar la autonomía china en -una vez más- “seguridad” alimentaria.

La jerga de Xi

Estamos ante el líder de un partido con la mayor y más sofisticada maquinaria censora y de propaganda del mundo. Funciona con su población de 1.400 millones de habitantes, muy sensible a un léxico que pueda romper con la narrativa comunista del Partido. A pesar de que no coincida con la realidad económica del país de los últimos 40 años, que es la de un capitalismo con intervención estatal, propiedad privada, y en el que la educación o los servicios médicos no son gratuitos. Esto se resume en la definición del sistema como “socialismo con características chinas”, que instauró Deng Xiaoping.

Estamos ante el líder de un partido con la mayor y más sofisticada maquinaria censora y de propaganda del mundo

Cada nuevo líder quiere añadir su léxico a nuevas definiciones que quedarán plasmadas en los anales de la historia (china). Por eso los sinólogos están pendientes de los más leves cambios de adjetivos de estos narcotizantes lemas. El ideario de Xi combina el nacionalismo, la nostalgia comunista (marxismo y leninismo), el confucionismo y el papel civilizatorio del Reino del Centro en el mundo, bajo un partido firme y disciplinado, liderado por él mismo. Y un Estado paternalista que debe penetrar en la vida privada de todos los chinos, lo que no es novedad en el gigante asiático. Todo esto se traduce en la frase que ha acuñado Xi para definir su política: "Socialismo con características chinas para una nueva era".

En esta misma línea ideológica, Xi ha incluido hoy en su programa el "rejuvenecimiento de la nación" (innovación), la "prosperidad común" (limitar el capital privado), y la palabra más repetida del día, "seguridad", en un mundo incierto. Mao fue revolución. Deng fue enriquecimiento. Y Xi quiere ser seguridad.

Lo que no ha mencionado Xi

Los sinólogos han remarcado que el discurso del jefe de Estado chino ha sido considerablemente más reducido que en el anterior congreso, lo que denotaría una cierta animosidad ante sus perspectivas de futuro. Pero a cualquier conocedor del pensamiento asiático no se le escapa que los silencios cuentan tanto como las palabras.

El de la economía es uno de los múltiples problemas que líder chino ha evitado mencionar entre la larga lista que afronta su país, así como soluciones concretas para estos.

Entre los agravios, destaca el paro juvenil, de un 20%. Los jóvenes licenciados en tecnologías no pueden acceder al mercado laboral porque el líder se ha dedicado a cerrar numerosas empresas del sector. Tampoco ha mencionado la región de Xinjiang, donde más de un millón de uigures musulmanes se encuentran encarcelados en campos de "reeducación", cuando ha señalado el plan de "sinización las religiones", que incluye la demolición de miles de mezquitas.

Foto: El presidente de Estados Unidos, Joe Biden. (Leah Millis/Reuters)

En cuanto a sus políticas medioambientales, Xi ha indicado que incrementarían las nuevas energías, y mantendrían las antiguas hasta que las nuevas se puedan implementar, en una referencia al "carbón", mineral que tampoco ha mencionado durante su discurso y que convierten a China es uno de los países más contaminantes del planeta.

En línea con la desaceleración, el lema “reforma y desarrollo económico”, que fueron claves entre el XIV y el XIX congreso del Partido, no estaba incluido en el discurso.

Era tradición de esta reunión desde 2002 que los líderes mencionaran que "China se encuentra en un periodo de oportunidades estratégicas", una frase que el propio Xi usó en 2017. En la inauguración de hoy no se ha pronunciado. ¿Sugiere el mandatario que los conflictos con Estados Unidos o entre Rusia y Ucrania auguran un futuro incierto?. No lo sabemos, porque tampoco ha nombrado esos países. Lo que parece claro es que Xi Jinping, a estas alturas aclamado como el hombre más poderoso del mundo, no quiere ser esclavo de sus palabras.

El secretario general y líder supremo de la formación que gobierna China desde 1949, Xi Jinping, ha centrado este domingo su discurso de apertura del XX Congreso del Partido Comunista de China (PCCh) en una retórica ideológica opaca, enardecida con promesas de unificación con Taiwán, la continuación de su política de Cero Covid que está dañando a la segunda economía global, y con lagunas clave sobre los problemas más acuciantes del país.

Partido Comunista Xi Jinping Taiwán
El redactor recomienda