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Si Mao levantara la cabeza: ¿qué queda de comunista en China?
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Si Mao levantara la cabeza: ¿qué queda de comunista en China?

Este domingo, el Partido Comunista comienza su congreso anual, donde se espera que Xi Jinping reedite un nuevo periodo al frente

Foto: Un retrato de Xi Jinping en una exhibición en el 'Edificio Rojo' en Pekín, China. (EFE/Wu Hao)
Un retrato de Xi Jinping en una exhibición en el 'Edificio Rojo' en Pekín, China. (EFE/Wu Hao)
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Si Mao Zedong resucitara y paseara hoy junto al río de Shanghái contemplando enormes rascacielos llenos de coloridas luces de neón, y pudiera comprar o comer en alguno de sus restaurantes o tiendas de lujo desperdigadas por la ciudad donde aparcan espectaculares coches deportivos, ¿pensaría que lo resucitaron en Nueva York o en aquella vieja patria en la que él emprendió una completa transformación con su revolución comunista de marcado carácter agrario y nacionalista?

Este tipo de preguntas, hechas desde parámetros occidentales, pretenden demostrar que del comunismo chino no queda nada. De alguna manera, desde las democracias liberales se apunta a que China se ha convertido en una superpotencia que le disputa hoy la hegemonía a EEUU cuando ha dejado de ser un estado comunista y ha abrazado el capitalismo. Así, de alguna forma, la victoria china y su espectacular crecimiento es también una victoria de valores de Occidente.

Foto: El presidente chino, Xi Jinping, el presidente ruso, Vladímir Putin, y el presidente mongol, Ukhnaa Khurelsukh. (EFE/EPA/Sputnik/Alexandr Demyanchuk) Opinión

Para muchos analistas esa es una visión simplista y teñida de un barniz occidental. Otros, sin embargo, apuntan a un giro mastodóntico, iniciado con el aperturismo de Den Xiaoping, sucesor de Mao, que al menos de puertas para afuera mantiene el actual presidente Xi Jinping. ¿Existe hoy el comunismo en China?

La revista 'Harvard Business Review' publicaba en junio de 2021 el artículo "En lo que Occidente se equivoca acerca de China", escrito por el analista político e historiador indio especializado en China, Rana Mitter, y la profesora del MIT, Elsbeth Johnson. Su tesis es que Occidente sigue sin entender lo que sucede en la hoy superpotencia: "Muchos políticos y ejecutivos de empresas occidentales todavía no entienden a China. Creyendo, por ejemplo, que la libertad política vendría tras las nuevas libertades económicas, asumieron erróneamente que el Internet de China sería similar a la versión despreocupada y, a menudo, políticamente disruptiva desarrollada en Occidente. Y creyendo que el crecimiento económico de China tendría que construirse sobre los mismos cimientos que los de Occidente, muchos no previeron el papel continuo del estado chino como inversor, regulador y propietario de la propiedad intelectual".

La caída de la URSS hizo pensar que la victoria global de la democracia y el libre mercado era absoluta. La entrada de China en la Organización Mundial de Comercio parecía que era la constatación del triunfo. En el año 2000, el presidente de EEUU Bill Clinton dijo que "Al unirse a la OMC, China no está simplemente aceptando importar más de nuestros productos, está aceptando importar uno de los valores más preciados de la democracia, la libertad económica. Cuando las personas tengan el poder para realizar sus sueños, exigirán una mayor participación". Esa profecía, 20 años después, está lejos de cumplirse.

"Lo importante es que cace ratones"

Hay una mítica frase usada por el aperturista Deng Xiaoping en los años 60 en la que muchos ven el germen de la brecha con el comunismo de Mao. "Da igual que el gato sea blanco o negro, lo importante es que cace ratones", dijo el político chino que años después sucedería a Mao en el poder y que lanzaría lo que se llamó las Cuatro Modernizaciones. Un plan que atañía un profundo cambio en la economía, agricultura, desarrollo tecnológico y defensa nacional. Del cerrojazo del final del maoísmo se pasaba a una cierta apertura y liberalización de la economía. Xiaoping desmanteló las comunas agrícolas de Mao y hasta viajó a EEUU a reunirse con el presidente Carter y visitar entre otras la sede de la Coca-Cola. Eso era, entonces, un giro de 180 grados a todo lo promulgado durante décadas por el recientemente fallecido "Gran Timonel". Muchos dentro de China lo vieron como una traición.

El 16 de abril de 1976, cinco meses antes de la muerte de Mao, un texto titulado "Repudiando el tema del gato blanco, gato negro", de la revista 'Peking Review' (revista en inglés del Partido Comunista Chino), arremete con crudeza contra las ideas de Xiaoping y pone en valor la ortodoxa revolución comunista de Mao. "El presidente Mao ha expuesto y criticado penetrantemente la naturaleza del impenitente seguidor del camino capitalista Deng Xiaoping al negar la lucha de clases como el eslabón clave y practicar el revisionismo".

Foto: El presidente chino, Xi Jinping. (Reuters/Selim Chtayti)

La voz de Mao y del Partido Comunista chino, unos párrafos después, es aún mucho más dura con lo que califican como desarrollo de las 'tesis del gato blanco o gato negro'. "Los revisionistas niegan las diferencias entre socialismo y capitalismo, entre la dictadura del proletariado y la dictadura de la burguesía. De hecho, lo que defienden no es la línea socialista sino la línea capitalista. Desde su tema 'gato blanco, gato negro' , Deng Xiaoping ha demostrado que siempre ha impulsado una estrategia capitalista y revisionista. Esta línea niega que la lucha entre el proletariado y la burguesía sea la principal contradicción de la sociedad socialista y que el revisionismo sea su principal peligro. Trata de revertir la valoración correcta de la Gran Revolución Cultural y ajustar cuentas con ella para lograr el objetivo de reemplazar el sistema socialista por el sistema capitalista y reemplazar la dictadura del proletariado por la dictadura de la burguesía".

Si ese era el pensamiento de la China de Mao en 1976, y efectivamente su líder levantara la cabeza en 2022, parece que podría sentirse traicionado. La tesis de Deng Xiaoping, que fue purgado por sus ideas por el propio Mao en los años de la Revolución Cultural, y que dos años después de esas acusaciones del ortodoxo magazine del Partido Comunista se convertiría en su inesperado sucesor, son hoy la guía que conduce la economía china.

Xi pretende agrandar el pastel

De hecho, el hoy poderosísimo líder de la China actual, Xi Jinping, ajusta esa ortodoxia de Mao y ese pragmatismo de Deng al explicar el programa de 'Prosperidad Común', un término ya usado por Mao y Deng, que el Gobierno de Pekín va a poner en marcha en la provincia de Zhejiang. "En junio de 2021, las autoridades centrales de China emitieron una directriz para convertir a Zhejiang en una zona de demostración para lograr la prosperidad común. Según la directriz, la provincia se esforzará por lograr la prosperidad común para 2035, con su producto interno bruto per cápita y los ingresos de los residentes urbanos y rurales alcanzando el estándar de los países desarrollados", explica la web Xinhua.

Eso supone una mirada de vuelta al mundo rural y obrero base de la Revolución de Mao que se ha visto arrinconado por dos décadas de crecimiento económico desorbitado. El plan piloto se hará en Zheijang, la segunda región con más multimillonarios del mundo tras California. La elección del lugar es casi es un resumen perfecto del reto al que se enfrenta la actual China, equilibrar el crecimiento tecnológico e industrial urbano del siglo XXI con un mundo rural y obrero que sigue anclado en el siglo XX.

Foto: Vladímir Putin, junto a Xi Jinping. (Getty/Kenzaburo Fukuhara)

Sin embargo, hay un matiz importante que es la renuncia al igualitarismo de Mao a cambio de una simple repartición de riqueza. El presidente Xi ha explicado así este nuevo proyecto que marcará la China futura: "La prosperidad común que deseamos no es el igualitarismo. Para usar una analogía, primero agrandaremos el pastel y luego lo dividiremos adecuadamente a través de arreglos institucionales razonables. A medida que la marea creciente levante todos los botes, todos obtendrán una parte justa del desarrollo y los logros beneficiarán a todo nuestro pueblo de una manera más sustancial y equitativa".

¿Traición a Mao?

Primero habría que señalar a cuál de todos los Mao se estaría traicionando. Tampoco, según muchos analistas, el mítico líder chino tiene en su biografía un pensamiento único. "La figura de Mao no es unidimensional. Hubo a lo largo del tiempo varios Mao que siguieron políticas muy diferentes. El Mao cuya herencia se ha desvanecido es el más próximo cronológicamente, el de los últimos veinte años de su vida. Es la época en la que Mao asumió posturas de izquierdismo radical, lanzó campañas como el Gran Salto Adelante o la Revolución Cultural —que tuvieron efectos devastadores sobre China—, propugnó el igualitarismo a ultranza, defendió que con espíritu revolucionario se podrían quemar etapas y se llegaría al comunismo con rapidez", dice el economista Enrique Fanjul en un artículo publicado en el Real Instituto El Cano que se titula "¿Qué queda del maoísmo en la China actual?". En ese texto, Fanjul concluye: "La herencia de este Mao no ha desaparecido, sino que forma parte de la configuración de la China de nuestros días y previsiblemente se mantendrá vigente durante un largo periodo de tiempo".

placeholder Unas cámaras en la plaza de Tiananmen en Pekín frente a un retrato de Mao. (Reuters)
Unas cámaras en la plaza de Tiananmen en Pekín frente a un retrato de Mao. (Reuters)

Muchos analistas apuntan a que es absurdo hablar de un estado capitalista y obviar que todas las decisiones económicas, incluidas las de las empresas privadas, son intervenidas por el estado. "La distinción crítica es que el sistema chino no solo es marxista, es marxista-leninista (…) Un sistema marxista-leninista no solo se preocupa por los resultados económicos, sino también por ganar y mantener el control sobre el sistema mismo", explica el artículo de 'Harvard Business'.

Ese marxismo-leninismo chino, según los autores, provoca que China no se haya lanzado a aceptar la inversión extranjera aunque le sea beneficiosa económicamente. Por encima de ese bien económico está el concepto de visión de estado.

Lo importante es el collar del gato

La democracia efectivamente no se ha implementado en China como muchos vaticinaban cuando cayó la URSS. Una encuesta de 2020 de Harvard's Ash Center afirma que el 95% de los ciudadanos chinos están contentos con su Gobierno. Otros estudios de Pew Research o Edelman Global colocan esa cifra en 85 y 90%, altísimos en cualquier caso.

Tampoco el sistema de selección de sus líderes se ha modificado y todo sigue regido por el Partido Comunista, bajo un ideario leninista, donde para llegar al politburó se sube escalón a escalón dentro de la organización. Hay toda una serie de peculiaridades del llamado socialismo chino que desde luego le alejan completamente de un sistema capitalista, pero la pregunta es si eso supone que se respeten criterios comunistas y la línea ideológica de Mao. El control limitado de los medios de producción, empresas y libertades es genérico a muchos totalitarismos no necesariamente comunistas.

El comunismo significa un "Movimiento y sistema político, desarrollados desde el siglo XIX, basados en la lucha de clases y en la supresión de la propiedad privada de los medios de producción", según la RAE. Esa definición ya no encaja con la actual China donde la propiedad privada existe y los multimillonarios emergen por todas partes. "Económicamente, China está hoy más cerca del capitalismo que del comunismo", asegura Kelsey Broderick, analista experta en China en un artículo de la BBC que se titula "¿Cuan comunista es China hoy?".

El Gobierno de Pekín controla las empresas más grandes del país, el precio del yuan, quién puede comprar divisas o recibir préstamos

Sin embargo, en cualquier país occidental donde se practicara una economía como la china no se dudaría en calificarla de régimen "comunista". El Gobierno de Pekín controla las empresas más grandes del país, el precio del yuan, quién puede comprar divisas o recibir préstamos, puede inspeccionar e intervenir empresas y tiene entre sus 90 millones de miembros del Partido Comunista personas introducidas en todos los aspectos de la vida económica privada y pública que deben responder primero al estado.

"Muchos en Occidente aceptan la versión de China que se ha presentado al mundo y que asegura que el período de reforma y apertura iniciado en 1978 por Deng Xiaoping significa que la Revolución Cultural ya no importa. La realidad es bastante diferente. En todo momento desde 1949, el Partido Comunista Chino ha sido fundamental para las instituciones, la sociedad y el día a día del pueblo chino. Y el Partido siempre ha creído y enfatizado la importancia de la historia china y del pensamiento marxista-leninista, con todo lo que implican. Mientras Occidente no acepte esta realidad, seguirá entendiendo mal a China", aseguran Mitter y Johnson.

Pero aún aceptando todo eso, el enorme peso del Partido Comunista, una economía intervenida y la falta de libertades bajo parámetros leninistas, ¿la China actual es comunista? Evidentemente no. ¿Entonces qué es? "Socialismo chino", así se definen ellos. Lo importante es que el gato, negro o blanco, cace ratones mientras el gato tenga un collar al cuello del Partido Comunista.

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Si Mao Zedong resucitara y paseara hoy junto al río de Shanghái contemplando enormes rascacielos llenos de coloridas luces de neón, y pudiera comprar o comer en alguno de sus restaurantes o tiendas de lujo desperdigadas por la ciudad donde aparcan espectaculares coches deportivos, ¿pensaría que lo resucitaron en Nueva York o en aquella vieja patria en la que él emprendió una completa transformación con su revolución comunista de marcado carácter agrario y nacionalista?

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