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El ritmo de la guerra en Ucrania pone en aprietos a la potencia mundial en armamento
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Las armas no son gratis

El ritmo de la guerra en Ucrania pone en aprietos a la potencia mundial en armamento

Estados Unidos, la primera potencia armamentística del mundo, está teniendo algunas dificultades a la hora de abastecer de armamento para la guerra a Ucrania

Foto: Soldados ucranianos viajan en un vehículo militar cerca de la ciudad de Artemivsk, en la región de Donetsk. (EFE/Alex Rom)
Soldados ucranianos viajan en un vehículo militar cerca de la ciudad de Artemivsk, en la región de Donetsk. (EFE/Alex Rom)
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"Caballeros, tenemos que fabricar más rápido que Hitler", declaró en 1941 William Knudsen, presidente de General Motors y zar de producción armamentística nombrado por Franklin D. Roosevelt. El ejecutivo, que había aceptado el empleo por el salario de un dólar al año, pedía un esfuerzo a sus competidores automovilísticos. Frente a la expansión nazi, las democracias tenían los soldados, pero no las armas. Y las únicas empresas del planeta capaces de fabricarlas en cantidades suficientes eran las automovilísticas norteamericanas. Un sector que, en su momento de auge, sumaba un PIB comparable al de la quinta o sexta economía del planeta.

A medida que los nubarrones de la guerra se acercaban a Estados Unidos, y que sus aliados, primero Reino Unido y, desde el verano de 1941, la Unión Soviética, necesitaban rellenar sus armerías, los mastodontes capitalistas acondicionaron sus fábricas y se pusieron manos a la obra. Como recuerda A. J. Baime, autor de 'The Arsenal of Democracy: FDR, Ford Motor Company, and Their Epic Quest to Arm an America at War', Ford levantó el mayor complejo manufacturero que ha conocido el mundo, Willow Run, una factoría tan inmensa que el Gobierno construyó al lado una ciudad para alojar y dar servicio a sus trabajadores. Willow Run llegó a fabricar 18.482 unidades del bombardero aliado más popular de la guerra, el B-24 Liberator.

Foto: Josep Borrell, Alto Representante de la Unión para Política Exterior y de Seguridad. (EFE/EPA/Christiphe Petit Tesson)
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Nacho Alarcón. Estrasburgo A. Alamillos. Estrasburgo (Francia)

Pero la capitana fue General Motors, que terminó produciendo, en total, unos 120 millones de proyectiles de artillería, más de 200.000 motores de avión, casi 100.000 bombarderos, unos dos millones de metralletas y más de 800.000 vehículos militares. A esto se refería el presidente Roosevelt cuando, en su famoso discurso de 1940, llamó a expandir el "arsenal de la democracia".

Ocho décadas después, el Gobierno de Estados Unidos se encuentra en una situación similar, aunque a una escala mucho más pequeña. Esta vez, la guerra europea está acotada a un territorio específico: parte de la ribera ucraniana del mar Negro, más una porción de estepa. El enemigo es Rusia y el aliado que precisa ayuda, Ucrania. Aun así, la primera potencia del mundo vislumbra algunas dificultades a la hora de abastecer de armamento a un país con algo menos de población que España.

Foto: Soldados ucranianos en la zona cercana a Bajmut, en el Donbás. (Reuters/Nacho Doce)

Han cambiado muchas cosas desde que Roosevelt pusiera a disposición de los aliados el mayor arsenal bélico del mundo. Para empezar, el poderoso tejido industrial norteamericano hace tiempo que se ha marchado a China o es presa del óxido. Las cadenas de montaje, y con ellas la clase profesional de ingenieros, diseñadores, torneros y demás, son una fracción de lo que eran. Estados Unidos ya no tiene ese músculo industrial, lo cual inquieta al sector de la defensa.

"Estoy muy preocupado. A no ser que tengamos producción nueva, lo cual lleva meses aumentar, no vamos a tener la capacidad de suministrar a los ucranianos", declaró al canal CNBC Dave Des Roches, profesor de la National Defense University, un centro de enseñanza superior financiado por el Pentágono y adscrito al Estado Mayor Conjunto de los Estados Unidos. Des Roches pone de ejemplo la munición de la artillería de largo alcance Howitzer de 155 milímetros. Cada año, EEUU fabrica 30.000 proyectiles para estos cañones. Una cantidad que los ucranianos tardan en gastar, en el campo de batalla, unas dos semanas.

Las incógnitas armamentísticas en Ucrania

Las cifras de armamento enviado a Ucrania no son baladíes. El Gobierno de Volodímir Zelenski ha recibido más armas americanas en siete meses que Israel, Egipto y Afganistán, juntos, en todo el año 2020. En total han sido aprobados 17.000 millones de dólares en asistencia militar a Ucrania. Más que los 15.500 millones despachados a este país desde el inicio de la guerra del Donbás, en 2014. Hablamos de 8.500 misiles antitanque Javelin, 1.400 misiles antiaéreos Stinger, 700 drones Switchblade y 700 Phoenix, ocho misiles de largo alcance Nasams, 126 Howitzer de 155 milímetros, 1.500 misiles TOW y 16 sistemas de lanzamisiles móviles Himars, la joya de la corona, además de 20 helicópteros M-17, decenas de vehículos, explosivos, armas y montañas de munición. A estas cifras de finales de agosto hay que añadir el paquete aprobado la semana pasada, que incluye otros 18 Himars.

Aun así, como apunta un análisis de 'The Interpreter', resulta difícil dar con la cifra exacta de la ayuda militar. Entre otras razones, porque proviene de diferentes ramas del Gobierno estadounidense, como la propia presidencia, el programa de Financiación Militar Extranjera, o la Iniciativa de Asistencia de Seguridad a Ucrania, y porque, además, no se sabe con precisión cuáles de esas armas están ya en Ucrania, cuáles van de camino y cuáles, simplemente, han sido aprobadas, pero podrían tardar muchos meses en alcanzar su destino.

Foto: Soldados ucranianos en la carretera de Bakhmut. (EFE)

En cualquier caso, algunas secciones del arsenal estadounidense ya notan las carencias, tal y como advierten voces del sector. "La guerra es un esfuerzo industrial y eso ahora los estamos redescubriendo, después de que Occidente haya estado involucrado en conflictos de baja intensidad en los últimos 20 o 30 años", declaró al portal UnHerd el analista militar Patrick Fox. "Estas existencias están escaseando tanto que los generales involucrados han llamado la atención sobre ello al Congreso. Es un problema. Les preocupa su propia capacidad de librar una guerra en caso de crisis, dado el nivel de agotamiento de existencias que estamos viendo".

Derrotada la Unión Soviética, los tiempos de paz relativa han hecho que Estados Unidos redujera capacidades. Sus invasiones de Irak y Afganistán, a pesar del enorme gasto incurrido, no requirieron un esfuerzo industrial particularmente grande. La insurgencia de estos países no puede compararse con el Ejército ruso, capaz de fundir hasta 60.000 proyectiles de artillería diarios. El equivalente a dos años de producción norteamericana de proyectiles Howitzer de 155 mm.

Foto: Los misiles TOW podrían ayudar a Ucrania en su contraofensiva. (U.S. Army)

El problema concreto para los estadounidenses, como apuntaba Patrick Fox, es que el flujo de armas a Ucrania los puede dejar en una posición relativamente frágil en caso de que tengan que entrar directamente en guerra. Según el Departamento de Defensa de EEUU, solo una fracción de las armas enviadas a Ucrania han sido compradas a las empresas armamentísticas. La mayor parte de ellas, por un valor de 12.500 millones de dólares, incluyendo los misiles Stinger y Javelin, drones Switchblade y lanzamisiles móviles Himars, proceden de los inventarios de las fuerzas armadas estadounidenses. "Dado que tantos equipos han sido extraídos de las unidades militares de EEUU", dice una nota del Pentágono, "esos equipos han de ser reemplazados ahora para sostener la disposición de América".

Años para recuperarse

Antes de que Rusia invadiera a gran escala, el Pentágono ya era consciente de estas vulnerabilidades. Un estudio del Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales (CSIC, por sus siglas en inglés), publicado en 2021, advertía de que las industrias de Estados Unidos tardarían años en elevar la producción de algunas armas en caso de movilización. El CSIS compara aquí las entregas de armas a Ucrania, las que quedan en manos estadounidenses y la capacidad industrial para seguir produciendo.

El uso de los pesados misiles antitanque TOW, por ejemplo, denota que los más ligeros Javelin ya están resultando escasos. Un tercio del inventario de este tipo de misil ha sido enviado a Ucrania, y se tardará años en recuperar los niveles de inventario previos a febrero. Lo mismo sucede con los cañones Howitzer de 155 milímetros. Los que se despachan, ahora, son los modelos más antiguos y limitados, los de 105 milímetros. Otras armas están mejor cubiertas. El Gobierno de EEUU ya ha firmado 1.200 millones de dólares en contratos renovar los arsenales.

Foto: El presidente de EEUU, Joe Biden. (Reuters/Kevin Lamarque)

La situación de los socios europeos, menos belicosos, es similar, como ha reconocido el representante de Exteriores de la Unión Europea, Josep Borrell. "Las existencias de la mayoría de los estados miembros [de la OTAN] han estado, no diría que agotadas, pero menguadas, en alta proporción", declaró, "porque hemos estado suministrando muchas capacidades a los ucranianos". El martes 27 de septiembre, los miembros de la OTAN se reunieron para abordar las maneras de elevar las existencias de armas y munición, en vista de los crecientes envíos a Ucrania.

Otro detalle es que la ayuda militar extranjera no es gratuita. El programa que se usa para asistir a Ucrania es muy parecido al utilizado en la Segunda Guerra Mundial, y se llama igual: Lend-Lease. Una ley que permite a la Casa Blanca prestar o alquilar armamento a los ucranianos de manera rápida, con un proceso burocrático exprés. Ucrania, algún día, tendrá que pagar por ella, como hicieron los británicos. Londres tardó 61 años en abonar su deuda con Estados Unidos. Cuando lo logró, Winston Churchill llevaba cuatro décadas muerto. La manera en que la modesta economía ucraniana liquidará la factura está por ver. De momento, Kiev tiene otras prioridades.

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"Caballeros, tenemos que fabricar más rápido que Hitler", declaró en 1941 William Knudsen, presidente de General Motors y zar de producción armamentística nombrado por Franklin D. Roosevelt. El ejecutivo, que había aceptado el empleo por el salario de un dólar al año, pedía un esfuerzo a sus competidores automovilísticos. Frente a la expansión nazi, las democracias tenían los soldados, pero no las armas. Y las únicas empresas del planeta capaces de fabricarlas en cantidades suficientes eran las automovilísticas norteamericanas. Un sector que, en su momento de auge, sumaba un PIB comparable al de la quinta o sexta economía del planeta.

Conflicto de Ucrania Estados Unidos (EEUU)
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