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"A Al Qaeda le beneficia la muerte de Al Zawahiri porque era viejo, aburrido y sin carisma"
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El nuevo mapa terrorista en Afganistán

"A Al Qaeda le beneficia la muerte de Al Zawahiri porque era viejo, aburrido y sin carisma"

El analista Colin P. Clarke e investigadores españoles analizan los próximos pasos de Al Qaeda tras la muerte de Al Zawahiri y la relación con el régimen talibán en Afganistán

Foto: Protesta contra el ataque de Estados Unidos con drones que mató al líder de Al Qaeda, Al Zawahiri. (EFE/Stringer)
Protesta contra el ataque de Estados Unidos con drones que mató al líder de Al Qaeda, Al Zawahiri. (EFE/Stringer)

El 26 de agosto de 2021, la sombra del terrorismo se cernió sobre Afganistán y un atentado terrorista en el aeropuerto de Kabul dejó cerca de 100 fallecidos. El ISIS se atribuyó la autoría del atentado en medio de la avalancha de personas que buscaban huir del país ante la conquista talibana. Un año después, ya con los talibanes en el Gobierno, el terrorismo volvió a ser protagonista en el país por el asesinato del líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, por parte de Estados Unidos.

La muerte fue la confirmación de que existía —y existe— una connivencia entre la organización y los talibanes, a pesar de que estos prometieron que no serían un refugio para terroristas. Al Qaeda, ahora descabezado, no se ha pronunciado todavía sobre el asesinato y no hay información sobre quién puede ser el nuevo líder. Sin embargo, la muerte de Al Zawahiri puede ser hasta positiva para el grupo. "Al Qaeda claramente se beneficiaría de un cambio de liderazgo. Zawahiri era viejo, aburrido y carecía de carisma. Un nuevo líder podría infundir sangre vital en la organización que podría posicionarla para el crecimiento futuro", opina Colin P. Clarke, investigador sénior en The Soufan Center, para El Confidencial.

Foto: Osama Bin Laden junto a Ayman al-Zawahiri. (Getty Images)

El analista, que ha centrado su investigación en el terrorismo nacional y transnacional, la seguridad internacional y la geopolítica, cree que el grupo buscará ahora aumentar su propaganda, reclutar a nuevos miembros, sobre todo jóvenes, "y yuxtaponerse al Estado Islámico de una manera que atraiga militantes a su causa". "La muerte de un líder podría conducir a un cambio de estrategia", sostiene.

Algunos expertos apuntan a que Al Qaeda se ha debilitado mucho en los últimos 20 años por la cruzada antiterrorista liderada por Estados Unidos desde el atentado del 11-S. Un grupo sin Al Zawahiri es simbólico porque lo deja con el dilema de escoger a un líder conocido y con trayectoria o uno nuevo que pueda atraer a generaciones más jóvenes. La persona escogida para reemplazar al líder puede ser también un factor clave en el futuro de las relaciones del grupo terrorista con los talibanes y su presencia en Afganistán. "La muerte de Zawahiri podría presentar a los talibanes algunas oportunidades reales para fortalecer aún más la relación [con Al Qaeda], especialmente si el nuevo líder es alguien bien conocido por los principales líderes talibanes", añade P. Clarke.

Sin embargo, los talibanes insisten en negar la connivencia con el grupo terrorista. Al respecto, el Pentágono informó de que a pesar de las relaciones fructíferas, el grupo mantiene capacidades limitadas para viajar y entrenar dentro de Afganistán y "probablemente la influencia esté restringida debido a los esfuerzos de los talibanes por lograr la legitimidad internacional", continúa el analista.

Apoyo en la sombra

Por su parte, Manuel Ricardo Torres Soriano, investigador conocido por sus trabajos en violencia política y terrorismo yihadista, apunta para El Confidencial que los vínculos permanecerán, pero en la sombra. "Los talibanes no tienen interés en presentarse como un Estado patrocinador de Al Qaeda o que les dé protección o asilo", dice.

Por el contrario, el régimen está intentando entablar relaciones con otros países y, si se percibe como una extensión de Al Qaeda, no conseguirá normalizar las relaciones con algunos países. La estrategia, por lo tanto, parece que se basará en una "supuesta ignorancia". Del mismo modo que han negado tener constancia de la presencia de Al Zawahiri en Afganistán, continuarían con esta misma táctica "para que nadie les pueda echar en cara que no entreguen al nuevo líder de Al Qaeda. Esa ambigüedad les interesa", subraya Torres Soriano.

Foto: Un miembro del Partido de la Liberación Islámica entrevista a un miliciano de la guerra en Siria. (Cedida)

Pueden pasar meses hasta que el grupo terrorista anuncie a su nuevo líder o un cambio de rumbo. Por ahora, la prioridad, según el investigador, sigue siendo la autoprotección. "Tratar de identificar qué ha fallado para que diesen con el paradero de Al Zawahiri e identificar otra información que Estados Unidos pueda tener sobre Al Qaeda". La ausencia de movimiento y, ante todo, el silencio son lo que se espera del grupo terrorista en los siguientes meses. "Pero tiene que combinar las dos dimensiones. Autoprotegerse, pero al mismo tiempo mantener un nivel mínimo de actividad, sobre todo para no caer en la irrelevancia, para que la gente no se olvide de ellos", concluye Manuel Ricardo Torres Soriano.

Esta estrategia no responde, sin embargo, a un debilitamiento del grupo. De hecho, en las últimas décadas, Al Qaeda ha apostado por las 'ramas' dentro del grupo en varios países de África. Es el caso de Jama'at Nasr al-Islam wal Muslimin (JNIM), en el Sahel, y Al Shabab, de origen somalí. El primer grupo está más centrado en los conflictos locales, mientras que Al Shabab está considerado por el Departamento de Defensa de Estados Unidos como el "afiliado de Al Qaeda más grande, rico y letal del mundo". No obstante, la alianza no exime de conflictos internos sobre cómo enfocar y llevar a cabo sus objetivos yihadistas.

Lejos de la irrelevancia

En los últimos años, Al Qaeda no ha dado prioridad a la ejecución de grandes atentados en el mundo occidental y Fernando Reinares, director del Programa sobre Radicalización Violenta y Terrorismo Global del Real Instituto Elcano, opina que muchos tienen la percepción equivocada de que el grupo haya perdido relevancia. "Al Qaeda ha sido la primera interesada en no provocar con atentados en las sociedades occidentales para que su rival Estado Islámico fuese visto como principal fuente de amenaza terrorista para esas sociedades y objetivo de ataques militares contra sus bases, mientras los seguidores de Al Zawahiri ampliaban sus redes y su presencia", afirma a este periódico.

Precisamente las ramas oficiales de Al Qaeda son una prueba de que el grupo está lejos de estar debilitado. "Han contado con más recursos materiales y nunca han estado más extendidas, desde el este de África hasta el Sahel. Es cuestión de tiempo que Al Qaeda, desde su mando central o a través de alguna de sus ramas territoriales, vuelva a suponer para el mundo occidental la amenaza que quedó de manifiesto con el 11-S y el 11-M", alerta Reinares.

Es previsible, continúa el experto, que Al Qaeda apueste más por la continuidad que por el cambio. La estrategia de Al Zawahiri como líder del grupo ha funcionado y gracias a ella la organización terrorista ha persistido. A día de hoy, tiene más territorio y miembros que nunca desde su fundación en 1988. Muchos de ellos forman parte de las ramas en otros territorios, pero operan de manera coordinada. "Por otra parte, Al Qaeda ha persistido durante más de tres décadas, adaptándose a un entorno adverso y transformándose, lo que en sí mismo evidencia que el factor organizativo tiene más peso que la identidad de quién sea su nuevo líder", subraya Fernando Reinares.

El futuro de Al Qaeda y Afganistán

Hay varios nombres sobre la mesa para suceder a Al Zawahiri. Reinares cita a uno de los candidatos más previsibles, Saif al-Adel. También un marroquí llamado Muhammad Abbatay, o un candidato joven con mejor imagen para atraer a nuevas generaciones. "Esta última era una expectativa que se tenía con Hamza bin Laden, el fallecido hijo de Osama bin Laden", recuerda.

Foto: Guardas de seguridad talibanes en Kabul. (EFE)

Todo apunta a que al nuevo líder, sea quien sea, no le faltarán amigos en Afganistán. Sin embargo, no está claro si el sucesor tendrá el centro de las operaciones en el país mientras gobiernen los talibanes. De todas formas, la muerte del líder promete desestabilizar al régimen. En primer lugar, el presidente estadounidense, Joe Biden, afirmó que continuaría con las operaciones antiterroristas a pesar de haber retirado las tropas de Afganistán. "Prometí al pueblo estadounidense que seguiríamos llevando a cabo operaciones antiterroristas eficaces en Afganistán y más allá. Y eso es lo que hemos hecho", dijo después de la muerte de Al Zawahiri.

Por otro lado, el ataque con drones fue motivo de protestas en la capital afgana y también de impotencia para muchos ciudadanos. "La violación del Acuerdo de Doha va en detrimento del pueblo afgano. Es demasiado débil para reaccionar ante los ataques (...) y siempre ha sido víctima de las políticas extranjeras y nacionales", lamentaba uno de los manifestantes a principios de agosto para 'The New York Times'.

Afganistán, sumido en una grave crisis económica, ha cumplido un año de Gobierno talibán. A finales de agosto de 2021, despegaban los últimos vuelos con ciudadanos que huían por miedo a las violaciones de los derechos humanos. Algunos tenían la esperanza de que esta vez las cosas fueran diferentes y creyeron promesas del régimen como que se respetaría la educación de las niñas y los derechos de las mujeres. Una promesa que no ha sido cumplida. Tampoco la de no convertir Afganistán en un país refugio de terroristas.

El 26 de agosto de 2021, la sombra del terrorismo se cernió sobre Afganistán y un atentado terrorista en el aeropuerto de Kabul dejó cerca de 100 fallecidos. El ISIS se atribuyó la autoría del atentado en medio de la avalancha de personas que buscaban huir del país ante la conquista talibana. Un año después, ya con los talibanes en el Gobierno, el terrorismo volvió a ser protagonista en el país por el asesinato del líder de Al Qaeda, Ayman al Zawahiri, por parte de Estados Unidos.

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