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Rusia limita el gas a Alemania, que responde: cambien la ducha y usen transporte público
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Un gigante económico ante la escasez

Rusia limita el gas a Alemania, que responde: cambien la ducha y usen transporte público

Los ataques de Putin en la 'guerra del gas' causan cada vez más preocupación en Berlín, que impulsa todo tipo de medidas para afrontar la crisis energética

Foto: Robert Habeck, ministro alemán de Economía y Clima. (EFE/Clemens Bilan)
Robert Habeck, ministro alemán de Economía y Clima. (EFE/Clemens Bilan)

Mientras los trenes de cercanías alemanes circulan atiborrados de viajeros, uno de los ministros más populares del país, el 'verde' Robert Habeck, explica que cambiar la alcachofa de la ducha es bueno para luchar contra Vladímir Putin. Bienvenidos a Alemania en el verano de 2022.

La guerra de Ucrania ha empezado a hacer mella en el bolsillo de los ciudadanos alemanes y el Gobierno lleva semanas desplegando un arsenal de medidas para intentar amortiguar los efectos de la crisis. Cada vez parece más evidente, sin embargo, que estas no serán suficientes, así que el Ejecutivo también prepara al país para un otoño e invierno duros. La perspectiva es que lo peor está aún por llegar.

Foto: El ministro alemán de Economía y Clima, Robert Habeck. (EFE/Clemens Bilan)

El reciente recorte en el suministro de gas desde Rusia ha convencido a Alemania de que la guerra ha entrado en una nueva fase. El Kremlin ha empezado a usar sus armas en el frente en el que más daño puede infligir a Alemania y a la Unión Europea: el energético. En Berlín, prácticamente nadie duda de las malas intenciones de Putin después de que Gazprom anunciase hace unos días una considerable reducción del suministro de gas hacia territorio germano. La energética estatal rusa bombea actualmente por el Nord Stream 1, el principal gasoducto para el transporte de gas ruso hacia Alemania y Europa occidental, un máximo de 67 millones de metros cúbicos al día, menos de la mitad de los 167 millones diarios previstos originalmente.

La explicación oficial de Moscú es que la compañía alemana Siemens se ha retrasado con trabajos de mantenimiento del ducto, supuestamente porque una pieza enviada a Canadá para ser reparada no puede volver a Rusia debido a las sanciones europeas. En Berlín, sin embargo, están convencidos de que se trata de una excusa, dados también los conocidos antecedentes del autócrata ruso, que en 2014 consumó la anexión de Crimea negando durante días que los invasores fueran soldados del Kremlin.

"La argumentación de la parte rusa es un pretexto", dijo recientemente Habeck, ministro de Economía y Clima. "La estrategia es evidente: crear desconcierto y hacer subir los precios", consideró el político 'verde', que también ocupa el cargo de vicecanciller. El cálculo ruso parece fácil. Si la cotización del gas se dispara por la baja oferta, el Kremlin seguiría teniendo suculentos ingresos pese a vender menos, mientras al mismo tiempo va cerrando paulatinamente el grifo a la principal economía europea. Un sofisticado y maquiavélico ataque con el sello propio de Putin. Y la guerra de desgaste militar del Donbás, trasladada al frente económico contra Berlín.

Foto: Olaf Scholz en una imagen de este jueves. (Reuters/Kajiyama)

El talón de Aquiles alemán: el gas

La guerra energética ha empeorado las perspectivas económicas en Alemania, preocupada ya por una creciente inflación que alcanzó el 7,9% en mayo. Y el gas es el talón de Aquiles de la locomotora germana en el pulso con Rusia, por una fatídica dependencia labrada durante décadas. A tanto llegó en los últimos 20 años la fe casi ciega en los negocios con Putin que Alemania desistió de construir terminales propios para procesar gas natural licuado (GNL) como fuente de abastecimiento alternativo, algo que sí tienen por ejemplo España, Países Bajos, Polonia o incluso la pequeña Lituania, que decidió construirse una tras la anexión de Crimea en 2014.

Berlín ha conseguido reducir su consumo de gas ruso de un 55% a un 35%, según cifras de mayo, pero desengancharse totalmente va a tardar un tiempo considerable, por más prisa que le pongan ahora a la construcción de las terminales de GNL faltantes. Y eso significa que Alemania, con una industria química bastante enganchada al combustible, podría estar a merced de los ataques del Kremlin en los meses que vienen.

"El gas es desde ahora un bien escaso", señaló Habeck al anunciar la activación de la segunda fase del plan de emergencia federal para hacer frente a una crisis energética. La primera etapa, la alerta temprana, regía desde finales de marzo, después de que Putin anunciase que empezaría a cobrar el gas en rublos. La fase de alarma apunta ahora a un "trastorno" serio en el suministro de gas. La última fase es la emergencia energética. Si llega a haberla, se teme que la crisis golpee sobre todo a la industria química y desate una "reacción en cadena" que arrastre al despeñadero a varios otros sectores.

Consciente de que las cosas se pueden poner feas, el ministerio de Habeck ha lanzado también una campaña para promover el ahorro energético, con el objetivo de mantener llenos los depósitos de gas del país para cuando llegue el invierno. El propósito es empezar desde ahora y usar la menor cantidad posible de energía, sea como sea.

El plan, presentado por el propio ministro, está cargado de consejos como el de reemplazar la alcachofa de la ducha por una más moderna o el de quitar la nieve del congelador para mejorar la eficiencia energética en los hogares de los más de 80 millones de alemanes. Oír a uno de los políticos de mayor perfil del país hablando del poco tiempo que él necesita para ducharse o de la conveniencia de bajarle un grado a las estufas de gas es uno de los efectos más evidentes del poder que se ha otorgado a Rusia al crear tal grado de dependencia.

Viajar casi gratis por toda Alemania

Entre la batería de medidas impulsadas por el Gobierno hay también alguna que ha resultado ser casi una auténtica revolución, posible gracias al músculo económico alemán y su capacidad para financiar atrevidos experimentos políticos. El llamado 'ticket de 9 euros', por ejemplo, entró en vigor en junio y permitirá a cualquier usuario que lo adquiera viajar por toda Alemania por una tarifa plana mensual por ese monto. "Tenemos que aprovechar las oportunidades para entusiasmar a más gente por el transporte público", explicó a comienzos de mes el ministro de Transporte, el liberal Volker Wissing.

Foto: Olaf Scholz, en su visita a Kiev. (EFE/EPA/Ludovic Marin)

El boleto incluye el servicio ferroviario regional, por lo que, en teoría, aquel que tenga paciencia y tiempo, podría recorrer el país de punta a punta por 9 euros a base de cercanías. Excluidos están los trenes de media y alta velocidad y algunos servicios privados. La oferta, que rige únicamente durante hasta agosto, busca desalentar el uso del coche privado y fomentar el transporte público, más sostenible para el medio ambiente.

La subvención causó furor en las últimas semanas. También pavor ante la posibilidad de que la infraestructura no aguantase el aumento de la demanda. "¡Eso fue un caos anunciado!", resumía el tabloide 'Hamburger Morgenpost' al describir la situación en la norteña ciudad portuaria de Hamburgo a comienzos de mes, cuando el billete entró en vigor alrededor del festivo de Pentecostés. Muchos temían también un incremento excesivo del turismo interno hacia las playas del norte, por ejemplo hacia la isla de Sylt. "Los 'punkies' conquistan Sylt", titulaba estos días la revista 'Focus' al informar sobre un conflicto entre residentes locales de la isla veraniega y visitantes 'low cost' instalados en las calles debido a la falta de presupuesto para el alojamiento.

El balance de las primeras semanas, sin embargo, es que los peores augurios sobre el colapso del transporte no se cumplieron. Pese a sus problemas, la infraestructura de transporte alemana es, a fin de cuentas, una de las más impresionantes de Europa.

La malograda subvención de los combustibles

Otras medidas, sin embargo, sí desembocaron en un fracaso estrepitoso. El mayor ejemplo de ellos es la subvención para los combustibles. El llamado 'Tankrabatt' ("descuento para el tanque") rige también por tres meses y reduce el impuesto a la gasolina en 35 céntimos de euro por litro y el del diésel en 17 céntimos por litro. Esta subvención fue una idea de los liberales, el tercer socio de la coalición tripartita de Olaf Scholz (conformada además por verdes y socialdemócratas), y buscaba descargar a un sector que es visto como un nido de sus votantes: la clase media y alta, con poder adquisitivo y menos dispuesta a prescindir del auto propio para cumplir con objetivos ambientales.

Foto: El canciller alemán, Olaf Scholz. (EFE/Filip Singer)

El problema, sin embargo, ha sido que el Gobierno hizo las cuentas sin las empresas energéticas y estas, aparentemente, no han bajado los precios en concordancia con las medidas. La subvención, por lo tanto, ha acabado en el bolsillo de las petroleras y no en el de los consumidores. El enfado ha llevado a que el Ministerio de Economía, dirigido por el 'verde' Habeck, considere la posibilidad de endurecer las normas que se encargan de vigilar que haya una competencia leal en los mercados.

La subvención de los combustibles también es una muestra de los serios desafíos que afronta el Gobierno, que necesita encontrar la cuadratura del círculo mientras al mismo tiempo se protege de los ataques de Putin. Es decir, reducir la dependencia del gas ruso y seguir impulsando la transición energética, algo que implica, por ejemplo, mantener la renuncia a la energía nuclear, sellada durante la era de Angela Merkel.

Este año se deben apagar en Alemania las últimas tres centrales y el canciller mantiene la apuesta: "Yo apoyo el apagón nuclear de todo corazón", dijo Olaf Scholz recientemente al diario 'Münchner Merkur', rechazando la idea de prolongar, aunque sea temporalmente, el uso de la energía atómica. El principal argumento es que el relanzamiento de las centrales nucleares, un proceso complejo que requiere de una larga preparación, tampoco llegaría a tiempo. Esto, por la proximidad de los meses fríos en la segunda mitad del año y el temor a que Putin intensifique de forma inminente la guerra en el frente del gas.

Mientras los trenes de cercanías alemanes circulan atiborrados de viajeros, uno de los ministros más populares del país, el 'verde' Robert Habeck, explica que cambiar la alcachofa de la ducha es bueno para luchar contra Vladímir Putin. Bienvenidos a Alemania en el verano de 2022.

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